22.11.11

cosas que me gustan (no me gustan) de ella

Me gustaba de ella
La forma que su boca proyecta una tormenta de miguitas cada vez que come galletitas de agua.

El seductor rollito que se le forma justo debajo de la cola al inclinarse.

Ese despreocupado desparpajo con el que cruza todas las fronteras del ridículo a la hora del karaoke.

Esa manera de fruncir la nariz, con la sola mención de la palabra “rúcula”.

La humedad de su boca cuando me besa.

Su despistado conocimiento del fútbol.

Esa manera, dulce y profunda, de mirarme en las mañanas mientras duermo.

Su habilidad indispensable para vestir la casa con lo mínimo.

Su manera de vestirse.

Su manera de desnudarse.

La seducción de sus enojos periódicos.

Adivinar mi pensamiento.

El modo de llenar sutilmente mi espacio.

El vibrar de cuerda de violín de su piel tensa.
Por eso, le abrí mi puerta y la invité a mi vida. Compartió mis días e iluminó mis horas.

Hasta que un día, hubo algo que no me gustó de ella…
Su vulgaridad para comer con la boca abierta.

Su exceso de peso.

Su nulo talento musical.

Su infantilismo de excluir todo lo “verde” (sic) de su dieta.

Su modo baboso de besar.

Su pobre cultura general.

Su insomnio.

Su mal gusto en decoración.

Su manera de vestirse.

Su manera de desnudarse.

Su carácter de mierda.

Su intención de querer saber todo lo que pienso.

Su tendencia a meterse, siempre y en todo momento, en el medio.

Su piel carente de orografías.
Fue entonces que amaneció con una valija en su mano, bajó la vista y me besó por última vez.

Abrió la puerta y salió el mundo.

Y para siempre también, de mi vida.

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