9.1.14

un de la iglesia menor

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LA CHISPA DE LA VIDA
data: http://www.imdb.com/title/tt1808240

¿Recuerdan una película bosnia del 2001 que llevó el título de “No Man’s Land” y se tradujo en Argentina como “El último día”?

La data de la película está en:

http://www.imdb.com/title/tt0283509

y la crítica en el entonces Super Chatarra Special la pueden leer en este link:

http://www.superchatarra.com.ar/edanteriores/agosto2002/principal0802.htm

“No Man’s Land” fue escrita y dirigida por Danis Tanovic y ganó el Oscar de Mejor Película Extranjera compitiendo con “Amélie” y con la argentina “El hijo de la novia” de Juan José Campanella.

Y el conflicto de esa película me vino a la memoria, con las primeras imágenes de “La chispa de la vida”, la película dirigida por Alex de la Iglesia antes que la ya comentada “Las Brujas” (http://libretachatarra.blogspot.com.ar/2013/11/brujas-eran-las-de-antes.html).

En la película bosnia, un soldado bosnio cae sobre una mina antipersonal, en medio de la tierra de nadie de la guerra entre bosnios y serbios. Si se levanta, la mina explota y él muere. Por lo que permanece sobre la bomba, cara al cielo, esperando una solución entre todas las partes en conflicto: serbios, bosnios y burócratas de la ONU. La película es una feroz sátira sobre el sinsentido de la guerra y sobre la complicidad de todos los que no ponen el cuerpo en el conflicto, sean diplomáticos o periodistas.

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Este guión de Randy Feldman toma esta idea central de alguien imposibilitado de moverse, expuesto a la saña del morbo de los medios. El hombre no es un soldado, en este caso, sino un publicitario desocupado que gasta sus últimos contactos en busca de un trabajo que no llega. Él se llama Roberto; su esposa, Luisa, es la diosa Salma Hayek. En un día especialmente malo, Roberto lo termina del peor modo: cayendo en una obra a medio habilitar de un teatro romano antiguo, clavándose un hierro incrustado en la base del cráneo.

Roberto, como el protagonista de la película serbia, puede hablar pero no moverse. Y mientras se especula cómo sacarlo del lugar, sin dejar un reguero de sangre y tejido cerebral en el camino, se monta un espectáculo morboso alrededor de los medios de comunicación. En el juego feroz, se pliega Roberto y su representante de imagen, buscando sacar cada moneda a la tragedia.

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Hay una línea subterránea que se revela en el final: el impacto de la crisis económica española en las personas. Roberto ha dejado de verse como un padre, un esposo, un ciudadano, una persona: se observa como un mero flujo de ingresos. Se considera sin valor porque no puede generar ingresos para mantener a su familia. Y eso lo devasta, porque sólo vale (en su entender) si es capaz de generar dinero. Si no, él (como todos los desempleados), son ceros a la izquierda.

En esa ecuación, Roberto arriesga su vida, sin darse cuenta de que se le van los minutos. Y en la trama es decisiva la participación de Lucía porque queda claro que tanto para ella, como para sus hijos, Roberto es mucho más que los ingresos que pueda generar. Ellos lo quieren a Roberto, con empleo o no; lo quieren por él, no por su cuenta bancaria. Roberto ya cruzó la línea y ha dejado de verse como un ser humano. Por eso, el desenlace no puede ser más conmovedor, más directo al corazón.

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“La chispa de la vida” es el menos característico de los filmes de Alex de la Iglesia, muy acotado, haciendo equilibrios con un elenco internacional. Los desbordes habituales de su cine están, pero muy atenuados. Hay diálogos propios de su estilo, de ese desparpajo español con mucha gracia y humor negro. Y el punto más débil es la actuación de Salma Hayek que no suena todo lo convincente que debe ser. Tal vez allí está el punto negro que no termina de distinguir el buen guión y darle otra dimensión.

A riesgo de reiterarnos, vale la pena comparar este filme y la posterior (estrenada aquí antes) “Las Brujas”: ambas son del mismo director, filmadas en el mismo año, con estilos opuestos. Eso es Alex de la Iglesia: una bestia de cine, un tipo que muta y que no se repite. Elige el tono que la historia le exija, no la fuerza. No dejamos de destacar esa capacidad propia de los grandes directores.

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