18.6.13

en defensa de M. Night Shyamalan

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DESPUÉS DE LA TIERRA
data: http://www.imdb.com/title/tt1815862

Resulta un tanto cansador que cada estreno de una película de M. Night Shyamalan coincida con un rosario de críticas demoledoras que más que analizar la obra en cuestión, ponen el empeño en humillar al cineasta y en decretar su exilio permanente del Parnaso Hollywoodense. “Después de la Tierra” no es la excepción. Es un gran fracaso comercial que arrolló con la estrella de Will Smith y su hijo. Pero el filme no se merece tanto bombardeo mediático. Como muchos de los filmes de Shyamalan, no es redondo pero tiene muchas puntas de reflexión, muchas miradas alejadas de la rutina de la cinematografía de estos días. Pero los mismos tipos que caen de rodillas extasiados por películas como “Tabú” o “Iron Man 3” no dudan en ridiculizar a Shyamalan, buscándole el pelo al huevo en cada escena.

El problema de tal ensañamiento es que, probablemente, termine confundiendo al director que, de tanto jugar en la cornisa, dejé de tomar riesgos y empiece a hacer películas en piloto automático. O que efectivamente, los productores le pianten a Shyamalan con lo que caerá en el mismo sino que tuvo Brian De Palma condenado a hacer películas de bajo presupuesto, pese a tener una mirada distinta al resto.

El final es el mismo: nos perdemos de ver las obras de un director especial.

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Queda claro que no es que postulamos la excelencia de “Después de la Tierra” como algo superlativo. No. De ningún modo. Pero está muy lejos del bodriazo que proclama la crítica. La pregunta entonces es: ¿qué es lo que molesta de M. Night Shyamalan? Posiblemente el tipo sea un antipático. O un soberbio. O sea medio delirante. Sí. Pero esas son críticas al director no a su forma de hacer cine. Aún en las películas fallidas de Shyamalan, no se puede negar que sabe contar historias, que maneja con oficio las interacciones entre los personajes y que sabe armar una trama con personajes escasos. Todo eso está presente en “Después de la Tierra” como para ignorarlo.

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“Después de la Tierra” empieza como una historia de ciencia ficción clásica: hace mil años, los humanos abandonamos la Tierra por los daños ecológicos efectuados y poblamos otro planeta. Ahí encontramos enemigos con los que estamos en lucha quienes acuden a los Ursas, unos monstruos creados para destruir humanos, guiados por las feromonas expelidas por nuestro miedo. Un hito en la lucha contra las Ursas es la aparición del General Cypher Raige con capacidad para “fantasmear” esto es, hacerse invisible para las Ursas, al ser capaz de suprimir su miedo. Cypher Raige tiene una hija fallecida y un hijo, Kitai, que sigue sus pasos en la academia militar pero que no está maduro para ser promovido.

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Cypher y su hijo Kitai emprenden un viaje planetario, para pasar un tiempo juntos. Por un accidente, se estrellan contra la Tierra que ha evolucionado en un lugar hostil para los humanos. Cypher está herido, no se puede mover. Su única posibilidad es que su hijo recorra 100 kilómetros, en busca de un faro de emergencia, que alerte sobre su suerte. Kitai deberá enfrentarse a sus miedos y a los peligros que se les cruce en el camino, guiado virtualmente por su padre. Y a una Ursa liberada en el choque de su nave.

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Lo que puede ser una historia de aventuras, en realidad se vuelve un relato intimista, una metáfora de la enseñanza de un padre a un hijo. No estamos hablando de ogros, monstruos intergalácticos ni armas futuristas. Es el viejo cuento del padre que guía a un hijo en sus primeros pasos en un mundo hostil, sólo sostenido por los consejos dados, confiando en que estos funcionen y que el hijo sea digno de la lección aprendida.

Ésa es una punta interesante para comprender la evolución del personaje de Will Smith: Cypher no cree a su hijo capaz de superar la prueba. Tampoco su hijo se cree capaz. Esa decepción está marcada en el rostro de Cypher. Y aún así, debe imponerle a su hijo la misión que está por llevar a cabo.

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Tanto Cypher como Katai están presos del pasado, inmovilizados en un momento en sus vidas, el día del fallecimiento de Senshi por el ataque de una Ursa. Katai fue testigo impotente de la muerte de su hermana, escondido en una cúpula de vidrio, para no ser “visible” a la Ursa. Él nada pudo hacer. Se culpa y culpa a su padre por no estar ahí, en el momento del ataque. La culpa es el pesado lastre que llevan los protagonistas. En Katai, colapsarse en las acciones de campo; en Cypher, su carencia de emociones, la anulación de sus sentimientos. Ese viaje a la Tierra es el momento de enfrentar el miedo y de dejar atrás el pasado. Hay que salir de la campana de cristal; hay que dejar atrás la culpa y enfrentar el futuro.

La tesis del filme está en un parlamento de Cypher a su hijo: “El peligro es real; el miedo, una decisión”. Ésa es la clave del filme. La clave de la misión de Kitai. Si Kitai colapsa en cada entrenamiento no es por falencias de formación. Es por estar preso del miedo. El miedo está ahí. Miedo a un pasado que lo retiene; miedo a un futuro que se presenta amenazador. Y toda la moraleja de la historia es que sólo aquel que vive el momento, el aquí y ahora, desprovisto de toda turbación por lo que fue y es, puede sobrevivir. La Ursa es una metáfora, la metáfora de la construcción mental que hacemos de lo que fue y de lo que viene. Es una ficción de la mente: sólo existe el presente.

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Hay algunos símbolos interesantes en la trama de “Después de la Tierra”. Uno es el pedido a Kitai que se arrodille para concentrarse en el aquí y ahora. El gesto físico remite al rezo. Otro, como el hombre ha perdido la capacidad para intermediar con la naturaleza. Los personajes temen a lo que la naturaleza les depara, desconfían de ella, les resulta amenazante. Pero cuando vemos el medioambiente terráqueo no hay ni más ni menos riesgo que el que afrontaron los seres humanos en sus inicios en el planeta. Los humanos han perdido la sintonía con el planeta; han olvidado que siempre, en cualquier tiempo y lugar, el objetivo era sobrevivir.

Sobrevivir, justamente, es la necesidad dramática de los protagonistas. Y, bien pensado, de cada uno de nosotros. Sólo cuando comprendemos que todo se reduce a eso, a la opción lograr este objetivo o morir, la lucha por vivir se simplifica. Y nuestro corazón está finalmente en paz, sereno para la batalla.

Mañana, las mejores frases.

17.6.13

lágrimas rojas

Como hincha de Racing, cuando empezó el campeonato, con Independiente (el clásico rival) hundido en los promedios, esbozamos una sonrisa presintiendo el descenso de los primos. Por estas cosas del “folklore” del fútbol, nos frotamos las manos esperando la caída deseada. Caída que se formalizó este fin de semana.

Pero este post no es para regodearse en la desgracia ajena (algo que, lamentablemente, se está convirtiendo en un signo de estos tiempos futboleros: disfrutar más con la tristeza del rival que de la alegría propia) sino para contar una historia de un hincha de Independiente, el único hincha del Rojo por el que no hubiera querido que los primos descendieran.

El hincha amigo es Octavio y tiene 11 años. Su papá es amigo y conocido desde hace muchos años. Nunca le dio mucha pelota al fútbol. Era de esos hinchas prescindentes, seguramente porque cuando uno crece empieza a perder cierta inocencia sobre el juego y adivina las manchas que se intuyen entre líneas. Pero lo que no contaba ese amigo es que un día tendría un hijo y que el hijo, como él, se haría de Independiente.

Hace un par de años se asociaron al club y fueron puntualmente a hacer fuerza por el equipo rojo, cada domingo por medio, poniéndole el pecho a una coyuntura que se veía venir fulera. Pero, bueno, había que estar ahí. Sospecho que más que la pasión por la divisa, fue una buena excusa para que mi amigo compartiera tiempo y experiencias con su hijo.

Cuando hace una semana, Independiente gastó el último cartucho de la ilusión con River, mi amigo y Octavio se encerraron en su habitación, para sufrir juntos los 90 minutos decisivos. El descenso se formalizaría siete días más tarde. Pero todos los hinchas sabían que ese partido con River era clave, si querían seguir a flote.

Mi amigo me contó (infidencia que voy a cometer) que cuando River conquistó el primer gol, Octavio no pudo reprimir una lágrima. En ese momento, se sintió en la B. Y el padre abrazó al hijo, lloraron juntos y se prometieron que si se iban a la B, estarían en el torneo siguiente, yendo más fielmente que antes, para bancar al Rojo en esta nueva etapa.

Aunque ellos no lo supieran, en ese acto se efectuaba uno de esos momentos emblemáticos que nos hacen más que buenos hinchas de un equipo: nos convierten en hombres de bien. Lo que mi amigo le estaba enseñando a su hijo, en ese abrazo, es que en la vida se pierde más veces que las que se gana. Y que en esas circunstancias, sólo cabe abrazarse con los que queremos, secar las lágrimas y jurarnos que no vamos a bajar los brazos, que no nos van a ganar, que mañana nos pondremos de pie y presentaremos batalla, para revertir lo malo con el apoyo de aquello que nos aman.

En ese abrazo, estaban todos los ancestros rojos de Octavio, enseñándole el camino. Como lo habían estado antes con su padre.

Así que desde la vereda académica, queremos decirle a Octavio que sí, que vamos a gastarlo todo este tiempo en la B, como lo manda la tradición. Pero que sepa que eso es un guiño amistoso y que en el fondo (¡jamás lo confesaremos!) estamos esperando la vuelta de los primos para poder disfrutar de otro domingo de sol, con el segundo clásico más importante de la Argentina.

Así que a secar esas lágrimas rojas. Y a pensar que el regreso está a la vuelta de la esquina.

Sólo hay que levantarse y dar el primer paso.

15.6.13

presentación de “fulbo de a dos”


Los amigos parquenses de “La Voz de los Barrios” tuvieron la deferencia de estar presentes en la presentación de nuestro libro “Fulbo de a dos” de Marcelo De Biase y Pablo Guerrini realizado en los salones de la Editorial Dunken, el pasado martes 11 de junio.

Agradecemos mucho a Fernando Larocca e Isabelino Espinosa por ser testigos de este evento y de difundirlo en su programa.


Y agradecemos a quienes tuvimos el honor de hacernos la presentación del libro, a Néstor Scirocco, en una brillante lectura de fragmentos seleccionados del libro y a José Luis Dorfman en su profundo cierre de la presentación.

Un agradecimiento especial a Matías Belliard que sacó las fotos de la presentación y que pueden verse en este album en la página de “Fulbo de a dos”:

https://www.facebook.com/media/set/?set=a.620704461292716.1073741826.502396056456891&type=3

Y a todos los amigos y conocidos que se acercaron a la presentación, pese a la gripe, el tránsito y el partido de Argentina en Ecuador. Muchas gracias por el aguante y por haber estado ahí.

Para los que lo estuvieron, para los que quieren rememorar, para los que se lo perdieron, para todos, el audio de la presentación en el primer bloque de “La Voz de los Barrios”:

14.6.13

instituciones y desarrollo

La teoría institucionalista del desarrollo económico es hoy la explicación más aceptada sobre los determinantes últimos del desarrollo y la prosperidad. Cuenta con el aval de numerosos Premios Nobel y economistas de primer nivel mundial. La expresión más reciente y emblemática de esta teoría es el libro “Why Nations Fail” de Daron Acemoglu (MIT), quien visitará la Argentina la próxima semana invitado por el IAE, RAP, CIPPEC, UnSam y UdeSa, y James Robinson (Harvard), que ofrece un extenso apoyo empírico a la misma, a través de una gran cantidad de ejemplos históricos, desde el Neolítico hasta nuestros días, en los cinco continentes.

La conclusión de esta investigación es que sólo con un cierto conjunto de instituciones políticas se puede alcanzar el estadio más alto de desarrollo y prosperidad. Estas son: un Estado centralizado y eficaz que asegure el cumplimiento de la ley, provea educación de calidad y buena infraestructura física, una democracia republicana y pluralista, con limitaciones y contrapesos al poder central, una sociedad civil vigorosa organizada en diversos grupos de interés que participen activamente en el proceso político, y una prensa libre y crítica, siempre atenta a posibles desvíos de estos principios.

Sólo los sistemas políticos organizados bajo estas instituciones establecen fuertes garantías a la propiedad privada, el respeto a la ley y los contratos, y la libertad económica. Estas son a su vez las instituciones económicas virtuosas que establecen las condiciones e incentivos necesarios para movilizar al máximo los talentos y las energías de la población hacia las actividades más productivas, e impulsar fuertes procesos de innovación tecnológica e inversión en capital físico y humano, motores últimos del desarrollo económico desde la Revolución Industrial.

Existe un circulo virtuoso? entre instituciones políticas pluralistas e instituciones económicas pluralistas. La existencia de una gran diversidad de fuentes autónomas de creación de riqueza sostiene la posibilidad del pluralismo político y crea una fuerte corriente de intereses en contra de la concentración del poder.

Asimismo, sólo bajo un régimen político pluralista existen verdaderas garantías a la propiedad privada y sus correspondientes incentivos a la inversión y la innovación, ya que un poder fuertemente concentrado sería de hecho una amenaza al derecho de propiedad (y otros derechos), independientemente del régimen legal formalmente vigente.

La antítesis de este círculo virtuoso, es el círculo vicioso de las instituciones políticas y económicas extractivas, en las que una coalición organizada en torno a un fuerte poder central, establece instituciones orientadas a canalizar la riqueza del país hacia este poder y la coalición que lo sostiene.

Esta concentración del control sobre la riqueza, brinda numerosos y poderosos instrumentos para fortalecer el poder político centralizado que la hace posible, que a su bloquea las fuerzas innovadoras de destrucción creativa que podrían motorizar el desarrollo y prosperidad del país, pero amenazan la hegemonía política y económica dominante.

Existe una fuerte inercia en esta estructura de concentración extractiva que, una vez establecida, perdura en un mismo territorio incluso a través de regímenes políticos muy disímiles, como imperios, colonias, regímenes militares, y democracias electivas. Esto es así porque quien sucede a un régimen fuertemente concentrado, típicamente encuentra pocas limitaciones a su poder, pudiendo establecer así una nueva autocracia bajo otro régimen.

Estos regímenes de poder concentrado y extractivo son capaces de generar fuerte crecimiento por un tiempo limitado, en particular si parten de una muy mala situación anterior. Por ejemplo, mediante el traspaso de recursos de actividades de muy baja productividad a otras de mayor productividad, como en los primeros años de la URSS, en los que masivas cantidades de campesinos de bajísima productividad pasaron a trabajar en actividades industriales.

En el caso actual de China, se combina este fenómeno con el establecimiento de instituciones económicas pluralistas en un ámbito acotado, bajo un régimen político autoritario.

Pero las instituciones extractivas son incapaces de generar un desarrollo sostenido en el largo plazo, que implica un proceso de transformación cualitativa, de destrucción creativa, que es inherentemente disruptivo del orden económico y político concentrado y extractivo.

En el ejemplo descripto, una vez que se agota el traspaso de trabajadores a actividades de mayor productividad, el crecimiento económico encuentra un límite, como ocurrió con la URSS y los autores predicen ocurrirá con China, a menos que se produzca una liberalización política.

La ruptura del círculo vicioso de las instituciones políticas y económicas extractivas y su conversión a un círculo virtuoso de instituciones pluralistas e inclusivas, si bien es factible, ha sido posible en pocas sociedades y por esta razón la mayor parte de la humanidad permanece todavía en un estado de subdesarrollo.

MARCELO SIERRA
“La clave para el desarrollo económico son las instituciones políticas”
(el cronista, 03.06.13)

13.6.13

cuando la virtud no tiene la osadía de enfrentar a la tiranía

¡Ay, pobre patria mía, sangra, sangra!
Tú, gran tiranía, consolida tu base con firmeza
puesto que la virtud no ha de osar enfrentarse. Viste sus agravios.
¡Se ha confirmado tu poder!

WILLIAM SHAKESPEARE
“Macbeth” (IV-,3-32)

12.6.13

gay talese

adn cultura
Esta semana ADN, el suplemento cultural de “La Nación”, publicó un muy interesante reportaje a Gay Talese, periodista y escritor norteamericano, señalado por los críticos como uno de los padres del movimiento del Nuevo Periodismo. Más allá de los rótulos, con sus 81 años, Talese es un “escribidor”, uno de esos tipos que no puede dejar que una buena historia muera en el olvido. Del largo reportaje, seleccionamos estos fragmentos que nos llamaron especialmente la atención.

(…)

El deporte (…)trata de gente que pierde, vuelve a perder y pierde una vez más. Se pierden encuentros; después se pierde el trabajo. Puede resultar muy intrigante.

(…)

Chico de los mandados en la sede de The New York Times, en la calle 43. Mi trabajo consistía en llevar café y sándwiches a los redactores y en llevar mensajes de un despacho a otro. Es el trabajo más importante que he tenido jamás, porque me permitía ver los entresijos del diario sin que nadie reparara en mí. Era un edificio de 14 plantas que yo subía y bajaba sin cesar. Tenía acceso a todas las secciones: circulación, ventas, anuncios clasificados, el suplemento dominical, la revista de libros. La torre de marfil estaba en el último piso. Allí tenían sus suites los altos cargos y los propietarios, la familia Sulzberger. Conocí a todo el mundo: editores, redactores jefes, operarios, linotipistas, impresores, los conductores de los camiones de reparto. Fui testigo de rivalidades, de luchas por el poder, huelgas, piquetes, todos los cambios que experimentó el periódico a lo largo de una década.

(…)

…la primera vez que puse un pie en la redacción, en 1953. Ante mí se abría el espacio gigantesco del tercer piso, más de 400 personas, hombres y mujeres, tecleando frenéticamente en sus máquinas de escribir, fumando sin parar, en medio de los timbrazos de docenas y docenas de teléfonos. Lo primero que pensé fue que aquel era el lugar con menos mentirosos por metro cuadrado de todo Nueva York. En Wall Street, en la Junta de Educación, en el Ayuntamiento, en la Iglesia hay mentirosos a patadas, pensé, pero aquí no. Dos años después, cuando se cumplió mi sueño de ser periodista, sentí que pasaba a engrosar las filas de una profesión noble cuya máxima aspiración es ser fiel a la verdad. No digo que siempre se consiga, pero ése es el ideal que da sentido a una institución como el Times. El periodismo es una profesión honorable, y no estoy de acuerdo con quienes nos pronostican un futuro tenebroso, porque no hay nada más importante que la verdad. ¿Y quién se ocupa de decirla? Los gobiernos no, ciertamente. El presidente miente; no éste, todos. Siempre encuentran excusas para hacerlo: la seguridad ciudadana, la defensa nacional; no podemos decir qué estamos haciendo. Resulta irónico ver a Obama compungido porque el Senado no ha aprobado una ley que limite el uso de armas, cuando al mismo tiempo se dedica a enviar drones que sueltan bombas que causan la muerte de niños en numerosas partes del planeta. Si los diarios no vigilan las acciones del gobierno, ¿quién lo va a hacer?

(…)

Escribí una nota sobre los trabajadores que habían participado en la construcción del puente Verrazano, que une Brooklyn con Staten Island. (…) Publiqué The Bridge (El puente) en 1964, cuando todavía trabajaba para el Times. Tenía dos días libres a la semana y los dedicaba a recopilar material para el libro. Iba al lugar donde se estaban llevando a cabo los trabajos de construcción, muchas veces por la noche. Usted ha visto cómo es el búnker, como llamo a mi estudio. Ahí lo tengo todo archivado en cajas. Una tarde, sería el año 2002, me fijé en la etiqueta que dice “El puente” y me pregunté qué habría sido de los trabajadores que construyeron el Verrazano, con quienes me había entrevistado tantas veces. Abrí la caja, me puse a repasar las notas y decidí hacer algunas llamadas telefónicas. ¿Qué habían hecho una vez concluida la construcción? Resulta que a muchos los habían contratado para la construcción del World Trade Center. Estoy hablando de especialistas en la construcción de estructuras metálicas a grandes alturas. Pertenecen a un sindicato que se ocupa de su contratación en obras públicas de gran envergadura. ¿Y qué sintieron al ver que el resultado de su trabajo se había desvanecido en apenas unas horas cuando tuvieron lugar los atentados de septiembre de 2001? Su respuesta me desarmó. La destrucción no les había causado la menor sorpresa. ¿Pero cómo es posible?, les pregunté. ¿Qué quieren decir con eso? Sabíamos que aquello no valía para nada, no era una estructura sólida, las torres estaban hechas de aire, eran jaulas para pájaros. Nada que ver con la estructura formidable del Verrazano o de rascacielos como los de antes, el Empire State por ejemplo. Esas estructuras habrían aguantado el impacto de un avión, pero cuando erigimos las Torres Gemelas sabíamos que aquello era muy distinto. No se trata sólo de que el arquitecto no fuera muy bueno, sino de la filosofía sobre la que se sustentaba la idea del World Trade Center. Lo único que querían hacer los promotores era maximizar el espacio, rentabilizándolo a fin de obtener el mayor margen de beneficio, alquilando la mayor cantidad de superficie posible. Así que cuando los aviones se estrellaron contra las torres y las atravesaron de lado a lado, antes de ponerse el sol se habían derrumbado, convertidas en columnas de ceniza y humo.

(…)

Me gustan las frases largas, melodiosas, de estructura compleja, con elementos subordinados, como las que escribían Scott Fitzgerald o John Fowles, un gran escritor, hoy olvidado. Mi modelo son los grandes maestros de la frase larga.

(…)

Creo que es legítimo escribir notas con las armas propias del contador de historias. Yo aspiro a ser un buen contador de historias, con un matiz importante, y es que no me aparto de los hechos y sólo utilizo nombres reales. Hay grandes novelistas que han sido magníficos periodistas, como Graham Greene, John O'Hara o Hemingway. Yo escribo notas, y una nota no es ficción. Hay que poner mucho cuidado en no imaginar absolutamente nada. Que imagine el novelista. El escritor de no ficción tiene que trabajar el interior del personaje, su entorno, la atmósfera en que existe. Todo eso le da a la crónica un aire de ficción, pero hay diferencias y matices. En una buena nota, los hechos se tienen que subordinar al personaje, no al revés.

(…)

Estoy haciendo un perfil para The New Yorker que cuenta la historia de un voyeur. En 1980, poco después de la publicación de La mujer de tu prójimo, mi libro sobre las costumbres sexuales de los americanos, recibí una carta anónima, remitida desde un apartado de correos de Denver, Colorado. Lástima no haberlo conocido antes, decía, le habría contado algo de interés para su libro. Si alguna vez pasa por Denver, póngase en contacto conmigo. Todavía estaba haciendo la promoción del libro y le dije que podía hacer escala en la ciudad camino de California. Nos citamos en el aeropuerto. Si dispone de unas horas, me gustaría que viera algo. Decidí tomar otro vuelo y me subí a su auto. Durante el camino me explicó que era millonario y que tenía muchos bienes raíces en Denver. Llegamos a un hotel de su propiedad, donde me presentó a su mujer y me explicó que había 21 habitaciones, de las cuales 12 tenían un techo falso. Puedo ver y oír todo lo que hacen y dicen los clientes, dijo. Santo cielo, ¿y si se dan cuenta? No es posible, venga conmigo, quiero que lo vea por sí mismo. Me dijo que llevaba 15 años haciendo aquello. Tomaba notas de todo lo que veía y las conservaba en un archivo que puso a mi disposición. La única condición es que no podía decir su nombre, porque lo llevarían a los tribunales. Le dije que se lo agradecía, pero no podía hacer nada, porque en mis historias tenían que figurar los nombres reales de los personajes. A lo largo de los años, nunca hemos perdido el contacto. Nos escribíamos, hablábamos por teléfono. Su mujer falleció, se volvió a casar, y su segunda mujer se involucró aún más en la cuestión del voyeurismo, hasta el punto de que cuando llegaban nuevos clientes decidían en qué habitación alojarlos, como si fuera un casting. Por fin, el año pasado le dije: “Usted tiene 79 años y yo 80. No nos queda mucho tiempo. Si no me da permiso para utilizar su nombre, esta historia jamás saldrá”. Se mostró de acuerdo y me autoriza a revelar su nombre cuando el artículo esté listo.

(…)

…el escritor comparte el destino del atleta: a veces se gana, pero también muchas veces se pierde. Lo importante es no amilanarse nunca.

(…)

En mi opinión, una buena historia nunca muere.

(…)

David Halberstam [premio Pulitzer de periodismo en 1964] (…) tuvo mucho éxito en vida, pero lo que le envidio es el éxito que tuvo en la muerte. Murió en 2007 en un accidente automovilístico, en California, cuando se dirigía a hacer una entrevista. Ojalá yo tenga una muerte así. No quisiera acabar mis días tirado en la cama de un hospital o en una silla de ruedas o con alzhéimer. Si supiera que me espera una muerte así, me volaría la tapa de los sesos.

Reportaje de EDUARDO LAGO a GAY TALESE
“Una lección de periodismo”
(adn, 07.06.13)

11.6.13

la conjetura de bentley

Lo que está impulsando la actual aceleración del universo es la energía oscura, que a su vez está causada probablemente por la “constante cosmológica”. Por consiguiente, la clave está en entender esta misteriosa constante, o la energía del vacío. ¿Varía la constante con el tiempo, o es realmente constante? Actualmente nadie lo sabe con certeza. Sabemos por el satélite WMAP que esta constante cosmológica parece estar impulsando la aceleración actual del universo, pero desconocemos si es permanente o no.

Este es en realidad un viejo problema, que se remonta a 1916, cuando Einstein introdujo por primera vez la constante cosmológica. Inmediatamente después de proponer la relatividad general el año anterior, desarrolló las implicaciones cosmológicas de su propia teoría. Para su sorpresa, encontró que el universo era dinámico, que se expandía o se contraía. Pero esta idea parecía contradecir los datos.

Einstein se estaba enfrentando a la paradoja de Bentley, que había desconcertado incluso a Newton. En 1692 el reverendo Richard Bentley escribió a Newton una carta inocente con una pregunta devastadora. Si la gravedad de Newton era siempre atractiva, preguntaba Bentley, entonces ¿por qué no colapsaba el universo? Si el universo consiste en un conjunto finito de estrellas que se atraen mutuamente, entonces las estrellas deberían juntarse y el universo debería colapsar en una bola de fuego. Newton quedó profundamente turbado por esta carta, puesto que señalaba un defecto clave de su teoría de la gravedad: cualquier teoría de la gravedad que sea atractiva es intrínsecamente inestable. Cualquier colección finita de estrellas colapsará inevitablemente bajo la acción de la gravedad.

Newton respondió que la única manera de crear un universo estable era tener un conjunto uniforme e infinita de estrellas, en donde cada estrella fuera atraída desde todas las direcciones de modo que todas las fuerzas se cancelaran. Era una solución ingeniosa, pero Newton era lo bastante inteligente para darse cuenta de que tal estabilidad sería engañosa. Como un castillo de naipes, la más minúscula vibración haría que todo colapsará. Era “metastable”; es decir, era temporalmente estable hasta que la más ligera perturbación lo aplastaría. Newton concluyó que Dios era necesario para dar pequeños empujones a las estrellas de vez en cuando, de modo que el universo no colapsará.

En otras palabras, Newton veía el universo como un gigantesco reloj, al que Dios había dado cuerda en el principio del tiempo y que obedecía las leyes de Newton.
Desde entonces había marchado automáticamente, sin intervención divina. Sin embargo, según Newton, Dios era necesario para ajustar las estrellas de vez en cuando para que el universo no colapsará en una bola de fuego.

Cuando Einstein tropezó con la paradoja de Bentley en 1916, sus ecuaciones le decían correctamente que el universo era dinámico —estaba expandiéndose o contrayéndose— y que un universo estático era inestable y colapsaría debido a la gravedad. Pero los astrónomos insistían en esa época en que el universo era estático e invariable. Por eso Einstein, cediendo a las observaciones de los astrónomos, añadió la constante cosmológica, una fuerza antigravitatoria que separaba las estrellas para equilibrar la atracción gravitatoria que hacía que el universo colapsará. (Esta fuerza antigravitatoria corresponde a la energía contenida en el vacío. En esta imagen, incluso la enorme vaciedad del espacio contiene grandes cantidades de energía invisible). Esa constante tendría que estar escogida de forma muy precisa para cancelar la fuerza atractiva de la gravedad.

Tiempo después, cuando Edwin Hubble demostró en 1929 que el universo se estaba expandiendo realmente, Einstein diría que la constante cosmológica fue su “mayor patinazo”.

Pero ahora, setenta años más tarde, parece como si el patinazo de Einstein, la constante cosmológica, pudiera ser la mayor fuente de energía del universo, pues constituye el 75 por ciento del contenido de materia-energía del universo. (Por el contrario, los elementos más pesados que forman nuestros cuerpos constituyen solo el 0,03 por ciento del universo). El patinazo de Einstein determinará probablemente el destino final del universo.

MICHIO KAKU
“Física de lo imposible”