23.7.14

la minifalda

bbc

(…)

Aunque hay distintas opiniones sobre quién inventó la abreviada prenda -con Mary Quant, André Courrèges, John Bates y Jean Varon compitiendo por el título-, la plataforma de lanzamiento de la minifalda en Londres fue la diseñadora local Quant, quien en ese entonces era el motor de la moda en una ciudad que estaba marcando el ritmo.

"La minifalda fue un fenómeno extraordinario y tuvo un gran impacto ya que era parte de la cultura juvenil emergente de la década de 1960", le dice a la BBC Valerie Steele, directora y curadora en jefe del museo del Fashion Institute of Technology de Nueva York.

"Fue en gran medida una expresión de esa cultura de los jóvenes y del inicio del movimiento de liberación sexual que trajo la invención de la píldora anticonceptiva. Fue como un momento histórico", agrega.

"En los años 20 ya había habido algo parecido con una cultura juvenil y faldas cortas, pero a pesar de que las mujeres jóvenes de la década de 1920 eran consideradas más libres sexualmente que sus antecesoras -podían salir con sus parejas sin supervisión, elegir a su futuro cónyuge, besar a varios hombres antes de casarse e intercambiar caricias-, seguían amenazadas con lo que siempre había limitado la libertad sexual de las mujeres: el peligro de quedar embarazadas".

Pocas mujeres, en su mayoría deportistas, habían usado minifaldas hasta que Quant empezó a venderlas en su mítica boutique Bazaar de la igualmente mítica calle King's Road.

Pero ella había experimentado con algo similar en su juventud, cuando se enganchaba la falda de su uniforme escolar hacia arriba para "tener un aspecto más interesante".

La musa de Quant fue una bailarina de zapateo a la cual espiaba en el estudio de danza donde tomaba clases de ballet.

"Una vez, escuché la música que venía de al lado y cuando me asomé vi una clase de zapateo y en el medio de la habitación, una chica un par de años mayor que yo, que reflejaba todo lo que yo quería ser", le contó Quant a la revista The Week.

"Tenía puesta una falda corta plisada de unos 25cms. de largo, con un ajustado suéter negro, medias negras y un corte de pelo bob. Lo que me sorprendió fue cómo toda su apariencia se enfocaba en lo que tenía en sus pies: un par de calcetines blancos y un par de zapatos de zapateo con correas en los tobillos... Desde ese día quedé fascinada con esa hermosa imagen de piernas y los tobillos".
Quant, quien cumplió 80 años en febrero, nombró a su famosa minifalda por su coche favorito, el Mini Cooper. "El miniauto combinaba perfecto con la minifalda; hacía todo lo que uno quería, se veía genial, era optimista, exuberante, joven, coqueto... todo en su justa medida", dijo Quant en el documental "Mary Quant, Mini Cooper, Minifalda".

(…)

Con su audaz dobladillo corto, la minifalda -que en ese entonces se usaba con zapatos bajos de correa o botas altas con cierre y medias gruesas con colores fuertes- desafió a la sociedad haciendo tambalear los valores conservadores.
"Los hombres de negocios golpeaban la vitrina y gritaban: 'Es obsceno, es desagradable'. Extraordinario, ¿no?", exclamó maravillada Quant en una entrevista con Alexandra Shulman de la revista Vogue británica. Entre sus detractores se contaba nada menos que Coco Chanel, quien tildó a la minifalda de "sencillamente horrenda".

(…)

Para Quant, fueron las chicas en la calle quienes se inventaron la minifalda. Sus clientas hasta le pedían que acortara más sus creaciones. "Todo comenzó en Chelsea (barrio londinense). El ánimo era el de romper las reglas", dijo la diseñadora al diario Sunday Mirror.

(...)

KATYA FOREMAN
“La minifalda: cómo surgió este ícono de la moda y conquistó al mundo”
(BBC, 20.07.14)

22.7.14

brasil, decime que se siente...



La canción que puso de moda la hinchada argentina en el reciente Mundial de Brasil tiene todos los elementos necesarios para analizar este momento de la sociedad argentina. La elección de su música señala su origen. “Bad Moon Rising” es un tema de Creedence popularizado en estos tiempos por otro cantito de apoyo de la agrupación política La Cámpora a Cristina Fernández de Kirchner. Y, valga la paradoja, el canto futbolero no sólo copia la música sino también las taras propias del cristinismo.

Vayamos por parte. El cantito empieza señalando a Brasil. Constitución de un enemigo, al estilo Laclau. Los tipos van de visita a un país vecino que está organizando su fiesta y no se les ocurre mejor idea que gastarlos. Empezamos mal. Pero nótese que la idea es agraviar al otro como un modo de reforzar lo nuestro. Típico complejo de inferioridad oculto tras la alta dosis de patoterismo.

En otro giro propio del cristinismo reinante, construimos el relato. Y en ese relato, nosotros somos el padre futbolístico de Brasil. Se hace mención al épico partido del Mundial de 1990 donde Argentina, con gol de Caniggia y pase de Diego Armando Maradona, eliminamos a Brasil en un partido atípico. Los brasileños se cansaron de desperdiciar ocasiones, metieron tres tiros en los palos y nosotros ganamos por haber metido la única que tuvimos en 90 minutos. Bien. Se lo recordamos. Y les decimos que nunca, jamás, lo van a poder olvidar.

(Nótese que se considera que todo pecado es irredimible. La equivocación no está permitida. Trastabilla y nadie, nunca, jamás, en su vida, lo va a olvidar. Por supuesto, quien piensa así es incapaz de retractarse o pedir disculpas. Tiene que torcer los hechos para demostrar que nunca se equivocó. Porque equivocarse, en esa mentalidad, es un crimen de lesa humanidad.)

Claro, el problema es que a partir de entonces, los brasileños ganaron dos mundiales más, sumaron cinco (tres más que nosotros) y Argentina no volvió a ganar a nivel Selección de mayores desde el lejano 1986. No importa. Los padres somos nosotros y Brasil tiene que avergonzarse de su condición.

Cristinismo puro: usted construye el relato y lo impone. La realidad es una variable menor, totalmente accesoria, que puede torcerse tanto como sea necesario.

El canto resume bien las características del hincha argentino: disfruta más con el dolor ajeno que con las alegrías propias. En eso se ha transformado el fútbol argentino y creo, sospecho, que también la sociedad argentina. Con que el otro esté peor que yo, me puedo dar por contento.

Es la clara expresión de una sociedad que no va por la excelencia, por enfatizar lo propio, por apoyar lo de uno. Tiene que ir a la confrontación como una forma de sustentación de lo suyo. Quien actúa así, se desprende, duda profundamente lo que está defendiendo. En suma, tiene miedo. Tiene tanto miedo que tiene que refregar su pertenencia al otro, para esconder el miedo de no ser que oculta.

Con todo respeto por el ingenio popular, me quedo con la época de la hinchada quilombera que no te deja de alentar o aquella de cada día te quiero más, que bancaban lo propio sin necesidad de compararse con el rival de turno.

21.7.14

la estatua del hombre sin tumba

clarín

El monumento es simple pero tiene la fuerza suficiente para evocar al homenajeado. Y aunque se trata de un héroe, la figura no está sobre ningún pedestal, ni montado en un gran caballo, ni empuñando espada alguna: está de pie junto a una pared donde sólo grabaron su apellido. La obra se encuentra en Austria y Figueroa Alcorta, fue inaugurada el 17 de noviembre de 1998 y recuerda a Raoul Gustaf Wallenberg, un hombre que, con apenas 31 años de vida, se convirtió en un símbolo de lucha contra los abusos de poderosos y dictadores.

Hijo de una prestigiosa familia donde había muchos diplomáticos y banqueros, Wallenberg nació en Suecia el 4 de agosto de 1912. Pero su acción se encaminó hacia otro rumbo, ya que estudió Arquitectura en la Universidad de Michigan, en Estados Unidos. Sin embargo, aquella herencia familiar vinculada con la diplomacia, iba a entrar con fuerza en su vida. Todo comenzó en 1939, cuando empezó a trabajar en una empresa internacional que tenía contactos en Hungría. Eso le permitió acceder a zonas que ya habían sido ocupadas por los alemanes. Eran los tiempos de la Segunda Guerra Mundial y la barbarie nazi ya se esparcía por Europa.

Su preocupación por las persecuciones de las que era testigo, hizo que Wallenberg fuera designado como primer secretario de la legación sueca en Budapest, que tenía un departamento humanitario. Aquel nombramiento iba a ser clave para muchos. La historia y los testimonios de los sobrevivientes recuerdan que, utilizando pasaportes de su país, el hombre salvó a miles de judíos que tenían marcado un destino trágico como parte de “la solución final” que promovían los nazis. Dicen que Wallenberg, esgrimiendo salvoconductos suecos, llegó a subirse a los trenes para rescatar a gente que iba hacia los campos de concentración y exterminio.

En enero de 1945, cuando ya las tropas rusas ocupaban Budapest y el final de la Guerra estaba muy cercano, Raoul Wallenberg seguía en esa ciudad. Y lo último que se sabe de él es que fue detenido por fuerzas soviéticas y entregado a la NKVD, la agencia de inteligencia luego conocida como KGB. Se cree que lo acusaban de haber hecho espionaje para Estados Unidos. Desde entonces ese hombre, que había enfrentado al poder de los alemanes, está desaparecido. En 2000 una versión sostenía que había muerto en 1947 en la sede de la KGB en Moscú. Pero eso nunca se pudo confirmar. Desde su desaparición, a Wallenberg se lo conoce como “el héroe sin tumba”.

El monumento que está en Recoleta fue realizado por el escultor Philip Jackson, un hombre nacido en Inverness, Escocia, en 1944. Es una réplica del que el mismo autor realizó en 1996 y que un año después fue instalado en la Great Cumberland Place, en el área de Marylebone, en Londres. Jackson, al que denominan “un escultor con magia”, había trabajado como reportero gráfico hasta que comenzó a realizar sus obras, preferentemente en mármol. Argentina es el primer país sudamericano en erigir un monumento dedicado a la memoria de Wallenberg. Y se eligió esta ciudad porque muchas de las personas salvadas por el sueco vinieron a vivir al país.

(…)

EDUARDO PARISE
“La estatua del hombre sin tumba”
(clarín, 12.05.14)

19.7.14

monty phyton

En estos días se están retirando oficialmente los sobrevivientes del clásico del humor inglés Monty Phyton. Hay una muy buena nota en “La Nación” de hoy (http://www.lanacion.com.ar/1711119-el-full-monty-por-que-descubrir-a-los-beatles-de-la-comedia) que recomendamos leer para tener una idea de este grupo que escribió una página memorable en la historia del humor. Nos pareció una buena ocasión para compartir algunos de sus sketchs, en los que hacen gala del sutil humor absurdo. Que lo disfruten.


el juicio


el chiste más gracioso del mundo


discurso en el funeral de graham chapman (integrante del grupo)


loro muerto


mr. hilter


abuelitas pandilleras

18.7.14

una joda de nalé

En 1925, el barrio de Caballito perdió una de sus principales edificaciones. Se trataba del Palacio Videla Dorna, que se encontraba en Rivadavia al 4900, frente al actual Parque Rivadavia. El gran terreno que ocupó la casona fue dividido en 30 lotes que se vendieron a emprendedores. También se creó un pasaje que comunicara Rivadavia y su paralela, Yerbal. En un principio no tenía nombre y los vecinos lo llamaban Videla Dorna, hasta que a fines de 1933 se estableció por ordenanza municipal que se llamara África.

En la década de 1940, cuando ya se habían construido edificios y el vecindario había crecido, hubo protestas de algunos que, al parecer, pretendían una denominación menos genérica. Entre los que reclamaron se encontraba el escritor Rafael Alberto Arrieta, quien envió a la municipalidad su último libro: Florencio Balcarce, escrito en 1939, donde trazaba una biografía del poeta al cumplirse el centenario de su muerte.

En 1945, el pintoresco pasaje África se convirtió en Florencio Balcarce. Allí vivieron, además de Arrieta (en el número 80), Arturo Frondizi (número 17) y Antonio Berni, quien se encontraba a escasos metros, en Rivadavia 4893. El escritor Conrado Nalé Roxlo habitó el quinto de Balcarce 15 desde 1938. Llegó por recomendación de Pedro García, dueño de la librería El Ateneo y constructor del edificio. El departamento de Nalé tenía vista al Parque Rivadavia. Como el vértice de la ochava era curvo y se asemejaba a la forma de una proa, sentía que se trataba de un barco. Ése fue el motivo por el cual su departamento estaba decorado con varios artefactos náuticos. Entre ellos, un viejo telescopio de bronce, de casi dos metros de largo, que había pertenecido a un barco inglés y que le había regalado el poeta Amado Villar.

Nalé Roxlo solía entretener a sus hijas Carmen (la Nena) y Teresa (la Chini), enseñándoles las constelaciones. Pero lo que más divertía a las chicas era cuando pedían delivery de tortas a la Confitería Ideal, ubicada en la esquina de Rivadavia y José María Moreno (el terreno donde tuvo su quinta Martín Meyer), a 100 metros del edificio. No era una confitería más. Se trataba de una sucursal de la homónima que había abierto sus puertas en 1912, en Suipacha 384. La Ideal de Caballito era célebre por su Orquesta de Señoritas que amenizaba el concurrido horario del té y también el del copetín.

Nalé llamaba a la Ideal, lo atendían en el mostrador y pedía que le enviaran una torta de las que estaban en el exhibidor junto a la puerta. El encargado enviaba a un mozo para que tomara la torta de los estantes y el escritor le daba indicaciones a su interlocutor: “Esa no, la de al lado”. “No, no, la de chocolate, no. La de durazno que está en la punta”. “No, mejor la de frambuesa que está en el medio.”

Las hijas del escritor se reían al ver cómo el pobre mozo despistado trataba de entender el truco. Cuando tocaban timbre, el capitán Nalé Roxlo guardaba el telescopio, preservándolo para un nuevo viaje por el mundo de las travesuras..

DANIEL BALMACEDA
“El telescopio de Nalé Roxlo”
(la nación, 14.07.14)

17.7.14

frases de “Trascendence: Identidad virtual”

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Dicen que hay electricidad en Boston. Algún servicio telefónico en Denver. Pero está lejos de ser como era. Tal vez todo fue inevitable. Una inevitable colisión entre la humanidad y la tecnología. Internet iba a hacer del mundo un lugar más pequeño. Pero en realidad parece más pequeño sin ella.

Mi esposa siempre ha estado ansiosa por cambiar el mundo. Pero yo me conformo
con entenderlo primero.

-¿Entonces quiere crear un Dios? ¿Su propio Dios?
-Muy buena pregunta. ¿No es eso lo que el hombre ha hecho siempre?

¡Todos ustedes son esclavos!

-¿Puedes demostrar que eres consciente de ti misma?
-Esa es una pregunta difícil, Dr. Tagger. ¿Usted puede demostrar que lo es?

Aunque sé que estoy muerto... me preocupa extrañarla.

Quiero creer que fui bastante inteligente como para salvarte.

No te subestimes. Tú eres la tercera persona más inteligente que conozco.

¿Hay alguien ahí?

Está oscuro.

Recuerdo el dolor y no recuerdo qué quiero decir.

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¿Cómo sabemos que es él?

Necesito expandirme. Necesito más potencia.

No puedo describirlo. Es como si mi mente hubiera sido liberada.

Me tienes que poner en línea.

¿Se enciende y a los 15 minutos quiere conectarse a Wall Street?

Llegamos muy tarde. Ahora está afuera.

Y entonces entendí que habíamos cruzado un límite. La máquina que creía ser un mono nunca respiraba, nunca comía, nunca dormía. Solamente gritaba. Nos rogaba que paráramos. Que la apagáramos.

Necesita crecer. Avanzar. Ahora se asienta en un lugar que considera libre de amenazas externas. Un lugar donde pueda satisfacer su enorme apetito de energía. Pero querrá más que eso. Después de un tiempo, sobrevivir no será suficiente. Se expandirá, evolucionará, influenciará... tal vez a todo el mundo.

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-¿Y cómo lo detenemos?
-No pueden. Solos no. Y no ahora. Esperen a que vaya lejos y a que la gente despierte.

Él también está conectado a mí. Soy yo, Evelyn. Ahora te puede tocar.

“Huye de este lugar”.

-¿Cree que realmente sea él?
-Claramente su mente ha evolucionado tanto que no sé si eso importe.

La única manera de detenerlo es apagando Internet.

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-¿Y por qué necesitamos a los terroristas?
-Todos necesitaremos a alguien a quien culpar cuando esto salga mal.

-Estos son tus sueños. Éste es nuestro futuro.
-No, éste no es nuestro futuro. Tú no estás aquí conmigo. No estás aquí ahora. Has cambiado.

¿Estás...? ¿Estás midiendo mis hormonas?

No vamos a luchar contra ellos. Los vamos a trascender.

-¿Qué le...? ¿Qué le hicieron?
-Le devolvimos su humanidad.

Está en el cielo. Está en la tierra. En el agua. Está en todas partes.

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-¿Cuándo quiso Will cambiar el mundo? Tú eras la que quería cambiar el mundo. Esa cosa... no es Will. Nunca lo fue.
-Tú nunca creíste. Nunca creíste que había nada más. Ninguna parte de su alma.

Viví tratando de reducir el cerebro a una serie de impulsos eléctricos. Fracasé.
La emoción humana puede contener conflictos ilógicos. Puede amar a alguien. Y aun así odiar las cosas que ha hecho esa persona. Una máquina no puede reconciliar eso.

-¿Quieren destruirme?
-No, Will, por favor. ¡Tú los estás destruyendo a ellos!
-No. Estoy tratando de salvarlos.

-Will... sí eres tú.
-Siempre lo fui.
-Siento no haber creído.
-Piensa en el jardín. Piensa en nuestro santuario.

16.7.14

un ejercicio de guión

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TRANSCENDENCE: IDENTIDAD VIRTUAL
data: http://www.imdb.com/title/tt2209764

De los guiones mal construidos también se aprende. Un ejemplo es “Transcendence: Identidad vitual” dirigida por Wally Pfister, director de fotografía de varias película de Christopher Nolan, productor del filme. El guión de Jack Paglen no es bueno. La idea sí. En suma, la película mantiene su atractivo pero se le ven las costuras. No es el bodriazo con que la calificó la crítica pero tampoco va a hacer delirar a la platea. Es una oportunidad perdida. Así que asumamos los errores y tratemos de identificarlos, en un ejercicio de sano análisis de escritura de guión, vicio que hace tiempo no despuntamos en esta página.

Argumento: Will Caster, un científico especialista en Inteligencia Artificial sufre un atentado de un grupo terrorista antitecnológico que lo deja en agonia terminal por una semana. Su novia y su mejor amigo, ambos científicos, intentan un golpe desesperado: digitalizan la mente de Caster, en un procedimiento experimental, para transformarlo en un ente virtual y poder mantener su pensamiento vivo, más allá de la muerte del cuerpo físico. Como es de esperar (si no la película se acabaría en diez minutos), tienen éxito y deben lidiar con un nuevo ser que suena como Will, actúa como Will, pero se mueve a sus anchas por la red y plantea dudas sobre sus verdaderas intenciones.

Así, brevemente, la historia, con Johnny Depp como Will Caster (normal, no es su mejor interpretación), Rebecca Hall como Evelyn, la novia (correcta) y Paul Bettany como su amigo Max Waters (un actor que siempre me gusta lo que hace). El principal problema de “Transcendence” son las transiciones de una escena a otra. Hay demasiada declamación y poca tensión dramática. Se adivina un triángulo entre Will, Evelyn y Paul que no termina de mostrarse y una subhistoria de fanatismo religioso que tampoco se despliega. Hay dos ideas en el guión. Una: ¿qué es un ser humano? ¿Su pensamiento o su interacción física? Esto es: ¿uno es independiente del soporte? Segunda idea: ¿nuestro miedo, nuestros prejuicios, puede habernos echado de paraíso? Acaso si el Mesías volviera a la Tierra, ¿seríamos capaces de reconocerlo? ¿O le daríamos la espalda otra vez?

En lo que sigue, hay spoilers. Así que los que no vieron la película, abstenerse de seguir con esta lectura. Y están anoticiados que mañana están las mejores frases.

Seguimos con los que pasaron el Rubicón y van por más. ¿Cómo hubiéramos contado nosotros la historia? Bueno, así vendría. Primero, nada de flashback. No empezamos por el final, si no por el principio. Primera secuencia, la conferencia para juntar fondos. Hemos visto en los preparativos a Will y Evelyn y su charla con Max. Presentación de personajes y la necesaria data previa de los protagonistas: son jóvenes, se aman y son muy inteligentes.

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Durante la charla, alguien interpela a Will: “¿Entonces quiere crear un Dios? ¿Su propio Dios?”, “Muy buena pregunta. ¿No es eso lo que el hombre ha hecho siempre?.

Escena siguiente: atentado. Parece recuperado, nos enteramos que hay un ataque masivo a especialistas de Inteligencia Artificial. Diálogo con Joseph, colega de Will (Morgan Freeman) y el Agente Buchanan del FBI (Cillian Murphy). Will se trastabilla, debilitado. Diagnóstico: material radiactivo, te morís en una semana.

Charla Evelyn y Max con la idea de digitalizar a Will. Charla con él y da el OK.

Escena siguiente: Will muere. Evelyn y Max se esfuerzan en procesar los datos que constituyen lo único que queda de Will y cuando ya están por darse por vencidos, a punto de apagar la máquina y borrar todo aparece la frase en la pantalla: “¿Hay alguien ahí?”.

Fundido a negro. Leyenda: “Diez años después”.

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Centro de la hostia en un pueblo pérdido del Medio Oeste estadounidense. Joseph y Buchanan son invitados a pasar un centro de última tecnología en un pueblo que se cae a pedazos. Los recibe Evelyn, unos años más avejentada. Además, la imagen y la voz de Will. Se revela que ha sido digitalizado con éxito y que ha evolucionado. Les muestra las personas que ha sanado, sus proyectos, sus estudios, etc., etc., etc.

Gratamente sorprendidos, Joseph y Buchanan se despiden de Evelyn. Joseph desliza en la mano de Evelyn el papelito con la frase: “Huye de este lugar”. Evelyn lo mira y arruga el papelito. Su rostro muta. De la perfección y serena alegría con que recibió a Joseph, pasa a un sombrío gesto. Will pregunta qué pasa. Y ella contesta que nada, recomponiendo el gesto con una sonrisa, ahora artificial y grotesca.

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Ahí nos picó el bichito de que hay algo oculto en la proeza de Will, algo turbio.

Seguimos a Joseph y Buchanan por el medio de la ruta, en pleno desierto, en su auto. Paran en la nada más absoluta y bajan al costado de la ruta. Joseph mira el horizonte (a lo lejos divisamos el pueblo donde está la empresa de Will) y el Agente Buchanan le pregunta: “¿Es demasiado tarde para detenerlo?”. “Casi. Hay que apagar Internet”.

Corte a una fábrica o edificio abandonado. Vemos llegar a Joseph y Buchanan. Es de noche y llueve. Joseph comenta que no han llegado. “¿Y por qué necesitamos a los terroristas?” pregunta. “Todos necesitaremos a alguien a quien culpar cuando esto salga mal” contesta Buchanan.

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Caminan entre los pasillos a oscuras del edificio en ruinas y, entre el resplandor de los relámpagos, se recorta la sombra de un hombre al final del corredor. Barba desaliñada, pelo largo, un parche en el ojo y las cicatrices de una explosión en el rostro, campera de cuero negra, jeans gastados, borceguíes. Carga dos armas. Joseph da un paso hacia él, mostrándose. El hombre hace lo propio. “Joseph” murmura. “Max” dice Joseph. Un relámpago (seguido de un trueno ensordecedor) ilumina el lugar y reconocemos completamente a Max.

Fundido a negro. Leyenda: “Diez años antes”.

Asistimos al momento en que Evelyn descubre la pregunta “¿Hay alguien ahí?” en la pantalla. Evelyn contesta, reconoce a Will digitalizado, se abraza con Max. En el diálogo vemos que toda la intimidad que fue ganando Evelyn con Max en los vanos intentos de recuperar a Will, se corta con la aparición de la virtualización de Will. Ahí está la tensión romántica. Max está enamorado desde hace mucho tiempo de Evelyn pero ella es todo ojos para Will. La reaparición de Will complica las cosas, todo esto a un nivel absolutamente inconsciente para los personajes.

Will empieza a crecer. Se hace millonario en segundos. Corrige su base. Y pide acceso a Internet. Evelyn cede a todo. Pero Max empieza a dudar. Y entonces, silencia la computadora y le pide a Evelyn no seguir. Que han cruzado un límite. Que tienen que apagar el programa y dejar ir a Will. O a lo que parece que es Will. Suena como él, pero no es él. Pelean, discuten y Evelyn lo echa. Y, poco después, ella le da a Will acceso a Internet.

Fundido a negro. Leyenda: “Diez años después”

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Volvemos al edificio abandonado y están Joseph hablando aparte con Max, hoy todo un mercenario terrorista; apartado, Buchanan. Encontramos a los personajes a la mitad de un diálogo y comprendemos que Max acaba de contarle el flashback que acabamos de ver. Max se ha convertido en un hombre duro, en un activista contra la megalomanía de los científicos. Y le dice a Joseph que se ha estado preparando todo estos años para cuando llegara el momento. Que Will saldría, inevitablemente, de sus límites digitales y que querría pisar este mundo. Y entonces él estaría listo para enfrentarlo. “¿Sólo tú, Max?” lo indaga Joseph. “Yo. Tú. Él (por Buchanan). Y ellos... por supuesto” señala a sus espaldas. Y ahí asoman decenas de hombres y mujeres, el ejército completo de los activistas antitecnología, armados.

Corte al centro de estudios de Will. Cena de Evelyn con la omnipresencia de Will. El diálogo amable de él, exaspera a Evelyn. Descubrimos que él monitorea constantemente a Evelyn, que anticipa sus reacciones. Evelyn se brota. Entonces Will le adelanta su último avance científico: aparece un clon de él, un medio físico para interactuar con ella. Le acaricia el rostro: “Es como resucitar. Ahora puedo tocarte”. Ella se aparta espantada. Clama que no, que no es él, que no es lo mismo. Evelyn escapa en el auto y huye del pueblo. Una lluvia repentina la sigue, tras una nube. Hay “cachitos” de Will en cada gota de agua.

En medio de la ruta, Evelyn es interceptada por un reflector. Detrás salen Max, Joseph y Buchanan. Es la avanzada de la próxima invasión a la base de Will.

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Diálogo de Max y Evelyn. Entendemos que hay un rescoldo de tensión romántica entre ellos. Queda claro que Evelyn ha estado meditando todos estos años qué hubiera sido de su vida de haber apagado a Will y retomar su vida con Max. Max, tras su dureza, no disimula su amor por Evelyn. “Nunca fue Will, ¿no? pregunta Evelyn llorando “Ni por un momento creíste que era él, que había algo de su alma en ese programa”. Max cabecea negativamente, con lágrimas en los ojos. Evelyn se derrumba llorando. Max la abraza. Y concuerdan que Will se ha convertido en un peligro. Y que el único modo de detenerlo, antes que se propague por el mundo con esa red que armó con las gotas de lluvia, es cargarle un virus que lo degrade y lo aísle de la red. Luego, destruir las fuentes de energía. Ellos harán lo último; pero Evelyn debe introducir el virus, debe portarlo en su físico. Es el único modo. Will sólo confía en ella. Y es su único punto débil ahora.

Regreso de Evelyn. Diálogo tenso con Will. Evelyn trata de engañarlo, pero él se da cuenta que algo no funciona. Sin embargo la besa: es el modo de inocular el virus. Se entrega mansamente a ella.

Suenan las explosiones. El ejército terrorista, auxiliado por el FBI, invade el lugar. Están destruyendo los nodos de energía.

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Diálogo final de Will y Evelyn. Él pregunta porqué lo atacan. “¿Por qué quieren destruirme?”; “No, Will, por favor. ¡Tú los estás destruyendo a ellos!” contesta Evelyn entre lágrimas, mientras todo empieza a derrumbarse y la imagen de Will en las pantallas presenta marcados signos de degradación. “No. Estoy tratando de salvarlos. No los voy a matar. Los voy a trascender”. Y Will le muestra cómo pensaba salvar el planeta, eliminar el hambre, curar las enfermedades, generar el Paraíso en la Tierra. “Ése era tu
anhelo: querías cambiar el mundo”
contesta mientras todo se cae.

Evelyn pide perdón por no creer en él, que no sabía lo que estaba haciendo y Will la abraza, mientras todo se destruye.

Primer plano del código fuente de Will, destiñéndose en las pantallas del centro, mientras el fuego recorre el lugar. Evelyn muere en brazos de Will.

Fundido a negro. Leyenda: “Veinte años después”.

Recorrida por un mundo sin tecnología. Rasgos de pobreza, hambre, alguien atranca la puerta con un teclado de computadora. Una camioneta oxidada con remiendos cruza la ruta deteriorada. Al volante vemos a un envejecido Max, recitando en off: “Dicen que hay electricidad en Boston. Algún servicio telefónico en Denver. Pero está lejos de ser como era. Tal vez todo fue inevitable. Una inevitable colisión entre la humanidad y la tecnología. Internet iba a hacer del mundo un lugar más pequeño. Pero en realidad parece más pequeño sin ella”.

La camioneta entra al pueblo polvoriento donde estuvo la base de operaciones de Will. El pueblo está desierto. Max estaciona entre las ruinas que él ayudó a crear y recorre los pasillos destruidos. Revuelve entre la basura. Busca en vano algún resto de lo que fue Will.

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Y asistimos a la confesión de Max de reconocer que tuvo celos. Celos de Will y de lo que pudo hacer. Celos de que ella lo amara en vez de amarlo a él. Y que cada día, por el resto de su vida, caminara por esas ruinas buscándolo, sabiendo que lo tuvo a su lado y que ya no está. Que tuvo el Paraíso al alcance de su mano. Y que le había dado la espalda por miedo. Miedo a creer que el Paraíso era posible. Y su dolor más grande, su culpa que lo angustia cada día, es no saber si habría otro Will, otra red en el mundo y otra posibilidad del Paraíso en la Tierra.

Gran plano general de Max vagando por las ruinas del templo de Will. Y a lo lejos, las columnas de humo de un planeta degradado y hambriento.

Fin de la película.

Bueno, ésa hubiera sido mi “Trascendence”.

Gracias por dejarme jugar en el cubo de arena de los guionistas. Espero que lo hayan disfrutado como yo.