12.12.08

frases de "La elegida"

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-No todos descendemos de los puritanos.
-¿No?
-Hubo otra colonia, a 30 millas de Plymouth. No está en los mapas. Se llamaba Merrymount.
-Ah, sí. Lo menciona en su libro. La colonia donde valía todo. Había alcohol.
-Alcohol, fornicación, música... Había incluso... De todo, de todo... Bailaban alrededor de un poste cada mes, con máscaras, adorando a quién sabe qué. Blancos e indios juntos.
-¿Quién era el responsable?
-Un hombre llamado Thomas Morton.
-El Hugh Hefner de los puritanos.
-Se podría decir que sí.
-Voy a leer una cita de lo que pensaban los puritanos de los seguidores de Morton: “Libertinos, orgiásticos y ateos licenciosos con una vida degenerada”. Cuando escuché esto, hice mi equipaje y viajé a Norteamérica. Norteamérica, la licenciosa.
-¿Y qué pasó con aquella gente?
-Los puritanos enviaron a Miles Standish con la milicia. Cortó el poste, las cintas y las banderas. Se acabó la fiesta. Y nos convertimos en una nación de estrictos puritanos.
-Bueno, ¿no es ése su argumento? Los puritanos ganaron. Eliminaron todo lo sexual. ¿Cómo lo diría usted? La felicidad sexual.
-Exacto.
-Hasta los años 60. Hasta los 60, cuando todo estalló de nuevo.
-Sí, todos bailando alrededor del poste otra vez. Haz el amor, no la guerra. Si te acuerdas, sólo una década antes, si querías sexo, si querías sexo en los '50
tenías que suplicar, forzar o casarte. Como hice yo en los '60.
-¿Se arrepiente?
-Mucho. Es nuestro secreto. No lo cuentes. Es entre tú y yo.

Creo que fue Bette Davis quien dijo: “La vejez no está hecha para los cobardes”. Pero Tolstoi dijo: “La mayor sorpresa de la vida es la vejez”. La vejez te acecha y de pronto te preguntas, me pregunto: “¿Por qué los viejos no se comportan como viejos? ¿Cómo es posible que siga metido en los aspectos carnales
de la comedia humana?”. Porque en mi cabeza no ha cambiado nada.

Se llamaba Consuela Castillo y era mi alumna.

¿Se convierte “La Guerra y la Paz" en un libro diferente por el hecho de leerlo? Sí, por supuesto. Pero, ¿por qué? Porque aportamos algo al libro. Aportamos nuestro ser. Y si lo leen diez años después, volverá a cambiar, porque ustedes cambiaron.

Tenía una sofisticación que la distinguía. Sabe que es bella. Pero aún no sabe qué hacer con esa belleza.

-Esta chica es distinta. De otra época. Hay que cortejarla.
-Creí que hablábamos de sexo.
-Para ser un poeta ganador del Pulitzer tienes muy poca imaginación.
-Por eso me dieron el maldito premio.
-No me digas que nunca has cortejado a nadie.
-¡Diablos, para eso tengo a mi familia!

Deja de preocuparte por envejecer. Preocúpate por madurar.

He dedicado mi vida a la independencia y logré mi meta. Sin embargo, fue en aquel momento que nacieron en mí unos celos terribles. Y entonces me di cuenta
de que nunca sería realmente mía.

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Sabía que era sólo una cuestión de tiempo para que algún joven me la arrebatara. Lo sabía porque yo fui una vez ese joven y lo hubiera hecho.

-Un futuro contigo me asusta.

-¿Te asusta?
-Sí.
-¿Por qué?
-Porque hay una diferencia de más de treinta años entre tú y yo. Y tú tienes toda tu vida por delante. Y tarde o temprano te darás cuenta.
-No te pregunté que haré yo, sino qué quieres de mí.

Cuando haces el amor con una mujer te vengas de todas las cosas que te derrotaron en la vida.

Me asustaba mucho preguntarle quién era yo para ella.

Gracias a Dios por Carolyn. Carolyn es mi único punto de contacto con el hombre seguro que alguna vez fui.

Lo tienes todo conmigo, David. Puro sexo. Ni agendas ocultas, ni situaciones molestas. ¿Cómo me haces esto? No hay muchas como yo. No te entiendo. Soy una en un millón. ¿Cómo puedes acostarte...?

Las mujeres bellas son invisibles.

Vemos la belleza exterior. La belleza nos bloquea.

-Está sordo, Sr. Kepesh.
-No, ¿qué?
-O tal vez no quieras oír. Tal vez ese el problema.

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-No entiendo por qué vine. No sé cómo ibas a ayudarme. Sólo que tal vez esperaba que pudieras entenderme, como padre... al menos una vez.
-No sé como relacionarme contigo. Eres tan superior a mí moralmente. Ni siquiera nuestros adulterios pueden compararse... La tuya toca el oboe. ¿Qué tengo que decir? Seguro escribe poesía en su tiempo libre y sus hijos también.
-Eres un idiota.
-Pero si estás tan comprometido, tendrás que dejar tu matrimonio.
-No puedo. Si los dejo... Si hago lo que tú hiciste, los destruiré...
-¿Por qué dices eso? Tú sobreviviste y tu madre también.
-¿Intentas decirme que hiciste lo moralmente correcto al abandonarnos?
-Fui honesto.

-Estaba enamorado, George. Nunca sentí algo así en mi vida.
-Mas vale tarde que nunca. Ahora debes continuar con tu vida...

-¿Sabes? Tras una vida de silencios y traiciones, últimamente Amy y yo... nos hemos vuelto a encontrar.
-¿Tú y Amy, tu esposa? ¿Te sientes bien?
-Sí, me siento bien.
-Es lo más increíble que te escuché desde que te conozco.
-Bueno, ya sabes, la vida te guarda más sorpresas de las que podrías imaginar.

-Me pregunto, ¿quién creería que era yo?
-Creo que lo sabía bien.
-Eres muy amable. Tú lo aceptabas tal como era. Y él apreciaba mucho eso.
-Él hacía lo mismo conmigo.

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-Me estoy volviendo vieja, David. Los hombres ya no me miran igual. Hay mujeres de mi edad... muchas mujeres, que buscan pareja a través de Internet. Te garantizan cierto número de citas al año. Y pagas por el silencio y por la misma conversación cada vez. Acabaré como ellas. ¿Es posible que ésta sea la primera vez que hablamos sinceramente?
-Bueno, después de acostarnos durante 20 años, no está mal. Conozco mucha gente que no lo hace en 40 años de matrimonio.

-Las personas que compran cuadros, creen que son suyos cuando en realidad son
los cuadros los que los poseen.
-“Los cuadros los poseen”.
-Las obras sobrevivirán. Sobrevivirán a todos. Las personas son sólo guardianes durante un tiempo.

¿Sabes qué es gracioso? Ahora me siento más vieja que tú.

Es como no poder... no poder ponerse en una postura cómoda porque, te pongas como te pongas, estás atrapada. Estoy atrapada dentro de mí.

-¿Te conté alguna vez mi teoría sobre las chicas bonitas?
-Un millón de veces. Nadie puede verlas. ¿Y bien? ¿Llegaste a verla alguna vez? Quiero decir, toda.
-No entendí lo que vi. Esa es la respuesta de un abogado. Siempre analizas demasiado.

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