27.4.17

promocionando las papas

abc

Una de las hazañas más meritorias de Francisco Pizarro fue descubrir la patata. Este alimento llegó por vez primera a España en 1560, era oriunda de los Andes chilenos y peruanos, y crecía en zonas montañosas en las que no lo hacía el maíz, el principal alimento de los Incas.

El nuevo producto gastronómico fue presentado al emperador Carlos I e, incluso, algunos ejemplares se enviaron al Papa Julio II, como rareza botánica. De nuestro país la planta se extendió a Portugal, Italia, Francia e Inglaterra, en donde se explotó únicamente como planta ornamental en patios y jardines.

(…)

Los inicios de este tubérculo en el Viejo Continente no fueron nada fáciles, su apariencia poco agradable y el hecho de que creciera bajo tierra propició que inicialmente fuese rechazada en todos los ámbitos sociales. A esto habría que añadir que la patata no aparece citada en la Biblia y que se le atribuyó una condición demoníaca, ya que se le imputaba la transmisión de algunas enfermedades como la lepra o la tuberculosis.

(…)

Federico II el Grande, rey de Prusia (1712-1786) observó que la patata podía ser un alimento ideal para combatir las hambrunas en épocas de malas cosechas. Tras varios intentos fallidos de convencer al campesinado para plantar el tubérculo optó por plantarla en huertos y jardines de palacio, estableciendo fuertes medidas de seguridad en torno a ella. El pueblo prusiano presumió que se custodiaba algo valioso e importante. Cierto día, con la excusa de necesitar efectivos para una batalla, el monarca dejó a la patata sin ningún tipo de seguridad. Sucedió lo que él había imaginado, los campesinos aprovecharon la ocasión para robar las patatas.

A continuación, el monarca publicó unos edictos, conocidos como los de la patata, en los cuales se instaba a las clases dominantes a favorecer su cultivo y a eliminar los prejuicios sociales que giraban en torno a ella.

De esta forma, Federico II consiguió que la patata fuese un alimento clave en la alimentación de los prusianos y si la población estaba bien alimentada era raro que se sublevase. Este hecho hizo que se conociese popularmente al monarca como «el rey de la patata» y que en su tumba, desde hace mucho tiempo se depositen patatas en su honor.

(…)


Antoine Augustin de Parmentier (1737-1813) fue un farmacéutico militar y agrónomo francés que tuvo la «fortuna» de ser hecho prisionero en Westfalia (Prusia) durante la Guerra de los Siete Años (1756-1763). Fue precisamente durante su cautiverio cuando descubrió que la patata era un alimento muy apreciado por la población local. Tras su liberación regresó a Francia y trató de convencer a Luis XIV de que la hambruna que asolaba el país en aquellos momentos se podía combatir cultivando patatas.

Unos años después (1772) Parmentier obtuvo un importante galardón de la Academia de Besancon, en la que se invitaba a descubrir un vegetal que fuese capaz de complementar la alimentación humana en épocas de hambruna. A pesar de todo, tuvo que pasar más de una década para que se le concedieran algunos terrenos para cultivar y explotar la patata. Finalmente pudo demostrar que no sólo era un producto nutritivo, sino que además era fácil de cultivar y muy resistente a las inclemencias meteorológicas. De todas formas, y en honor a la verdad, el consumo de patata entre la población francesa no fue masivo hasta que Luis XIV se paseó con una flor del tubérculo en la solapa. El farmacéutico francés obtuvo un reconocimiento merecido, puesto que durante mucho tiempo a la patata se la denominó «parmentiere».

PEDRO GARGANTILLA
“La patata, el «invento del diablo» que acabó con las hambrunas en Prusia y Francia”
(abc, 21.04.17)

26.4.17

el diagrama voronoi

abc

El diagrama de Voronoi (que debe su nombre al matemático ruso Georgy Voronoi) (…) de un conjunto de puntos en el plano es la división de dicho plano en regiones, de tal forma, que a cada punto le asigna una región del plano formada por los puntos que son más cercanos a él que a ninguno de los otros objetos. Dicho de otra manera, lo que hace dicho diagrama es dividir el plano en tantas regiones como puntos u tengamos de tal forma que a cada punto le asignemos la región formada por todo lo que está más cerca de él que de ningún otro.

Piensen por ejemplo en el plano de una ciudad y dibujen sobre él un punto por cada una de las farmacias que hay en la misma. En el caso más simple, si solo hubiese una farmacia en la ciudad la región de Voronoi de dicha farmacia sería toda la ciudad, porque todos están más cerca de dicha farmacia que de ninguna otra, puesto que no hay más. Fácil, ¿verdad?

Si hubiese dos farmacias, A y B, la ciudad quedaría dividida en dos, los que están más cerca de la farmacia A que de la farmacia B (llamaremos a esta zona Vor(A)) y los que son más cercanos a la B que la A (a esta la llamamos Vor(B)). Bueno, y los que están a la misma distancia de los 2. En honor a Euclides y aquello de que el camino más corto entre dos puntos es la línea recta, mediremos la distancia en la ciudad como la longitud del segmento que une a dos puntos. Así, los puntos que están a la misma distancia de ambas farmacias son los que están sobre una recta: la mediatriz entre los dos puntos que definen las farmacias en el plano y que no es más que la recta perpendicular al segmento que une A y B por el punto medio de este. Lo hemos dibujado en la siguiente figura.

abc

En el caso de 3 farmacias, A, B y C, razonando de forma similar y teniendo en cuenta que las mediatrices son la frontera que delimitan las regiones de influencia 2 a 2 como acabamos de ver, nos quedaría una división de la ciudad en tres regiones como las que se muestran en la figura siguiente; cada una de ellas representa la región de Voronoi de cada farmacia, es decir, la zona de la ciudad que le ‘corresponde’ por ser la farmacia más cercana.

abc

En general, si tenemos por ejemplo 8 farmacias (8 puntos en el plano) el diagrama de Voronoi que asigna a cada uno de ellos la región de puntos más cercanos a él que a ningún otro tendría un aspecto como el de la figura siguiente:

abc

Y sí, esta construcción la hemos hecho echando de mano de la geometría para calcular las mediatrices que separan regiones de Voronoi y podría parecer, en principio, ‘sacado’ de la mente humana porque sí, pero el hecho es que se puede encontrar en infinidad de ejemplos naturales o se pueden provocar con experimentos caseros muy sencillos.

Si ponen caramelos de colores (o chocolatinas en forma de pastillas de colores) en un plato y vierten agua sobre ellos, podrán observar cómo poco a poco se van delimitando las regiones de Voronoi de cada uno de los caramelos (tiñéndose del color correspondiente) hasta que se tocan en la frontera (como se muestra en la foto siguiente) dibujando el diagrama de Voronoi completo. Después, eso sí, se estropea porque se siguen mezclando.

abc

O bien, si se ponen de acuerdo con varios amigos y crean varias pompas de jabón que se van depositando sobre un cristal horizontal, y han tenido cuidado de soplar al mismo ritmo, podrán observar que sobre la superficie en cuestión ‘se dibuja’ una estructura similar a un diagrama de Voronoi en el plano, correspondiente a las regiones influencia de cada pompa de jabón.

abc

Basándose en esta idea Luis M. Escudero y algunos colaboradores han ideado un método que puede servir para revolucionar el diagnóstico automatizado de ciertas formaciones tumorales. Lo que han hecho (en líneas generales), el Dr. Escudero y sus colegas, ha sido es crear un modelo de tejido epitelial (y muscular) ideal mediante el siguiente procedimiento computacional:

(1) se genera un conjunto de puntos al azar;

(2) a dichos puntos se les calcula su diagrama de Voronoi;

(3) se calcula el centro de masas de cada una de las regiones resultantes(esto nos proporciona un nuevo conjunto de puntos);

(4) se calcula el diagrama de Voronoi del nuevo conjunto.

Este proceso se repite hasta tres veces más. El aspecto que tiene este quinto diagrama de Voronoi calculado es el modelo de tejido ideal calculado por el Dr. Escudero (puesto que todas las células son similares, al expandirse, sus fronteras tienden a formar un diagrama de Voronoi). A partir de aquí estos investigadores miden cómo de parecido es el tejido de una muestra real del tejido modelo, si se parecen según ciertos parámetros (geométricos y topológicos), el tejido real está sano; en otro caso se concluye que algunas células no presentan las mismas características físicas que sus vecinas, lo que puede indicar el comienzo de un proceso tumoral.

(…)

Convencidos a estas alturas de que el diagrama de Voronoi es una estructura inherente al concepto de proximidad y/o influencia en la naturaleza déjenme que les cuente una de las primeras aplicaciones que del mismo se conocen: el mapa del cólera de John Snow.

A mediados del siglo XIX un brote de cólera azotó la ciudad de Londres; por aquella época no se conocía con exactitud la etiología ni el método de trasmisión de la citada enfermedad, y se debatían entre dos posibilidades: el contagio por contacto con el enfermo, sus ropas y/o pertenencias; y la teoría miasmática que atribuían la trasmisión a condiciones atmosféricas, como los vientos. He aquí que el doctor Snow observó que la distribución de las muertes por cólera seguía un cierto patrón geométrico (o geográfico) muy definido, se concentraban principalmente en una zona de la ciudad. Más aún, las muertes que se producían fuera de esa zona principal eran de personas que habían estado en la misma por alguna razón. John Snow empezó a sospechar que tenía que ver con el agua, más concretamente, con una fuente situada en Broad Street. Para ello, el doctor Snow dibujó sobre el plano de Londres las regiones de influencia de cada una de las fuentes de la ciudad, entendiendo que los habitantes de la misma optarían por buscar agua en la fuente más cercana para ellos (recordemos que no existía el agua corriente). La inmensa mayoría de las muertes se quedaban en la región de influencia de la fuente de Broad Street. Con ello, el doctor Snow descubrió que la causa de la enfermedad fue la contaminación por heces fecales del agua de la citada fuente. Y todo esto antes de que naciera Voronoi.

abc

(…)

Si pensamos en los jugadores sobre el terreno de juego como puntos sobre un plano, podemos asignarle a cada uno de ellos su región de Voronoi que estará formada por los puntos del terreno de juego que están más cerca de cada jugador que del resto. Evidentemente, como los jugadores no están quietos, en general, este diagrama irá modificándose con el tiempo pero nos puede decir, en cada instante, qué equipo está mejor posicionado en el campo.

Si por ejemplo tenemos dos equipos (equipo rojo y equipo azul) que ocupan esta posición:

abc

La ventaja posicional de un equipo sobre el otro puede que a simple vista no esté muy clara, pero si dibujamos el diagrama de Voronoi de los jugadores y coloreamos con dos colores las regiones de influencia asociadas a los jugadores de cada uno de los equipos, obtenemos:

abc

Se puede observar que el equipo azul no sólo ocupa mayor región del campo, sino que sus regiones están todas conectadas, con lo cual se favorecen los pases entre los distintos jugadores de dicho equipo (cosa que no ocurre con el rojo).

Como hemos dicho, este diagrama irá variando cuando se muevan los jugadores pero existen multitud de herramientas que permiten calcular estos diagramas en movimiento. Lo único que necesitamos es un entrenador que sepa cómo aplicarlo.

(…)

LARA GRIMA
“El diagrama de Voronoi, la forma matemática de dividir el mundo”
(abc, 24.04.17)

25.4.17

productividad de las ideas

(…)

Hace unos días supimos por qué la productividad va tan mal en España en un detallado informe de la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie). Nuestra economía ha crecido mucho desde 1980, pero la (ya casi famosa) productividad se ha quedado estancada.

Esta enfermedad se está extendiendo como un virus. En este gráfico del FMI podemos ver su evolución en países avanzados, emergentes y pobres:

fmi

Si uno se para a pensarlo, ¿tiene sentido que la productividad no crezca casi nada? Con todas las cosas que se están inventando: que si coches sin conductor, los drones repartidores, la impresión en 3D… Es difícil encontrar un momento en la historia con tanto avance tecnológico que, en teoría, nos debería ayudar a producir más y mejor, es decir, a ser más productivos. ¿Por qué no sale todo esto reflejado en el indicador? Quizá deberíamos empezar a hacernos otra pregunta:

¿Y si las buenas ideas son cada vez más difíciles de encontrar?

Este es el provocativo título que han elegido para su artículo Nicholas Bloom, Charles I. Jones, John Van Reenen y Michael Webb y que ha suscitado atención (y controversia porque la verdad es que es un poco deprimente). La respuesta a la pregunta, según su análisis, está clara: sí, las ideas que realmente tienen un impacto en el crecimiento económico son cada vez más difíciles de conseguir.

“Dicho de otra manera, solo para poder mantener el ritmo de crecimiento de renta per cápita constante en Estados Unidos, el esfuerzo dedicado a la investigación tiene que doblarse cada trece años para compensar la dificultad de encontrar nuevas ideas”.

Y eso es básicamente lo que ha pasado. Este gráfico contiene la clave:

retina el país

La línea azul representa la evolución de la productividad total en Estados Unidos. Pocas alegrías desde los años 40 (ya avisé que este indicador iba mal). La línea verde es el número de investigadores (los autores lo han calculado dividiendo el gasto en I+D entre el salario de personal cualificado). Hoy en día hay 25 veces más de investigadores que en los años treinta, pero la productividad de la economía no está creciendo.

“El crecimiento económico surge de las ideas que crea la gente y a largo plazo es producto de dos términos: el número efectivo de investigadores y la productividad de las ideas de estas personas (“Idea TFP”). Presentamos una amplia variedad de evidencia empírica que demuestra que en contextos muy diferentes y a distintos niveles de desagregación, el esfuerzo investigador está creciendo notablemente pero la productividad de esta investigación está cayendo considerablemente. El crecimiento económico estable se produce cuando estas dos tendencias se compensan.”

Es importante aclarar a qué se refieren los autores con ese Idea TPF (porque algunas críticas han venido por este lado). Parten de la siguiente ecuación:

Crecimiento de las ideas = “Idea TPF” x Número de investigadores

¿Cómo se puede medir el crecimiento de las ideas? ¿Al fin y al cabo, cuál sería la unidad de una idea? Los autores, tirando de literatura previa, dicen que el enfoque adecuado es equiparar ese crecimiento de las ideas al crecimiento de la productividad de la economía. Así, recabando datos sobre investigación y la evolución de la productividad calculan la productividad específica de las ideas (“Idea TPF”) en varios sectores y contextos. Y empiezan con la economía en general:

retina el país

En este gráfico se puede ver cómo la productividad de las ideas (“Idea TPF”) ha caído a un ritmo del -5,1% al año desde 1930, mientras que el número de investigadores crecía una media de 4,3% anual (se ha multiplicado por 23). Conclusión: las buenas ideas cada vez cuestan más.

Esta sería la visión general, pero a nivel micro podría esconder algunos factores relevantes. Por eso, los autores analizan esta misma evolución en tres sectores: semiconductores, agricultura y medicina. ¿Cómo han ido las ideas en estas áreas?

Semiconductores

Este sector sigue de manera casi milagrosa la conocida como ley de Moore: el número de transistores que cabe en un chip se duplica cada 18 meses, lo que supone crecer un 35% al año. La industria ha conseguido mantener este ritmo anual pero ¿cómo? Multiplicando por 78 el número efectivo de investigadores respecto al nivel de 1970.

retina el país

La línea azul es el crecimiento de las ideas, que se mantiene constante en ese 35% famoso de la ley de Moore, pero es un 78% más difícil de conseguirlo hoy que en 1970. La productividad de ese gasto de investigación ha caído un 25% entre 1971 y 2014.

Agricultura

Este mismo fenómeno se observa también en el cultivo de maíz, soja y trigo (se salva por los pelos el algodón), donde se han dedicado enormes esfuerzos para mejorar los cultivos. Sí, la producción crece año tras año, pero la productividad de la investigación cae entre un 3% y un 9% al año.

Medicina

El estudio recuerda que gracias a la investigación médica, la esperanza de vida en Estados Unidos ha crecido a una tasa regular de 1,8 años cada década. Pero las vidas que salvan los avances médicos son también cada vez menores. La investigación contra el cáncer sirve muy bien de ejemplo. En este caso, los autores han calculado el esfuerzo en la búsqueda basándose en el número de publicaciones y de ensayos clínicos realizados (es un proxy del número de personas que se dedican a investigar). Lo que se observa es que si en 1985 un ensayo clínico salvaba 16 vidas por cada 100.000 personas, en 2006 ya solo era una vida por cada 100.000 personas. (Ya avisé de que era un poco deprimente).

retina el país

¿Cuál es la conclusión?

Los autores aseguran que su descubrimiento tiene implicaciones para los modelos de crecimiento endógeno porque se basan en la hipótesis de que un número constante de investigadores puede generar un crecimiento exponencial constante. Esto es: supone asumir también que la productividad de las ideas (“Ideas TPF”) es constante y el artículo demuestra en varios contextos que esto no es así.

Claramente si tienen razón no se puede parar el ritmo de recursos destinados a la investigación, sino que tienen que ir a más si queremos mantener nuestro crecimiento: eso supone apostar por la educación para formar a más generadores de ideas.

Por último, por deprimentes que parezcan los resultados, tienen su lógica: los inicios de las investigaciones tuvieron más impacto con menos recursos por eso de que recoger la fruta de las ramas más bajas siempre es más fácil (low hanging fruit).

(…)

REBECA GIMENO
“Retina papers: Cuatro economistas dan con la clave de por qué no crece la productividad”
(retina el país, 25.04.17)

24.4.17

la química del azul

cultura científica

No hay otro cielo como el que Giotto pintó en la Capilla Scrovegni. Y el gran responsable, además del propio maestro italiano, es el pigmento empleado: el azul ultramar. Ya lo dijo Cennino Cennini en el Capítulo LXII de El libro del arte: “El azul ultramar es un color noble, bello, más perfecto que ningún otro color, faltan palabras para describirlo”.

(…)

El azul ultramar llegaba a Italia en el ocaso del medievo por vía marítima (ultramarinus) y de ahí su nombre. Se obtenía principalmente de la minas del valle de Kokcha en Afganistán, donde abundaba el lapislázuli, una piedra semipreciosa con alto contenido en lazurita, el mineral al que le debe su preciado color el azul ultramar (Na8-10Al6Si6O24S2-4). Ya os podéis imaginar que tal y como estaban las carreteras en aquella época el valor del producto era exorbitado. De hecho, muy pocos se lo podían permitir y estaba reservado para unos usos muy concretos, mayormente para pintar la ropa de la Virgen que, como madre de Dios, se merecía el mejor de los azules.

Afortunadamente para los bolsillos menos pudientes existía en Europa una alternativa conocida como azul citramarino (en contraposición al anterior) o azurita. El que fuera el azul más popular en la época bajomedieval y en el Renacimiento se extraía de un carbonato básico de cobre (2·CuCO3·Cu(OH)2) abundante en las montañas germanas, por lo que también se conoce como azul de Alemania o azul de las montañas. Ahora bien, el uso de este pigmento acarreaba ciertos problemas. Por una parte, el color no es nada estable: bien puede adquirir tonos verduzcos si el mineral se transforma en malaquita (verde) o puede oscurecerse si el cobre se oxida (CuO) y forma tenorita (negra). De ahí que algunas pinturas que originalmente eran azules parezcan ahora verdes o negras. Por otra parte, que costase menos que el ultramarino no quiere decir que fuese barato. Ante esta situación, enseguida se disparó el interés por lograr pigmentos azules artificiales que reemplazasen a los obtenidos de forma natural.

Y, mira por donde, aunque consideremos a Europa el ombligo del mundo y centro de la cultura artística, lo cierto es que ese interés había surgido muchísimos siglos antes en Egipto. De hecho, fueron los egipcios quienes allá por el 2500 a.e.c. lograron el primer pigmento sintético de la historia: el azul egipcio, un silicato de cobre y calcio (CaCuSi4O10). Para ello se mezclaba a altas temperaturas (unos 800⁰C) arena (fuente del silicato), carbonato cálcico (fuente de calcio) y malaquita (fuente de cobre), añadiendo natrón (Na2CO3) como fundente, lo que ayudaba a rebajar la temperatura de fundido. Gracias a este proceso se lograba un color azul muy estable que ha llegado hasta nuestros días en perfecto estado en muchos casos. Y, en cambio, azules como los que empleó Rafael la friolera de 4000 años después han cambiado de color completamente. Egipto 1 – Europa 0.

(…)

A partir del s. XVIII, el país que más se esforzó por sintetizar el ansiado pigmento azul fue Francia (como buena madre de la química moderna). Desde la Edad Media se había adaptado para su uso en pintura el esmalte, un óxido de cobalto que se empleaba para elaborar cristal del color que protagoniza este artículo (para hacer justicia, diremos que también los egipcios fueron pioneros en el uso del cobalto, allá por el s. XXVII a.e.c). En cualquier caso, no fue hasta principios del s. XIX cuando se empezó a comercializar el conocido como azul cobalto cuya composición mejorada (CoO·Al2O3) es la lograda en 1807 por el químico Louis Jacques Thénard. Este pigmento, todavía en uso, tuvo una gran acogida y fue empleado por los pintores impresionistas varias décadas después de su descubrimiento. En la imagen (…) vemos un obra en la que Renoir lo empleó.

cultura científica
Les parapluies (180×115 cm) de Renoir (1881-1886)

Esta obra resulta fascinante desde el punto de vista de la paleta pictórica, ya que el azul cobalto no es el único azul empleado. Entre 1880 y 1885 el pintor francés cambió su paleta considerablemente y dejó dicho pigmento de lado para emplear el ultramar. Justo en el periodo en el que realizó Los paraguas. Así, gracias a los estudios realizados en la National Gallery, sabemos que en este cuadro se mezclan ambos pigmentos, cubriendo en ciertos puntos el azul ultramar lo anteriormente pintado con el óxido de cobalto. Pero, recapitulemos un poco. ¿No habíamos dicho que el ultramarino era increíblemente costoso? ¿Acaso había descubierto Renoir una mina? ¿Tendría contactos en Afganistán? Lo cierto es que el azul empleado por Renoir ya no venía de Asia, sino de su propio país. Francia había conseguido sintetizar tan ansiado compuesto. Gracias al descubrimiento de su composición química y a un premio ofrecido por el Gobierno a quien lograse producir el pigmento (otorgado a Jean-Baptiste Guimet), en 1830 se empezó a sintetizar de forma industrial (de forma independiente los alemanes habían logrado el mismo hito).

(...)

En los primeros años del s. XVIII, es decir, varias décadas antes de que el azul cobalto y el ultramarino sintético existiesen, un artesano apellidado Diesbach había descubierto un pigmento que se hizo tremendamente popular. Al parecer se trató de un curioso caso de serendipia. Diesbach estaba intentando lograr una laca de cochinilla de color rojo, pero en el proceso dio accidentalmente con un producto azul: había nacido el azul de Prusia. En 1724 se empezó a comercializar este compuesto, de una complejidad mayor de la que su breve fórmula química indica (Fe7(CN)18) ya que el hierro tiene diferentes estados de oxidación.

Numerosos artistas se echaron en los brazos del recién llegado. Un nuevo azul, mucho más intenso y que no era fugaz como el índigo u otros pigmentos naturales. Traspasó todas las fronteras y llegó incluso al país del Sol Naciente de la mano de los comerciantes holandeses. Allí, el gran Hokusai lo empleó para elaborar la más famosa pieza de ukiyo-e (estampas realizadas con grabados en madera): La gran ola de Kanagawa. (...)

cultura científica
La gran ola de Kanagawa (26×38 cm) Hokusai (1829-33)

(…)

...hay otros ojos que me interesan más y que son, cómo no, azules. Los que pintó Amadeo Modigliani inspirados por su gran musa, y también pintora, Jeanne Hébuterne. Musa, pintora y devota compañera hasta el sacrificio extremo, ya que a la muerte de su amante se quitó la vida, poniendo un trágico final a su historia de “amor”.

artnet

Y os quería hablar de Modigliani y otro pigmento azul: el cerúleo. Al igual que en algún caso anterior hay que destacar la presencia de cobalto en este compuesto, pero también la del estaño. Hablando con propiedad, es un estannato de cobalto (CoO · n SnO2). Pese a que se conoce desde 1821, solo se empleó de forma intensiva desde que George Rowney lo comenzase a comercializar en Inglaterra en 1860. El origen etimológico de este pigmento es la palabra latina caeruleus que, a su vez, deriva de caelum (cielo) y, no en vano, ha sido muy empleado desde que irrumpió en el mercado para pintar la bóveda celeste. Y, ¿dónde queda Modigliani en todo esto? Pues resulta que Modigliani no usaba este pigmento. Es decir, el pintor italiano no tenía este azul en su paleta (ya hemos visto que hay una multitud de opciones) y, gracias a ello, se pudo detectar una más que posible falsificación de un cuadro que se le atribuía. Hace ya unos años, dicho cuadro fue ofrecido para realizar una retrospectiva sobre su obra pero, al realizar los análisis químicos, ¡oh sorpresa!, encontraron azul cerúleo. La presencia de este pigmento y la ausencia de otros muy habituales en la paleta de Modigliani fueron motivo suficiente para que la pintura fuese rechazada por los organizadores de la exposición.

(…)

...Yves Klein (…) creó la pintura que lleva su nombre. En este caso el secreto hay que buscarlo más allá del pigmento (ultramar sintético), concretamente en el aglutinante. Los químicos de la farmacéutica Rhône Poulenc desarrollaron para él el Rhodopas M, un polímero vinílico que, junto con alcohol etílico y el ultramar, forman el International Klein Blue.

(...)

OSKAR GONZÁLEZ
“Ensayo sobre el azul”
(cultura científica, 23.04.17)

22.4.17

algo de the be good tanyas


waiting around to die


rain and snow


the house of the rising sun


scattered leaves


littlest birds

21.4.17

la incapacidad de los ojos del alma

Los ojos del alma de la mayor parte de la gente, en efecto, son incapaces de esforzarse para mirar a lo divino.

PLATÓN
“Sofista (254b)”

20.4.17

la bella y la bestia

cultura científica

No hace mucho que se estrenó la nueva versión del clásico de Disney, La Bella y la Bestia, en la que los dibujos animados dejan paso a los actores y actrices de carne y hueso y a las imágenes generadas por ordenador, y como ha ocurrido en anteriores ocasiones, está siendo todo un éxito en pantalla.

La historia que cuenta Disney en la Bella y la Bestia se basa en el cuento homónimo de la escritora francesa Jeanne-Marie Leprince de Beaumont (La Belle et la Bête), que a su vez se basó en el relato que escribió Gabrielle-Suzanne Barbot de Villeneuve, también francesa. ¿Pero en que se inspiró esta última para idear el cuento? Pues parece estamos ante una narración basada en hechos reales.

El protagonista real de la historia se llamaba Pedro González, supuestamente el hijo del jefe de una tribu guanche, natural de Tenerife, donde vino al mundo en el año 1537. Si no fuera por el detalle de que nació con una característica que no pasaba precisamente desapercibida, y que hizo que fuera abandonado en un orfanato en la isla, hubiera llevado una vida bastante normal, pero su cuerpo estaba recubierto completamente de pelo.

A esta condición se le llama hipertricosis, aunque en ocasiones se usa un nombre más llamativo, como es síndrome del hombre lobo o síndrome de Ambras. Este último nombre se debe a varias pinturas de Pedro González que se encuentran en el Castillo Ambras, en Innsbruck, Austria, donde están representados tanto él, como su esposa y también dos de sus hijos.


La hipertricosis es una condición muy poco frecuente, que destaca por provocar un aumento considerable de la cantidad de pelo en el cuerpo, pudiendo ser localizada en zonas específicas, como ocurre con la hipertricosis auricular, o en todo el cuerpo, como ocurre en la hipertricosis general.

(…)

A los 10 años de edad, siendo un niño tan llamativo, Pedro González fue enviado como regalo desde Canarias hasta Bruselas, donde la intención es que fuera recibido por el emperador Carlos V y su tía, que era la gobernadora de los Países Bajos, pero durante el viaje en barco, un grupo de corsarios franceses asaltó el navío y capturó al pequeño niño peludo, el cual obsequiaron al rey de Francia, Enrique II de Valois.

A pesar de que hay variantes de esta historia, Pedro González acabo en la corte francesa, donde incluso empezó a usar el nombre latinizado de Petrus Gonsalvus. Un diplomático italiano en palacio, Giulo Alvarotto, fue una de las primeras personas en dar cuenta de la gran curiosidad que levantó el niño cuando llegó a París, y lo describió de la siguiente manera:
“Su cara y su cuerpo está recubierta por una fina capa de pelo, de unos cinco dedos de largo (unos 9 cm), de color rubio oscuro, más fina que la de una marta cibelina, (Martes zibellina, un mustélido muy apreciado en peletería) y de buen olor, si bien la cubierta de pelo no es muy espesa, pudiéndose apreciar bien los rasgos de su cara”.
(...)

A pesar de su aspecto salvaje, Pedro González había recibido una buena educación, y el propio Enrique II se encargó de que aún mejorara más su formación para “civilizarlo” todo lo posible, puesto que por aquellas fechas el mito de los hombres salvajes hacía pensar que Pedro fuera medio persona, medio animal. Así le proporcionó formación en latín y otras lenguas y le inculcó las refinadas costumbres sociales del momento. Poco a poco en la corte parisina, comenzó a ser conocido como “el salvaje de Canarias”, pero tuvo en todo momento la protección del rey, y pasó a formar parte de su servidumbre, al ir creciendo. Sus primeros trabajos fueron como ayuda de cámara, y era parte de los criados que llevaban la comida al rey, con la diferencia de que él tenía que mostrarse al monarca y a sus invitados cuando éste se lo pidiera. También parece que hizo de catador de la comida del rey. A pesar de ser parte de la servidumbre, era llamado Don Pedro González, se supone que por ser descendiente de un jefe guanche.

(…)

Pedro (…) se hizo adulto viviendo en la corte parisina, hasta el fallecimiento de Enrique II, momento en que su mujer, la reina Catalina de Médici, decidió concertar un matrimonio para “el salvaje de Canarias”. Para ello eligió a Catherine, una joven noble de su corte de gran belleza. El mito de la Bella y la Bestia comenzaba a gestarse aquí. Supongo que para la reina fue una situación divertida y no dejó que la joven viera a Pedro hasta el momento de la boda, por lo que parece que ésta quedó horrorizada al descubrir a su pretendiente. Por el contrario, es de suponer que él estaba encantado. Catherine accedió a casarse por obediencia a su reina, y en contra de lo que la mayoría de la gente esperaba, congeniaron bastante bien y no hubo problemas en el matrimonio.

cultura científica

Genéticamente hablando, la hipertricosis lanuginosa congénita puede ser causada por una mutación de las bandas 8q12;q22.1 y 8p11.2;q22.2 del cromosoma 8, concretamente una inversión paracéntrica, es decir los genes que cambian su orden no afectan al centrómero del cromosoma. Una mutación espontánea podría producir esta afectación, y por lo tanto no sería necesario que ningún antepasado hubiera tenido hipertricosis para que Pedro González la padeciera. En cualquier caso, la condición, una vez que aparece, es autosómica dominante, y la probabilidad de que los hijos la hereden es alta, como podemos comprobar con sus hijos.

(...)

Del matrimonio entre Pedro y Catherine nacieron seis hijos, tres niños y tres niñas: Madeleine, Enrique, Françoise, Antonietta, Horacio y Ercole, cuatro de los cuales heredaron la hipertricosis de su padre. Tanto los niños Enrique y Horacio, como las niñas Madeleine y Antonietta, tenían el cuerpo y la cara cubiertos de pelo como su padre. Este hecho coincide y sobrepasa las probabilidades de heredar esta condición, si es autosómica dominante, como la hipertricosis congénita lanuginosa, y no está en los cromosomas sexuales.


En ese caso la probabilidad esperada sería del 50 % de los hijos con hipertricosis y el otro 50 % no afectados. Pedro tuvo 4/6 hijos con la afectación, es decir 2/3 o 66,66 %. También hay datos de que algunos de los nietos de Pedro González heredaron esta condición, pero los datos y las pistas sobre los González se diluyen a partir de la tercera generación.

(…)

Con Pedro González muy mayor, pero aun con vida, un médico llamado Marcus Antonius Ulmus, publicó en 1602, Physiologia barba humanae, un libro de trescientas páginas que recopilaba las opiniones e investigaciones de los “médicos y filósofos ilustres” de muchos siglos atrás sobre el pelo y las barbas. Al igual que otros autores médicos de su época, Ulmus asociaba el crecimiento del vello facial con la potencia sexual, por lo que no se habría sorprendido de que Pedro fuera padre de al menos seis niños.

Otro médico, Felix Platter, de Basilea, escribió sobre la familia de González en su obra, Observationes, hablando sobre la inexistencia de salvajes cubiertos de pelo en islas o países remotos, y nombrando a nuestros protagonistas como un ejemplo de personas normales que simplemente tenían un problema de crecimiento de pelo no deseado en muchas zonas de su cuerpo.

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Cuando Catalina de Médici falleció, la peculiar familia al completo fue entregada como un presente a Margarita de Austria, gobernadora de Flandes y duquesa de Parma, y de sus manos, posteriormente pasaron por herencia al hijo de ésta, Alejandro Farnesio. Como se puede deducir, la vida de los González no estuvo exenta de lujos, pero fueron pasando de un lugar a otro, donde fueron exhibidos como animales salvajes, a pesar de su fina educación y preparación.

Los propios hijos de Pedro fueron separados y dados como regalos a diferentes nobles, una vez que se establecieron en Italia.

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Pedro González falleció en 1618 en Capodimonte, en la región de Lacio, en Italia, y a pesar de haber llevado una vida tan inusual, murió cuando tenía 80 años, algo también bastante extraño para su época. Este hombre nunca pasó desapercibido, y no son pocos los historiadores e investigadores que piensan que su historia fue la que inspiró el cuento de la Bella y la Bestia, como adelantábamos al principio.

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CARLOS LOBATO
“La hipertricosis del guanche que inspiró a la Bestia”
(cultura cientifica, 14.04.17)