28.6.12

campaña en los tiempos del homo videns

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GAME CHANGE
data: http://www.imdb.com/title/tt1848902

“Game Change” es una película televisiva producida y emitida por la cadena HBO, con Julianne Moore, Ed Harris y Woody Harrelson en los papeles principales. Con la habitual capacidad que tiene la industria audiovisual norteamericana de retratar su pasado más inmediato, de forma desacartonada y eficaz, la película trata la pasada campaña electoral por la presidencia de John McCain a partir del decisivo momento en que tienen que elegir su candidata a la vicepresidencia, la Gobernadora por Alaska, Sarah Palin.

La historia es mucho más que la descripción de una derrota, ante la estrella ascendente de Barack Obama. Es la indagación de hasta qué punto se debe ceder por la victoria o, más aún, cómo llevar una campaña que le ofrezca a la ciudadanía soluciones si ésta es incapaz de analizar los argumentos que le ponen en juego.

Los asesores de campaña de McCain (un héroe de guerra, senador de dilatada trayectoria, honestidad e independencia) lo enfrentan a un dilema: si quiere ganarle a Obama, debe ganarse a los independientes, emocionar a la base electoral, alejarse de la administración Bush y cerrar la brecha de género. Obama arrasa en el segmento femenino. Si no liman esa diferencia a menos de cinco puntos porcentuales, quedan fuera de la contienda.

Y McCain pide: “tráiganme una mujer”.

La mujer no es otra que la ignota Gobernadora de Alaska, Sarah Palin, un auténtico factor X en la campaña electoral. Palin tiene un carisma especial: logra conectarse con la gente. Su capacidad para atraer multitudes, opaca al candidato principal. Pero tiene una debilidad que termina dando fuertes dolores de cabeza a los estrategas de campaña: ella es una completa ignorante.

Ése es el dilema moral del comité de campaña de McCain: tener una vice con el mismo nivel de carisma que Obama pero que es absolutamente inepta para ejercer, eventualmente, la Presidencia.

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Como en “Colores primarios”, esta película se basa en un best seller (de Mark Halperin, en esta ocasión), i.e. difusión de chimentos de campaña ocultos durante la contienda. Personalmente, envidio esa habilidad del cine norteamericano para mostrarnos el detrás de escena de su historia reciente. Por estos lares, el Nuevo (sic) Cine Argentino parece que lo único que tiene para contar es el tedio de chicos de clase acomodada que no saben lo que quieren ni adónde van ni qué decir. Un docudrama sobre los primeros días de Alfonsín, el final de Menem, los ataques de caspa de la actual Presidenta darían para notables filmes. Pero no parece llamar la atención de ningún guionista de estos pagos, tal vez cuidadosos de tocar sus fuentes de recursos.

“Game Change” pone el ojo en una característica de las democracias de la época de la televisión e Internet, la generación del homo videns: la elección del candidato por la imagen que proyecta, no por su idoneidad. Sarah Palin no tiene los antecedentes ni la capacidad para gobernar los destinos de un país (menos, de una potencia mundial). Pese a lo que expongan los medios, Palin gana por la empatía que tiene con la gente. Ella resulta simpática al votante promedio. No importa que no sepa distinguir un conflicto bélico o nombrar un caso reciente de la Corte Suprema. “Siento que ella habla conmigo” dice alguien del montón. Un sentimiento mágico e irracional, casi imposible de resistir.

Hay dos parlamentos vitales que bucea en este hecho empírico. El primero, el consejo del marido de Palin, en un momento previo a un debate que la puede dejar pedaleando en el aire a la gobernadora. Él le recuerda un antecedente, en su campaña en Alaska, cuando atosigada por un candidato durante un debate, levantó la vista, vio al público y se dio cuenta que todos los datos que él daba, no tenían ningún efecto. “Porque nadie sabía de lo que estaba hablando” contesta Palin.

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Ése es el punto. El sistema democrático necesita debate. Y el debate, necesita disertantes idóneos y un público capaz de procesar las ideas en juego. Los medios audiovisuales nos dan la sensación, a nosotros, el Pueblo, los que asistimos a un debate, de que estamos en condiciones de juzgar la veracidad de los argumentos expuestos. Pero el medio está sujeto a manipulación. No necesariamente es menos inteligente el tipo que nos aburre al hablar ante una cámara; no implica, tal carencia, una señal de no estar predestinado a ser un estadista. Palin arrasa en sus debates; gana la actriz, no la pensadora. Y la gente “compra” a la candidata, opacando al héroe de guerra con ética y experiencia.

Detrás está una idea que nos inquieta cuando vemos el juego democrático: el votante elige con el corazón, se engaña al votar un candidato que le miente para dejarlo satisfecho. Pocos candidatos se animan a zamarrear al votante y exigirle. Pocos pueblos son los suficientemente maduros para reconocer que el tipo que los aporrea, les pide algo más que el candidato demagógico: les reclama alcanzar su propio potencial.

Tal vez estemos tentados a colegir que la democracia es el gobierno de los menos aptos. Vieja falacia de la ciencia política. Los políticos son tan mediocres como la sociedad que los elige. Ningún sistema de elección de gobernantes “a dedo” ha demostrado ser mejor. La democracia exhibe sus falencias pero tiene la suficiente capacidad para alertarnos y ponernos en guardia, señalándonos las trampas del sistema.

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El otro parlamento clave es el que reúne al equipo de McCain, la noche previa a la elección, concientes de la derrota. “Yo también deseo que el pueblo norteamericano elija al futuro Abraham Lincoln o Thomas Jefferson, pero desafortunadamente, así ya no es como funciona. Ahora se requiere carisma de estrella de cine para ser elegido presidente. Y Obama y Palin… eso es lo que son. Son estrellas” dice uno de los protagonistas. Y otro, contesta, poniendo el dedo en la llaga: “La principal diferencia es que Sarah Palin no puede nombrar una decisión de la Corte Suprema, mientras que Barack Obama es un profesor de Derecho Constitucional”.

El tipo capaz y mediático. Ése es el ideal difícil de alcanzar.

Sería bueno, mientras el ideal llega, recordar, en cada elección, que no siempre se dan las dos cosas.

Muy buena película. Para ver. Mañana, las mejores frases.

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