30.12.10

breve compendio de nuevas conductas pelotudas de los argentinos

Compatriota / compatrioto, estarás al tanto que, mientras la inteligencia no varía, la estupidez sólo muestra su ingenio en las variadas formas que encuentra para revelarse. Así que es imperioso, cada tanto, hacer una revisión de los nuevos modos con los que se viste la pelotudez. Vaya, a modo de precario apunte preparatorio, un compendio de nuevas conductas pelotudas que hemos descubierto en la sociedad argentina. Desde ya, están invitados a aportar más, agradeciendo ya por los eventuales aportes antropológicos.
1) En el pasillo del colectivo / subte sea un estorbo. ¿Encontró un lugar en el atestado medio de transporte en la hora pico? Bien. Ahora cáguese en los giles que vienen atrás. Por favor, póngase el bolso XL en la espalda (lleno, of course) y obture el paso del resto del pasaje. Si no se acordó de traer el bolso (mire que es pelotudo, ¿eh?) intente esto: tuerza la cadera, abrase de piernas y ubíquese en un ángulo de 45 grados. De tal manera, podrá cubrir la superficie dónde antes entraban cuatro o hasta cinco personas, llenándola con usted solo. Otra opción: lea el diario, en lo posible “La Nación”, sosteniéndole abierto de par en par, con los brazos bien estiraditos.

2) Si sos un buen hijo de puta, tenés que ser diseñador de colectivos. Mostrá tus dotes de turro conjuntamente con tu probado grado de pelotudez. Diseñá “mejoras” al transporte automotor de pasajeros, especialmente pensadas para complicarle la vida a la gente que viaja colgada del estribo, todos los días hábiles del año. Quitale el pasamanos del fondo a uno de los laterales. Que la gente se sostenga clavando las uñas al techo. Hacé asientos que estén inclinados para adelante, así los pasajeros se van resbalando con la marcha. No te olvidés de ponerle un tornillo sobresalido a la altura de la rodilla del tipo que se siente, para que le quede claro que al menor descuido se va a acordar de vos, de tu mamá, de tu abuela y hasta de tu maestra de primer grado. Que el piso sea inclinado: así, con cada frenada, se van todos al carajo. Inventá lugares ocultos para poner el timbre. Ponelo a la izquierda, para que la mayoría de los diestros que toman colectivos hagan malabares para apretarlo.

3) Sé un ganso 2.0. Ta'bien, diseñar colectivos no es lo tuyo. Pero todavía está la web. Conseguite un laburito en un organismo público y diseñá la página web. Hacela bien complicada, con muchas entradas, para que nadie encuentre nada. Ponele todos los chiches que pueda, para que tardé no menos de diez minutos en abrir la página. Armá callejones sin salidas, ventanas que se abren y te hacen colgar el navegador, pensate como podés ocultar la información básica del sitio, en los rincones más insólitos del sitio. Seguí la máxima: la información está, pero te vas a volver puto para encontrarla.

4) Amagá con salir, pero quedate. ¿Entraste a los empujones al subte? ¡No! ¡No te vayas para el fondo! En cuanto pasaste la puerta, parate. Lo mejor es si encontrás lugar en un costado y ahí estirá las piernas o ponete a leer el diario, para sacarle espacio al que entra. Si no vas a bajar, mejor. Empujá y ponete delante de la puerta. Hacé como que vas a bajar. Pero cuando abran la puerta, ponete en forma oblicua para incomodar a la mayor cantidad de pasajeros que esté bajando, para que los tipos tengan que sortearte a vos y comerse la marea que pugna por ingresar al convoy. Vos, eso sí, miralos mal o insultalos si osan rozarte levemente con el codo.

5) Si la calle es estrecha, no te dejo pasar. Caminá por el microcentro en la hora pico. Especialmente a la mañana, cuando los ñatos están apurados para entrar a hora. Andá papando moscas, por la mitad de la calle, no dejando que pasen ni los que van, ni los que vienen. Si tenés una bolsa, extendé tu brazo y dejá que la bolsa no permita el paso de nadie. ¿Ah, fumás? ¡Mejor! Poné el cigarrillo de costado, discretamente, para quemar al gil que intente rebasarte. Pero el ideal es llevar a tu novia: agarrala de la mano y andá, muy boludamente, planeando como va a ser tu pelotuda vida futura de ahí en más. Pero eso sí, no se te ocurra soltarla, porque como es tan pelotuda como vos, en una de esas se pierde. Además, entre los dos, cubren más superficie y van a obligar a más de uno a bajar a la calle con el tránsito de contramano para poder pasarlos. Seguro que algun camión se lleva puesto a alguno.

6) También podés ser un pelotudo en el supermercado. Si me ves venir con el carrito del super repleto y vos venís tranqui, con un sobrecito de caldo como único contenido de tu changuito, apurate y cerrame el paso. Una vez que me obligaste a detenerme, presintiendo ya el esfuerzo que voy a tener que hacer para arrancar de vuelta con el carro lleno, deleitate perdiendo el tiempo como si estuvieras sólo en todo el supermercado. Si llevás chicos, dale otro carrito y que se pongan a bloquear los accesos a la góndola. Poné cara de boluda (te sale espontánea) cuando estén jodiendo como los perfectos cabrones que son: salieron a la madre. Ni te inmutes. En la caja, por favor, sacá los productos dos o tres veces por los menos. Ponelos en la cinta, volvelos a guardar, ordená los productos en el carrito, dalos vuelta, cambialos. Perdé el tiempo, que los de atrás son de palo. Que tus cuatro latas locas te rindan media hora en la caja.

Como se verá, son apenas botones de muestra. Un puñado de ejemplos, en el vasto océano de la boludez argentina. Prometemos volver sobre el tema.

Mientras tanto, neurona atenta y a tomar nota.

El pelotudo puede estar al alcance de su mano.

2 comentarios:

Bella dijo...

Excelente, si lo hubiera tenido que narrar yo, no me habría salido mejor.

Son todos mis odios cotidianos a la enésima potencia!!

Marcelo De Biase dijo...

Veo que no estoy solo. Por lo menos somos dos. Por ahora los pelotudos son mayoría pero, quién te dice...