18.10.07

mata hari

El 15 de octubre de 1917 fue un mal día para la bailarina Margaretha Geertruida Zelle: fue fusilada bajo cargos de traición contra la república francesa en favor de Alemania.

Esa acción, en realidad casi rutinaria en un contexto bélico, significó muy poco en los hechos para el curso de la Primera Guerra Mundial, que terminaría dos años después. Pero sí marcó la historia del espionaje. Zelle usaba, artísticamente, un seudónimo derivado del javanés y traducible como pupila del amanecer: Mata Hari.

Pese a que su imagen haya quedado asociada a la seducción fatal, el fisgoneo y la delación, varias investigaciones la muestran más como una víctima de tiempos tormentosos, sacrificada en nombre de una causa superior. De hecho, está casi demostrado que, más que para Alemania, Mata Hari trabajaba para Francia. Aunque debe destacarse que su profesión habitual, y por la cual ganó verdadera fama tiempo antes de la guerra, discurría entre velos sueltos sobre las tablas y las sábanas ajenas.

Zelle había nacido en la ciudad holandesa de Leeuwarden en 1876, y a los 13 años, debido a la bancarrota familiar, fue puesta bajo la tutela de un tío. A los 18 años conoció a su futuro y desastroso marido a través de un aviso matrimonial contestado con una foto adjunta. Se trataba de un capitán del ejército holandés varios años mayor que ella. Después del casamiento, marcharon juntos hacia un destino militar en Java, donde ella seguramente conoció la expresión que hoy es una marca registrada.

Todo lo demás, que incluye su fama delante y detrás de bastidores, la invención del strip-tease, la ejecución de actos que jalonan una vida de aventuras, pero al mismo tiempo desamparada, son ya una leyenda que tuvo su rúbrica frente a aquel pelotón de fusilamiento.

LUIS INI
“Hace 90 años. El triste adiós a Mata Hari”

(la nación, 15.10.07)

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