15.4.11

grandes bolas de vidrio

Pero sí se sabe con certeza que en 1852 poseía Lord Stanhope una bola de cristal y que sólo tenía que mirar al interior de ésta para ver, entre otras cosas, “los espíritus del sol”. Naturalmente, un caballero hospitalario como aquél no podía guardarse para él sólo unas vistas semejantes; así que solía exhibir la bola después de los almuerzos a que estaban invitadas todas sus amistades, invitación que hacía extensiva a poder admirar los espíritus solares. En este espectáculo había algo extrañamente delicioso (desde luego, mister Charley no lo creía así; era casi la única excepción); las bolas “hicieron furor”; afortunadamente, un óptico de Londres descubrió en seguida la manera de hacerlas sin ser nigromante ni egipcio, aunque, claro está, el precio del cristal inglés resultaba caro. Así fue como tantísima gente se proveyó de bolas en los primeros años del quinto decenio del siglo; aunque, según dijo Lord Stanhope, muchas personas usaban las bolas “sin el valor moral para confesarlo”. El predominio de los espíritus en Londres llegó a tal punto, que se sintió cierta alarma en los medios oficiales, sugiriéndole Lord Stanley a Sir Edward Bulwer Lytton la conveniencia de que “nombrase el Gobierno una comisión investigadora para aclarar el asunto cuanto fuera posible”. Quizá porque se asustaran los espíritus al enterarse que se acercaba una comisión gubernamental, o quizá debido a que también tienden los espíritus –como los cuerpos– a multiplicarse cuando los encierran juntos, lo cierto es que comenzaron a mostrarse inquietos y huyendo en grandes bandadas, se instalaron en las patas de las mesas.

VIRGINIA WOOLF
“Flush”

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