19.10.11

lo que no fue

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LA QUISE TANTO
data: http://www.imdb.com/title/tt1258141

A “La quise tanto” posiblemente le sobre media hora y hasta sospechamos que la traducción cinematográfica de Zabou Breitman fue demasiado fiel a la novela de Anna Gavalda (co-guionista del filme con la directora y Agnès de Sacy). Sí, podemos encontrarle muchos peros a esta historia de amor sin final feliz. Pero la pareja que forman Daniel Auteuil y Marie-Josée Croze es, sencillamente, memorable.

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Si tiene un hallazgo el guión de “La quise tanto” es la habilidad para contarnos la fuerza de una historia romántica a partir de la yuxtaposición de hechos cotidianos. Pierre y Mathilde tontean cuando se conocen, como cualquier hijo de vecino; pasean juntos por la ciudad, tomados de la mano; comen; hacen el amor; se ríen de cualquier pavada. Esos pequeños sucesos nimios conforman la gran historia. No hay momentos épicos en la relación amorosa. La sensación de comodidad, de estar bien junto al otro, como expresa Mathilde cerca del final, es el verdadero milagro: “Quiero que te des cuenta lo verdaderamente raro que es lo que tenemos”.

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“La quise tanto” es una larga conversación entre Pierre y su nuera Chloé quien acaba de ser abandonada por el hijo del primero. Una estadía en una casa de campo, en medio del invierno francés, junto a las niñas del matrimonio roto, es el marco del encuentro. Pierre, el suegro, es un tipo correcto, paciente, al que nada lo altera. Chloé está al borde del colapso: el abandono la tomó de sorpresa; no se imagina una vida sin el marido.

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La costumbre de la familia de Pierre es no hablar. Callar, mantener para sí lo que se opina. Chloé explota contra esa neutralidad del suegro, proyectando la ira al hijo. Y el suegro habla. Cuenta su historia de amor que no fue. La mujer que amó y que dejó ir por cobardía. Y como, desde ese momento, su vida se secó. “Perdí a la mujer de mi vida y herí profundamente a la mujer con la me quedé” resume certeramente en la encrucijada de su vida. Reflejado en la historia de su hijo, Pierre se ha decidido a hablar para que su nuera entienda que no se puede vivir con alguien que no está feliz a tu lado. “Nadie se enamora a propósito. Te toma de sorpresa. No lo puedes prever”.

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En esa última noche, Chloé verá el amanecer, simbólico, que se abre a su vida. Puede tener el corazón destrozado, pero ese dolor implica que aún late. Pierre, abrigado en su sillón, le ha confesado que puede soportar el tedio cotidiano de lo que le reste de vida, porque ya nada late en él. “Vive” le suplica en un momento de la charla. Ella tiene la oportunidad de dejar partir a aquel que ya no la ama y confiar en el amor que espera en algún recodo de su futuro.

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La larga charla de Pierre y Chloé se intercala con los flashbacks del romance de Pierre y Mathilde. No hay novedad estructural en el formato. Lo que hace funcionar al filme es, sin lugar a dudas, la química que logran Daniel Auteuil (una especie de Ricardo Darín francés: todo lo que hace, lo hace bien) y la seductora Marie-Josée Croze, duraznito para hincarle el diente a temperatura ambiente. Es una pareja que provoca llamas en la pantalla, pero no por maratones sexuales acrobáticas fotográficamente cool. Elevan la temperatura con una mirada, el roce de unos dedos, el caminar insinuante, el rojo de un vestido, las lágrimas retenidas, los besos sin aliento. Auteuil y Croze son los pilares fundamentales de una película que, con otros actores, hubiera fracasado. (Como botón de muestra: comparen la expresión de Pierre en su charla con Chloé con las escenas que comparte con Mathilde).

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Escenas destacadas: la reunión de negocios donde se conocen Pierre y Mathilde; el llanto de Pierre; la mirada de Mathilde, buscándolo en el restaurante del hotel, con su vestido rojo; la charla en la cena de Suzanne y Pierre. Un par de frases: “Iba a hacer el amor con la mujer de mi vida. Todo mi vida iba a cambiar para siempre, cuando entrara con ella a ese cuarto”; "¿Acaso no es cierto?"; "Yo también elegí la casa en la playa".

En suma: para románticos y espectadores sutiles, “La quise tanto” es una más que buena opción a tener en cuenta.

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