1.10.14

eco

Llevabas esa tarde un traje verde,
de brillo apagado, como el azogue de las fuentes profundas.

La luna había extendido su claridad de cera
sobre tus hombros dorados aún desde el Verano,
sobre tu frente, que parecía asombrarse de todo,
y sobre tu boca, un momento tan próxima a la mía.

Recuerdo que los árboles hacían escuchar una canción
desconocida para ambos...

Sonreías: tu sonrisa estaba hecha de recuerdos.
Movías suavemente tus dedos cincelados,
y yo tenía un millar de preguntas que hacerte
como, quizás, solamente se puede interrogar al mar inquieto.

Todas las palabras me parecieron tan superfluas

como las hojas muertas de Octubre sobre el suelo.

Escuchábamos arrastrarse lentamente el silencio,
como un zorro, entre las hojas amarillas.

Callábamos.

Callabas. Y la luna entre las largas ramas
aclaraba tus hombros dorados, esa tarde.

DAN DESLIU
Traducción de Pablo Neruda
fuente: http://amediavoz.com/sueltosTraduc1.htm#ECO

30.9.14

tortilla sin papa ni huevo

Hay una anécdota en la que una periodista le pide a Albert Einstein que explique la Teoría de la Relatividad para alguien que no sepa nada de física. Albert le responde con otra pregunta: “¿Usted sabe cómo se prepara una tortilla?”. “Sí” dice la periodista “Con papas y huevos”. “Bueno, ahora explíqueme como se prepara una tortilla suponiendo que yo no tengo la menor idea de lo que son las papas y los huevos”.

Bueno, en realidad, hay una tortilla que se prepara sin papas ni huevos. La llamada tortilla sin papas ni huevos se hace con la parte blanca de las naranjas llamado albedo, puestas en remojo, como sustitución de las papas. En tanto, el huevo se reemplaza por una mezcla de harina, agua, bicarbonato, pimienta, aceite, sal y colorante para darle el tono amarillo de la yema.

Lo interesante de la receta es cómo nació. La tortilla sin papas ni huevo es un producto español de los años posteriores a la Guerra Civil, cuando había racionamiento de alimentos por la delicada situación en la que había quedado el país. Ante la falta de los ingredientes, se sustituyó los clásicos elementos de una tortilla para elaborar un sustituto, imperfecto, pero sustituto al fin.

FUENTES:

Dos artículos del blog “Historias de la Historia”:

http://historiasdelahistoria.com/2010/02/09/tortilla-de-patatas-sin-patatas-ni-huevos

http://historiasdelahistoria.com/2014/09/22/la-tortilla-francesa-la-tortilla-espanola-y-la-tortilla-de-patatas-sin-patatas-ni-huevo

29.9.14

cartas de Alejandra

la nación

(…)

Aquellos que tuvimos el privilegio de conversar con Alejandra Pizarnik recordamos esa pradera de luces e incertidumbres que se abría cuando con su voz titubeante, avanzando entre tinieblas luminosas, proponía juegos, citas, adivinaciones, ráfagas de abismo. El epistolario de Alejandra Pizarnik, en esta tercera edición de Alfaguara -la primera fue en 1998, Seix Barral y la segunda en 2013, México, Posdata- permite reabrir una vez más la puerta y adentrarse en la atmósfera encantadora, pero a veces también escalofriante, de las conversaciones con Alejandra.

(…)

No te envío poemas porque están en laboratorio. Estoy en un gran proceso de síntesis. Muy pronto te enviaré algo, unos pocos pájaros de fuego, una breve palmada en el hombro tieso de la señora muerte. (Carta a Rubén Vela, 1957).

(…)

la poesía tiene que ser el lugar del encuentro. Un espacio donde encontrarse con lo ausente, con el ausente, con lo que no está. Lugar de la obsesión. De allí que todo poema inauténtico significa falta de obsesión o de necesidad de ese encuentro. Dije lo ausente. Por ello entiendo el deseo, el lugar vacío o la herida que nos dejó alguien (Dios?) yéndose para sólo dejar sed de su presencia imposible.

(…)

Notable es la prolijidad clásica del formato de las cartas de Alejandra -líneas muy regulares realizadas con su letra infantil y aplicada, que Enrique Molina describía como el hilo tenue que conduce fuera del laberinto- o bien las misivas tecleadas a máquina, donde exhibe una rara perfección. Aquí resulta curioso el contraste entre la forma y el contenido a veces inesperado, calcinante o perturbador, que en ocasiones encierran en estas cartas. Mientras que el diario -sobre todo en las últimas etapas- es desolador y avanzamos por sus páginas con terror, casi por obligación, con un sentimiento lúgubre que invita a compadecerla o incluso a menoscabarla contra nosotros mismos, en sus cartas se respira en ocasiones un aire alto y refrescante, pero con esa frescura que viene del abismo y nos conforta.

(…)

Osías (Stutman), amigo mío, tuve que haberme muerto en diciembre, cuando terminé de escribir esas prosas de humor, las corrosivas que ya te mencioné. Ahora solo me la paso pensando qué mala suerte tuvo Hölderlin al vivir 40 años después de su erosión y corrosión. Y qué suerte morir joven.

Pero hay también lugar para la gratitud y la celebración, como en esta carta dirigida a Mujica Lainez:

Manucho hermoso, Manucho querido (y tan admirado!) de repente en una breve, luminosa carta, aludís a mis "difíciles" poemas con una exactitud que ni los más grandes poetas o críticos lograron. Y todo de un modo dulce y refinadísimo, como un pequeño príncipe danzando o como un niño genial y autómata de un museo francés que escribe genialmente distraído. Gracias, gracias.

(…)


Ciertos textos de humor obsceno aparecen en la Correspondencia, en particular en las muy significativas cartas a Stutman -pero debo decir que no regreso a ellos con predilección: me resultan aún más ominosos que aquellos donde Alejandra invoca líricamente a la muerte. Hay una suerte de desenfreno de espiral negra en estos textos, que producían una irreprimible angustia en los que la rodeábamos- Olga Orozco decía experimentar algo parecido al respecto. Era como si asistiéramos a un paseo por la cornisa del abismo, a una suerte de desfonde deliberado en donde nadie podía detener lo inevitable. En otras palabras, más que textos, estos escritos me parecían o me resultaban síntomas, y nunca he podido distanciarme suficientemente de ellos como para considerarlos de otra manera, lo cual, naturalmente, desvirtúa la interpretación literaria, como la que ofrecen en este punto los escritos críticos de María Negroni o Cristina Piña. Para acercarse acertadamente a estos textos, con todo, entiendo que se precisa recordar en primer lugar lo que dice Alejandra: “La obscenidad no existe; existe la herida”. Así le escribe a la filósofa tucumana Eugenia Valentié, en una de las cartas incorporadas a esta nueva edición:

Solamente vos, en este país inadjetivable, comprobás con notable facilidad y prodigiosa rapidez, que el personaje -esa Érzebet increíblemente siniestra- no es una sádica más sino alguien que pertenece a lo sacro: eso a lo que intentamos aludir en las palabras del sueño, las de la infancia, las de la muerte, las de la noche de los cuerpos. Solamente vos comprendiste (atendiste a) mi última frase: “la libertad absoluta es terrible” que tanto escandalizó a los izquierdistas de salón que, para fortuna de ellos, nada saben de la falta absoluta de límites, sinónimo de locura, de muerte (y de la poesía, de la mística?) Nadie odia más que yo a la Bathory.

la nación


(…)

Y aquí aparece una veta acaso lamentable en la atención despertada por Pizarnik: la excesiva concentración en su suicidio -ocurrido en 1972, cuando tenía 36 años - y a la vez la ignorancia de su tenacidad y valentía hasta el final. Pizarnik fue muy tenaz en su vocación y valiente en su sufrimiento; se interrogó hasta el final y hasta las más extremas consecuencias acerca del sentido de su escritura, de lo que su compromiso con la poesía significaba, sin renunciar a la más intensa soledad: “Ayúdame a no pedir ayuda”. Y si es verdad que en ella el enigma de la tragedia es permanente, patente y central, también son centrales el humor, la infancia, la reflexión sobre la música, la pintura y el silencio, la mirada crítica sobre la tradición literaria: estas dos son las pautas obligatorias cuando nos aproximamos a ella.

No se trata sólo de una poeta de la muerte, sino también una escritora extraordinariamente lúcida, con una visión crítica sumamente rica y compleja. Es raro en nuestros tiempos encontrar una conciencia como la suya, tan persuadida del contacto de la belleza con lo tenebroso, no como una moda literaria sino como una propiedad de la vida misma. Su no pertenencia al mundo no era un gesto, sino una convicción física y metafísica inapelable. Lo muestra este fragmento de su diario que me transmitió en una de sus cartas: “La vida perdida para la literatura por culpa de la literatura. Por hacer de mí un personaje literario en la vida real fracaso en mi intento de hacer literatura con mi vida real pues esta no existe: es literatura”.

(…)

…como por ejemplo en esta carta no enviada a Jean Staborinski:

Sí, usted lo dice perfectamente: “mis terribles experiencias deben ser recubiertas por los signos de la poesía [?]”. Sí, hay que recubrir con poemas las desgarraduras, las fisuras, los agujeros todo lo que alude a la presencia de la ausencia (o del ausente). Creo también y sobre todo en la corrección de los escritos. “Curar” un poema significa curar esa desgarradura [?].

(…)

En verdad, Alejandra Pizarnik encontró ese lugar en el que los lenguajes tiemblan, un lugar que muy pocos poetas pueden alcanzar. Como Kafka y como Vallejo, ella escribe con los huesos, razón por la cual no envejece nunca, porque más allá del sufrimiento, está escribiendo desde lo esencial con lo esencial. Y muchas de estas cartas encierran pasajes donde vibra ese verbo aterido y aterrado que es la voz inconfundible de Pizarnik, sólo que en lugar de estar encerradas en un poema, la reflexión, la imploración que se niega a implorar están ahora dirigidas a destinatarios concretos que serán luego testigos, y se matizan o iluminan con inflexiones personales únicas e insustituibles en cada caso. Por eso son imprescindibles señales de su paso memorable por nuestro mundo, como un cometa que iluminara el fin de una época maravillosa y rebelde que ella ha encarnado y seguirá encarnando hasta la eternidad.

IVONNE BORDELOIS
“Alejandra Pizarnik: la sonrisa desde el precipicio”
(la nación, 26.09.14)


27.9.14

covers: barbie girl


aqua


kelly key


rita reys - bart peeters - toots thielemans


home grown


pellek

26.9.14

frases de “El hombre más buscado”

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-No estoy haciendo esto por ti.
-La mayoría de nosotros no tiene elección.

Les di a Issa. Issa les da a Abdullah. ¿Y ahora qué?

-Tal vez podría definir para nosotros cuál es el objetivo a largo plazo.
-¿Hacer del mundo un lugar más seguro no es suficiente?

Tenemos un trabajo que hacer. ¿Vas a ayudarme a hacerlo?

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-La inteligencia alemana necesita hacer un trabajo que el Derecho alemán no deja hacer. Nuestra Unidad se creó para hacerlo.
-No somos policías.
-Somos espías. Nuestras fuentes no vienen a nosotros. Los vamos a buscar. Nos convertimos en sus amigos, hermanos, padres… Cuando los tenemos, los dirigimos a objetivos más grandes. Se necesita un pececillo para atrapar una barracuda; una barracuda para atrapar un tiburón.

Su elección es entre nosotros y nadie. El reloj está corriendo. Sabés que lo van a encontrar. Y cuando lo hagan, estará en el primer avión a Rusia. A menos que los americanos lo quieran. Entonces no sabremos dónde él está o estará.

-Él no quiere el dinero. Simplemente no lo quiere.
-Mitad radical, mitad niño rico. Mitad ruso, mitad checheno. Ama a su madre y aborrece a su padre. Usted y yo sabemos que Issa Karpov no tiene la menor idea de lo que quiere.

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-Tengo miedo. No soy espía. No puedo seguir con esto.
-Eres mis oídos y mis ojos. Te necesito.

-No puede hacer esto. Soy abogada.
-¿Abogada o asistente social de terroristas? Ha cruzado la línea. Está de su lado ahora.

El hombre es tolerante, comprometido con Occidente. Pero todo hombre bueno tiene un poco de maldad, ¿no es cierto? Y en el caso de Abdullah, ese poco podría matarnos.

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No es sólo un hombre buscado… me atrevería a decir que es el más buscado.

Tu cabra está atada.

25.9.14

interiores

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EL HOMBRE MÁS BUSCADO
data: http://www.imdb.com/title/tt1972571

“El hombre más buscado” (basada en una novela de John le Carré) es de la clase de historias de espionaje que no se centran en el enigma central, sino en el contexto. La historia principal (atrapar a un presunto terrorista checheno y a un sospechado benefactor de caridad islámica) no tiene particular relevancia. Su desarrollo es lineal, previsible por momentos. Pero lo principal no es esa historia, sino los personajes que orbitan alrededor de la trama, en un juego de traiciones encadenadas. Y sus historias tampoco se explicitan, sino que se sugieren. El espectador que decodifique esas relaciones, va a disfrutar y mucho con esta muy buena película. Pero el que vaya esperando una intriga, se verá decepcionado. No es la película clásica de espías; es un drama humano, alrededor de la lucha terrorista internacional.

“El hombre más buscado” se centra en la acción de Gunther Bachmann, titular de una subterránea agencia de inteligencia alemana que opera en Hamburgo. La ciudad alemana tiene una mancha difícil de borrar en el mundillo del espionaje: allí residía el cerebro del atentado de las Torres Gemelas. Y las distintas agencias de inteligencia, en perpetua disputa, se comieron su accionar.

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Parece no haber cambiado mucho. En esta trama, las agencias siguen pisándose los callos unos a otros y, en medio de ese festival de egos, Gunther intenta atrapar a un líder de beneficencia islámico de quien se sospecha que desvía fondos de caridad para Al-Qaeda. Gunther trama un juego de ajedrez, no para atrapar al líder, sino para cooptarlo y tenerlo contralado. Y en ese juego, el peón es un presunto terrorista checheno que acaba de llegar clandestinamente a Hamburgo, escapando de las prisiones y torturas rusas.

La película es, básicamente, la descripción de este plan. La traición es el principal ingrediente. Aquí, hasta el desenlace, hay una traición sobre una traición sobre otra traición. Con la sensación final de que todo este juego sólo sirve para destruir vidas pero no suma absolutamente nada en términos de tornar más seguro al mundo.

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El director Anton Corbijn decide mostrar las fuertes necesidades dramáticas de los personajes, no a través de líneas de guión, sino de sugerencias. Las miradas, las palabras a medias dichas, proporcionan una pista. Para ello cuenta con un muy buen elenco en el que brilla la última presentación de Philip Seymour Hoffman, fundamental para este nivel de sutileza en la exposición del conflicto.

La otra clave la dan los interiores. Hay que llamar la atención de cómo las locaciones nos revelan información del mundo interior de los personajes. Oficinas frías y racionales, con delicado buen gusto en obra de arte; ministerios de pasillos futuristas, desiertos, carcelarios; el desorden de una biblioteca, una cama desordenada y un piano con una partitura de Bach; un hogar musulmán lujoso y tradicional. Cada locación nos habla del personaje más que lo que habla el personaje. Vale un ejemplo: el breve diálogo de Tommy Brue (Willem Dafoe) con su esposa, en una casa de amplios ventanales con firma de arquitecto top que se adivina en el borde del orillo, a la vera de un río. El parlamento nos sugiere que ese matrimonio está acabado. Y el ambiente nos ilumina de ese matrimonio por conveniencia: el banquero millonario con una elegante esposa que lo odia y no vacila en demostrarle su desinterés. Esa casa es una jaula de cristal. Y su sola visión nos da, de un vistazo, el cuadro completo del personaje.


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Hamburgo se ve en escenarios no for export, con un dejo de abandono que retrata no tanto la ciudad sino los oxidados aparatos de inteligencia heredados de la Guerra Fría. Son edificios de los ’60 con un toque de deterioro que señala que fueron pensados para perdurar y hoy apenas se acomodan a los tiempos. No hay nada más decadente que el esforzado perdurar de lo que fue glorioso.

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Así que recomendamos para los que quieran sumergirse en esta historia, estar pendiente a esos detalles, como a las miradas o los roces que los personajes realizan. Una mano tendida en el aire dice mucho más que un parlamento. Es un ejercicio delicado de hacer cine. Exige cierto esfuerzo, pero se disfruta.

Mañana, las mejores frases.

24.9.14

los brazos de la Venus de Milo

wikipedia

La Venus de Milo se la considera como la muestra más elevada de la escultura griega. Esculpida entre los años 130 y 100 antes de Cristo, representa a Afrodita, la Diosa de la Belleza.

La estatua fue encontrada en la isla griega de Milo (de ahí su nombre), en las Cícladas, desenterrada por un campesino griego, Yórgos Kendrotás.

Se supone que el brazo derecho faltante sostendría la túnica a la altura de la cadera izquierda, impidiendo que ésta se deslizara y que la mano izquierda sostendría la manzana recordando el mítico Juicio de Paris. Según esta leyenda, Atenea, Afrodita y Hera se disputan una manzana de oro, premio para la más bella de las Diosas. Zeus delega en Paris, el troyano, la decisión de elegir a la más bella de las tres. Y Paris elige a Afrodita. No le saldrá barata la decisión a Paris: Afrodita le prometió el amor de la mujer más bella del mundo. Y como esa mujer era Helena, la esposa de Menelao, esa pasión desencadenó la Guerra de Troya que culminó con la desaparición del reino.

El 8 de abril de 1820, cuando Grecia estaba en los finales de su lucha de la independencia del Imperio Otomano, Kendrotás descubrió la estatua enterrada. Por su peso, sólo llevó a su establo la mitad de la escultura. Yorkós Kendrotás negoció la venta de la estatua con un clérigo ortodoxo quien, para saltear el control de los turcos, contactó a Jules Dumont D’Urville, un oficial naval francés que estaba en una expedición científica por el Mediterráneo.

D’Urville reconoció el valor de la escultura pero no contaba, en ese momento, con el dinero necesario para la compra. Consiguió una promesa del campesino y se dirigió al embajador francés en Constantinopla a quién convenció de que financiara la compra.

Cuando D’Urville regresó a la granja se encontró que Kendrotás estaba por venderla a otra persona que tenía intenciones de regalársela al gobernador turco. D’Urville le recordó la promesa hecha y finalmente, dinero en mano, Yorkós dejó que se la llevaran.

La leyenda cuenta que D’Urville portó la estatua en una camilla y que, en el trayecto de regreso al buque, se encontraron con los turcos, produciéndose una refriega, producto de la cual la estatua perdió sus brazos.

La Venus de Milo fue presentada a Luis XVIII quien la entregó al Museo del Louvre donde aún permanece.

Otras versiones aseguran que en realidad los brazos no se perdieron en el mencionado encontronazo con los turcos, sino que ya fue desenterrada en ese estado. La pérdida de los brazos en un choque con los turcos parece más campo de la leyenda que de la realidad.

Hay un dato más: en 1960, una comisión de arqueólogos turcos reclamó a André Malraux, Ministro de Cultura francés, la devolución de la Venus, considerando que D’Urville le había robado la estatua a los turcos. Agregaban que sólo tres familias conocían la ubicación de los brazos de la escultura y que si Francia devolvía la estatua, Turquía devolvería los brazos, para que el mundo la contemplara en todo su esplendor.

Malraux consideró un chantaje cultural a la petición y se negó a devolver a la Venus concluyendo que era “tan francesa como La Madelón.

Así que si es cierto que los turcos conocían la ubicación de los brazos, estos se perdieron. Y de este modo, amputada, la Venus de Milo ha pasado a la eternidad.

FUENTES:

El artículo en Wikipedia:
http://es.wikipedia.org/wiki/Venus_de_Milo

Un artículo del portal Planeta Sedna:
http://www.portalplanetasedna.com.ar/miselaneas12.htm