25.11.14

volver a Keynes

clarín

Los macroeconomistas han fracasado en la explicación y recomendación de políticas desde la crisis financiera mundial de 2008. Hoy, cuando se piensa en política fiscal, citan la equivalencia ricardiana para negar la eficacia del análisis keynesiano (abandonado en los turbulentos años 70 con el fin del crecimiento rápido). No parecen darse cuenta de que están reviviendo lo que decía Montagu Norman, gobernador del Banco de Inglaterra, en 1930.


La equivalencia ricardiana es una teoría según la cual toda expansión del gasto público se verá compensada por una disminución igual y opuesta del gasto privado. La teoría supone consumidores previsores que ajustan su gasto anticipándose a impuestos a pagar por el gasto en el futuro. En esas condiciones, cualquier aumento del gasto corriente lleva a los consumidores a prever una futura suba de impuestos y a bajar su gasto corriente para ahorrar para eso.


Esta teoría domina la discusión macroeconómica actual. Se la adapta a la macroeconomía actual asumiendo no sólo consumidores previsores, sino también precios flexibles. Y si un keynesiano sugiere la política fiscal en las actuales condiciones, un economista moderno probablemente invocará la equivalencia ricardiana. Keynes se enfrentó justamente con esta oposición en 1930. Fue miembro de la Comisión Macmillan convocada por el gobierno británico para analizar el empeoramiento de las condiciones económicas. Su recomendación de aumento del gasto público –lo que hoy llamamos política fiscal expansiva– se opuso a Norman y otros representantes del Banco de Inglaterra. Ellos no invocaban la equivalencia ricardiana, ya que aún no se había formulado; sino que simplemente negaban que el aumento del gasto público fuera a tener ningún efecto beneficioso.

Keynes se oponía a esa opinión, pero no tenía una teoría alternativa con que refutarla. Tuvieron que pasar cinco años para que Keynes formulara lo que llamamos la economía keynesiana y la publicara en su Teoría General.

Basó su nueva teoría en varios supuestos, dos de los cuales son relevantes aquí. Se supone que los consumidores sólo son previsores parte de las veces, y que en otras ocasiones los limita la falta de ingresos; y que muchos precios no son flexibles en el corto plazo: los salarios, en particular, son resistentes. Estos supuestos dan lugar a desempleo involuntario (keynesiano) que la política fiscal expansiva puede disminuir.

(…)

Sabemos que los salarios son rígidos: los países del sur de Europa han encontrado que es imposible poner en práctica el reclamo de de sus acreedores de una rápida baja de salarios. Y sabemos que no todos los actores privados de la economía son previsores. Antes de la crisis, el endeudamiento y el gasto aumentaron de formas que no podrían durar; ahora los consumidores no están gastando y las empresas no están invirtiendo pese a que las tasas de interés están cerca de cero.


Esas son las condiciones descritas por Keynes en las que la política fiscal expansiva funciona. También son las condiciones en las que la política monetaria no, pese a que los dirigentes modernos de la macroeconomía han llegado a depender totalmente de la política monetaria para estabilizar. Hay una desconexión entre las necesidades de las economías y las teorías de los macroeconomistas actuales.

(…)

En muchas disciplinas aplicadas, como la medicina, los practicantes vuelven a lo básico cuando los hechos cambian. Si lo que están haciendo no da resultado, buscan otra cosa en su arsenal. Pero los macroeconomistas modernos no; dicen simplemente que debemos soportar lo que ellos llaman el estancamiento secular.


Es una predicción desdichada. La política monetaria no está funcionando; en cambio, este es el momento perfecto para la política fiscal. Hay necesidad inmediata de reparar carreteras y puentes, reconstruir las redes eléctricas y modernizar el transporte. La política fiscal keynesiana expansiva beneficiará a la economía, tanto a corto como a largo plazo.


(…)

(clarín, 24.11.14)

24.11.14

el fútbol inglés versus el fútbol brasileño

En un artículo en A Gazeta en 1949, Mazzoni escribió que, “Para el inglés, el fútbol es un ejercicio atlético; para el brasileño es un juego.

“El inglés considera que un jugador que gambetea tres veces seguidas es una molestia; el brasileño lo considera un virtuoso.

“El fútbol inglés, bien jugado, es como una orquesta sinfónica; bien jugado, el fútbol brasileño es como una banda de jazz con mucho swing.

“El fútbol inglés requiere que el balón se mueva más rápido que el jugador; el fútbol brasileño requiere que el jugador sea más rápido que el balón.

“El jugador inglés piensa; el brasileño improvisa.”

JONATHAN WILSON
“La pirámide invertida”

22.11.14

covers: tirá para arriba


miguel mateos


ulises bueno


miguel mateos (en el Teatro Colón)


los acapella

21.11.14

gótico americano

wikipedia

El cuadro que ilustra este post es autoría de Grant Wood, pintor estadounidense, y la obra es un clásico del arte de Estados Unidos. La imagen del granjero y su esposa, posando frente a su casa de estilo gótico rural, se ha convertido en un ícono del arte.

Lo que es menos conocido quiénes fueron los modelos de Wood para realizar esta obra. La mujer es Nan, la propia hermana del pintor, fallecida en 1990. El hombre es el dentista de Wood, el Dr. Byron McKeeby que contaba con 65 años cuando el pintor realizó su obra.

Hay una foto de los modelos posando frente al cuadro que tomamos del muy buen sitio Curistoria (http://www.curistoria.com):

curistoria

La casa del cuadro también estaría identificada. Se cuenta que Grant Wood estaba en viaje por Iowa, buscando lugares atractivos para pintar, cuando pasó por la llamada Casa Dibble. Artistas que acompañaban a Wood aseguran que el pintor tomó bocetos de la casa y que sería el modelo del cuadro celebre.

wikipedia

FUENTES:

El artículo del cuadro en Wikipedia en castellano:
http://es.wikipedia.org/wiki/American_Gothic

y en inglés:
http://en.wikipedia.org/wiki/American_Gothic

La nota en el sitio Curistoria con la foto de los modelos:
http://www.curistoria.com/2014/11/los-modelos-reales-del-cuadro-gotico.html

El artículo de la Casa Dibble Wikipedia:
http://en.wikipedia.org/wiki/American_Gothic_House

20.11.14

del archivo chatarra: cocinando un inodoro

super chatarra special
Hace diez años, en Super Chatarra Special dedicamos un especial de Inodoro Pereyra. En esa ocasión reprodujimos un artículo publicado en el suplemento cultural de “Clarín” de Roberto Fontanarrosa contando cómo hacía una página de la genial historieta. Es una buena oportunidad para recordar esa página selecta e invitarlos a recorrer el especial que le dedicamos a Inodoro Pereyra.

El especial en:

http://www.superchatarra.com.ar/edanteriores/diciembre2004/NUEVO0412.htm

Cuántas veces se habrá despertado usted, amigo lector, en medio de la noche, preguntándose atormentado:"¿Cómo se realiza una historieta?". Pues bien, ahora tiene usted, acá, la oportunidad, única quizás, de adentrarse en los misterios de este "metier" de la mano de un profesional de la materia. Si usted gusta acompañarme podrá asomarse tras las bambalinas del mundo creativo y husmear en la cocina misma del autor, percibiendo una vivencia incomparable. Eso sí, entiendo que nada enseña tanto como la vivencia propia y me atreva a proponerle, entonces, que simulemos armar una historieta juntos.

Muy bien. Tranquilo ahora. Lo primero es el tema. Saber sobre qué tema girará la historieta. En ocasiones hay algún asunto dando vueltas, como la Guerra del Golfo, los disturbios de Los Angeles, el cólera, la corrupción, etcétera, con posibilidades de ser adaptados a nuestro personaje: Inodoro Pereyra. ¿Los disturbios de Los Angeles? Es bueno, pero... ¿no le parece que es más compatible, acaso, con una bestia como Boogie El Aceitoso, sin ir más lejos? Es comprensible. Usted no tiene la obligación de saber que yo cuento con otro personaje al que debo alimentar, pero su aporte fue valioso, de todos modos.

super chatarra special

Dejemos para Inodoro ítems más apropiados como el caso de los frigoríficos clandestinos o el aumento en el precio de la yerba mate. ¿Aventurarnos con Monzer Al Kassar, dice usted? ¿O hablar sobre una controvertida jueza de apellido compuesto? ¡Cómo se nota que no es usted el que firma, mi estimado! Y después de todo, ¿para qué hacerlo? Si ella, según su costumbre, no habrá de leerlo. Pero supongamos, supongamos que no hay ningún tema dando vueltas para el Inodoro. Habrá que recurrir, entonces, a la carpeta con anotaciones. Tendrá usted acceso, restringido quizá, pero acceso al fin, a ese tesoro.

Hay un tumulto de páginas donde yo voy anotando ideas sueltas, frases, situaciones o tontos juegos de palabras. Veamos: "Sea un domador en veinte lesiones". "Chancho-alcancia". "Sigue vigente, ¿dónde vio gente?". "Lo encontré hecho unas pascuas / ¿contento? / no, gordo y negro como un güevo de chocolate"

super chatarra special

Abrimos casilleros, entonces, con las dos o tres situaciones que, calculamos, pueden soportar el trámite de una historieta: "Escuela de doma" y "Chancho alcancía”.¿Prefiere "Escuela de doma"? Inteligente elección. Pero abordemos la otra, que a simple vista suena como más jugosa. Bueno lo suyo, pero aún carente de olfato profesional. En cada uno de los antedichos casilleros iremos anotando todo lo que se nos ocurra y sumando las frases sueltas o pequeños chistes de la carpeta que tengan relación. “Ahura que las monedas vuelven a tener valor, de nuevo se ha cotizáu la rastra, don Inodoro", es una apreciación del Mendieta que bien puede insertarse en el contexto de la Escuela de Chicago como el de "chancho alcancía". Vea usted que, así, alguna de los dos columnas va creciendo en procura de alcanzar los ansiados 12/13 cuadritos que configurarán la tira.

Pero, confesémoslo, aún campea entre nosotros una preocupación primaria que nos desvela, encontrar un chiste de remate. Si no sabemos hacia dónde vamos, nos perdemos. Veamos: el hallazgo de un buen tema nos ha significado resolver un 30 por ciento del problema. Pues bien, el descubrimiento de un digno remate nos resolverá el otro 30%. Incluso, a veces, debo confesarle, doy casualmente con un chiste o con una situación que configura, en sí, un buen remate para una historia. Entonces, desandando desde allí armo la trama desde el comienzo. Pero, no se me distraiga, seamos optimistas y supongamos que encontramos un final aceptable. Ya tendremos una estructura para la tira y quedarán una, o dos más, a medio hacer, para ser completadas el día de mañana, si a usted no lo ocupa algún otro compromiso. El que guarda siempre tiene. Al igual que el esforzado pueblo israelí de un desierto habremos obtenido un vergel. Pero, pensándolo mejor, y con un golpe de timón propio de un escritor efectista, volvamos a los comienzos de la nota cuando presumimos de contar con un tema ya dado por las circunstancias. No partamos de la nada justamente con usted, que no acredita experiencia en la materia y, además, no parece ser muy lúcido que digamos. La libido viene en nuestra ayuda, amigo mío. El moreno juez Clarence Thomas ha inaugurado el envidiable acoso sexual. Un objetivo clavo nos ahorra un montón de tiempo y puede ejemplificar mejor el tramite del armado de la tira. Diga usted ¿a quién le cuadra mejor dicho acoso? ¿Será para Inodoro? ¿Será para Mendieta? ¿Habrá que recurrir a los siempre desaforados loros? ¿Se ajustarán a ese rol los poco refinados pampas del cacique Lloriqueo? ¿Deberán aparecer las alpargatas bacteriológicas? ¿Será tema pava el doctor Citado Nosocomio? Expídase. Elige los loros. Muy bien. Pero... ¿no le parece que un tema de acoso sexual, con miles de loros allí presentes, sería un tanto promiscuo? ¿No le suena como un tema necesitado de cierta intimidad? Nada de loros, entonces.

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La cosa puede venir como anillo al dedo para Nabucodonosor II, el chancho campeón. Recurriremos, de todos modos, a la salvadora carpeta para rescatar algo atinente al apasionante mundo del porcino y llegar, triunfales, al remate. ¿Cuál es el remate7 ¿Se le ocurre alguno? Córtela con los loros, viejo. Nabucodonosor II rechaza el acoso sexual de las chanchas. Aduce haber sido vendido a EE.UU. como reproductor. Fantasea futuras relaciones con las cerdas más bellas del mundo, las cover-pigs. Pero Pereyra lo vuelve a la realidad: su destino es una granja de inseminación artificial. Ya sé, no es un final de gran nivel literario pero ¿qué pretende por el precio de un diario? Confíe, a este final lo defendemos con otros chistes más chiquitos.

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Años atrás, cuando yo era joven, bello e inexperto, me conformaba con meter un chiste cada dos o tres cuadros. Nunca compartí la tesitura de algunas páginas humorísticas de jugar todo el efecto de la historia al chiste del último recuadro. Con este sistema, el remate debía ser formidable para justificar la página. A usted le gustaban, bueno. no me extraña, usted está todavía bastante verde para entender de estas cosas

Aprendí, entonces, de los colegas contadores de cuentos: Landriscina. el Sapo Cativa, el Gordo Oviedo, que pueden narrar un chiste muy largo con final discreto, pero este final viene ayudado, aderezado, respaldado, por un montón de pequeños chistes intermedios, dichos, detalles, consideraciones, que van calentando la risa y le evitan al remate cargar con la responsabilidad del fracaso o del éxito del relato. Entonces, hoy por hoy, procure meter, al menos, un chistecito, una ocurrencia por cuadrito, siempre que no desvíe la atención.

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Cuando está todo ya más o menos cocinado, escribo -perdón. Escribimos un diálogo en una hoja oficio. Calculamos, a ojo, que con eso nos alcanza y a veces, para mejor, nos sobra. Lo óptimo es cuando sobra: queda a salve el orgullo creativo. En ocasiones, de arranque, usted comprueba que se va a quedar corto. Entonces mete, en los dos o tres primeros cuadritos, una situación encapsulada, pequeña, sin posibilidades de mayor desarrollo, que abre la tira. Situación que no tendrá demasiada relación con el resta del asunto y luego se ligará con el tema central de forma natural o arbitraria. No, no tiene por qué ser con loros, no se ponga reiterativo con ese asunto. Ej.: Inodoro observa un mate que pierde líquido por varias perforaciones. "Otra vez la poliya me agarró el mate” dice. Mendieta le recomienda comprar otro. Inodoro replica "¡Como para invertir en muebles estamos!" ya entran en el tema del ahorro y el chancho-alcancía, del cual hablamos antes. ¿No lo recuerda? Olvídelo. Estos temas encapsulados son útiles, pero no es de lo más pulcro como procedimiento. Prefiero que la tira arranque y termine con el mismo tema. Sucede, a veces, que el ojo del amo erra el cálculo, como le pasó a usted por su impericia, y en medio de la tira uno se encuentra con que el material no alcanza. Alerta rojo. Error humano.

super chatarra special

Tenemos el comienzo y el final pero faltan, digamos, dos cuadritos en el medio. Hay que correr a la carpeta para rellenar ese hueco con algún pasacalle que no aparezca como muy traído de los pelos. Agradezco su consejo: uno puede macanear con las medidas, agrandando un cuadrito, estirando otro: ¡el lector se da cuenta, mi querido! El lector advierte que usted se tira a chanta. ¡Y estamos defendiendo una media página a color del diario Clarín, mi viejo! ¡Cómo se nota que usted después se va y se despreocupa del problema! No, acá hay que trabajar hasta que aparezca alguna réplica para insertar en el diálogo, o una pequeña gracia que anteceda al final.

super chatarra special

Impensadamente, pese a su ayuda, ya tenemos el 30% del tema central, el 30% del remate y el 30% de los chistes intermedios. Nos resta el 10% del dibujo. Ojo la tinta. Acá mejor se me sienta allá y mira desde lejos. Trataré de que el dibujo refleje el relato lo mejor posible, que sea expresivo, que narre. Ya sé que el texto no le causa gracia. No me mueva la mesa. No soy un plástico audaz, ni un virtuoso, ni un explorador de nuevas técnicas y nuevas texturas. No. No son así los loros. Cubro con papel manteca una fotocopia del original y coloreo infantilmente, con fibras. Guarda el codo. No me ayude más, mi viejo. Zapatero a sus zapatos. Usted remítase a lo suyo y espere el próximo miércoles para leerlo. El buey solo bien se lame. Después de todo. en diciembre de este ano se van a cumplir 2O anos de la primera aparición de Inodoro, en la revista Hortensia, de Córdoba, y, pese a la edad, todavía puedo seguir diciéndole a este gaucho todo lo que tiene que hacer y decir, puntualmente, cada quince días No, salga, largue el lápiz. No necesito ayuda. Recuerde aquello de "En Rosario, uno se siente más creativo´. Y no lo dije yo. Lo dijo Belgrano, hace muchos años. Descuide, su firma no aparecerá en el trabajo.

super chatarra special

19.11.14

cartago

wikipedia
“La relación de Morris revela, también, que en ese mundo Cartago no desapareció. Cuando comprendí esto hice mis tontas preguntas sobre las calles Haníbal y Hamílcar.

Alguien preguntará cómo, si no desapareció Cartago, existe el idioma español. ¿Recordaré que entre la victoria y la aniquilación puede haber grados intermedios?”


“La trama celeste”
ADOLFO BIOY CASARES
La ciudad tiene un inicio legendario. La princesa Dido, casada con Siqueo, es forzada por su hermano Pigmalión, rey de Tiro a revelar dónde estaba el tesoro de su marido. Dido confiesa y Pigmalión asesina a Siqueo. Cuando va a desenterrar el tesoro, Pigmalión se da cuenta que Dido le ha mentido y ha escapado con el tesoro en su poder.

Cuando Dido llega a las costas libias, le solicita a Jarvas, monarca del lugar, que le dé tierras para fundar una ciudad. El rey libio, desconfía de ella y se enamora de ella: sólo le concede el espacio que ocupara una piel de toro.

Como Pigmalión no contaba con la capacidad de mentir de Dido, Jarvas no cuenta con el ingenio de la muejr: Dido corta la piel de toro en finísimas tiras permitiendo desplegar el cuero de tal modo que abarque una gran extensión. En esas tierras, instala una fortaleza que llamaría Birsa, lo que sería posteriormente conocida como Cartago.

En realidad, sus orígenes provienen de emigrantes fenicios procedentes de Tiro que alrededor de los años 825 y 820 A.C. se establecieron en esa zona costera del Mediterráneo que contaba con un istmo de fácil defensa y un excelente puerto natural, elementos decisivos para fundar la Qart Hadasht, la Ciudad Nueva en su propio idioma.

Cartago estaría ubicada hoy a unos 17 kilómetros de la ciudad de Túnez. Y su crecimiento se potenció cuando los asirios ocuparon en el 574 A.C. Tiro y sus habitantes, con la flota púnica intacta, emigraron a la nueva ciudad. Pronto Cartago se convirtió en la potencia marítima del Mediterráneo.

Era de esperar que su esfera de influencia chocara con la de otra potencia. Tras escarceos con los griegos, el gran enemigo de los cartagineses son los romanos. El odio, creciente y mutuo, motiva la frase con la que Catón cerraba todos sus discursos en el Senado romano: “Además, opino que Cartago debe ser destruida”.

En la Eneida, Virgilio cruza a Eneas con Dido quienes se enamoran perdidamente. Cuando Jupiter ordena a Eneas partir al Lazio (donde uno de sus descendientes, Rómulo, fundará Roma), Dido enloquece con su partida. Levanta una gigantesca pira y al amanecer, en la cima de la pira, se hunde en el pecho la espada del héroe. Esta variante de la leyenda encierra una profecía: Cartago morirá por Roma. Y las llamas serán su destino.

La primera parte de la profecía se cumple tras las Guerras Púnicas. Pese al genio militar de Aníbal, Roma terminó gana la guerra. En el año 146 A.C., Roma asedió Cartago durante seis días y, tras luchar calle por calle, casa por casa, terminaron con las vidas de casi todos los habitantes de la ciudad. Ríos de sangre corrieron por las calles, fosas comunes donde los romanos tiraban a muertos y vivos por igual, horror y destrucción en una espiral de odio. Sólo sobrevivieron 50 mil cartagineses que se rindieron para ser vendidos como esclavos

En el templo de Eshmun se agrupó la última resistencia, al mando de Asdrúbal, decididos a morir sin entregarse, en una lucha sin futuro. La moral de los sitiados se resquebrajó cuando Asdrúbal se arrojó a los pies de Emiliano Escipión suplicando por su vida.

Fue entonces, cuando un grito llamó la atención de los romanos. Encaramada a los más alto del templo, la mujer de Asdrúbal reprobó la conducta de su esposo y maldijo a los romanos: “Nos habéis destruido a fuego; a fuego también seran destruidos". Abrazó a sus hijos y se arrojó a las llamas que habían ganado el templo.

Cartago ardió durante toda la noche. Y en su final, hubo alguien que lloró el final de la ciudad, evocando los versos de la Ilíada: “Llegará un día en que Ilión, la ciudad santa, perecerá, en que perecerán Príamo y su pueblo, hábil en el manejo de la lanza”.

El hombre era Emiliano Escipión, el general romano que conquistó Cartago. Cuando el historiador Polibio le preguntó porque recitaba esos versos, Emiliano contestó: "Temo que algún día alguien habrá de citarlos viendo arder Roma".

Décadas después, cuando Roma se hundiera en la corrupción de sus clases dirigentes, algunos recordarían la maldición púnica como razón de los males que estaban viviendo.

Cuando Julio César visitó las ruinas de Cartago, se convenció de que era un lugar estratégico para levantar una ciudad. En el 29 A.C., el Emperador Octavio fundó la colonia Julia Cartago que se transformó en la capital de la provincia romana de África. Su fuerte era la producción de trigo y el puerto de la ciudad era vital para el mantenimiento del Imperio Romano.

La nueva ciudad recuperó parte de su esplendor.

Y como temió Emiliano Escipión, Roma cayó, ascendió el cristianismo, pasaron los vándalos y el Imperio Bizantino tomó su lugar en la historia.

La ciudad se mantuvo unos años más.

Pero entonces una media luna se alzó en Oriente y Cartago supo que enfrentaba otro fin. Resistió medio siglo al Islam pero, finalmente, cayó en 705.

Por última vez, la ciudad fue arrasada y su población masacrada.

Hoy, de la gloria de Cartago quedan sus ruinas (ubicadas en un lujoso barrio residencial tunecino) declaradas por la UNESCO como Patrimonio Mundial de la Humanidad en 1979.

wikipedia
FUENTES:

Un artículo en Wikipedia sobre Cartago:
http://es.wikipedia.org/wiki/Cartago

y sobre Catón, el Viejo:
http://es.wikipedia.org/wiki/Catón_el_Viejo

El sitio de José I. Lago:
http://www.historialago.com/leg_cart_01010_delenda_01.htm

18.11.14

las fotos perdidas del Día D

el país

Si hay una imagen icónica de la II Guerra Mundial son las fotografías movidas que tomó Robert Capa el 6 de junio de 1944 en la playa de Omaha durante el Día D. El soldado Edward K. Regan, de la 116 División de Infantería, aparece en primer plano, con el agua hasta el cuello, bajo el intenso fuego alemán, en una foto que le convirtió en un símbolo de todos los soldados que trataban de sobrevivir a aquella guerra. Hasta ahora se creía que, con las prisas, la mayoría de aquellas fotos se estropearon en el laboratorio en Londres durante el proceso de revelado. ¿Y si no fuese cierto? ¿Y si Capa sólo hubiese tomado durante la locura de Omaha las 11 fotos que han llegado hasta nosotros? ¿Si nunca hubiese habido más imágenes? John G. Morris, de 98 años, el jefe de Capa durante la II Guerra Mundial como editor de fotografía de Life, el último testigo vivo de aquellos hechos, el tipo que vio salir desencajado del laboratorio al técnico con lágrimas en los ojos gritando “¡Todo se ha perdido!”, acaba de sembrar una duda sobre una historia que durante décadas ha servido para ilustrar la importancia y a la vez la fragilidad del periodismo.

“Ahora parece que es posible que Bob [Robert Capa] no hiciera más fotos en la playa”, explica John G. Morris (Chicago, 1916) por teléfono desde su domicilio de París. De este editor de fotografía, que trabajó para Life, Magnum –fue el primer director de la agencia–, The Washington Post, The New York Times y National Geographic, se puede decir que es una leyenda viva del periodismo y el último testigo de una época dorada del reporterismo (cuando Capa y Ernie Pyle, Herbert L. Mathews y Ernst Hemingway contaban una guerra en la que el mundo se jugaba su futuro). Son dos definiciones que, aplicadas a cualquier otro, sonarían a tópico pero que, en este caso, son descriptivas. Morris acaba de publicar un libro con sus propias imágenes de Normandía, Quelque part en France. Éte de 1944 (Marabout), con las únicas fotos que tomó durante su carrera ya que se dedicó sobre todo a trabajar con el material de los demás con un talento y un ojo únicos.

Los dos biógrafos de Capa, Ricard Welhan en Robert Capa (La Fábrica) y Alex Kershaw en Sangre y champán (Debate), así como el propio John G. Morris en sus memorias, Consigue la foto. Una historia personal del fotoperiodismo (La Fábrica), dan una versión muy parecida de los hechos. “Era miércoles por la tarde y se trataba de unas fotos que el mundo estaba esperando, en el sentido literal, desde el martes. Llegar al cierre era una enorme responsabilidad”, señala Morris para explicar la importancia de las imágenes, las únicas que reflejaban el desembarco en la primera línea de combate. Capa no llegó a Inglaterra hasta la mañana del 7 de junio y desde Weymouth se despacharon los carretes de 35 milímetros hasta Londres, donde Morris y su equipo estaba esperándolos, ya muy nerviosos porque, con la confusión, hasta las 18.30 no recibieron la información de que los rollos estaban de camino. Además, la agencia Acme había difundido las primeras imágenes de las playas, tomadas por Bert Brandt, aunque carecían de la épica y la acción que Capa había logrado. Con las películas por fin en su poder, Morris puso en marcha todo el proceso para llegar al cierre de la revista Life. Sin embargo, con las prisas y la presión, se produjo el desastre: el técnico de laboratorio se equivocó y las dejó en la secadora con la puerta cerrada y la emulsión se estropeó. Hasta ahora se pensaba que, de 100 imágenes, se salvaron 11, según Morris, y ocho se mandaron al mundo.

Casi sin darle importancia, Capa (Budapest, 1913 – Indochina, 1956), despacha así la escena en sus memorias, Ligeramente desenfocado (La Fábrica): “Siete días más tarde me enteré de que las fotografías que había tomado en Easy Red se consideraban las mejores del desembarco. Sin embargo, un asistente de laboratorio había aplicado demasiado calor al secar los negativos; las emulsiones se fundieron y se destintaron ante los ojos de toda la oficina de Londres”. John G. Morris escribe en las suyas: “Gracias al coraje de Capa y a la buena suerte que tuvimos en la oficina de Londres, unas pocas fotografías del Día D ocupan un lugar en la historia visual de nuestro siglo. Sin embargo, siempre me perseguirá el fantasma de lo que perdimos. Capa no se tomó a mal la noticia de que habíamos derretido la emulsión de sus fotos y jamás habló conmigo de ello".

¿Qué ha cambiado? “Ahora parece que tal vez no había nada en los otros rollos. Recientemente, expertos en fotografía han señalado que es imposible arruinar la emulsión en ese tipo de películas solo con el calor. Ahora creo que es posible que Bob mandase todos los carretes a la vez y que sólo en uno de ellos hubiese imágenes”, explica Morris, utilizando siempre un cuidadoso condicional. ¿Qué pudo ocurrir entonces en la playa? Las hipótesis se pierden en la niebla de la guerra. ¿Fallaron las cámaras, los carretes? ¿Disparó menos de lo que pensaba en medio del horror de Omaha que con tanta precisión describió Steven Spielberg en el arranque de Salvar al soldado Ryan, imágenes que Morris utiliza para explicar las condiciones de trabajo de su amigo? El propio Capa lo describe muy bien en sus memorias: “La cámara vacía me temblaba en las manos. Era un nuevo tipo de miedo el que me sacudía el cuerpo de pies a cabeza y me crispaba la cara”.

(…)

GUILLERMO ALTARES
“¿Y si Robert Capa sólo tomó 11 fotos en el desembarco del Día D?”
(el país, 17.11.14)