31.10.10

otra vez, Oblogo

oblogo

Nuevamente salimos en “Oblogo”. Esta vez, con el post que publicamos en nuestro alter ego de ficción, “Revolución triste”, el llamado “manifiesto cero de la Revolución Triste” (http://revoluciontriste.blogspot.com/2010/10/el-manifiesto-cero-de-la-revolucion.html) fue el elegido para integrar la edición 46 de la revista que ya está hace una semana en la calle.

Para los que no hayan recibido la revista en una esquina o a la salida del subte, pueden consultar la versión digital en este link:

http://oblogo.com/bajarse-oblogo-pdf/oblogo-numero-46-pdf


Muchas gracias a los amigos de Oblogo por interesarse, una vez más, en una nota nuestra.

Pasen la voz... estamos en Oblogo.

30.10.10

alas

las alas crecen todos los días...
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ya no sé qué hacer...

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no puedo pasar por las puertas

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ni salir a caminar cuando hay viento fuerte

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pensé en cortarlas...

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atarlas...

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esconderlas...




pero las alas crecen independientes de quién las lleve...





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por eso me vi obligado a volar

29.10.10

frases de “Red social”

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-¿El sitio tuvo dos mil visitas en una hora?
-Diez mil…
-¿Perdón?
-Veintidós mil.

Te doy un consejo. Saca “The”. Sólo “Facebook”. Es más claro.

Si esos tipos fueron los inventores de Facebook, debieron haber inventado Facebook.

-Señor Zuckerberg, ¿tengo su atención?
-No.
-¿Cree que la merezco?
-¿Cómo?
-¿Crees que merezco su atención?
-He tenido que prestar juramento antes de prestar esta declaración y no quiero incurrir en el delito de perjurio, por lo que tengo la obligación legal de decir que no.
-Muy bien. Usted piensa que yo no merezco tener su atención.
-Yo pienso que si sus clientes quieren sentarse sobre mis hombros y llamarse altos, tienen el derecho de intentarlo. Pero no me requiera que esté acá sentado, disfrutando de escuchar a gente que miente. Tiene parte de mi atención, la cantidad mínima. El resto de mi atención está en las oficinas de Facebook, donde mis colegas y yo estamos haciendo cosas que nadie en este cuarto, incluyendo especialmente a sus clientes, son intelectual o creativamente incapaces de hacer. ¿Di la respuesta adecuada a su pregunta condescendiente?

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Lo siento, mi Prada está en la tintorería, junto con mi campera y mis sandalias de “vete a la mierda”, ¡saco con hombreras pretencioso!

-¿Por qué sigues diciendo que no necesito estudiar?
-Vas a la B.U. (Boston University)…

-Su mejor amigo lo está demandando por 600 millones…
-¡No lo sabía! ¡Cuénteme más…!

Probablemente tendrás mucho éxito con las computadoras. Pero vas a ir por la vida pensando que las mujeres no te miran porque eres un Nerd. Y quiero que sepas, desde el fondo de mi corazón, que eso no es cierto. Será sólo porque eres un imbécil.

Un tipo que hace una silla bonita no le debe dinero a todo aquel que construyó una silla.

¡Consíguete un abogado, imbécil, porque no voy a volver por mi 34%! ¡Voy a volver por todo!

Nosotros vivíamos en granjas, después en ciudades. Y ahora viviremos en Internet.

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-¿Qué estás haciendo?
-Comprobando lo que pasa en Bosnia…
-Ellos no tienen caminos, pero tienen Facebook…

-Creo que debemos ser sólo amigos.
-No tengo amigos.
-Estaba siendo amable. No tengo ninguna intención de ser amiga tuya.

-¿Crees que me conoces mucho, no?
-He leído lo suficiente en diarios y revistas.
-¿Sabe lo que leído de usted? Nada.

Me gusta estar a tu lado, Sean. Me hace ver como un matón.

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Un MBA de Stanford llamado Roy Raymond quiere comprar ropa interior para su esposa, pero es demasiado vergonzoso para entrar a una tienda a comprarla. Él viene con la idea de un lugar de alto nivel que no te haga sentir como un pervertido. Saca un préstamo bancario de U$S 40 mil, toma otros 40 mil de sus suegros y abre una tienda y lo llama Victoria’s Secret. Hace medio millón en su primer año. Comienza un catálogo, abre tres tiendas más y después de cinco años vende la compañía a Leslie Wexner por cuatro millones. Final feliz, ¿verdad? Salvo que dos años más tarde, la compañía vale U$S 500 millones y Raymond Roy salta del Golden Gate. El pobre sólo quería comprarle a su esposa un par de medias.

Créeme. No eres un cabrón. Sólo estás haciendo un gran esfuerzo en serlo.

28.10.10

el Rosebud del Ciudadano Zuckerberg

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RED SOCIAL
data: http://www.imdb.com/title/tt1285016

La primera escena de “Red social” se engarza a la última: es el “Rosebud” de esta excepcional biografía de Mark Zuckerberg, el creador de “Facebook”. El brillante guión de Aaron Sorkin (sobre la novela de Ben Mezrich) nos muestra a un adolescente brillante con evidentes taras sociales que, paradójicamente, monta un imperio basado en las relaciones sociales. Ironía poética: el genio detrás del sitio que reunió a las personas, está solo, en la torre de marfil de su incapacidad social.

“Red social” se puede interpretar, como pasa con todas las muy buenas películas, en varias capas. La de la construcción de una empresa multimillonaria; la de una lucha entre los nerds creativos y los millonarios de cuna; la de un tipo con un ego inmenso que no teme pisar cabeza hasta llegar al objetivo. Pero yo prefiero la historia del hombre que, para conquistar a una mujer, planea triunfar tal a lo grande que lo exima de cualquier disculpa. Zuckerberg pierde a Erica en la primera escena y, todo lo que pasa después, tras dos horas de película o siete años de trama, es el torpe intento de Mark por reconquistarla. Erica es el “Rosebud” del Ciudadano Zuckerberg. Por eso no puede disfrutar del éxito, por más grande que sea. Está solo esperando el perdón, de la primera chica que lo dejó.

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En otro nivel de interpretación, es interesante el modo que Mark arma su empresa y la lleva al próximo nivel. Para eso, el encuentro con Sean Parker, el creador de Napster, es decisivo. Parker le hace ver que si quiere pasar al otro nivel, si quiere meterles el dedo en el culo a los empresarios estándar, deberá deshacerse de su mejor amigo. Y, cuando sea necesario, deberá soltarle la mano también a Parker. Es en ese momento que vemos la astucia fría y calculadora de Mark, tan implacable cuando lo exige su proyecto. No es que le resbale el hecho: pero sabe que hay sacrificios que son imprescindibles.

La firme dirección de David Fincher se sostiene en un elenco notable, capaz de dar una vuelta de tuerca adicional a lo que expresamente dice el parlamento. Lo de Jesse Eisenberg es superlativo, responsable total de las sutilezas del personaje. Mark parece un estúpido por momentos; pero sólo parece. La actuación de Eisenberg dota al protagonismo de ese rasgo de astucia que se adivina con sólo mirar a su interlocutor. Tras las respuestas soberbias de Zuckerberg, uno adivina la tensión de las emociones que Eisenberg sabe transmitir como pocos. A su lado, el otro puntal destacado es Justin Timberlake.

Varias escenas destacadas: la primera, del rompimiento de Mark con Erica; la última con el envío de la solicitud de amistad a Erica; el encuentro entre Mark y Parker.

Las mejores frases, mañana.

27.10.10

extínguete fugaz antorcha...

Un día u otro había de morir.
Hubiese habido un tiempo para tales palabras...
El día de mañana, y de mañana, y de mañana
se desliza, paso a paso, día a día,
hasta la sílaba final con que el tiempo se escribe.
Y todo nuestro ayer iluminó a los necios
la senda de cenizas de la muerte. ¡Extínguete, fugaz antorcha!
La vida es una sombra tan sólo, que transcurre; un pobre actor
que, orgulloso, consume su turno sobre el escenario
para jamás volver a ser oído. Es una historia
contada por un necio, llena de ruido y furia,
que nada significa.

"Macbeth"
WILLIAM SHAKESPEARE

26.10.10

los murales del hospital de niños

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Hace año y medio, aproximadamente, registramos para el siguiente álbum de Facebook, las fotos de los murales callejeros que decoraban las paredes del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, en Gallo 1330 (http://www.guti.gov.ar/):

http://www.facebook.com/album.php?aid=2032566&id=1450560166&l=f920b7c522

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Hace unos días, pasando con el 109 por la puerta del hospital, descubrimos que los coloridos murales fueron tapados con varias manos de pintura beige con una inscripción al estilo de “respete estas paredes” (desde lejos no pude leerlo).

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Alguien debe haber pensado que esa capa uniforme, mediocre, tediosa, era lo indicado para respetar la santidad de un hospital donde están internados los chicos. Todo el colorido y las composiciones que iluminaban la manzana, se perdieron irremediablemente.

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Buscamos por Internet más información sobre cómo y cuándo se pintaron esos murales y no encontramos nada, con excepción del anuncio de la inauguración en el Hospital de un mural de Meiji, en el programa “Puertas del Bicentenario”. Si alguien sabe por qué se taparon los murales y cuándo fue, agradecemos la información.

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Ahora sí, la esquina de Paraguay y Gallo recuperó su tradicional apatía, dotando al edificio de la lobreguez característica de los hospitales porteños, casi una definición de su proyección en la comunidad. A falta de información, esperamos (vanamente) que esto sea algo temporario y que se utilicen esas paredes para volver a llenar de color el lugar.

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Pero sospechamos la existencia de algunos de esos cráneos solícitos que, mientras faltan vendas, medicamentos, turnos, ética, respeto y tantas otras cosas en la salud pública, destinan un tiempo para arruinar algunas de las cosas simpáticas que ocurren a nuestro alrededor.

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A modo de homenaje a los artistas callejeros, esta nota contiene algunos de los murales ya destruidos por siempre. La serie fotográfica está, todavía, en el citado álbum de Facebook. Una lástima.

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25.10.10

ostentadores de sombreros

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Posiblemente no exista pueblo más vanidoso que los Fanfetti de las Arenas Brumosas del Planeta 3158. Se han hecho célebres por su ostentación en su vestimenta, en especial, en el uso de los sombreros, utilizados como símbolo de riqueza personal.

Ningún Fanfetti sale a la calle sin llevar su sombrero. Cuanto más complejo sea el diseño del sombrero, mayor será su precio y, por tanto, reflejará un mayor prestigio social. Pero, los Fanfetti no se han quedado sólo con eso: al sombrero inicial suelen agregar por lo menos una media docena adicional de sombreros que apilan, uno sobre otro, en delicado equilibrio. Suele vérselos caminando por la calle muy derechitos, sosteniendo la torre de sombreros que, como es de esperar, cuánto más alta, más prestigio acarrea.

El número de sombreros (y por consiguiente su altura) se ha prodigado de modo tal que pronto hubo que cambiar las alturas de las puertas, que eran demasiado bajas para que un Fantetti pudiera atravesarlas sin quitarse los sombreros. De este modo, la arquitectura sufrió un cambio trascendental: las chozas de los Fanfetti fueron modificadas para agregarle puertas desproporcionadas, mucho más altas que los techos de las viviendas correspondientes.

La pasión de los Fanfettis por los sombreros es doblemente admirable, no tanta por su pasión (característica de cualquier moda) sino porque los Fanfettis carecen completamente de cabezas.


http://parkhomohlo.blogspot.com/

23.10.10

lo sad es cool

-Gerardo, te toca a vos.
-Gracias. Bueno… Quería desarrollar una idea sobre una tendencia que estamos viendo en los estudios de mercado…
-Perdón que te interrumpa, Gerardo… llegó tu café.
-Gracias. Dejalo ahí. Bien… Muchas gracias…
-Decías que hay una tendencia…
-Sí. En nuestros estudios…
-¿Sólo en tus estudios? ¿O en los de otros también? Porque esto puede ser un tema de diseño de la encuesta…
-En mis investigaciones. Exclusivamente. Que son las que te tienen que interesar porque por eso me pagan 20 mil al mes. Para que pueda revelarles estas tendencias de consumo, mucho antes de que lo vean otros. Porque eso mantiene a esta agencia en el primer lugar y paga mi sueldo y el de todos los que estamos aquí reunidos alrededor de esta mesa. Y el bonus tuyo de fin de año también. ¿Alguna pregunta más?
-No. Seguí Gerardo… Creo que quedó claro...
-Bien. Decía que hemos encontrado un patrón, hasta ahora desconocido, en nuestros estudios de mercado. Una línea que atraviesa la escala etaria, con mayor peso en los tramos más jóvenes, pero perceptible, también, en los otros tramos de edad. Una tendencia sostenida en los últimos años y, suficientemente tangible, para identificarla como un rasgo del mercado de la próxima década. Características: desánimo, apatía, aburrimiento, inmovilidad, pesimismo.
- Con eso va a ser un poco difícil vender un producto…
- Mientras los tratemos con las herramientas habituales, seguro que no. Pero son más y, cada vez, constituyen una proporción más creciente del mercado. Es una tendencia. Es definitivo. No hay lugar para la confusión. Ahí hay una posibilidad para quien quiera posicionarse en ese mercado en los próximos años. Es la generación de la “revolución triste”.
-¿Qué es eso?
-La “revolución triste” es un movimiento poético o filosófico, no queda claro, sumamente anárquico y escasamente integrado. Sus rasgos son virales: se esparce uno a uno, pero no hay una cabeza que lo guíe. No tiene líderes, gurúes, teóricos. Simplemente es un sentimiento de tristeza que se esparce, día a día. Por lo que hemos podido rastrear en Internet y en las redes sociales, tiene como punto de partida un llamado “manifiesto cero”, una declaración de principios de autor desconocido. Pero, advierto, no es una Biblia. No es un manual de instrucciones. Es apenas una alusión a algo que estaba ahí presente… El que lo escribió percibió lo que otros no percibieron. Pero no lo inventó…
-Disculpame que te corte, Gerardo… seguramente lo vas a decir después… pero me llama la atención… una reflexión… si me permitís…
-Seguro. Es un ida y vuelta. Decí…
-Ese grupo, si existe… no digo que lo dude… vos lo identificaste… pero, ese grupo… es por definición refractario al consumo… no veo cómo se lo puede asociar a la “causa”, digamos así…
-Ése es el desafío. Y ustedes son los especialistas en esa área. Pero ahí hay algo. Ése es el grupo que tienen que conquistar. Ese es el Santo Grial de los próximos años.
-De verdad… parece difícil.
-Habrá que aguzar la imaginación. Así como acuñaron el concepto de “verde” para atraer al movimiento ecológico o lo “étnico” para la inmigración, habrá que inventar una nueva etiqueta para uniformar este grupo, esencialmente, heterogéneo.
-Sad.
-¿Qué?
-Sad.
-No está mal.
-Le falta fuerza…
-Pero resume la idea. Se puede mejorar, pero como primera aproximación… no está nada mal…
-Con “Sad” no vamos a vender nada. ¿Qué podemos vender? ¿Ataúdes? ¿Crespones?
-Coronas fúnebres. Sogas.
-Armas…
-Cuchillos filosos…
-Turismo para las suegras…
-Está bien, está bien… un poco fuera del objetivo, pero van viendo la idea. Llamémoslo “sad”. ¿Está bien? Hay que trabajar con ese concepto, para atraer a este grupo apático al consumo. Digo… no sé… digo cualquier cosa, lo primero que se me viene a la mente, promocionar lo “sad”. Libros “sad”. Modas “sad”. Películas “sad”. Música “sad”. Es el tiempo de lo “sad”.
-Lo sad es cool.
-¡Ésa es la frase!
-Brillante…
-Me saco el sombrero por ustedes. Creí que les iba a llevar meses, llegar a un slogan como ese. Lo hicieron en diez minutos …
-Por algo somos los mejores…
-… ¡y te pagamos ese sueldo que te pagamos!
-¡Sin dudas! No les voy a llevar la contra… mientras me sigan pagando. Pero… bueno… vieron la idea. Ahora hay que trabajar en ese concepto. “Lo sad es cool”. Hay que elaborar propuestas alrededor de ese hilo temático. Generar acontecimientos para que ese grupo del mercado participe de esa experiencia… “Lo sad es cool”…
-Basura…
-¿Qué?
-¡Eso es una basura! ¿Soy el único que lo ve?
-Damián…
-No, no…. Están todos aplaudiendo al tipo como si hubiera revelado el secreto del Universo. Eso es una mierda…
-¡Damián, por fav…!
-No, no. Está bien. Es el tipo de reacción que esperaba y, por otro lado agradezco, que lo planteés, Damián… ¿Por qué no? Es lógico lo que dice. Si yo estuviera ahí, sentado de ese lado, diría lo mismo. ¿Cómo creer eso? Y yo te digo cómo: es lo que la gente piensa. No uno, no dos. Ni más de diez. Ni siquiera centenares. Millones. Millones de tipos, de todas las edades, que se proponen estar tristes…
-No lo podés saber…
-Lo sé. Lo estudiamos. Es lo que responde la gente cuando le preguntás. ¿Si me gusta? No. Pero es lo que la gente piensa.
-Es un riesgo. El consumo se asocia a la felicidad, a la diversión, a la alegría… La gente triste no compra.
-Cambia la reacción. Pero sigue habiendo un estímulo para dirigir sus compras…
-¡Es caminar por un campo minado! Estamos abriendo una caja de Pandora… Los estamos llevando contra el consumo y si somos efectivos, si nuestras campañas funcionan… ¿cómo sabemos que van a volver? ¿Quién nos asegura que no sigan “sad” y dejen de escucharnos?
-Es un riesgo, Damián. Correcto de señalarlo. Pero el riesgo no es que planeemos una estrategia para captarlos al consumo global. El riesgo es no planear nada. Dejarlos al azar. Sin dirigirlos. Porque, te guste o no, Damián, ellos están ahí. Y no me voy a creer tan soberbio, tan poco democrático, de decirle a la gente lo que quiera pensar. Si para ellos “lo sad es cool”, pues así será. Aunque no me guste esa actitud, ese pensamiento, esa forma de ver el mundo. Pero ellos están ahí. Tristes pero están. Y si están, les puedo vender una remera negra. Para empezar... Eso sí, si lo hacemos bien. Claro. Pero, recuerden, ése es nuestro trabajo.... Si no podemos hacerlos nosotros, ¿entonces quién?

(cinta número 334-XLH, reunión número 214)

fuente: http://revoluciontriste.blogspot.com/

22.10.10

el miedo de confiar

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EL OCASO DE UN ASESINO
data: http://www.imdb.com/title/tt1440728/

“El ocaso de un asesino” (traducción local del más ascético “The American”) es una de esas películas que van a tener la mala suerte de caer en la clasificación equivocada en el momento de su distribución. No es un policial; no es una película de acción. Y, pese a que esté George Clooney como protagonista principal, tampoco es una película de Hollywood. Es una película de corte europeo, acorde al origen de su director, Antón Corbijn, holandés, mudado a Inglaterra, con antecedentes de películas sobre rock.

La película es la historia de un hombre desconfiado que debe confiar. ¿Por qué? Porque es la única forma de amar. Ése es el arco sobre el que se asienta la (aparente) morosa trama de “El ocaso…”. (A continuación, revelaciones sobre la trama. Así que pase al post siguiente, si es que no vio la película). La primera escena, nos revela el oficio de Jack (¿o Edward?) y su personalidad. Es asesino; es desconfiado: le pega un tiro en la nuca, a la mujer con la que estuvo en la cama hasta un rato antes, por la mera sospecha de que le armó una trampa.

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Esa muerte (una más en el historial de Jack) es clave. Es el comienzo de un desmoronamiento de su vida. Jack está en el final de su carrera profesional de asesino a sueldo. Si se ha mantenido hasta ahí, en el tope de la lista, es porque ha sido cuidadoso y no ha tenido amigos, como le aconseja su jefe, Pavel. Pero no tener amigos, no tener un amor, es un trabajo duro. “Usted debe creer en el infierno” le dice el Padre Benedetto en un diálogo excelente “Vive en él. Y sabe que es un lugar solitario y sin amor”. Si cuando Jack bajó la guardia, tuvo que deshacerse de su chica, entonces, ¿cómo volver a creer?

Escondido en un pueblo italiano, Jack termina el encargo, preparar un arma para otro asesino a sueldo. En realidad, una asesina. En realidad, el arma construida para exterminarlo. Y mientras trata (en vano) de tener un perfil bajo, se enamora de Clara, una prostituta del pueblo. (Super Baba Emérita Plus para Violante Placido, una delicia; la toma en el lago, con bombacha a medio calzar, está para el almanaque del camionero).

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El dilema del personaje es si confía en Clara o no. Porque confiar significa la capacidad de poder amar. Justamente, lo que está faltando en su vida. Hay dos escenas claves: cuando lleva a Clara al bosque y está a punto de dispararle; al final, cuando herido mortalmente, hace el esfuerzo para saber si, efectivamente, Clara está esperándolo y no se escapó con el dinero. Sabe que no va a llegar a sobrevivir a esa herida, pero su círculo se cierra cuando la ve a Clara esperándolo. No se equivocó: puede confiar, puede amar.

La trama es matemática en lo que respecta a la evolución del personaje. Por eso, la supuesta parsimonia con la que se cuenta la historia es engañosa. Quien logre engancharse desde el principio con lo que quiere contar la historia, no le parecerá una película lenta. Pero será una decepción para los que vayan a buscar tiros y explosiones. Repetimos: esto es un drama psicológico, una lucha interior.

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George Clooney es altamente responsable de transmitirnos las emociones del protagonista, un proceso interno que se revela, básicamente, en la mirada. No son las palabras el medio utilizado por el director para participarnos de ese duelo íntimo del protagonista, sino el primer plano. Si el personaje de Clara plantea la urgente necesidad del protagonista en confiar, el personaje del Padre Benedeto, con un par de conversaciones claves, es quién pone el dedo en la llaga y azuza el cambio. En última instancia, para Jack, confiar (i.e. amar) está directamente relacionado con redimirse.

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21.10.10

del archivo chatarra: juego literario

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En el especial de libros digitales que “Super Chatarra Special” hizo en febrero de 2004, propusimos un juego que vale la pena repetir. Adivinar el nombre de un libro, a partir de su párrafo inicial. Seleccionamos una porción de los 35 títulos propuestos en esa ocasión. Para los que se enganchen con el juego, pueden afrontar el desafío completo en este link:

http://www.superchatarra.com.ar/edanteriores/febrero2004/oracion.htm
1
Este libro trata principalmente de los Hobbits, y el lector descubrirá en sus páginas mucho del carácter y algo de la historia de este pueblo.

2
- ¿Por qué va usted vestida de negro siempre?
- Es luto que llevo por mi vida. Soy desgraciada.

6
Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación.

9
EI 16 de agosto de 1968 fue a parar a mis manos un libro escrito por un tal abate Vallet, Le manuscript de Dom Adson de Melk, traduit en français d'après 1'édition de Dom J. Mabillon (Aux Presses de I'Abbaye de la Source, Paris, 1842).

11
Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.

15
En 1815, era obispo de D. el ilustrísimo Carlos Francisco Bienvenido Myriel, un anciano de unos setenta y cinco años, que ocupaba esa sede desde 1806.

18
Cuéntame, Musa, la historia del hombre de muchos senderos,
que anduvo errante muy mucho después de Troya sagrada asolar;
vio muchas ciudades de hombres y conoció su talante,
y dolores sufrió sin cuento en el mar tratando
de asegurar la vida y el retorno de sus compañeros.
Mas no consiguió salvarlos, con mucho quererlo,
pues de su propia insensatez sucumbieron víctimas,
¡locas! de Hiperión Helios las vacas comieron,
y en tal punto acabó para ellos el día del retorno.

22
Era un día luminoso y frío de abril y los relojes daban las trece.

25
El hombre ha nacido libre y, sin embargo, por todas partes se encuentra encadenado.

30
-¿Y ahora qué pasa, eh?
Estábamos yo, Alex, y mis tres drugos, Pete, Georgie y el Lerdo, que realmente era lerdo, sentados en el bar lácteo Korova, exprimiéndonos los rasudoques y decidiendo qué podríamos hacer esa noche, en un invierno oscuro, helado y bastardo aunque seco.

32
Alicia empezaba ya a cansarse de estar sentada con su hermana a la orilla del río, sin tener nada que hacer: había echado un par de ojeadas al libro que su hermana estaba leyendo, pero no tenía dibujos ni diálogos. "¿Y de qué sirve un libro sin dibujos ni diálogos?", se preguntaba Alicia.

34
En el año 1878 obtuve el título de doctor en medicina por la Universidad de Londres, asistiendo después en Netley a los cursos que son de rigor antes de ingresar como médico en el ejército.

35
El Nellie, un bergantín de considerable tonelaje, se inclinó hacia el ancla sin una sola vibración de las velas y permaneció inmóvil. El flujo de la marea había terminado, casi no soplaba viento y, como había que seguir río abajo, lo único que quedaba por hacer era detenerse y esperar el cambio de la marea.

Las soluciones en este link:
http://www.superchatarra.com.ar/edanteriores/febrero2004/soluciones.htm

20.10.10

abriendo una ventana

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EL HOMBRE DE AL LADO
data: http://www.imdb.com/title/tt1529252

Vine posponiendo la visión de “El hombre de al lado” por este prurito de “cine independiente con buena crítica” que suele ser una etiqueta para bodriazos inmensos. Afortunadamente, Gaby (Gracias Gaby!) me instó persistente y perseverantemente a ver esta película. Y digo afortunadamente, porque es una buena película, uno de los títulos más redonditos de este año.

La idea del guión de Andrés Duprat es básica pero contundente: Leonardo, diseñador gráfico snob, de alto poder adquisitivo, propietario de la casa Curuchet que diseñó Le Corbusier en La Plata, debe lidiar con su vecino Víctor, el non plus ultra de la grasada, con pasado posiblemente violento, que un buen día, maza en mano, abre un agujero en la medianera en busca de un poquito de sol.

Toda la película es el contrapunto entre esas dos voluntades: un tipo que avanza y otro que trata de negociar; uno que es un pesado, otro que es políticamente correcto; uno que amenaza sutilmente, otro que es sutil en sus estrategias pero no menos violento.

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Si viéramos la película desde el lado leguleyo, estaríamos cuestionando las razones de Víctor para abrir una ventana en la medianera, postularíamos la ilegalidad de tal acto, encontraríamos la inconveniencia de alterar la estética de una casa que es un monumento histórico, hablaríamos de que la necesidad de Víctor de un poco de sol no puede ser satisfecha patoteando los derechos de Leonardo, etc., etc. Es más, desde la barricada psicobolche, hablaríamos de qué ley puede respetarse si no respeta el derecho sagrado de cada hombre a su rayito de sol, de que si la ley no contempla el lado humano, no es ley, etc., etc.

Bueno, pavadas.

Todo eso puede servir para una discusión de café. Pero “El hombre de al lado” no es un expediente judicial. Es una metáfora. Habla del proceso de polarización de Argentina que construyó muros que separan los altos y bajos ingresos de la población. Leonardo vive en microclima europeo. Pero en Argentina. Y eso es una contradicción en sí misma. Tiene sus pruritos zurdosos (no le regalemos a la doméstica la última taza que sobró; cómprale media docena), ha hecho campañas por los pueblos originarios, se reputa racional, analítico, civilizado. Pero sus problemas empiezan cuando tiene que enfrentar al otro. El tipo que está ahí, del otro lado de la pared, el tipo con el que no quiere cruzarse en su vida, porque piensan distintos, viven distintos, tienen gustos distintos.

El primer encuentro de los personajes, ventana mediante, es un buen ejemplo sobre esto. Leonardo “olvida” el nombre de Víctor que lo invita a su casa. El tipo no quiere ir. Todo contacto es desde lejos, desde la puerta, en un bar. Víctor también trastoca el nombre de su interlocutor. Hay barreras que impiden verse como iguales, como personas. Esa incomodidad primordial es una característica de toda la historia.

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Lo interesante del guión de Andrés Duprat está en que Víctor no busca destruir el mundo de Leonardo. Para nada. Lo envidia, lo admira. En su sempiterna grasada, Víctor es tan snob como Leonardo. Su sueño es formar parte de ese mundo. Y la ventana está allí, no para joder a Leonardo, si no para emularlo. Para que Leonardo lo vea. Para formar parte de su vida. A los codazos, torpemente, con regalos patéticos, Víctor reconoce a Leonardo como el lado de la sociedad en el que quiere estar. Aunque no tenga la formación, los códigos, la tradición de Leonardo. Víctor es, en esa pasión, tan cholulo de Leonardo que no capta los tics elitistas de quien consume productos culturales no por la satisfacción que producen en el alma, sino porque son símbolos de una posición socioeconómica.

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Hay otro hecho destacable: esta película sólo puede pasar en Argentina. Durante todo el filme, hay algo que está ausente, tan ausente que se siente su presencia: las estructuras del Estado. Recurrir a las instituciones, no es una opción de los personajes. Y no nos parece inverosímil. Porque, efectivamente, el choque de Leonardo y Víctor carece de todo espacio de contención, de instancia mediadora. Leonardo y Víctor colisionan, apelando a los distintos niveles de violencia, porque no hay otra instancia para superar el conflicto. La única vez que se habla de abogados es para apretar al otro. No es para aplicar la ley: es para patotear al rival. Un síntoma de la clase de país en que nos convertimos. En un país democrático y republicano, la historia de Leonardo y Víctor no pasa de la denuncia judicial. No habría conflicto.

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Víctor es el que parece más ducho en el arte de la violencia; forma parte de su contexto, de su vida, se desprende de su postura corporal, aunque desconozcamos quién es verdaderamente y de dónde viene. En la escena final, comprobamos que es un experto en el uso de armas. No obstante (nuevamente apelamos al final) su violencia ni remotamente es la más peligrosa. La taimada, aceitada, sutil, violencia de Leonardo, es más eficaz, mucho más implacable. Tras la pátina de “racionalidad”, el combate de líderes alfa está latente. Y ganará, como siempre sucede en la ley de la selva, el más fuerte.

La negación de Víctor y lo que él representa, provoca en Leonardo la necesidad del aislamiento. Levanta muros para “protegerse” del otro (visto el otro como un elemento extraño y agresivo); esos muros se convierten en celda. Del paradisíaco vivir de la casa ideal de los primeros momentos del filme, el desenlace nos revela un ambiente asfixiante, frío, opresor. El mundo interior de Leonardo es pobre, elemental, sin relaciones cálidas ni verdaderas. Todo es demasiado correcto, impoluto, perfecto. El contraste con los tonos gruesos de Víctor es demasiado evidente. No en vano, en muchas escenas, Leonardo espía a Víctor. Si el otro ansía la sofisticación de su vecino, éste anhela ese lado animal que despierta su morbo.

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Hay muchos chistes visuales en la puesta en escena, guiños de los directores Gastón Duprat y Mariano Cohn. Por ejemplo, el Che Guevara fucsia, la doméstica con aspiradora naranja a tono y remera del subte de Londres, el mate cuerno de Víctor o el termo eléctrico. Dentro de la sutileza, nos quedamos con una escena: aquella en la que Leonardo, desde la casa de Víctor, mira a su casa. Es un segundo en medio de una discusión. Pero Leonardo muta su cara cuando ve su casa. Tal vez, en ese momento, comprenda en lo que se ha convertido su vida. Y esa cara (un instante en una escena más) demuestra, sin dudas, que su vida apesta.

Destacable el trabajo de los actores principales Rafael Spregelbud y Daniel Aráoz que tienen la virtud de hacer creíbles sus personajes, más aún cuando están cerca del estereotipo, riesgo que sortean con holgura. Fotografía, vestuario, escenografía son rubros fuertes de la película. Y destacamos el diseño de títulos, tanto el de apertura como los finales.

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19.10.10

dos cuerpos

Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos olas
y la noche es océano.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos piedras
y la noche es desierto.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces raíces
en la noche enlazadas.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces navajas
y la noche relámpago.

Dos cuerpos frente a frente
son dos astros que caen
en un cielo vacío.

OCTAVIO PAZ
fuente: http://www.poesi.as/

18.10.10

el dilema de ser fiel a uno mismo

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EL DESCENSO DEL MONTE MORGAN
data: http://www.teatrometropolitan.com.ar/esp08.php

“El descenso del Monte Morgan” es una de las últimas obras de Arthur Miller. La escribió en 1991, cuando era considerado un dramaturgo en retiro efectivo; tardó varios años para que subiera a escena en Nueva York y no contó con el favor del público. Su actor, Patrick Stewart (sí, el Capitán Jean-Luc Piccard) denunció públicamente la falta de motivación de los productores para promocionar la obra; posteriormente, debió disculparse y quedó afectada su nominación a un premio Tony. La obra llegó ahora a los escenarios argentinos, con Oscar Martínez, Carola Reyna y Eleonora Wexler, en los rubros principales.

Lo que se destaca en esta versión, es el texto. Estamos en presencia de un peso pesado del teatro y se nota. Con un tono zumbón, híbrido de ironía y decepción, Arthur Miller se permite asestar un par de golpes a la institución de la monogamia. Y, como los buenos dramaturgos, nos lleva de una posición a otra, sin que nos demos cuenta.

Lyman es un vendedor de seguros que se accidentó con su coche, una noche de tormenta, bajando del Monte Morgan. Al despertarse en la cama de un hospital, presiente la tragedia. El hospital llamó a su esposa en Nueva York y se va a encontrar, en la sala de espera, con la otra esposa, la que tiene en la zona del accidente. Las máscaras se le empiezan a caer al hombre, se rompe el delicado equilibrio de los malabares llevados airosamente hasta este momento.

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Que se encuentren las dos esposas, no es original. Lo original es cómo los argumentos de Lyman nos van comprando, nos sugiere la conveniencia de su postura, hasta convencer de su ética de dejar contentas a las dos esposas. Revisamos nuestra escala de valores y decimos: “Danger! Algo está mal”. Pero para enjuiciarlo a Lyman debemos partir de un juicio de valor: el de honrar la verdad sobre todas las cosas. Y basta escucharlo un rato para comprender que ese axioma, el de la verdad como valor supremo, no siempre asegura una vida mejor.

Tanto Leah como Theo sospechaban la doble vida de Lyman; nos queda la sensación de que prefieren callar porque no están para nada incómodas con esa situación. Y que si pudieran elegir, sin el peso de la “opinión pública”, elegirían seguir como hasta ahora. Entonces, ¿cuál es el crimen de Lyman?

En el discurso de Lyman se plantean algunas líneas para reflexionar. La primera, es la sentencia de Lyman: “Nadie puede ser fiel a sí mismo y a los demás. La traición es parte de la vida”. Ahí hay un punto clave de nuestra relación con los demás: el compromiso entre lo que queremos y lo que quieren los otros. Hay un conflicto entre nuestro deseo y nuestra obligación, choque que se agudiza en las relaciones amorosas, porque la concreción de nuestro deseo, frecuentemente, hiere a los demás.

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Otra de las frases, que repite con asiduidad Lyman, es la de haber dejado, por fin, de sentirse culpable. “Quiero dejar de mentir”, “Me liberé de la culpa”. La culpa señala un arrepentimiento en ciernes. Y el dilema de Lyman es que no puede “arrepentirse” de sus mujeres. De modos y por motivos distintos, Lyman ama a las dos. (¿Dónde está escrito que sólo se pueda amar a una?). Con ambas se aburre y se entusiasma en partes iguales. Ellas complementan, conjuntamente, su satisfacción. Arrepentirse, para Lyman, implica dejar de gozar. Estará incompleto abjurando de alguna. Aunque su conciencia (su moral impuesta por la educación y la sociedad) le siga mordiendo el alma. Sospechamos que ese deseo de ser descubierto y aceptado, está detrás del descenso alocado del Monte Morgan, una noche de tormenta, con la ruta cerrada. La “explicación” dada al final de la obra, no termina de convencernos del todo. Lyman necesita blanquear su situación porque anhela, secretamente, la validación de su doble vida.

Hay una observación interesante en el planteo de la obra: las esposas engañadas están más propensas a perdonar que los propios hijos. Censores inflexibles, los que empiezan la vida son más proclives a juzgar que aquellos que emprendieron la última curva rumbo a la recta principal.

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El trío principal muestra una correcta actuación, sin llamarnos la atención especialmente. Levemente, se destaca Eleonora Wexler. De los secundarios, poco y nada. Los rubros que se despegan del resto son los de escenografía (Alberto Negrin) y la iluminación (Eli Sirlin). Es muy atractiva la caja escenográfica, el uso de la luz y las superficies espejadas, para retratar un entorno donde todo se ve, donde no hay lugares donde esconderse, donde todo queda expuesto.

Para cerrar, rescatamos una frase de Lyman a Theo, su primera esposa: “Te amo. Te sigo amando. Pero hay partes de tu cuerpo que me dan rabia”.

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16.10.10

física social

ñ

(…)

“Los próximos desarrollos en las ciencias sociales vendrán no de los cientistas sociales, sino de otra gente entrenada en otros campos”, profetizó en 1939 el sociólogo estadounidense George Lundberg. El autor del sugestivo libro Can Science Save Us? (¿Puede la ciencia salvarnos?), mucho no se equivocó: desde hace no más de diez años no dejan de aparecer como si lo hicieran de la nada disciplinas científicas novedosas, ansiosas por explicar, predecir, comprender aquello hasta ahora relegado exclusivamente a la psicología, la sociología y demás ciencias sociales.

Los nombres de estas neo especialidades son sugerentes: sociofísica, ciencia de redes, física del tránsito, econofísica, y demás ramas englobadas en la llamada nueva “física social” o “física de la sociedad” que no oculta su esencia: su acento en la mirada interdisciplinaria para aprehender una realidad cada vez más compleja e intrincada, fenómenos y sistemas en los que de comportamientos individuales que interactúan emergen propiedades y comportamientos globales insospechados.

De la mano de Hobbes, la física se metió en el mundo social y de ahí no se escapó. Ahí están el politólogo estadounidense Robert Axelrod (especialista en la aplicación de modelos simulados por computadora en ciencias sociales y en fenómenos de cooperación), el físico francés Serge Galam (conocido por sus estudios sobre la sociofísica del terrorismo y la “inercia social” de las democracias), el húngaro Tamas Vicsek (en cuya última investigación describe cómo avanza la “ola” en los estadios de fútbol), el estadounidense Eugene Stanley (quien fue el que acuñó la palabra “econofísica” y advirtió también que las ciudades crecen según patrones fractales sin planificación central) y, sobre todo, el químico inglés Philip Ball, editor de la prestigiosa revista Nature y uno de los divulgadores científicos más importantes del momento.

“Aplicada en su justa medida y con sentido común, la ciencia física puede proporcionarnos herramientas muy valiosas en áreas como la planificación cívica, social y económica, y la legislación y la política internacionales. Puede ayudarnos a evitar malas decisiones; si tenemos suerte nos dará perspectiva y perspicacia –escribe Ball en su última gran obra, Masa crítica: cambio, caos y complejidad (FCE-Turner)–. Si hay leyes subyacentes a la mecánica del tráfico de autos o peatones, a la topología de las redes, al crecimiento urbano, es preciso que las conozcamos con el fin de trazar mejores planes. El hecho de que la sociedad sea compleja no la hace totalmente incomprensible”.

(…)

Ball desliza su miedo: “Si las personas son reducidas a bolas de billar que interactúan por medio de fuerzas matemáticas definidas, ¿dónde queda espacio para la compasión, la caridad, para las mil y un detalles de nuestra vida cotidiana que no pueden reducirse a cifras y que hacen que vivir valga la pena?”.

(…)

Lejos de caer en determinismos y en el atomicisimo (el afán de descomponer grandes sistemas en sus partes mínimas), los físicos sociales sugieren la existencia de ciertas leyes subyacentes en la sociedad que surgen de manera no consciente como consecuencia de la interacción entre los individuos. Es lo que, por ejemplo, se ve con claridad en los movimientos colectivos, en las multitudes, ya sea en un recital o en una cancha de fútbol o cuando un grupo entra en pánico y quiere salir de un boliche lo antes posible.

“Si los individuos son capaces de controlar el miedo y de moverse con calma a menos de un metro y medio por segundo entonces son capaces de evacuar una sala en orden –señala Ball–. En cambio, si intentan moverse con mayor velocidad, el resultado da escalofríos. Al converger en la puerta, se aprietan los unos contra los otros y el rozamiento les impide moverse. La multitud es presa del pánico y se embotella. La mejor solución es no poner una puerta ancha sino poner dos puertas. Incluso aunque no se especifique cuál hay que utilizar según la dirección en que se avance, una multitud se organizará automáticamente en dos corrientes opuestas para pasar cada una por una puerta”.

Los físicos sociales, así, demuestran que los cambios bruscos de conducta colectiva no necesariamente requieren cambios concertados de la intención de todos los miembros del grupo. Los cambios colectivos pueden, por el contrario, emerger espontáneamente aun cuando la predisposición de cada individuo se modifique sólo un poco. Lo mismo ocurre en el tráfico –“un fluido de múltiples voluntades”–, donde los individuos toman decisiones basándose en información incompleta.

Dentro de la física social, quizás la rama que más popularidad tenga hasta el momento es la llamada “ciencia de redes”, una disciplina relativamente recién nacida que tiene un futuro prometedor y un desafío titánico: comprender un mundo cada vez más interconectado e intentar dar respuesta a interrogantes tales como “¿cómo los pequeños brotes de una enfermedad se convierten en epidemias o de qué modo las ideas nuevas se ponen de moda?”, “¿cómo se forman delirantes burbujas especulativas?”, “¿de qué modo se asocian los comportamientos individuales para dar lugar a un comportamiento colectivo?”.

En su brillante libro Seis grados de separación: la ciencia de las redes en la era del acceso –fundamental para comprender las arritmias de la Web–, el sociólogo estadounidense Duncan Watts del Instituto de Santa Fe –cuna de la sociofísica–, describe los cimientos de esta nueva perspectiva teórica con cierto cuño gestáltico: “El hecho de que conozcamos las reglas que rigen el comportamiento de los individuos no siempre nos ayuda a predecir el comportamiento de la muchedumbre; sin embargo, en ocasiones podemos predecir el comportamiento de la muchedumbre sin conocer prácticamente nada de las personalidades y características de los individuos que la forman. Lo que hace verdaderamente complejos a los sistemas complejos es que son más que la suma de sus partes. Al interactuar unas con otras pueden generar un comportamiento desconcertante”.

(…)

“La física social explica el caos”
FEDERICO KUKSO
(“ñ”, 11/10/10)

15.10.10

respuestas del Oráculo Celestial del Gorro Grande



¡Oh! ¡Tú Oráculo Celestial del Gorro Grande que todo los sabés! ¡Tú, Profundo Conocedor de las Grandes Verdades del Universo! ¿Podrás compartir tu sabiduría con este simple mortal? ¿Podrás molestarte en mí, insignificante e ignorante viajero del espacio interior, y contestar estas dudas? ¿Podrás iluminarme? ¿Eh?
Sí. Dale. Pero apurate.

¿Cuál es el secreto de la vida?
Si te lo dijera, ya no sería un secreto.

¿El Universo es abierto o cerrado?
Depende la hora del día. Eso sí: domingos y feriados, te vas a cansar de golpear porque no te van a abrir.

¿Hay vida después de la vida?
No. Se llama muerte.

¿Si un árbol cae en el bosque y no hay nadie cerca para oírlo, hace ruido al caer?


¿Y?
Ya te contesté. Pero estabas lejos para oírlo, ¡otario!

fuente: http://parkhomohlo.blogspot.com

14.10.10

en el pozo

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ENTERRADO
data: http://www.imdb.com/title/tt1462758/

Cuentan que el español Rodrigo Cortés ya se había ganado la fama de joven director talentoso pero sin éxito, tras el fracaso comercial de “Concursante” (con nuestro Leo Sbaraglia). También que el guionista Chris Sparling había deambulado por Hollywood, con una copia de “Enterrado”, sin conseguir que nadie le filmara una película imposible (sic) de filmar. ¿Cómo se podía mantener la atención del espectador con una historia que pasa, íntegramente, adentro de un ataúd? Afortunadamente, esos tipos le metieron para adelante y siguieron con su idea, haciendo caso omiso de los “expertos” que nos dicen cómo vivir. Cruzaron sus caminos y Cortés se animó a tomar la oportunidad que otros, sencillamente, dejaron pasar. Admirador de Hitchcock, Cortés es partidario de nuestro club: una historia se sustenta por su tensión dramática. Dos tipos sentados alrededor de una mesa, pueden mantener atrapado al espectador, mucho más que un mercenario revoleando bombas y misiles. Como ejemplo, basta ver el final de “Kill Bill” con David Carradine y Uma Thurman cruzándose munición pesada, mesa por medio.

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Hay algo, sin embargo, que nos apena de “Enterrado”: la posibilidad de que, todo ese ingenio puesto al servicio de una película que maximiza los escasos recursos, sea incomprendido por una platea que ya tiene el cerebro aturdido de tanto masticar pochoclo.

La primera escena del filme es una larga toma con la pantalla negra. Nos prepara para ir metiéndonos en la trama: un conductor de camiones secuestrado en Irak y enterrado vivo en un ataúd, junto a un encendedor y un celular, al que le exigen un rescate so pena de dejarlo morir. Me tocó ver esta película un día miércoles, en una sala del Hoyts. Lamentablemente, el silencio de esos primeros minutos se ve perturbado por el crujir de los pochoclos y los comentarios en voz alta de un público que había ido a ver “una de miedo”. El transcurrir de la película no dio posibilidades: parte del público se reía de escenas de alta tensión dramática, no porque hubiera algo para reírse, sino porque el público adolescente sabe que toda película de terror tiene momentos para reírse. Por eso se reía. Porque había que reírse aunque lo que hubiera en pantalla no daba para ello.

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Sospechamos que ese error de marketing de la distribuidora va a atentar contra el filme. “Enterrado” es un thriller, no una película de terror. Es otro el público objetivo y van a quedar decepcionados unos y otros. Los que podrían disfrutar de la simplicidad y elegancia de este filme, lo van a descartar por creer que es “otra de miedo”. Y los gansos que pueblan los cines para tragar comida, darse empujones con los amigos, mandar mensajes de textos y reírse a carcajadas, se van a aburrir.

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El guión de Chris Sparling es, mínimamente, brillante. Ubica un personaje en una situación extrema y la duda es cómo va a salir de esa posición. A partir de un par de elementos (un encendedor, un celular), se abren los caminos para avanzar la historia. ¿A quién llamo? ¿Cómo lo convenzo? ¿De que manera logro que me atienda? Desde ya, los elementos que aparecen dentro del ataúd va a empezar a levantar la sensibilidad de los “expertos” (los mismos que rechazaron el guión) que tienen una excepcional capacidad a flor de piel para hacer objeciones pelotudas del estilo “¿Cómo tiene cobertura el teléfono?”, “¿Por qué le dejan un lápiz?”, “¿Cuánto tiene de oxígeno?”, “¿Por qué el durazno tiene pelusa?”. Queda claro: si al tipo lo ataban de pies y manos y el celular no tenía cobertura, no había película. Todo acto artístico es una suspensión deliberada de la incredulidad. Porque si no olvidamos por un momento que el tipo que está sobre el escenario es un actor que hace que le pasan cosas y no que le pasan cosas verdaderamente, no habría obra de teatro alguna. Así que relájese y disfrute de lo que ve.

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Si el guión es brillante, lo de Rodrigo Cortés es superior aún. El uso de la luz para cortar los bloques temáticos es de manual. Los planos sobre el protagonista son para analizar con detalle: nos mete en la claustrofobia de la situación sin darnos cuenta que la cámara está viajando alrededor del espacio.

El otro puntal fuerte es Ryan Reynolds en la piel del único personaje en pantalla (el resto son voces a través del celular). Catarata de primeros planos y concentración de la actuación en el rostro. Y Reynolds soporta el desafío. Hasta ahora, de lo que vimos de él, no nos había llamado particularmente la atención. En esto, Cortés ha logrado sacarle una actuación estupenda.

Si bien la película tiene en la mira el suspenso como prioritario objetivo, el guión se permite sugerir algunas interpretaciones alternativas. Una, es la comprensión del protagonista de que es una pieza prescindible, tan desechable como los camiones que maneja. La charla final con el jefe de personal de CRT es el punto máximo de esa comprensión. Si lo asesoran es al solo efecto de “minimizar daños”. La preocupación principal de sus interlocutores es calmarlo y que siga las reglas. Que nadie sepa lo que le está pasando. “Lo siento” es una de las frases más repetidas en “Enterrado”, generalmente dicha por aquellos que no sienten en absoluto lo que está diciendo.

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Otra reflexión interesante es la cualidad neutral de Paul, desmentida en los notables diálogos con su secuestrador. Paul sólo fue a Irak a conducir camiones; su secuestrador lo ubica en la escena: es tan invasor como el soldado que lleva un arma. “Yo sólo vine a trabajar” argumenta Paul; “Yo tenía un trabajo antes de que ustedes vinieran”. Paul acusa al otro de terrorista: “Yo tenía un trabajo, una casa, una familia, antes de que vinieran a destruirlo. ¿Y yo soy el terrorista?” contesta el otro eficazmente. Brenner confirma la condición: “No son terroristas, son humanos. Es sólo una cuestión de dinero”. Paul se queja: “Yo no secuestraría gente y la enterraría viva”. “Si no tuviera con que darle de comer a sus hijos, váyase a saber de lo que sería capaz de hacer” se opone con desgano Brenner. La realidad se opone a su creencia: es tan invasor como el ejército invasor.

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Una reflexión más sobre el muro de silencio en la era de la comunicación. No nos resulta increíble que el tipo pueda llamar desde Irak a su casa, al FBI, a su empresa. Tampoco que, casi siempre, le contesté un mensaje grabado. Mucho menos que los pocos humanos que lo atiendan, lo escuchen con el mismo nivel de atención del piloto automático de la cinta grabada.

En suma, “Enterrado” es una de las propuestas más interesantes de los últimos tiempos, en una cartelera desnutrida de audacia e imaginación. Dejarla pasar sería un pecado, para aquellos que amamos el cine y las historias bien contadas.