31.12.08

últimas cintas del año

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ROCKNROLLA / EL RASTRO

Nos quedaron dos películas en las gateras, sin comentar, que van para este último post del 2008. “Rocknrolla”, la de Guy Ritchie, vapuleada por la crítica y una película australiana que llegó en la última parte del año, pero que ya tiene seis años de filmación, “El rastro”. ¿Por qué recién llegó a las pantallas locales? Sospecho que el próximo estreno de “Australia” sugirió la conveniencia de exhumar una película que tiene como protagonista central a David Gulpilil, el rastreador del título original.

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Ninguna de las dos películas son sobresalientes, ninguna es un desastre. Son dos películas para anotar, en géneros, estilos y presupuestos diferentes. “El rastro” es la típica producción de cine independiente, con apoyo estatal, contada con cuatro personajes en lugares naturales. El paisaje es el quinto personaje de la trama. Las montañas, los desiertos, el terreno escabroso, la vegetación. Rolf de Heer (guionista y director del filme, holandés de nacimiento) despliega el ancho de la pantalla para que el paisaje sea un elemento central.

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La trama se reduce a una anécdota: tres blancos, guiados por un negro (un aborígen australiano), en territorio salvaje, en busca de un fugitivo acusado de matar a una mujer blanca. Un comisario fanático racista, un novato asistente del comisario, un veterano que está de vuelta y el rastreador, el verdadero protagonista de la historia. En realidad, “El rastro” es una parábola sobre el pasado de exterminio de los pueblos nativos de Australia por la acción del hombre blanco.

Cada paso en el desierto, en el territorio que no les pertenece, deja a los blancos dependiendo del aborigen denigrado. No es su territorio, pero no se dan cuenta. Son extraños en un mundo que no les pertenece. Cada frase racista, cada fanfarronada, cada acto de crueldad, muta, desde la inicial impunidad, al absoluto pavor de reconocerse en manos del otro.

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Rolf de Heer cuenta la historia con las canciones de fondo, escritas por él, a partir de la música de Graham Tardif e interpretadas por Archie Roach, un cantante aborígen. En los actos de violencia, congela la imagen con las pinturas del artista australiano Peter Coad, especialmente hechas para el filme. Recursos
para enriquecer un guión sin hallazgos en lo dramático, un ejercicio del juego del gato y el ratón, del carcelero y encarcelado, del poderoso y el oprimido, en la que, a medida que se avanza, se pone en duda quién es quién, quién, verdaderamente maneja los hilos del destino.

Pero hay un cómplice fundamental para que la mínima anécdota de “El rastro” funcione y son los actores. El elenco es muy verosímil y quien se lleva las palmas por las sutilezas de su actuación, es David Gulpilil, el aborigen rastreador.

Si el elenco es vital en “El rastro”, precisamente creemos que es lo que falla en “Rocknrolla”, la última película de Guy Ritchie. Maltratada por la crítica, “Rocknrolla” no es el mejor filme de Ritchie, queda claro, pero tampoco fracasa completamente.

Es el formato característico de Ritchie, multihistorias de bandidos británicos de segundo orden, líneas que se cruzan, una y otra vez, de modo aleatorio, tipos tan simpáticos como violentos, lúmpenes que tratan de sobrevivir con lo que tienen. En esa definición, no está muy lejos de “Snatch” o “Juegos, armas y dos pistolas humeantes”. Pero el filme carece de gracia, parece rutinario, sin sabor. No es que el guión sea malo (caótico, tal vez, pero es el estilo Ritchie). Pero en el vértigo, algo falta.

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Me atrevo a sugerir que lo que fracasa es el elenco. Gerard Butler está muy lejos de regalarnos el carisma de un Jason Statham o de un Brad Pitt. Y la contraparte femenina, Thandie Newton, es tan bonita como fría. Quienes sí se lucen son Tom Wilkinson como el mafioso local que enfrenta la competencia de los nuevos mafiosos rusos y Mark Strong como su fiel mano derecha. Las mejores escenas les pertenecen.

Aún con esos baches, no es una mala película. Casi ideal para el DVD, acompañada por una pizza un sábado a la noche.

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Escenas destacadas:

De “Rocknrolla”: el gag del deseo del amigo que revela que es homosexual (revelado en los títulos); la llegada de Archie a la casa de One Two, maniatado por los mafiosos rusos; la entrevista de Lenny con el mafioso ruso; la persecución a One Two por el túnel del ferrocarril.

De “El rastro”: el ajusticiamiento que lleva a cabo el rastreador y el monólogo previo del ajusticiado; la caída al agua; la masacre de los aborígenes inocentes; la escena en el que el rastreador hace bajar del caballo al fanático para que vea el cadáver del aborigen asesinado.

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Un puñadito de frases de “Rocknrolla”:

La gente también se pregunta ¿qué es un rocknrolla? No se trata de rock y drogas. ¡Oh, no! Es mucho más que eso, amigo. Queremos tener una buena vida.
Algunos aman el dinero. Algunos las drogas. Otros el sexo, el glamour, la fama.
Pero un rocknrolla... él es diferente. ¿Por qué? Porque un verdadero rocknrolla lo quiere todo.

Estoy muerto, Pete. La gente muerta no quiere compañía.

El whisky es el nuevo vodka.

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Todo lo que necesitas saber está en estas cuatro paredes (de un paquete de cigarrilos). De este lado, una de sus personalidades seduce por sus ilusiones de grandeza, el paquete dorado king size, con una insignia real, una atractiva implicación de que te guiará a la grandeza y riqueza. El subtítulo sugiere que los cigarrillos son, en verdad, tus reales y leales amigos. Y eso, Pete, es una mentira. Su otra personalidad está tratando de llamar tu atención del otro lado, escrito en aburrido blanco y negro, es una declaración de que ellos son pulcros soldaditos de la muerte y, de hecho, están tratando de matarte y eso, Pete, es la verdad.

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¡Papi! ¡Bonitas ruedas!

Un par de frases de “El rastro”:

Dios respeta la ley aborigen tanto como la ley del hombre blanco... Tal vez más.

Es bueno contar con un camarada que hable inglés.

Mi lugar está lejos, pero siempre lo encuentro.

CONSEJO: esperar al DVD.

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