16.7.07

siguen los fracasos

Como un fractal, la información del todo puede extraerse de la fracción más minúscula. “El fútbol no es una isla” diríamos en el barrio. Tras la eliminación de Argentina en el Mundial de Alemania 2006, empezaron a surgir los brillantes análisis del periodismo especializado sobre las razones del fracaso. Rápidamente, la culpa se cargó en el técnico saliente, quien no puso a Messi, no lo llevó a Verón, fue muy sospechoso que no lo incluyera a Zanetti en la lista y tuvo la falta de audacia de sacar a Riquelme.

Nuevos tiempos para la Selección. Con el objetivo de ganar algo, el Coco Basile incluyó a todos aquellos que el periodismo pidió. Lo dejó afuera a Saviola (quien mejor rindió en el Mundial) pero, bueno, ya sabemos que Saviolita está acostumbrado a que lo ignoren, sobre todo cuando mejor juega. Tras una serie de triunfos ante equipos de mediopelo, se lo encumbró como el Santos de Pelé y el periodismo deportivo nacional (tan malo como el resto) descontó el triunfo ante Brasil, con un desborde asombroso, sobre todo cuando, bicheando un poco, se adivinaban algunas grietas en el planteo de la Selección. Hasta Julio Grondona se fue de boca y largó la lengua contra Pekerman, diciendo que ahora teníamos un técnico que ponía a los juveniles, secundado en el desliz por Blatter, pope de la FIFA.

Bueno, ayer nos despertamos con el 3 a 0 que uno, viejo baqueano en esto de ver a la Selección, se podía imaginar. Sobre todo porque, íntimamente, uno conoce que hay ciertos jugadores que desaparecen a la hora de definir algo, tipos con los que uno puede acertar, casi con plena certidumbre, cuándo van a fallar. Y, justamente, son esos jugadores los que tienen buena prensa y promoción.

En un país normal, con una sequía de títulos como la que tiene Argentina en fútbol, dirigentes normales se hubieran sentado a preguntarse quién mostró mayores condiciones para el triunfo en los últimos años, hubieran analizado las causas de ese triunfo (no todo es resultado; importa cómo se llegó a ese resultado) y lo hubieran convocado para llevar a cabo la empresa de reencontrarse con el éxito.

En los últimos años, Carlos Bianchi y la dupla Pekerman / Tocalli ganaron todo lo que podían ganar. Sin embargo, tiene la prensa en contra y los dirigentes los miran desconfiados. Así que mejor volver a llamar a los mismos de siempre, a los que ya se les dio una oportunidad para fracasar y fracasaron. Y conste que no hablamos del Coco Basile, sino de los que resuelven dentro de una cancha: los jugadores.

Ayer quedaron expuestos. Los cracks de cabotaje, los proyectos que todavía están verdes, los inflados por la prensa, los jugadores del montón. Pero además quedó expuesto algo más: nuestra vocación de fracaso.

No, el fútbol no es una isla. Es más, tal vez nos define mejor que cualquier otra cosa.

Mañana, obviamente, empezaremos a buscar culpables en otro lado y reavivaremos un sueño que culminará en decepción, casi seguramente, en Sudáfrica 2010.

Anotemos y esperemos que, como una constante en la historia argentina, los fracasos tienen buena prensa y buen campo para prosperar.

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