27.1.14

gol olímpico

clarín

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…Cesáreo Onzari, el wing izquierdo audaz que se transformó en el fundador del Gol Olímpico, en los años veinte. Desde que él transformó su osadía en momento inolvidable, esa jugada se convirtió en tentación de todo buen pateador.

La FIFA, en su sitio oficial, explica con claridad de qué se trata esta jugada tan particular y difícil de ejecutar: "Si bien es un término muy aceptado en el planeta fútbol, no todos los aficionados saben a qué se llama un gol olímpico. La explicación es simple: se le dice así a aquel tanto anotado directamente de un saque de esquina sin que nadie toque el balón en su trayecto al arco". Así leído, no parece tan complicado. Los hechos demuestran que es una tarea muy ardua. Un ejemplo que define: Messi y Maradona jamás consiguieron uno.

Onzari contó sobre aquel gol que ya forma parte de la leyenda del fútbol mundial: "Salió porque tenía que salir. No hubo otra cosa. Nunca más pude hacer otro gol igual". El árbitro uruguayo Ricardo Villarino no dudó en darlo por válido, incluso aunque la notificación de la International Board recién había llegado al Río de la Plata. El propio Cesáreo confesó también que fue el mejor de sus goles. "Sobre todo por la repercusión que tuvo y por el asombro de tanta gente". Ese 2 de octubre de 1924, la cancha de Sportivo Barracas -habitual escenario del seleccionado en los años 20- estaba repleta. "No cabía un alma más", decía el wing izquierdo. Tenía razón. Según cuenta el periodista e historiador Oscar Barnade, la cancha de Sportivo Barracas tenía capacidad para 40.000 espectadores. Pero la expectativa del encuentro superó todos los cálculos: se vendieron 42.000 entradas (35.000 populares a un peso y 7.000 plateas a tres pesos). Sumando los invitados, los socios y los colados -que también existían en aquellos años veinte-, ese día hubo 52.000 personas para el diario La Nación y casi 60.000 para La Razón. El partido ante Uruguay, reciente campeón olímpico, se inició con mucho público al borde de la línea lateral. Apenas iban cuatro minutos cuando el árbitro Ricardo Vallarino se vio obligado a suspenderlo. Hubo incidentes y algunos heridos. Fue un bochorno. El encuentro -revancha del 1-1 en Montevideo- se reorganizó para el 2 de octubre. Tuvieron que tomar varias medidas. La principal fue cercar el campo de juego con un alambrado de un metro y medio de alto. Señala Barnade: "Si bien ya existían varias canchas cercadas en el país y en Montevideo, desde entonces pasó a llamarse 'alambrado olímpico'". Además, se restringió la cantidad de entradas y se aumentaron los precios: se vendieron 15.000 populares a 2 pesos y 5.000 plateas a cinco. La concurrencia se estimó entonces en 30.000 espectadores.

Eduardo Galeano escribió su particular mirada de aquel gol y de su continuidad en la historia: "(...) Era la primera vez en la historia del fútbol que se hacía un gol así. Los uruguayos se quedaron mudos. Cuando consiguieron hablar, protestaron. Según ellos, el arquero Mazzali había sido empujado mientras la pelota venía en el aire. El árbitro no les hizo caso. Y entonces mascullaron que Onzari no había tenido la intención de tirar a puerta, y que el gol había sido cosa del viento. Por homenaje o ironía, aquella rareza se llamó gol olímpico. Y todavía se llama así, las pocas veces que ocurre. Onzari pasó todo el resto de su vida jurando que no había sido casualidad. Y aunque han transcurrido muchos años, la desconfianza continúa: cada vez que un tiro de esquina sacude la red sin intermediarios, el público celebra el gol con una ovación, pero no se lo cree". Magias del fútbol.

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La posibilidad del llamado gol olímpico nació de un error. En junio de 1924, la International Board modificó el artículo 11 de las Reglas del Juego. Entonces, se autorizaba a convertir un gol directamente desde el tiro de esquina. Pero la norma tenía un espacio para la confusión y/o los malos entendidos. Ernest Edwards -un periodista de Liverpool- se dio cuenta de la ambigüedad del texto. Y se lo comunicó a los dirigentes del Everton, uno de los dos gigantes de la ciudad de los Beatles: "No hay nada que prohíba, en vez verse obligado a rematar, regatear hasta convertir. ¿Por qué no probar y ver qué sucede?". En ese 1924, informado de la situación, el delantero de The Blues Sam Chedgzoy sorprendió a todos en el primer corner: gambeteó, pateó al arco, hizo el gol. El árbitro, entre asombros, invalidó todo y le recriminó la actitud al futbolista. "No hay nada en el reglamento que impida hacerlo", dijo el atacante. Tenía razón. En agosto, la International Board modificó ese detalle.

Durante algún tiempo se sostuvo que antes de Onzari, un tal Billy Alston había marcado directo desde el corner, en un partido de la Segunda División escocesa. Pero no fue así. Aquel gol fantasma lo persiguió hasta encontrarlo el historiador Jorge Gallego, del Centro para la Investigación de la Historia del Fútbol (CIHF). Y lo contó: "Tenía como referencia el libro Guinness-Soccer Firsts, de 1989, cuyo autor fue John Robinson. Allí constaba que Billy Alston, del St. Bernard´s logró el primer gol directo de un tiro de esquina el 21 de agosto de 1924, contra Albion Rovers, de la Segunda División de Escocia. Después encontré que el partido se jugó el 23 de agosto. Esta diferencia de dos días me llevó a dudar del primer dato. Contacté en Escocia a Robert Leiser, un investigador genealogista que poco sabe de fútbol, pero que revisó a pedido mío los diarios de la época. Mi sorpresa fue enorme: en todos los medios decían que el gol había sido de cabeza". Según relata Gallego, Leiser se comunicó con George Park, autor del libro del St. Bernard's, quien también tenía a Alston como autor de un gol directo de córner y explicó que el dato lo había sacado de otra publicación llamada "The Hamlyn A-Z of British Football Records", editada en 1984. El tiempo había modificado el relato. Sin embargo, tres diarios escoceses de la época del gol en cuestión -Coatbridge Express, Coatdridge Leader y The Scotsman- dejaron constancia de que el gol fue de cabeza y después de un córner.

El siguiente gol olímpico del que se tiene constancia sucedió el 11 de octubre de 1924, nueve días después del logro de Onzari, en el partido Huddersfield Town F.C 4 - Arsenal 0, por la Primera División inglesa. Su autor fue William Henry Smith. Su nombre no quedó grabado en la historia por ese motivo. Pero sí por otro muy valioso: fue parte del histórico Huddersfield de los años 20, el primer equipo en consagrarse tricampeón de la máxima categoría del fútbol inglés. Era uno de los grandes dominadores de ese tiempo: durante siete temporadas consecutivas se ubicaron en el podio. Y hasta se animaban a hacer goles desde el corner.

No es fácil encontrar especialistas en goles olímpicos. Pero hay dos casos insoslayables de futbolistas nacidos en la Argentina. Se trata de Juan Ernesto Alvarez, el mismo Cococho que se formó en Estudiantes, deslumbró en Colón y que brindó su talento también para Huracán. Su maestría en corners la ofreció en su paso por el fútbol colombiano. Según datos de la FIFA, en sus seis temporadas allí (entre Deportivo Cali y el Cúcuta) marcó ocho de sus 35 goles desde el tiro de esquina directo al arco. Incluso, en 1976, produjo un hecho único: marcó dos goles olímpicos en un mismo encuentro. Alguna vez, contó su secreto: "Quedarnos tras la práctica con el colombiano 'Ñato' Torres pateando tiros de esquina a ver quién metía más. En 1979 hicimos otra vez dos goles olímpicos en un partido, a Quilmes por la Copa Libertadores, pero uno cada uno. No sé cuántos equipos pueden decir que lograron algo así". Y otro argentino, Francisco Aníbal Cibeyra -jugó 98 partidos en Primera; vistió las camisetas de Boca, River, Unión y Atlanta- se ganó el apodo de "El Loco de los goles olímpicos" con una hazaña deportiva propia de un cuento de Eduardo Saccheri: en 1978, con la camiseta del Emelec, convirtió tres tantos olímpicos consecutivos en tres clásicos contra el Barcelona. Por las calles de Guayaquil, cuando se habla del Clásico del Astillero, a Cibeyra todavía lo recuerdan. Hay otro fundador que no es argentino: nacido en Barranquilla, el colombiano Marcos Coll es el único futbolista en convertir un gol olímpico en una Copa del Mundo. Sucedió en 1962, en Arica, en el 4-4 ante la Unión Soviética. En el arco había un mito inmenso que jerarquizó el logro: Lev Yashin. Ellos, los especialistas que llegaron luego, fueron el perfecto tributo a aquel fundador, el enorme Onzari.

WALDEMAR IGLESIAS
“El fundador del gol olímpico”
(clarín, 15.01.14)

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