21.10.09

una escena final

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THE INFORMERS
data: http://www.imdb.com/title/tt0865554/
“The informers” es una muy mala película de reventados que tiene dos cosas para rescatar: los desnudos de Amber Heard y la última escena. La película produjo el pataleo de Nick Jarecki (guionista) y de Bret Easton Ellis (autor de la novela que sirve de base a esta obra) porque la historia fue triturada en la edición, cargándose con un personaje (¡nada menos que un vampiro!) interpretado por el “Superman” Brandon Routh. Quién quiera saber cómo era la historia original, lean el libro del autor de “American Psycho”. A nosotros nos alcanza con comentar la última escena del filme.

Ubiquemos la escena: niños de clase alta de la costa californiana, en los primeros años del gobierno de Ronald Reagan. Sexo, droga y rock and Roll. Graham es novio de Christie, la mencionada Amber Heard que no tiene empacho en encamarse con cuanto amigo de Graham se pasee en la película, con la excusa que se está divirtiendo y que no se olvide que “ambos nos estamos acostando con él”. Algo así como mi cuerpo le pertenece al otro, pero mi corazón es sólo tuyo cornudo amado. Luego de revolcarse con medio elenco, al promediar la película, Christie alude a unas ronchas en los tobillos. Es la primavera del SIDA y sospechamos lo que pasará: Christie está afectada de una enfermedad mortal hasta entonces desconocida para el gran público.

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La escena empieza cuando una participante de las partuzas de Christie llama a Graham para que vaya a buscarla. “Está muy enferma y no la podemos convencer que vea a un médico”. Los muchachos que retozaron con la rubia cachonda la abandonaron a su suerte. Christie yace en una playa, al lado del mar, tratando de tomar los tibios rayos de un sol que agoniza en una tarde fría. Persiste en su creencia que no hay enfermedad que no cure una buena dosis de sol.

Ahí viene la última escena del filme. Sólo arena y Christie yaciendo, en bikini, tomando el sol que no disimula las manchas azuladas en su cuerpo. Graham se acerca a ella y Christie murmura algo inentendible. “¿Qué tratas de decirme, cariño? ¿Qué estás diciendo?” pregunta Graham, agachado a su lado. “Quiero quedarme…” musita “Necesito más sol”. Graham la besa y, antes de ponerse de pie y dejarla agonizando en la playa, pronuncia la última frase de la película: “No habrá más sol”.

Breve y contundente. Terminó el verano de los ’60. Reagan y el SIDA golpean a la puerta. La fiesta se acabó.

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