1.2.10

la gran historia en frasco chico

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INVICTUS
data: http://www.imdb.com/title/tt1057500/

“Invictus” es una gran historia verdadera, la epopeya de Nelson Mandela que se aferró a la mística de los Springboks, el seleccionado de rubgy sudafricano símbolo de los blancos racistas, para unir a un pueblo al borde de la guerra civil. Adaptación cinematográfica del libro “El factor humano” del periodista inglés John Carlin, la historia de “Invictus” supera, en mucho, la poco imaginativa realización de Clint Eastwood. Como en la mayoría de sus últimas películas, Eastwood parece estar en piloto automático; por fortuna, en este caso, no cae en el melodrama innecesario al estilo “Million dollar baby” o “El sustituto”. Pero si la historia se destaca, es por sí misma, no es por nada que haya hecho el director para agregarle dimensiones dramáticas a la trama.

“Invictus” empieza con la toma de poder de Nelson Mandela, en un país dividido en dos, al borde de la guerra civil. En ambos bandos, hay corazones calientes deseosos de no dejar pasar una. Y un símbolo de esa brecha en el corazón de los sudafricanos, es el equipo nacional de rugby, los Springboks, gema preciada de la minoría blanca que sustentó el régimen racista que encarceló treinta años al Presidente Mandela.

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Frente al Mundial del ’95 en casa, con un equipo que acumula derrotas, Nelson Mandela se opone a sus propios aliados y sostiene el equipo, buscando un albur: salir campeones del mundo y unir a la nación tras un objetivo común. Con esa idea en mente, Mandela invita a tomar al té al capitán de los Springboks, Francois Pienaar. Lo que logra Mandela en ese encuentro es épico: inspirar al capitán para liderar una hazaña imposible, la de ganar el campeonato mundial y empezar a curar las heridas de la sociedad.

Las carencias del guión de Anthony Peckham, deja a “Invictus” en un plano de película estándar del peor Hollywood, muy didáctica, donde los buenos son buenos, los malos, malos y en la que ninguno duda en el momento de actuar. Personajes unidimensionales, sin la riqueza dramática del gris. Esas limitaciones desmerecen una historia que, en otras manos, hubiera sido sublime.

No obstante, el filme es recomendable, más para reflexionar sobre algunas facetas del liderazgo, sobre cómo los auténticos líderes llevan a su pueblo a una instancia superior al que sus propios dirigidos eran incapaces de pensar siquiera en alcanzar. Más actual: el verdadero estadista es el que prioriza la unión de la Nación, antes que atizar los imprevisibles fuegos de la discordia. Todo un ejemplo para comparar con otros casos de suprema mediocridad que acuden rápidamente a nuestra memoria.

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Una línea no explorada por el filme, es la reflexión de cómo se utiliza el deporte a los fines políticos. Los ejemplos de Hitler en 1936 o la dictadura militar argentina en 1978, son los primeros en aflorar; pero vale citar otros ejemplos positivos, como el de la reunificación alemana en 1990, con la final ganada a la Argentina de Maradona y Caniggia en el Mundial o ésta de Sudáfrica. ¿Hasta qué punto es válido? ¿Alcanza sólo con un éxito deportivo o hay otro factor concurrente para lograr el objetivo de la unión nacional?

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Para que no quede todo en la confortabilidad de un mundo rosa, cabe aclarar que el equipo de los All Blacks que perdió la final con y en Sudáfrica, en 1995, sufrió una “extraña” intoxicación alimentaria que dejó seriamente mermado a los neozelandeses para el cotejo decisivo.

Morgan Freeman y Matt Damon desempeñan, con soltura, sus papeles, maximizando lo poco que les da el guión. Entre las escenas destacadas, nos quedamos con la arenga de Mandela a sus partidarios, cuando desean disolver los Springboks; el té entre Mandela y Piennar; la visita de Piennar a la prisión en la que estuvo recluido Mandela.

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Frases:

-Esto del rugby es un cálculo político…
-¡Es un cálculo humano!

-Me invitó a tomar el té…
-¿Quién?
-El Presidente.

-Según los expertos, no pasaremos de los cuartos de final…
-Según los expertos, tú y yo deberíamos estar en la cárcel.

Estaba pensando cómo un hombre puede pasar treinta años en prisión, salir y perdonar a los hombres que lo metieron ahí.

Hermanos y hermanas, ¡es el tiempo de construir una Nación!

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-Estás arriesgando tu capital político, estás arriesgando tu futuro como nuestro líder.
-El día que tenga miedo de hacer lo que hay que hacer, ese día no podré seguir siendo su líder.

-Gracias por lo que ha hecho por nuestro país…
-Gracias por lo que ha hecho usted por nosotros, Señor Presidente.

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