30.3.08

alegoría policial

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SIN LUGAR PARA LOS DÉBILES

“Sin lugar para los débiles” es una película con todos los tics de los hermanos Coen: el sur estadounidense, los seres trágicamente estúpidos, la muerte como un voleo al azar, el paisaje austero, la mediocridad como medio de vida, la ironía como recurso descriptivo. Estos rasgos (una auténtica carta de ciudadanía del estilo Coen) en sus últimas obras corrieron el riesgo de caer en el pecado de saturación y repetición. “Sin lugar para los débiles” logró elevarse a través de una alegoría. El aparente policial que cuenta es una excusa para una moraleja metafísica. En la periferia, la premiada película de los Coen es un policial violento; en el centro, es una reflexión sobre el sinsentido de la vida.

Los seres de los Coen no son ni buenos ni malos, porque no existen esas categorías en el universo coeniano. Son sobrevivientes apenas, sin preocuparse mucho en la justicia de esa sobrevivencia. Caricaturas, sombras que deambulan bajo el sol, concientes de la inutilidad de cualquier esfuerzo. En un contexto árido, salvaje, tan seco y pastoso como el paisaje, saben íntimamente que toda heroicidad es fatua, que no hay posibilidad de dejar huella alguna en un universo plenamente indiferente.

Nótese las diferencias con el imaginario de Quentin Tarantino, cuyos personajes perciben cierto orden en el Universo, aunque ellos militen en el bando opuesto. En su despiadado accionar, los protagonistas logran, en alguna circunstancia, toparse con ese Orden Supremo. Y respetan ciertas reglas, tácita aceptación de la existencia de ese orden. Es Bruce Willis salvando al mafioso que lo buscaba para matarlo; es Samuel Jackson reconociendo a Dios en un tiroteo fallido; es Uma Thurman, una asesina que decide tener una vida burguesa, para darle a su hija un futuro distinto al suyo. Seres oscuros que, sin embargo, logran percibir la luz.

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En lo seres del Universo Coen no hay luz posible, ni siquiera bajo la catarata del desierto sureño. En el ordenamiento Coen no hay posibilidad de salvación, porque no hay nadie esperando; en el ordenamiento Tarantino, la salvación no está para los protagonistas, pero alguien espera del otro lado y, excepcionalmente, se les revela. Ambos trabajan con seres condenados: uno por la indiferencia cósmica; otro por ese Orden Superior. La diferencia es dramáticamente poética.

En la periferia, “Sin lugar para los débiles” parece la historia de un asesino a sueldo que viene a matar a un tipo que se quedó con una valija con dos millones de dólares del narcotráfico. Esa es la excusa argumental. Y si compramos esa historia, los protagonistas son el asesino (un monumental trabajo de Javier Bardem) y Llewelyn Moss (Josh Brolin).

Pero el verdadero protagonista es Ed Tom Bell, el comisario asustado que interpreta Tommy Lee Jones. El primer parlamento y el que cierra la película, amén de un diálogo con su padre, cerca del final (un sueño), son las claves del filme. De eso se está hablando: de alguien que ve venir la muerte y espera un significado. Pero ese significado no le será dado.

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“Tú no puedes parar lo que se viene. No es lo que esperan de ti. Eso es vanidad” le dice el padre al protagonista. Esta es la tesis del filme. Esperar la noche eterna, sin la soberbia de creer que esto tiene algún significado. No lo hay. Como no hay razones en el accionar de Antón Chigurh, el asesino que arrastra el tubo de oxígeno por las rutas soleadas, elevado, por esta línea interpretativa, en una metáfora de la muerte: demente, caprichoso, aleatorio, brutal, impiadoso. Durante el filme, todos tratan de negociar con Chigurh. Pero Chigurh es innegociable por naturaleza. Sólo cumple su juego, con las reglas que él mismo aporta. Reglas que considera de hierro, pero son arbitrarias, estúpidas, ilógicas, todos calificativos de la muerte misma.

Esas son las claves alrededor de un filme no tan fácil de seguir. Y, pese a cierto momentos muertos, esta riqueza conceptual eleva esta última película de los hermanos Coen a un gran nivel. Tras varias experiencias fallidas, han retornado al camino y vale reconocerlo. Sin perder su estilo (con sus pros y sus contras) pero agregándole una dimensión poética.

Del elenco brilla Javier Bardem (un actor en un plano superior), bien secundados por Tommy Lee Jones y Josh Brolin.

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Escenas destacadas: el diálogo final entre Chigurh y Carson Wells (Woody Harrelson); el choque final de Chigurh; el encuentro de Bell con su padre; el encuentro de Carla Moss con Chigurh; la escena de la moneda tirada al azar.

Frases:

Hay un chico al que enviaron a la silla eléctrica en Huntsville hace un tiempo. Fue mi arresto y mi testimonio. Él mató a una chica de 14 años de edad. Los periódicos dijeron que fue un crimen pasionañ. Pero él me dijo que no hubo nada pasional en ello. Me dijo que había estado planeando matar a alguien desde que podía recordarlo. Dijo que si lo soltaban, lo haría otra vez. Dijo que sabía que iría al infierno. Estaría allí en 15 minutos. No sé qué hacer con eso. Sin duda que no. El crimen que ven ahora, es incluso difícil de medirlo. No es que tenga miedo de ello. Siempre supe que tenías que estar dispuesto a morir para hacer este trabajo. Pero no quiero apostar todas mis fichas, salir y encontrarme algo
que no pueda entender. Un hombre debe poner su alma en juego. Sólo debe decir: "De acuerdo. Seré parte de este mundo".

Si te detienes y regresas, vas a dispararme en el estúpido trasero. Pero si te detienes, detente en la sombra.

-Si no regreso, dile a mamá que la amo.
-Tu madre está muerta, Llewelyn.
-Entonces, se lo diré yo mismo.

-¿Qué es lo máximo que ha perdido, alguna vez, echando una moneda a la suerte?
-¿Señor?
-Lo máximo que ha perdido echándolo a la suerte.
-No lo sé. No sabría decirle.
-Elija.
-¿Que elija?
-Sí.
-¿Para qué?
-Sólo elija.
-Necesitamos saber por qué estamos jugando.
-Necesita elegir. No puedo elegir por usted. No sería justo.
-No tengo nada para apostar.
-Sí tiene. Ha estado apostando su vida entera. Sólo que no lo sabía. ¿Sabe qué fecha tiene esta moneda?
-No.
-1958. Ha viajado 22 años para llegar aquí. Y ahora está aquí. Y es, o cara o cruz. Y tiene que decir. Elija.

¿Nena, en qué punto dejarías de buscar tus dos millones de dólares?

-Tengo un mal presentimiento, Llewelyn.
-Bien, yo tengo uno bueno. Así que estamos compensados.

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-No debería estar haciendo eso. Ni siquiera un joven como usted.
-¿Hacer qué?
-Viajar haciendo dedo. Es peligroso.

Supongo que éste no es el futuro que imaginaba para usted la primera vez que puso sus ojos en ese dinero. No se preocupe. No soy el hombre que está detrás de usted.

-¿Se suponía que este hombre era lo más duro que había?
-No. Pienso que no lo describiría así.
-¿Cómo lo describiría?
-Supongo que diría que no tiene sentido del humor.

No entiende. No puede hacer negocios con él. Aún si le devolviera el dinero, le mataría... Sólo por molestarlo. Es un hombre peculiar. Podría decirse que tiene principios. Principios que van más allá del dinero, las drogas o algo como eso.
No es como usted, ni siquiera como yo.

El punto es, aún en una pelea entre el hombre y el buey la cuestión no es segura.

-Deberías aceptar tu situación. Tiene más dignidad hacerlo.
-Vete al diablo.
-Está bien.
-Déjame preguntarte algo. Si la regla que seguiste te trajo a esto, ¿qué sentido tuvo esa regla?
-¿Tienes idea de lo loco que estás?
-¿Te refieres a esta conversación?
-Me refiero a ti.

Me traes el dinero y la dejo ir. Si no ella muere. Y tú también. Es la mejor oferta que puedas conseguir. No te prometo que te salvarás, porque no puedes.

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Aquí la semana pasada encontraron a una pareja, en California, le alquilaron la habitación a unos ancianos. Los mataron, los enterraron en el patio y cobraron sus cheques de pensiones. Fueron torturados primero. No sé por qué. A lo mejor su televisión estaba rota. Y esto siguió, y aquí cito: Los vecinos se asustaron cuando un hombre corrió solo con un collar de perro. Tú no puedes hacer una cosa así. Te desafío a que lo pruebes. Pero si eso pasas, te haces notar. Llamas la atención de alguien. Pero cavando tumbas en el patio trasero no lo hicieron.

Es todo por el maldito dinero, Ed Tom. El dinero y las drogas. Es el maldito dinero detrás de todo.

-El hombre que te disparó murió en prisión.
-En Angola, sí.
-¿Qué habrías hecho si lo dejaban en libertad?
-No lo sé. Nada.
-No veo sentido en eso. Me sorprende oírte decir eso.
-Bueno, todo el tiempo que gastas intentando recuperar lo que te quitaron, más se va por la puerta. Y después de un tiempo, sólo intentas ponerle un torniquete. Tu abuelo nunca me pidió apuntarme como ayudante. Loretta me contó que renunciabas. ¿Cómo se explica que hagas eso?
-No lo sé. Me siento sobrepasado. Siempre imaginé que cuando fuera viejo Dios podría, de alguna manera, ordenar ciertas cosas en mi vida. Él no lo hizo. No lo culpo. Si yo fuera él, tendría la misma opinión de mí.

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Lo que tienes no es nada nuevo. Este país es duro con la gente. Tú no puedes parar lo que se viene. No es lo que esperan de ti. Eso es vanidad.

Sabía que esto no había acabado.

-No tiene motivo para herirme.
-No. Pero di mi palabra.
-¿Dio su palabra?
-A tu marido.
-Eso no tiene sentido. ¿Le dio su palabra a mi marido para matarme?
-Tu marido tuvo la oportunidad de salvarte. En cambio, él te usó para salvarse así mismo.
-No es así. No es como usted dice. No tiene que hacer esto.
-Todos siempre dicen lo mismo.
-¿Qué dicen todos?
-Dicen que no tienes que hacer esto. No tiene por qué hacerlo. Esto es lo mejor que puedo hacer. Elija.
-Supe que estaba loco cuando lo vi sentado allí. Supe exactamente lo que me esperaba.
-Elija.
-No. No voy a jugar.
-Elija.
-La moneda no tiene nada que decir. Solo es usted.


Señor, hay un hueso saliendo de su brazo.

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-¿Cómo dormiste?
-No lo sé. Tuve unos sueños.
-Tienes tiempo para ellos ahora. ¿Algo interesante? Siempre son la parte importante. Ed Tom, seré correcta.
-Bueno dos de ellos. En ambos estaba mi padre. Es peculiar. Soy mayor ahora que él hace 20 años. Entonces, en un sentido él era el hombre joven. Como sea, el primero no lo recuerdo bien… en el pueblo y me daba algo de dinero. Pienso que lo perdí. El segundo, éramos nosotros en los viejos tiempos e íbamos sobre un caballo por las montañas, de noche, a través de esta senda en la montaña… Hacía frío y había nieve en el suelo. Cabalgó hasta pasarme y seguía, nunca dijo algo mientras seguía. Él sólo cabalgaba. Tenía su manta envuelta a su alrededor y su cabeza hacia abajo. Cuando me pasó vi que llevaba fuego en un cuerno en la forma en que se utilizaba y pude ver una luz dentro de él, como el color de la luna. Y en el sueño yo sabía que él estaba adelante y que se preparaba para hacer fuego en ese lugar frío y oscuro. Sabía que si yo llegaba allí, él estaría allí. Entonces, desperté.

CONSEJO: sólo para cinéfilos. El resto se va a dormir.

1 comentario:

Anónimo dijo...

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