20.6.10

birome (II)

la nación

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Mariana Biro, hija de Ladislao José, el inventor, entre otras cosas, de la birome, cuenta pormenores de las explosiones entre risas cortadas, señala que su primer recuerdo de la vida es una casa llena de tubos de goma, tanques y cosas que hervían, y ver a su padre inclinado sobre algún elemento que luego sería revolucionario, como el lavarropas automático, el termógrafo, la caja automática de los autos, una cerradura inviolable o uno de los principios termomagnéticos que hoy utiliza el más avanzado de los trenes bala japonés.

Hija única del húngaro naturalizado argentino, inventor a tiempo completo, padre amoroso y despistado, fumador empedernido, hipnotista, profesor de esgrima, deportista, periodista y otras yerbas, Mariana habla sobre la aventura de inventar, de la vida diaria junto a un creador, de las vicisitudes de tener como padre a un hombre que le hablaba de enriquecer el uranio, cuando la niña recién despuntaba su adolescencia y lo miraba extrañado, o de la distracción permanente de Lazlo que, por "estar en otra cosa" le dio permiso a los 14 años para que recorriera sola y a su gusto la isla de Manhattan, en Estados Unidos, sin reparar en el peligro que pudiera correr.

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Los Biro, cuenta Mariana, eran todos médicos, pero su padre, Lazlo, prefirió no seguir con la tradición familiar basándose en un principio al que no renunciaría a lo largo de toda su vida: "Una vez que aprendés algo es difícil deshacerse de la idea", decía.

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"Cuando íbamos al colegio teníamos tinteros en los pupitres y había un hombre que pasaba todas las mañanas para llenarlos, porque escribíamos con pluma, mojándola en el tintero. Los chicos, para burlarse de mí, ponían las puntas de mis trenzas dentro del tintero y yo volvía a mi casa despotricando porque estaba toda manchada (acá aclara que ella era muy brava). Entonces mi papá me miraba y decía: Todo esto va a pasar muy pronto, y me pagaba 10 centavos para que yo probara lo que estaba ideando, que no era otra cosa que la famosa birome".

Cuenta Mariana Biro que durante ese tiempo su padre contrató a un relojero que vivía en la ciudad de Bernal para que hiciera las bolitas de las primeras lapiceras a mano y las colocaba una a una. Llegó a poner 500 en un día. Sin embargo, no terminaba de salirle bien, hasta que inventó la máquina que producía esas bolitas. Impresionante el relato. Miro lo que escribí con una lapicera que todos llamamos "birome" por Lazlo y pienso que estoy frente a la persona que más conoció al inventor. Se lo digo, Mariana sonríe, y sigue relatando, siempre con esos ojos sin nubes y la sonrisa perfecta.

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Me acuerdo de una vez que estaba leyendo el diario, vio una publicidad y dijo: "Me parece que esto lo inventé yo".

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Ya era madre, Mariana, cuando entró en la casa de sus padres a buscar a su nena y se quedó petrificada: la nena estaba tendida en el piso y Lazlo la pisaba, pasaba sobre ella y la pisaba. Mariana le preguntó qué hacía, y el le contó que había logrado transmitir la energía, lo que le permitía pisar a la nena sin hacerle nada. Ese experimento, hizo, además, que Mariana se haya transformado en una especie de fenómeno: la transmisión de energía le permite abrir cualquier frasco sin utilizar la fuerza bruta.

ALEJANDRA REY
“Esa constante aventura de inventar”
(la nación, 12/06/10)

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