26.8.10

si no existiera, habría que inventarla

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THE INVENTION OF LYING
data: http://www.imdb.com/title/tt1058017/

Parece que “The invention of lying” (“La invención de la mentira”) va directo al DVD en Argentina. Es posible que cuando se topen con la cara bennyhillesca de Ricky Gervais (“The Office”, “Extras”) creerán que es una comedia más y pasarán de largo. No. No es una comedia más. Es una muy interesante reflexión sobre la necesidad de la mentira para poder vivir, una comedia ácida no del todo bien resuelta, pero con indudables méritos. Menor, sí, pero vale la pena tenerla en cuenta.

“The invention...” es la historia de Mark Bellison, un tipo como cualquiera de nosotros que vive en un mundo alterno donde todos dicen la verdad, en todo momento, sin reprimir lo que piensan. En ese mundo, la mentira no existe (tanto es así que no existe la palabra “mentira”).

Si alguien cree que ése es un mundo paradisíaco, basta ver la primera escena, en la que el regordete Mark tiene su primera cita con Anna, encarnada en ese camión que es Jennifer Garner, para cambiar de opinión. Que alguien te diga en la cara que eres gordo con una rana como nariz, que no piensa tener sexo con vos esa noche y que no te va a volver a llamar, es suficiente para pedir tiempo fuera.

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“The invention...” empieza jugando con los gags de un mundo al revés, en el que todos se dicen lo que piensan, del modo más descarnado posible. Una especie de “Mentiroso, mentiroso”, donde se invierten los roles: uno sólo miente; todos dicen la verdad.

Lo ingenioso del guión de Ricky Gervais y Matthew Robinson es que, a poco de andar, comprendemos que una sociedad en la que todos digan lo que piensan, en la que lo único que se dice es la verdad, es una sociedad cruel, un mundo imposible de vivir. Los personajes de “The invention...” viven en la tristeza, la depresión, al borde del suicidio. La realidad es asfixiante, gris, mediocre y la gente, en su sinceridad, infame.

Probando por el absurdo, Gervais y Robinson nos sugieren que la mentira no es tan mala después de todo, que es un buen lubricante para salvar las imperfecciones de la vida cotidiana, es un buen abono para la imaginación y las esperanzas de vivir.

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Un giro genial toma la comedia cuando Mark “aprende” a mentir. Y como nadie lo ha hecho antes, todos le creen, logrando su objetivo. Mark consigue el éxito, pero no cambian los resultados. Le siguen diciendo “gordo perdedor” en la cara, aunque ahora viva en una mansión y le llueva dinero por doquier.

La escena de la muerte de la madre de Mark es memorable. Mark le miente sobre una vida después de la vida, para que tenga un final sin dolor. Y ese es el puntapié para tener que inventar una religión pedida por todos sus vecinos que le creen, a pie juntillas, las mentiras que él tiene que decir. Ácida mirada a las religiones y al conjunto de reglas que se desprenden de ellas.

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Hay otra idea notable en la comedia, la observación de la no existencia del arte, tal como lo conocemos, en una sociedad en la que todos digan la verdad y crean lo que se dice. Las películas consisten en un tipo sentado leyendo hechos históricos, año por año. Apenas reflexionamos nos damos cuenta del poder de ese detalle: el arte es una gran mentira. Todo artista es un mentiroso. Un mentiroso que nos cuenta un mundo que acaba de inventar y que necesita, como condición necesaria, que aceptemos, como público, esa gran mentira. Remembrazas del cuento de Borges, “Averroes”, en la que Averroes se ve obligado a traducir al árabe los terminos “comedia” y “drama”, sin tener conocimiento de algo que se llama “teatro”. En la sociedad de “The invention...” es imposible que alguien enfrente a la platea y actúe, porque la actuación implica el entendimiento que esa persona es un actor y que no le está sucediendo lo que está representando, sino que es un juego, una mentira, para mantener nuestra atención. Y, por definición, en ese mundo de “The invention...” la mentira no existe.

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Algún derrape en el final, el modo convencional para terminar la historia, no opaca las ideas contenidas en esta buena película, en apariencia una comedia, con un poco más de sustancia que lo que se puede sospechara en una primera mirada. Para anotar y para disfrutar algunos cameos destacados, como los de Tina Fey, Phillip Seymour Hoffman y Edward Norton (el policía que detiene a Mark y su amigo).

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