8.9.17

sarmiento por rodin (II)



En abril de 1900, la escultura había llegado embalada a Buenos Aires. El tono de Miguel Cané es lúgubre:
“Los bultos ya están aquí y no permití que se abrieran, a pesar de la curiosidad general... Se van a decir un montón de barbaridades sobre la figura de Sarmiento y se encontrará gente muy capaz que no comprenda nada de la alegoría. Ignoraremos a esa gente, no es así?”
Pese a los intentos de ocultar lo inevitable, los días previos al descubrimento del Monumento, se filtraron algunos comentarios adversarios en diarios y revistas, relacionados con la falta de parecido al prócer.

El 25 de mayo de 1900, en la esquina de lo que es hoy Avenida del Libertador y Avenida Sarmiento, en pleno Palermo, se convocó a la ciudadanía para descubrir el Monumento con la firma de Rodin. Desfiles militares, discursos del Presidente Roca, el Ministro Cané, el Embajador de Chile y cerca de cien mil personas participaron de la ceremonia. La concurrencia, exaltada por pasión cívica, aplaudía con vehemencia cuando se le corrió el velo a la obra y el Monumento de Sarmiento quedó a la vista de todos.

Los aplausos se apagaron.

Algunos empezaron a los gritos. Y al día siguiente, el pedestal apareció embadurnado con grafitis.

La Municipalidad se vio obligada a dejar una guardia policial para que algún fanático no destruyera el bronce a martillazos.

Dos días después de la inauguración, Cané vuelve a escribirle a Rodin:
“Ante todo, no voy a esconder mi impresión desagradable, mi decepción cuando haciendo abrir la caja que contenía la estatua vi que Ud. no le había agregado nada, nada suprimido, en nada modificada la figura de Sarmiento. Yo pasé dos años rogándole, Ud. sabe con cuanta insistencia, de dar a los rasgos y a la cabeza de Sarmiento todo el parecido posible con el original (...)” se queja Cané “Yo le dije de dar a Sarmiento la actitud que Ud. tenía en mente, incluso más exagerado si Ud. quiere y si fuera vuestra idea, pero en la misma época yo le pedía que la cabeza de Sarmiento fuera de la misma forma que aquella hecha de carne y hueso... Ud. prometió hacer esas modificaciones pero no tuvo la menor atención a mis súplicas a ese respecto. El resultado, el siguiente: en lugar de ser recibida por una aclamación general como merecía, mientras yo la encuentro bella, todo el mundo está desconcertado por la figura de Sarmiento. Su frente deprimida, sus ojos pequeños perforados, cuando él los tenía redondos como el de los bueyes de que habla Homero, sus cabellos caídos sobre la parte trasera de la cabeza, cuando él casi ya no los tenía”
Rodin le promete hacer modificaciones a la estatua que, obviamente, jamás realizará.

Las críticas se sucedieron armándose una polémica en los diarios de la época. “La Nación” empieza con la sutileza y en sus páginas declara que “Es difícil concebir algo más feo, vulgar, casi repulsivo y, por lo tanto, menos parecido a Sarmiento que el perfil de su estatua (...). Sarmiento era feo, pero no tenía un cráneo de degenerado ni era su cabeza la de un notario o la de un farmacéutico de aldea". Sutil estuvo también el nieto del prócer, Augusto Belín Sarmiento que directamente declaró que la cabeza parecía “la de un orangután”. Y Paul Groussac se despachó desde las páginas de “El País” con “Su obra no es exacta ni bella a pesar de algunos detalles admirables: no es expresión, a pesar de sus artificios de débraillé (desaliñado) y de su modelado en ‘bolsa de nueces’. Aquel bronce no muestra el cuerpo ni revela el alma de Sarmiento”.

A Eduardo Schiaffino le tocó defender la obra, en las páginas de “El Diario”, contestándole a Groussac. “Nadie de los que conocieron a Sarmiento o examinaron algunas de sus fotografías, vacilará en reconocer a primera vista a nuestro gran hombre. ¿No es acaso bastante?” argumenta en otro diario, mientras “Caras y Caretas” acuñaba caricaturas sobre el Monumento.

El poeta Leopoldo Lugones consideró que el bronce de Rodin era hermoso pero que el público había considerado (“con justicia”) que “esa no era la cabeza de Sarmiento”. Pero como no era un hombre de quedarse en la mera crítica, acercó una propuesta un tanto radical: “suprimir, entonces, su defecto, cambiando la cabeza de la estatua, como se hacía habitualmente en Grecia y en Roma”.

Afortunadamente, nada de eso se hizo. La estatua quedó como estaba y sigue aún en Palermo. Y así como quien no quiere la cosa, Buenos Aires es la única ciudad del continente que tiene una obra de Auguste Rodin realizada específicamente por el genial escultor.

No obstante, en cada aniversario, las Comisiones de homenaje al prócer prefieren dejar las ofrendas florales en otra estatua de Sarmiento, una realizada en 1915 por el escultor Émile Peynot (francés como Rodin) que se encuentra en el Rosedal, en el mismo Parque Tres de Febrero. En el altorrelieve se lo observa a Sarmiento, en gesto pensativo, mientras un grupo de niños viene a dejarle un ramo de flores.

Como diría Aristóbulo del Valle: ¿qué te dije, Rodin?

(¡Gracias, Mariano!)


FUENTES:

http://www.anc-argentina.org.ar/descargas/publicaciones/miscelaneas/misc103_2.pdf

http://www.lagaceta.com.ar/nota/654271/sociedad/estatua-desato-escandalo.html

http://www.lanacion.com.ar/500494-los-estrechos-lazos-de-rodin-con-el-pais

http://leedor.com/2008/07/15/el-sarmiento-de-rodin/

https://es.wikipedia.org/wiki/Ofrenda_floral_a_Sarmiento

http://www.laizquierdadiario.com/El-profesor-Rodin

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