22.2.18

frases de “Las horas más oscuras”



Estamos en guerra, señor Presidente. En guerra. Y dejando a un lado, si es apto para ser líder en tiempos de paz, se ha mostrado incapaz de dirigirnos en tiempos de guerra.

-¿Dónde está Winston?
-Asegurándose de que sus huellas no estén en el arma homicida.

-Bueno, caballeros, sólo hay un candidato. Sólo hay un hombre que aceptará la oposición.
-No. Seguro que no.
-No, no, no. No. Esto es totalmente absurdo.

Prepárate para escribir rápido, ráfagas cortas y a doble espacio. ¡Odia el espacio sencillo, lo odia!

Anoche dijeron que hoy me harían Primer Ministro. Pero eso fue ayer. Veamos qué pasa hoy.

-¿Querido? ¿Puedo decirte algo que creo que deberías saber? He notado un reciente deterioro en tu comportamiento. No eres tan amable como antes. Te has vuelto rudo, sarcástico, autoritario y grosero.
-¿Es por la chica nueva?
-Si el Rey te pide que seas Primer Ministro...
-No lo sabemos con seguridad.
-No quiero que te disguste.
-¿Más de lo que ya estoy?
-Querido… estás al borde de tener un tremendo poder, superado sólo por el del Rey. Y con tanto poder debes tratar de ser más amable. Y si es posible, calmado. Quiero que otros te amen y respeten como yo.

Telegrama para el señor Churchill.

-Estás temblando.
-Tú, igual.
-Tú por emoción. Yo por terror.
-Has querido esto toda tu vida adulta.
-No. Desde la guardería. ¿Pero el público me querrá?

Voy a conseguir el trabajo sólo porque el barco se hunde. No es un regalo; es venganza.

-Déjales ver tus verdaderas cualidades. Tu valor.
-Mi pobre juicio.
-Tu falta de vanidad.
-Mi voluntad de hierro.
-Tu sentido del humor. Ahora vete.
-¿Irse?
-Sé.
-¿Ser qué?
-Sé tú mismo.



Uno debería haber tenido poder cuando era joven. Cuando el ingenio era agudo, con tendones fuertes.

Cuando la juventud se va, quizás la sabiduría sea suficiente.

Nunca he hecho fila por el pan. Creo que puedo hervir un huevo pero sólo porque lo he visto hacer.

¿Por qué no Halifax? Yo estoy a favor de Halifax. Yo quería a Halifax. Los Lores querían a Halifax. Tal vez Halifax quería a Halifax. Entonces, ¿por qué me han forzado para enviar por Churchill?

Su expediente es una letanía de catástrofe. Gallipoli, 25 mil muertos. La política de la India. La guerra civil rusa. El Patrón Oro. La Abdicación. Y ahora… esta “aventura” de Noruega. ¿Cuánto fue? ¿Mil ochocientos hombres?

-Winston carece de juicio.
-Tenía razón sobre Hitler.
-Bueno, incluso un reloj parado acierta dos veces al día.

-Señor Churchill, creo que sabe por qué le he pedido que venga hoy.
-Señor, simplemente no puedo imaginar el por qué.

-Creo que debemos reunirnos regularmente. Una vez a la semana, me temo.
-¿Qué tal...? ¿Qué tal los lunes?
-Intentaré estar disponible los lunes.
-¿A las cuatro en punto?
-Duermo la siesta a las cuatro.
-¿Eso es... permitido?
-No. Pero es necesario. Trabajo hasta tarde.

Señor Churchill, bienvenido al número diez.

-Sólo tiene que verlo una vez a la semana.
-Bueno, eso es como decir que sólo te tienen que sacar el diente una vez a la semana.

-Escuché que, antes de que le preguntaran, se lo ofrecieron a Lord Halifax.
-Lo dudo mucho. Halifax nunca lo rechazaría. Es el cuarto hijo de un Conde. Los cuartos hijos no rechazan nada.

-Ojalá la posición hubiera llegado en mejores tiempos, señor. Tiene una tarea enorme por delante. Espero que no sea demasiado tarde.
-Me temo que lo es. Pero sólo podemos dar lo mejor de nosotros mismos.



-Algunos de ustedes quizás no sepan que en la víspera de nuestro matrimonio me arrepentí. Pero como ya había cancelado dos compromisos a los 21 años, corría el peligro de ganar una reputación de ser una mala elección. Hubiera sido algo malo cancelar a un tercero.
-Sí, sí.
-Suerte para papá.
-La verdadera razón de mis dudas era que lo sabía, aún entonces, que su prioridad sería la vida pública. Pero eso preocupaba mucho a una jovencita con el pensamiento de la eternidad en segundo lugar. Pero así ha demostrado ser. Y a su debido tiempo, nuestros hijos tendrían que hacer las paces con este mismo hecho.

Les presento, a su padre, mi amado esposo... al Primer Ministro.

-Nadie puede cruzar el Mosa en 24 horas.
-Bueno, aparentemente los alemanes pueden.

¿Señorita? ¡Voy a salir en un estado natural!

No tengo nada que ofrecer sino sangre, trabajo duro, lágrimas y sudor. Tenemos ante nosotros una prueba del tipo más grave. Tenemos ante nosotros muchos, muchos largos meses de lucha y de sufrimiento. Preguntarán: ¿cuál es nuestra política? Digo que es el hacer la guerra por mar, tierra y aire, con toda nuestra fuerza y con todas las fuerzas que Dios pueda darnos, para librar una guerra contra una tiranía monstruosa, nunca superada en la oscuridad y del lamentable catálogo de crímenes humanos. Ésa es nuestra política. Se preguntarán: ¿cuál es nuestro objetivo? Puedo responder en una palabra. Victoria. Victoria a toda costa. Victoria a pesar del terror. Victoria, por muy largo y duro que sea el camino. Porque sin victoria no puede haber supervivencia.

¡Dios mío! Es incapaz de pronunciar la palabra “paz” y mucho menos entrar en negociaciones.

Terrible, la idea de que nunca podré ver a mi país en paz de nuevo. Tengo cáncer.

Ésta no es la última guerra, señor.

-Sus tanques pueden detenerse por combustible en una estación de servicio.
-¿En una estación de servicio?
-El camino hacia París está abierto ahora.

-Siete millones de refugiados están en movimiento. Colectivamente, estaremos viendo el colapso de Europa Occidental en los próximos días.
-¿Debería decírselo al público?
-Todavía no. Primero, debemos despertar a nuestros viejos amigos a una resistencia heroica. Francia debe salvarse.

-Dígame cómo planea contraatacar.
-No hay ningún plan.
-Bueno, deben de contraatacar. Tiene que hacerlo. Deben de… ¡contratacar! ¡Se debe hacer!

-No. Me niego a ver esta espectacular incursión de tanques alemanes como una verdadera invasión.
-Delira. Totalmente, delira.



Es un actor. Enamorado del sonido de su propia voz. Me encantaría escucharlo. Pero nunca debemos seguir su consejo.

Tiene cien ideas al día. Cuatro de ellas son buenas. Las otras 96 son totalmente peligrosas.

-Su padre era igual. Gran orador, pero... hasta que perdió la cabeza por la sífilis.
-¡Cómo sufren las naciones por los pecados de sus padres!

¿Mi opinión? En esta coyuntura crítica para el Imperio, tenemos a un borracho al mando. Se despierta con un whisky, botella de champán para el almuerzo, otra en la cena, brandy y oporto hasta la madrugada... No le prestaría ni mi bicicleta.

Debemos luchar por la paz. Para que cada hijo e hija de esta tierra pueda salir de esta crisis con algo reconocible como hogar.

-Está sugiriendo que de alguna manera estamos ganando. No lo hacemos.
-No. Pero les inspirará.
-Winston, lo sé...
-Anthony, Anthony... voy a imbuirlos con un espíritu de sensaciones que aún no saben que tienen.

-No me atrevo a escribir otro cheque.
-Bueno, economizaré. Sólo cuatro cigarros al día.

-Te veo ahora como te vi por primera vez... en 1904... y simplemente me quedé sin palabras.
-Bueno, debo haber sido muy hermosa para lograr ese efecto milagroso.

-¿Somos muy viejos?
-Sí. Me temo que tú sí.

-Durante los últimos diez años fui el único que les dije la verdad. Hasta esta noche. No hay avance. Es un caos. Estamos en retirada total.
-Pero… ¿estarías sirviéndoles esta noche, negándoles su sueño y aterrorizando a sus hijos?
-¿Aunque el terror se aproxime?
-Porque el terror se acerca. Hay tiempo suficiente para la verdad.

-¿Cuántos de nuestros hombres están atrapados?
-Todos ellos.

-General, ¿me está diciendo que habremos perdido a toda la armada británica en los próximos días?
-Eso es correcto.

-Dile a Nicholson que es de la mayor importancia para esta isla que que su guarnición atraiga a los tanques del enemigo y artillería y bombarderos lejos de Dunkerque. Atraiga su ira y bueno, y para seguir luchando... si es necesario... si es necesario hasta la destrucción de su comando.
-Es un suicidio.
-Lo único que hay que hacer es mostrar a ese maníaco que no puede conquistar esta isla. Y por eso, necesitamos un ejército. General, dígale al Brigadier Nicholson que los alemanes no deben llegar al mar. ¡No antes de que saquemos a nuestros chicos de esa maldita playa! Asumo toda la responsabilidad.
-¿De verdad?
-¡De verdad! ¡Sí! ¡Señor! ¡Es la razón por la que me siento en esta silla!

Somos una nación marítima. Lo hemos sido desde la Edad de Bronce. El Canal es nuestro. Es nuestro foso, nuestra almáciga. Y el alemán no reconoce una extensión de agua... ¡más grande que un maldito lago!

-Quiero que ordenes un despliegue de barcos.
-¿Barcos?
-Sí. Barcos civiles. Tantos como puedas conseguir.

Ayúdame a organizar esto, Bertie. Al menos debemos intentar traer a algunos de nuestros chicos a casa.

-¿Cómo se las arregla para beber durante el día?
-Práctica.

Mis emociones son desenfrenadas. Algo salvaje. En la sangre. Que comparto con mi padre. Y mi madre también. Nos falta... el don de la templanza.

Mi madre era glamorosa. Pero tal vez demasiado amada. Mi padre era como Dios. Ocupado en otra parte.

El peligro mortal aquí es esta fantasía romántica de luchar hasta el final. ¿Qué es “el final” si no la destrucción de todas las cosas? No hay nada heroico en caer luchando si se puede evitar. Nada ni siquiera remotamente patriótico en la muerte o la gloria. Si las probabilidades están firmemente en lo primero. No hay nada de vergonzoso en tratar de acortar una guerra que claramente estamos perdiendo.
-¿Perdiendo? Europa sigue estando...
-Europa está perdida.



¿Cuándo aprenderemos la lección? ¿Cuándo se aprenderá la lección? ¿Cuántos dictadores más deben ser cortejados?

No puedes razonar con un tigre... ¡cuando tu cabeza está en su hocico!

¿Gallipoli no fue suficiente para ti?

Cada hora que siguen existiendo es de gran ayuda a nuestras fuerzas en Dunkerque. Tengo la mejor... posible admiración por su espléndida posición. Su evacuación, sin embargo, no tendrá lugar. Repito: no tendrá lugar.

Nuestra única esperanza en Dunkerque es una densa cobertura de nubes, para frustrar estos ataques. Pero el cielo permanece despejado. Y aun así, me han dicho que necesitaremos un milagro para sacar al 10% de nuestros hombres.

-¿Cuánto tiempo tienen si no los rescatamos?
-Uno. Tal vez... dos días.

Ese cabo... No... Ese niño... monstruo de maldad... carnicero... ese salvaje... Salvaje monstruoso... ¡pintor de casas!

-Las palabras correctas no vendrán.
-Vendrán, señor. Nadie podría juntar palabras como usted.

-Querido, tienes todo el peso del mundo sobre tus hombros.
-Yo...
-No. Lo sé, lo sé. Pero estas batallas internas te han entrenado para este mismo momento. Eres fuerte porque eres imperfecto. Eres sabio porque tienes dudas. Ahora. ¿Lo dejo pasar?
-¿A quién?
-Al Rey.
-¿Qué Rey? ¿Nuestro Rey?
-Bueno… si no es él, es una imitación maravillosa.

Las naciones que caen luchando vuelven a levantarse. Y aquellas que se rinden mansamente, están acabadas.

-¿Bélgica?
-Desplomada.
-¿Noruega?
-Holanda. Francia a cualquier hora.
-¿Y el estado de ánimo del Parlamento?
-Miedo, pánico.
-¿Y usted? ¿No tiene miedo?
-Lo tengo y terriblemente.

-Cuenta con mi apoyo.
-¿Su Majestad?
-Cuenta con mi apoyo. Confieso, que yo... tenía algunas reservas sobre usted al principio, pero... mientras algunos en este país temían su designación, ninguno tanto como Adolf Hitler. Quien pueda infundir miedo en ese corazón bruto es digno de toda nuestra confianza. Trabajaremos juntos. Tendrá mi apoyo en cualquier momento. Golpee a los bastardos.

Una vez me dio un consejo. Quizá pueda yo darle algo ahora. Acérquese a la gente. Deje que lo instruyan. Silenciosamente. Normalmente lo hacen. Pero dígales la verdad. Sin revelarla. Si la invasión fuera inminente, sí nuestras tropas en Francia se perdieran, deben de estar preparados.

-En ciertos asuntos... tengo muy pocas personas con las que puedo hablar. Francamente.
-¿Quizás ahora nos tengamos el uno al otro?
-¿Y ya no lo asusto?
-Un poco. Pero puedo sobrellevarlo.

Hemos perdido al Primer Ministro.

-¿Cómo llego a Westminster?
-¿Westminster? La Línea del Distrito Este. Una parada.
-Línea del Distrito Este. Una parada. Bueno, eso no suena tan difícil.
-No, señor.
-Gracias.
-Gracias a usted, señor.

Así que... ¡esto es el subterráneo!

¿Alguien tiene un fosforo?

¿Qué están mirando todos ustedes? ¿Nunca han visto a un Primer Ministro viajar en el subterráneo antes?

-Se parece a ti.
-Señora, todos los bebés se parecen a mí.

Quizá puedan darme una respuesta. De ustedes... El pueblo británico. ¿Cuál es su estado de ánimo? ¿Es de confianza?

-Sí. Ahora déjenme preguntarles esto: si lo peor fuera a pasar y el enemigo apareciera en estas calles de aquí arriba... ¿qué harían?
-Pelear. Pelear contra los fascistas.
-¡Pelearemos contra ellos con todo lo que podamos!
-¡Palos de escoba si es necesario!
-¡Calle por calle!
-¡Nunca tomaran Piccadilly!

-Y si les digo que quizás... si es que lo preguntamos amablemente por condiciones muy favorables del señor Hitler… ¿aceptarían un trato de paz con él ahora mismo? ¿Qué me dirían a eso?
-¡Nunca!
-¡Nunca!
-¡Nunca!
-¿Nunca?
-Nunca.
-¿Nunca se darían por vencido?
-No. Nunca.

-A todos los hombres de esta tierra de la muerte, lleguen pronto o tarde. Y cómo puede un hombre morir mejor que enfrentándose a las temibles probabilidades. Por las cenizas...
-…por las cenizas de su padre y los templos de sus Dioses.



Westminster. Ésta es mi parada.

En este mismo momento, el Gabinete de Guerra está redactando documentos que establecen nuestra voluntad para entrar en conversaciones de paz con Herr Hitler, a través de su lacayo, Mussolini. He pensado cuidadosamente, en estos últimos días, si eso era parte de mi deber... el considerar la posibilidad de entablar negociaciones con... con ese sujeto. Pero entonces yo hablé con Oliver Wilson. La señora Jessie Sutton... la señora Abigail Walker... Marcus Peters, Maurice Baker, Alice Simpson y la señorita Margaret Jerome... valientes, buenos y verdaderos ciudadanos de este Reino. Y rebatieron fuertemente que era ocioso creer que, sí tratábamos de hacer las paces ahora, íbamos a conseguir mejores condiciones que si nos opusiéramos a ello. Los alemanes, sentía el señor Baker, exigirían, en nombre del desarme, nuestras bases navales y más.
Y creo que tiene razón. Jessie Sutton, ha hablado por muchos que creen que entonces nos convertiríamos en un estado de esclavos, un Gobierno Británico que sería la marioneta de Hitler. Un Gobierno establecido bajo Mosley o alguna de esas personas.
-¡No!
-Y me uní a ellos para hacerles otra pregunta, una pregunta que ahora les hago a ustedes: ¿dónde vamos a acabar al final de todo esto?

-Vengo a ustedes para saber qué piensan en esta hora tan grave. Verán, me lo señalaron mis nuevos amigos que incluso podrían levantarse y derribarme si por un momento contemplara parlamentar o rendirnos. ¿Estaban equivocados?
-¡No!
-¡No!
-¿Estaban equivocados?
-¡No!
-¿Estaban equivocados?
-¡No!
-Gracias, gracias. Entonces los he oído. Entonces los he oído. Parece ser su voluntad, también, que si esta larga historia de nuestra isla se acabe por fin, entonces que termine sólo cuando cada uno de nosotros... ¡yazca ahogado en su propia sangre sobre la tierra!

No hay duda de que si vacilamos en el liderazgo de la nación, deberíamos ser expulsados de la oficina.

No habrá tal paz negociada. Y cada uno debe decidir ahora, lo que crea conveniente.

Observo que nunca ha habido un período, en todos estos largos siglos de los que presumimos, cuando una garantía absoluta contra la invasión se le pueda dar a nuestro pueblo. Tengo plena confianza en mí mismo, que si todos cumplen con su deber, si nada es descuidado y se hacen los mejores arreglos, ya que se están haciendo, volveremos a demostrar que somos capaces de defender a nuestra isla para superar la tormenta de la guerra y para sobrevivir a la amenaza de la tiranía... Si es necesario durante años. Si es necesario, solos. En cualquier caso, eso es lo que vamos a intentar hacer.

Aunque grandes extensiones de Europa y muchos Estados antiguos y famosos hayan caído o puedan caer ante el control de la Gestapo y todo el odioso aparato del Régimen Nazi, no flaquearemos, ni fracasaremos. ¡Seguiremos hasta el final! Lucharemos en Francia... lucharemos en los mares y los océanos, lucharemos con creciente confianza y fuerza en el aire, defenderemos a nuestra isla, cueste lo que cueste. Lucharemos en las playas, lucharemos en las pistas de aterrizaje, lucharemos en los campos y en las calles, lucharemos en las colinas. ¡Y nunca nos daremos por vencidos!

-¿Cambió de opinión?
-Aquellos que nunca cambian de opinión, nunca cambiarán nada.
-¿Qué acaba de pasar?
-Movilizó a la lengua inglesa y la envió a la batalla.

“El éxito no es el final. El fracaso no es fatal. Es el coraje para continuar lo que cuenta”.
Winston Churchill

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