31.8.06

Isabelle Huppert dixit

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“Un guión, aunque difiere de director a director, nunca dice toda la historia, siempre hay elementos que necesitan ser inventados. Tan pronto uno decide tomar un papel después de leer un guión, esos elementos comienzan a caer en su sitio. Un carácter empieza a tomar forma. Sin importar si la información es amplia o no, le aparece a uno, extrañamente, como un fantasma. Desde ese momento, uno sabe si sí o si no, esa aparición es capaz de pasar por uno, si hay un punto de encuentro”

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“En la vida, vemos al otro, cara a cara. En el cine, uno se asombra al descubrirse desde otro ángulo. Pero al mismo tiempo, no hay obligación de mirarse. Serge Daney dice que el trabajo de los actores es hacer películas y el trabajo del espectador mirarlos”

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“No trato de simpatizar con mis personajes. Sólo trato de empatizar con ellos. Trato de entenderlos. Si simpatizara, los volvería ideales, con características románticas distintas a lo que son”

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“Una gran película es siempre una metáfora para la dirección. Un gran director siempre dice lo que piensa del cine a través de su trabajo, aunque sea una historia de ficción. Siempre es una reflexión sobre lo que es ser director, lo que es una película, lo que es el público”

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“No creo que uno actúe los caracteres, uno actúa estados mentales. Un carácter es completamente incomprensible para mí. Una busca estados mentales y trata de vincularlos a ellos”

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“Actuar es el modo de vivir de un insano”

Fuente: www.us.imdb.com

30.8.06

buscando desesperadamente a Ruth

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LA CONDESA BLANCA

Cuando se nombra a James Ivory, salta al unísono otros dos apellidos: Merchant (Ismail, su productor) y Prawer Jhabvala (Ruth, su guionista). Este equipo ha logrado hacer cosas como “La mansión Howard” o “Un amor en Florencia” o “Lo que queda del día”, entre tantos títulos (algunos supremos, otros medianos, otros decididamente malos).

En general, las películas del trío Ivory-Merchant-Prawer Jhabvala, oscilan en la cuerda floja de la sutileza, describen a personajes que se mueven en estructuras rígidas, siguiendo pautas y convenciones impuestas por la sociedad, patrón tradicional descriptos en algún momento clave de cambio histórico. Los personajes de las películas de Ivory son dinosaurios, pero ellos no lo saben. Todo cambia, todo cruje alrededor, todo está por derrumbarse, todas las reglas están por ser reemplazadas por otras. Pero ellos siguen domesticados en esas normas con las que se educaron, sin darse cuenta que la realidad se les escurre como arena entre los dedos.

“La condesa blanca” es la última película de James Ivory y la última que produjo con Ismael Merchant, que falleció en mayo de 2005. Y para esta ocasión, Ivory prefirió contar con los servicios del novelista japonés Kazuo Ishiguro en el guión. Y la ausencia de su guionista predilecta se nota, porque “La condesa blanca” es una de esas historias de dinosaurios, pero a la que le falta ese clima sutil de sus mejores películas.

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Una aristócrata rusa venida a menos que se gana la vida en salones de baile; un ex diplomático norteamericano, ciego, que sobrelleva la muerte de su familia y el fin de su sueño, la formación de la Liga de las Naciones, creando otro sueño: un bar, burbuja donde aislarse en la Shanghai previa a la Segunda Guerra Mundial; un oscuro funcionario del Japón militarista a punto de colaborar en la invasión a China con un régimen títere. Estos tres personajes se cruzan, en una relación simbiótica, en dosis iguales de destrucción y redención.

El personaje mejor construido es el de Todd Jackson, el diplomático que encarna Ralph Fiennes, en una buena labor. Su complejidad psicológica engancha muy bien con el personaje del conspirativo Matsuda, el operador japonés que lo ayuda con el sueño de un bar. Pero el personaje de Natasha Richardson, la Condesa Blanca del título, no termina de encajar en esta historia, más allá de darle al relato cierto tono folletinesco.

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A “La condesa blanca” le falta un poco más de poesía, de sutileza en la interacción de los dos personajes centrales, un poco de esos pequeños detalles que retratan el cuadro sin expresarlo en palabras (habilidad en la que se destaca Ruth Prawer Jhabvala). La trama termina siendo muy descriptiva, sin que ese detalle tenga peso dramáticamente.

La familia política de la Condesa (incluyendo la hija) parece sobrar en la funcionalidad de la historia, pese a que cuenta con las hermanas Redgrave (Lynn es la tía de Natasha Richardson, la protagonista, hija de Vanessa). Nótese que la inclusión del personaje de la hija de la Condesa, pudo tener más injerencia en el cambio del protagonista (de la desesperanza a la búsqueda de otra oportunidad). Pero tampoco se aprovecha plenamente.

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Escenas: la visita de la Princesa Vera (exquisita Vanesa Redgrave) con su marido, al consulado ruso; la charla final entre Matsuda y Jackson. Frases: “Marsha, todas nos hemos enamorados de vez en cuando… para alimentar a nuestros hijos”; “Las mujeres, por supuesto, deben ser elegidas tan cuidadosamente como los guardias. Necesita una especie de equilibrio entre lo erótico y lo trágico”; “¿Ése es nuestro ciego, no?”; “Crecí con gente que creía en grandes puertas pesadas, como usted. Pero esas puertas no eran tan pesadas al final”; “Próximamente su gran sueño se hará realidad y aplastará a mi pequeño mundo aquí. Al igual que todos los otros pequeños mundos. Pero es la naturaleza de las cosas”; “Lo que voy a decirle puede hacerme quedar como un entrometido, pero ha sido mi privilegio observarlo de cerca los últimos tiempos. Y me pregunto si quizás, no ha llegado el tiempo para que usted considere construir otro mundo. Tal vez, un mundo con su Condesa”.

CONSEJO: esperar al video.

29.8.06

oído interior

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El cuento favorece lo tácito; obliga al lector a entrar en actividad y discernir explicaciones que el escritor evita. Como ya he dicho, el lector debe reducir la velocidad, con toda deliberación, y ponerse a escuchar con el oído interior. Una atención de este tipo nos permite captar de pasada lo que dicen los personajes, además de escucharlos; piensa en ellos como si fueran tus personajes, y reflexiona no tanto sobre lo que se nos cuenta acerca de ellos sino sobre lo que está sugerido o implícito. Al contrario de lo que ocurre con la mayoría de las figuras novelísticas, el primer plano y el fondo dependen en gran medida del lector, de su aprovechamiento de los indicios que el escritor proporciona sutilmente.

HAROLD BLOOM
“Cómo leer y por qué”

28.8.06

domingo, 22.08.1806 – el libro de los juramentados

Beresford envió cartas al gobernador de Montevideo,
Ruiz Huidobro
protestando por las derivaciones de la negociación de la capitulación y reclama al gobernador que ordene a
Liniers
el embarco de las tropas británicas.

Tanto Ruiz Huidobro como Liniers tardarían unos días en responder las misivas de Beresford. Pero este domingo, Beresfor recibió, en nota oficial, el pedido de Liniers del cuaderno donde estaban registrados los nombres de los vecinos porteños que habían jurado, voluntariamente, su fidelidad a Su Majestad Británica. Beresford aduce haber perdido el cuaderno, en el fragor de la Reconquista, pero le hace llegar el listado de oficiales que juraron. Aprovecha la nota, para insistir en su pedido de que no se retrasara el embarque de los soldados ingleses.

El valioso cuaderno con el nombre de los juramentados no había desaparecido. Estaba en manos del capitán Alexander Gillespie quien lo entregó al Foreign Office en 1810, al Honorable Spencer Perceval. Quedan registros del recibo del cuaderno, con fecha 4 de septiembre de 1810, “Recibido este día, de manos del capitán Alexander Gillespie, de los marinos reales, un libro, conteniendo los juramentos de lealtad a Su Majestad Británica, firmados en Buenos Aires en el curso de julio de 1806, por cincuenta y ocho habitantes de esta ciudad, junto con las palabras de los oficiales españoles y criollos del ejército regular y provincial de Buenos Aires”.

Ya a principios del siglo XX, el cuaderno había desaparecido de los archivos oficiales británicos. La suposición de Bernardo Lozier Almazan es que el cuaderno pasó por las manos del marqués de Wellesley, cuando fue Ministro de RR.EE. y que hoy forma parte de su colección personal. O, tal vez, haya sido destruido para salvar el nombre de aquellos que juraron fidelidad a una potencia extranjera que había ocupado la ciudad.

“De los seis miembros que constituyen la primera junta revolucionaria de Buenos Aires, tres se registran en esa lista” escribió Gillespie a Perceval cuando entregó el cuaderno en 1810. Se sabe que Saavedra y Castelli estaban entre esos 58 nombres.

(Éste y otros posts sobre las invasiones inglesas pueden consultarse en: http://invasionesinglesas.blogspot.com)

27.8.06

la verdad te hará desesperar

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Por irracionales que sean, la esperanza y la alegría tienen más fuerza que la desesperación, y en última instancia son más perniciosas. Leo "El beso" y me repito una observación que hice una vez por escrito: el evangelio de Chéjov es "Sabrás la verdad y la verdad te hará desesperar"; sólo que este genio lúgubre insiste en ser alegre.

HAROLD BLOOM
“Cómo leer y por qué”

26.8.06

en la ratonera

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16 CUADRAS

En un momento de “16 cuadras”, los protagonistas se meten en una ratonera: cercados por la policía, dentro de un autobús. La pregunta que le surge al espectador no es “¿cómo van a salir los protagonistas de esto?”, si no, “¿cómo va a salir el guionista del berenjenal en que se metió?”. Richard Wenk lo hace del modo que vino desarrollando la película hasta ahí: a los ponchazos. Se manda un “deus ex machina” (copiándole una escena a una vieja película de Clint Eastwood, cuando todavía era Harry, el Sucio) y eso marca la tónica de este filme: interesante idea, malísimo guión.

“16 cuadras” parte de una idea que puede dar para un clásico de acción. Policía alcohólico destruido recibe un encargo rutinario: llevar a un preso de la prisión a Tribunales, donde declarará en una causa judicial. En el camino (16 cuadras, cerca de hora y media a ritmo de patrullero en Nueva York), unos tipos quieren acabar con el testigo. Deducción 1: no es un testigo común. Poco después, el policía se da cuenta que los que le tiran, son tan policías como él. Deducción 2: está solo en la ciudad. Deducción 3: están todos contra él.

Un buen guión, hubiera trabajado la dinámica entre los dos personajes, el preso y el policía; hubiera diseñado con precisión las escenas de acción, cómo y dónde escapar, con qué recursos cuenta el policía (al borde de la borrachera) para zafar y seguir hacia delante, hacia los tribunales que parecen inalcanzables. En el medio debe haber traiciones, redenciones, complicidades, violencia.

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Bueno, “16 cuadras” carece de todo eso. No es el mecanismo de relojería preciso que necesitaba esta historia. Anda a los tumbos, sin muchas ganas ni eficacia, pese a que cuenta con un buen elenco (Bruce Willis y David Morse se llevan las palmas) aunque el tono elegido para Mos Def (el preso) se vuelve insoportable.

Que Richard Donner (el director de la saga de “Arma mortal” o “Superman”) arriesgue su nombre con tanto desgano, no deja de asombrar. El filme podría haber sido un buen producto para el video, sin demasiadas luces, pero alcanzando el listón. El resultado, no llega ni a eso.

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Escenas: nos quedamos con la escena del bar, que termina con un disparo de Bruce Willis. Frases: “¡A la mierda con la verdad!”; “Cuando me desperté esta mañana, no pensé que terminaría intercambiando disparos con mi amigo”; “No puedes tener suerte todo el tiempo, Jack”, “Pero puedes ser inteligente todo los días”; “Creo que despertamos al hombre”.

CONSEJO: dejar pasar.

25.8.06

el egoísmo de leer

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Sin duda los placeres de la lectura son más egoístas que sociales. Uno no puede mejorar directamente la vida de nadie leyendo mejor o más profundamente. Por tradición, la esperanza social siempre ha sido que el crecimiento de la imaginación individual estimulara el cuidado por los otros. Yo me mantengo escéptico respecto de la esperanza social, y tomo con gran cautela cualquier argumento que vincule los placeres de la lectura solitaria al bien público.

HAROLD BLOOM
“Cómo leer y por qué”

24.8.06

trabajo en equipo

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VECINOS INVASORES

Un más que simpático filme de animación. Tal vez no bucee en las profundidades metafísicas de los productos de PIXAR, pero “Vecinos invasores” es una de esas historias sólidas, con personajes bien delineados, graciosos gags y una moraleja, simple, pero moraleja al fin. La película será del agrado de los pibes y de los padres y todos quedarán contentos. No es poco en estos tiempos de celuloides poco imaginativos.

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RJ más que mapache, es un turro que aprovecha cualquier ocasión para aprovecharse de los otros. Por imperio de las circunstancias, cede a la tentación y trata de robarle toda la comida acumulada por el oso Vincent. Las cosas no salen como piensan: destroza la comida y el oso amenaza con comerlo si no devuelve todo lo perdido, antes de una semana. Allí va RJ rebuscándosela para conseguir lo destruido, cuando se topa con un grupo de inocentes animalitos del bosque, liderados por una prudente tortuga: Verne. Y RJ ve la oportunidad para que los bichos laburen para él, aprovechando el desarrollo urbano que emergió a metros de dónde habían hibernado sus nuevos amigos.

Esa es la historia de “Vecinos invasores”: las idas y vueltas de RJ para manipular a sus nuevos “amigos” y la lección que aprende, sobre la pertenencia a una familia y cuán conveniente es pisar cabezas para sobrevivir.

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En su simpleza, el guión de “Vecinos invasores” no ha dejado ningún flanco débil, ni en las características de los personajes secundarios, ni en el delicioso detalle de algunos caracteres. Pongo como ejemplo la histérica vecina que impone reglas al vecindario (Gladys) o el exterminador sádico (Verminator).

Sin pretender en ponerse profundos, tiran un par de bajadas de líneas al consumo excesivo, a la búsqueda de bienes materiales como camino a la felicidad y a la histeria cotidiana que nos invade como sociedad de consumo.

Como dato: en la versión en inglés, están las voces de Bruce Willis, Garry Shandlin, Wiliam Shatner, Nick Nolte, Thomas Haden Church, entre otros notables. Hay una escena más al finalizar todos los títulos. No se vayan.

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Escenas: la secuencia del robo al oso; el rescate de Verne y sus amigos; la lucha entre el oso y los vecinos, cerco por medio; el robo a la casa; la escena entre el gato persa y la zorrina.

Frases: “¡No, Hammy, no esa galletita! ¡Te dije que era basura!”, “Pero yo quiero esa galletita”; “Eso es una 4 x 4. Los humanos montan en ellos porque, lentamente, están perdiendo su capacidad para caminar”, “¡Oh, es terrible!”, “¿Y cuántos caben en él?”, “Usualmente, uno”; “¡Yo soy una loca ardilla rabiosa! ¡Y quiero mis galletitas!”; “Creí que estabas muerta”, “Aprendí del mejor”; “Creí que estaríamos muertos para el paso dos, así que vamos muy bien”; “Los humanos siempre tienen comida con ellos. Nosotros comemos para vivir… ¡ellos viven para comer!”; “Para los humanos, suficiente, ‘nunca’ es suficiente”.

CONSEJO: para los seguidores del cine animado. O padres o tíos con niños insoportables el fin de semana.

23.8.06

jueves, 12.08.1806 – la noche de la reconquista

Esa noche del 12 de agosto, la población festejó ruidosamente en las calles, la Reconquista de la ciudad de Buenos Aires. “La mayor parte se refugió en el fuerte la noche del 12 para evitar los ultrajes de una plebe frenética, que parecía asumir para sí el poder soberano” describe Alexander Gillespie.

Los soldados ingleses habían sido alojados en las dependencias del Cabildo, edificio que se mostraba inadecuado para alojar a tal número de personas. Eso provocó la queja airada de los soldados del Regimiento 71. “Sin refrigerios, y mezclados en la inmundicia, nuestros hombres permanecieron muchas horas en aquella prisión hasta ser distribuidos en otros sitios, y los oficiales, exceptuando los que habían contraído intimidad con familias particulares en tiempos más felices, quedaron librados a sus propios recursos” cita Gillespie.

A pedido de Liniers, Beresford fue alojado en la casa del Ministro de la Real Hacienda, don Félix Casamayor“Debiendo alojar con decoro al Señor General de las Tropas Británicas don Guillermo Carr Beresford me ha parecido destinar su casa de Vuesa Merced al efecto, donde se servirá Vuesa Merced hospedarlo con sus edecanes –Dios guarde a Usted muchos años” escribió Liniers. La amistad que Casamayor había cosechado con Beresford, cuando era gobernador, provocó la sorna del vecindario que distribuyó estos versos populares:

Si dándole casa grande
aún quiere Casa Mayor,
denle toda la ciudad
al señor Carr Beresford;
y de este modo tendremos
alguna nueva invasión
con las siniestras ideas
de tener Casa Mayor.


Por la anarquía de esa noche, no pudieron evitar saqueos, especialmente en las casas de aquellos que colaboraron con los ingleses, durante su ocupación. “En esta Capital fueron varias casas sorprendidas por los Miñones luego que la tomaron” cuenta Gaspar de Santa Coloma “porque traían una lista de Montevideo de los que corrían con negociaciones inglesas. Fue la de Romero, la de Marcó, Vivar y Perison (Perichón). En ésta sacaron cuanto géneros había en ella, y en la de Romero pusieron guardia para custodia de los efectos, pero muchos se extraviaron”. Ni el Fuerte quedó a salvo, al desaparecer un juego de cubiertos de plata, prestados a Beresford por un vecino, amén del dinero que faltó de las Cajas Reales.

En esa misma noche de desbordes y robos, los familiares de los caídos en la batalla, recorrían las calles en busca de los cuerpos de sus parientes y amigos. Los soldados ingleses heridos fueron atendidos en el hospital de la Residencia.

(Éste y otros posts sobre las invasiones inglesas pueden consultarse en:
http://invasionesinglesas.blogspot.com)

22.8.06

el demonio vestido de azul

el cine y su música

(c) Jorge Luis Viera.



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Devil In A Blue Dress.
Elmer Bernstein.
Columbia 481379 2.


Walter Mosley es un extraño caso de incorporación tardía al mundo de la creación literaria. En 1990, con casi 40 años de edad, publicaba El Demonio Vestido de Azul y sorprendía al género noir con su primera novela, que fue incluida ése mismo año entre las candidatas al prestigioso premio Edgar. Rápidamente el medio cinematográfico compró los derechos que la convertirían en una película, cosa que ocurrió en 1995, con Carl Franklin como director y un Denzel Washington como el protagonista de la novela, Ezequiel Rawlins. La popularidad alcanzada por Easy, además, permitió a Mosley reencontrarse con él repetidas veces a lo largo de la década del noventa, llegando a producir una serie de seis novelas, cuyo último volumen, Gone Fishin, es curiosamente una precuela.

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La acción de El Demonio Vestido de Azul transcurre en el Los Angeles de 1948, con la ciudad en pleno auge. Al protagonista, Ezekiel “Easy” Rawlins un un veterano de la Segunda Guerra Mundial, acaban de despedirlo de su trabajo y tiene que pagar la hipoteca de su casa. Desesperado por la falta de dinero, Easy se ve obligado a aceptar un extraño encargo: encontrar a Daphne, una mujer blanca desaparecida hace pocos días, prometida de un rico aristócrata aspirante a la alcaldía y cuya única pista es su afición por frecuentar clubes “negros” nocturnos, donde el jazz, la bebida y el sudor siempre se mezclan en partes iguales. Lo que en principio parece un trabajo fácil se convertirá en una pesadilla para Rawlins, el cual se verá perseguido, golpeado y además envuelto en dos violentos asesinatos cuyas causas señalan a ésa misteriosa mujer vestida de azul que está buscando.

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Lejos de ser un producto exclusivamente dirigido al entretenimiento, la película constituye además un fresco muy ilustrativo de los años de la posguerra estadounidense y cómo afectaron a la población negra de una ciudad como Los Angeles. Cuenta, además, con uno de esos personajes que engrandecen la historia por sí mismos. Mouse, amigo de la infancia, es una auténtica versión violenta de Easy. Siendo un asesino sin escrúpulos, se convierte en el complemento necesario de un protagonista muy humano y por lo tanto, débil. Mouse es también un superviviente nato, pero de una clase distinta. Carente de escrúpulos, se mueve en el bajo fondo como si fuera su propio hogar y para quien la amistad sirve para hacer dinero.

El film, fue nominado a 14 diferentes premios y uno de sus principales promotores –devenido posteriormente productor– fue el director de Silence Of the Lambs, Jonathan Demme.

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Entretanto, la película es acompañada por la excelente banda sonora del genial Elmer Bernstein (no confundir por favor con Leonard) artífice de otra recordada música para el cine, nada menos que El Hombre del Brazo de Oro (The Man with the Golden Arm. Otto Preminger, 1960). En el film, además, se escuchan grandes intérpretes de jazz como Duke Ellington, Thelonious Monk y Amos Milburn, entre otros. Lamentablemente, poco se puede disfrutar del creador de To Kill a Mockingbird (1962) ya que el álbum oficial sólo contiene tres temas: Theme From Devil In A Blue Dress, Malibu Chase y End Credits, que totalizan cerca de ocho minutos.

Pero, no todas son malas noticias, ya que existe CD un promocional con la banda sonora completa (Denzel 9811), aparecido poco tiempo después, un poco difícil de conseguir, pero que realmente vale la pena.

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Con personajes creíbles, escenarios atractivos, una trama ingeniosa, ambiente negro y una atractiva femme fatale el film es una gran obra, que recuerda al mejor Raymond Chandler pero de forma más moderna, con voz propia. Una joya en su género.

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Está nota puede consultarse en: http://elcineysumusica.blogspot.com

21.8.06

cartas del mazo

Varios saludos de visitantes de “Libreta Chatarra”. En primer lugar, nuestro agradecimiento a Vanina Berghella que nos mandó un correo agradeciendo el extracto de su nota en “La Nación” sobre la cerveza Duff. Gracias a vos, Vanina y recomendamos tu sitio: “La propaladora” (http://lapropaladora.wordpress.com) ya en nuestros enlaces predilectos.

Osvaldo Fergnani lanza una consulta al ruedo de los seguidores de la Cadena Catártica del Viejazo del Último Milenio que transcribimos como se debe:

“Viendo la serie Vientos de Agua, apareció en los créditos un nombre que me llevó sin escalas a los '70: CHARLY LEROY. No recordaba ni quien era, pero su imagen fue apareciendo lentamente en mi memoria. Si vieron la serie mencionada, imagino que es el que interpreta a Pablo Vidal.

Pero ese no es el tema de mi consulta. No se porqué el nombre de Charly Leroy me evocó a otro personaje olvidado. Olvidado por lo menos por mí: No consigo recordar su nombre, y por eso acudo en su ayuda. Era muy famoso a fines del 60 y principios de los 70. Era una especie de Disc Jockey con programas de radio y televisión, que hablaba raro, inventaba palabras como "picalungo" para referirse a los long play, además de otras palabras que ya olvidé. Lo auspiciaba alguna organización de Yerba Mate, y repetía frases como: ‘tomá mate y avivate’. Será el Alzheimer o la artero-esclerosis, pero no puedo recordar su nombre. No encontré ninguna referencia en la web, lo que me da que pensar que no soy el único que lo ha olvidado.

Por favor que alguien me recuerde su nombre.

Gracias y hasta siempre”


A ver si se lucen nuestros seguidores y evacuan la duda.

Y un último aporte a la Cadena del misterioso “Citizen 11”:

-El flan “Ravana”
-La gaseosa “Mirinda”


Muchas gracias a todos y vamos la Selección de Básquet que está buscando otro título en Japón. Nos vemos y vayan por la vereda del sol que hace frío.

20.8.06

un par de ovarios

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VOLVER

Trucos de cineasta genial. Pero, al final, trucos. Detrás de toda la pirotecnia Almodóvar, “Volver” es una película incompleta. Algo nos falta. Un toque de emoción, un diálogo brillante, una escena memorable. Podemos identificar todos los guiños que Pedro Almodóvar nos hace desde la pantalla. Pero, el resultado final, sabe a golpes de efecto, a cierta desorientación, como que la historia de Raimunda no hubiera dado todo lo que tenía para dar.

La excusa argumental de “Volver” es la historia de Raimunda, madre de una adolescente, con una hermana separada, que arrastra la muerte de sus padres en un incendio. No es un buen tiempo para Raimunda: debe desaparecer el cadáver de su marido y (aún no lo sabe) el fantasma de su madre se le ha aparecido a su hermana y le pide ir con ella.

“Volver” es un homenaje de Almodóvar a esas mujeronas pueblerinas, auténticas sobrevivientes, capaces de soportar la explotación sexual, la marginación económica, el sufrimiento eterno, afrontando todo con una voluntad sin desmayos. El cosmos de “Volver” es femenino, universo en el que lo masculino es sentido como una amenaza hostil. Hay una escena que retrata este marco social de los personajes. Poco después de ver el fantasma de su madre, Sole (nombre no casual de la hermana de Raimunda) escapa espantada, cruzando los cuartos oscuros de la casa. En un momento, va a corre una cortina, que da a un patio soleado. Pero se detiene en el umbral: el grupo de hombres que asisten al velorio de su tía, la miran con agresividad. Entre los dos miedos, Sole prefiere el de ultratumba: retrocede, escondiéndose. Los hombres son personajes absolutamente accesorios en la trama de “Volver”.

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Las mujeres de “Volver” son solidarias, se apoyan unas a otras, besos sonoros que revelan su complicidad de género. Cofradía genética, se ayudarán, unas a otras, como si supieran que estarán solas cuando llegue el momento del final. Son voluptuosas, desbordan sexualidad (ver la escena de la fiesta, la posta de seducción que Raimunda pasa a su hija), chorrean energía erótica. La vida (y los hombres) las irán consumiendo de a poco, hasta quedar como Irene o la tía Paula, sombras de una sombra, grises fantasmas del pasado.

Almodóvar utiliza la estética de Sofía Loren para delinear las características físicas de su heroína. El arquetipo de la mujer carnal, curvas generosas, pechos desbordando del escote (ganándose varios planos detalle adrede) y caderas generosas (chimento: hubo que ponerle relleno a Penélope Cruz, de cintura menos pronunciada). Para los seguidores de la diva italiana, podrán jugar a adivinar en qué película utilizó los modelos que luce Raimunda en “Volver”.

El problema con el que se encuentra Almodóvar es que para generar ese perfil mediterráneo, no tuvo mejor idea que elegir a Penélope Cruz, uno de esos misterios del cine actual que nos lleva a preguntarnos porqué hay gente mediocre que suele tener más oportunidades, las mismas que se les niega a otros más talentosos. Y vale apurarse a aclarar que, para no ensañarse con Cruz, que en “Volver” están bastante atenuadas sus deficiencias actorales, principalmente por los trucos a los que recurre Almodóvar. Pero sólo basta verla cruzarse con Carmen Maura (llena la pantalla con sus pequeños momentos) en la escena cerca del final, la de la caminata en la noche, para comprobar a quién le cocrresponde la responsabilidad de que la película no vuele. Con otra actriz, tal vez Pedro Almodóvar no hubiera necesitado recurrir a la larga (y demasiado explicada) escena comentada, con brochazos de explicación de folletín (género del afecto del director manchego).

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Algunas pinceladas poéticas (la hermana oliendo la bicicleta; el diálogo final entre Agustina e Irene; la misma posibilidad del fantasma) enaltecen algunos momentos del filme. Tal vez falta un poquito más de eso, para elevar el nivel dramático de la película. Nos quedamos con Carmen Maura, con Lola Dueñas (como Sole) y con Blanca Portillo (como Agustina).

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Escenas: el traveling inicial de las mujeres limpiando las tumbas; Cruz “doblando” “Volver” de Gardel y Lepera (la voz de Estrella Muriente, con un doblaje intencionadamente a destiempo); la charla final entre Agustina e Irene; el encuentro entre Sole y el fantasma de su madre.

Frases: “Ahora vete o me vas a hacer llorar. Y sabes que los fantasmas no lloran”; “Si te sirve de algo, yo no lo maté”; “Tu padre era del pueblo… está muerto”.

CONSEJO: se puede esperar al video. Pero es una película de Almodóvar. ¿Si no después de qué va a hablar?

19.8.06

leer bien

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Leer bien es uno de los mayores placeres que puede proporcionar la soledad, porque, al menos en mi experiencia, es el placer más curativo. Lo devuelve a uno a la otredad, sea la de uno mismo, la de los amigos o la de quienes pueden llegar a serlo. La lectura imaginativa es encuentro con lo otro, y por eso alivia la soledad. Leemos no sólo porque nos es imposible conocer bastante gente, sino porque la amistad es vulnerable y puede menguar o desaparecer, vencida por el espacio, el tiempo, la comprensión imperfecta y todas las aflicciones de la vida familiar y pasional

HAROLD BLOOM
“Cómo leer y por qué”

18.8.06

la sitcom del capitán Sparrow

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LOS PIRATAS DEL CARIBE 2: EL COFRE DE LA MUERTE

Por momentos, parece que esta segunda parte de "Los piratas del Caribe" fuera una sitcom de Sony. Jack Sparrow revolea los brazos y lanza un latiguillo, mientras mira a cámara esperando las risas pregrabadas. Si en la primera parte, los personajes nos guiñaron el ojo, haciéndonos cómplices de la memoria emotiva de las historias de piratas, en esta secuela se les fue la mano y, en todo momento, parecen decirnos: "Ojo que todo esto es joda".

"Piratas del Caribe 2: El cofre de la muerte" peca de varias cosas. Un guión confuso, efectos especiales no funcionales a la trama, una puesta en escena demasiado paródica. A esta segunda parte, le falta la espontaneidad que tenía su capítulo inicial. Por más fuegos artificiales que veamos, por más despliegue de estructuras móviles, tentáculos gigantescos o maquillajes bizarros, la acción es mínima. Es más: en la primera media hora y media larga, el filme aburre. No se sabe bien para qué lado avanza. Ni qué están buscando los personajes. Ni porqué.

Si "Piratas 2" levanta un poco de vuelo, es en el tercio final, cuando aflora la química entre Keira Knightley y Johnny Depp. Los diálogos picantes, las miradas sugerentes, el contrapunto actoral nos da los mejores momentos del filme. La aparición de cierto personaje del primer capítulo, que preludia el final en una trilogía de próximo estreno, levanta la temperatura. Esto es: "Piratas 2" mejora cuando promete lo que va a venir, más que cuando nos da lo que viene.

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Insistimos: ni el presupuesto de varios cientos de millones, ni los efectos especiales, ni el elenco de estrellas, salvan a una película. Todo eso puede darle brillo. Pero, para que la figura sea armónica, hay que mirar bajo la superficie, en la estructura: el guión es el núcleo de toda película. Si "Piratas 2" cansa en la primera mitad, es porque detrás de tantas corridas y gags, no hay nada; si mejora en el desenlace, es porque los personajes empiezan a mostrar una historia: la tesis de si es cierto que todos tenemos un precio, si todos somos capaces de hacer algo malo, para lograr lo que queremos. Cada personaje, en ese desenlace, enfrenta esa decisión. Y la tercera parte sugiere que querrán borrar, con un derroche de valor, el precio que pagaron en esta segunda parte.

Un apunte aparte: inevitable comparar el desenlace de esta mitad (con un personaje "desaparecido" que debe ser buscado por sus amigos) con la memorable "El imperio contraataca".

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Nos quedamos con el bomboncito Keira Knightley (una de las predilectas de esta casa), a Johnny Depp lo pasamos de largo en esta ocasión y, lamentamos, que Bill Nighy (oculto detrás de la máscara con tentáculos de Davy Jones) no haya tenido un papel de más desarrollo.

Escenas a destacar: el ataque final de Jack Sparrow con el Kraken; el diálogo entre Elizabeth y Sparrow en el Perla Negra; la aparición final del capitán Barbossa; la secuencia de las ruedas giratorias en la selva.

Dos cosas para criticar: cierta morbosidad innecesaria (más si el público objetivo son los chicos) y la inclusión de una última escena, después de los interminables títulos finales. No vale la pena quedarse a verla, es un gag final, un tanto pavo, pero no tan importante para pelearnos con los pibes que limpian la sala, esperando que pasen todos (pero todos, eh) los créditos.

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Frases: “Maldito, Jack Sparrow”; “¿Y cuál es su historia, marinero?”, “¿Mi historia? La misma que la de ustedes, sólo que un capítulo antes”; “Únete a mi tripulación”; “¡Elizabeth! (A GIBBS) ¡Esconde el ron!”; “Jack, las cartas, ¡devuélveme las cartas!”, “Persuádeme”; “Lord Beckett quería el contenido de ese cofre. Yo lo traje y tengo mi vida de nuevo”, “¡Ah! El lado oscuro de la ambición”, “Yo prefiero verlo como la promesa de una redención”; “¿Se atreverían a navegar hasta el fin del mundo?”; “Quiero encontrar al hombre que amo”, “Profundamente halagador, pero mi primer y único amor es el mar”; “Tienes mi pago. Un alma se ha ofrecido para servir en tu barco”, “Un alma no es igual a otra”, “¡Ajah! Así que hemos establecido mi propuesta como un principio. Sólo tenemos que regatear el precio”

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“Habrá una ocasión en la que tendrás la oportunidad de hacer lo correcto”, “¡Amo esos momentos! Amo verlos venir y dejarlos pasar”; “¿Qué están apostando?”, “Lo único que tienen: años de servicio”; “¡Hola, bestia!”; “Sólo es un barco, camarada”; “Volverás. Yo sé que eres un buen hombre”; “Yo soy el mar”; “¿Por qué pelear cuando podemos negociar?”; “Está tras de ti, no del barco… no de nosotros. Es la única manera, ¿no lo ves?... Lo siento”, “Pirata”; “La vida es cruel. ¿Por qué lo que sigue debería ser diferente?”; “Un cierto pirata llamado Jack Sparrow”, “¡Capitán Jack Sparrow!”; “Sabes, los pantalones no te quedan. Debería ser un vestido o nada. Y sucede que no tengo un vestido en mi camarote…”.

CONSEJO: ¿qué querés que te diga? Si te gustó la primera, la vas a ver igual; si no te gustó, ni pintás por el cine. No importa lo que te aconseje, tu decisión está tomada.

17.8.06

Basho

La idea del viaje —un viaje desde las nubes de esta existencia hasta las nubes de la otra— está presente en toda la obra de Basho. Viajero fantasma, un día antes de morir escribe este poema:

Caído en el viaje:
mis sueños en el llano
dan vueltas y vueltas.


En una forma voluntariamente antiheroica la poesía de Basho nos llama a una aventura de veras importante: la de perdernos en lo cotidiano para encontrar lo maravilloso. Viaje inmóvil, al término del cual nos encontramos con nosotros mismos: lo maravilloso es nuestra verdad humana. En tres versos el poeta insinúa el sentido de este encuentro:

Un relámpago
y el grito de la garza,
hondo en lo oscuro.


El grito del pájaro se funde al relámpago y ambos desaparecen en la noche. ¿Un símbolo de la muerte? La poesía de Basho no es simbólica: la noche es la noche y nada más. Al mismo tiempo, sí es algo más que la noche, pero es un algo que, rebelde a la definición, se rehúsa a ser nombrado. Si el poeta lo nombrase, se evaporaría. No es la cara escondida de la realidad: al contrario, es su cara de todos los días... y es aquello que no está en cara alguna. El haikú es una crítica de la realidad: en toda realidad hay algo más de la que llamamos realidad. Simultáneamente, es una crítica del lenguaje:

Admirable
aquel que ante el relámpago
no dice: la vida huye...


Crítica del lugar común pero también crítica a nuestra pretensión de identificar, significar y decir. El lenguaje tiende a dar sentido a todo lo que vemos y una de las misiones del poeta es hacer la crítica del sentido. Y hacerla con las palabras, instrumentos y vehículos del sentido. Si decimos que la vida es corta como el relámpago no sólo repetimos un lugar común sino que atentamos contra la originalidad de la vida, contra aquello que efectivamente la hace única. La verdad original de la vida es su vivacidad y esa vivacidad es consecuencia de ser mortal, finita: la vida está tejida de muerte. Pero al decirlo convertimos en dos conceptos, vida y muerte, la vivaz y fúnebre unidad vida-muerte. ¿Hay un lenguaje que diga, sin decirla, esa unidad? Sí, el haikú: una palabra que es la crítica de la realidad, una realidad que es la burla oblicua del significado. El haikú de Basho nos abre las puertas de satori: sentido y falta de sentido, vida y muerte, coexisten. No es tanto la anulación de los contrarios ni su fusión como una suspensión del ánimo. Instante de la exclamación o de la sonrisa: la poesía ya no se distingue de la vida, la realidad reabsorbe a la significación. La vida no es ni larga ni corta sino que es como el relámpago de Basho. Ese relámpago no nos avisa de nuestra mortalidad; su misma intensidad de luz, semejante a la intensidad verbal del poema, nos dice que el hombre no es únicamente esclavo del tiempo y de la muerte sino que, dentro de sí, lleva a otro tiempo. Y la visión instantánea de ese otro tiempo se llama poesía: crítica del lenguaje y de la realidad: crítica del tiempo. La subversión del sentido produce una reversión del tiempo: el instante del haikú es inconmensurable. La poesía de Basho, ese hombre frugal y pobre que escribió ya entrado en años y que vagabundeó por todo el Japón durmiendo en ermitas y posadas populares —ese reconcentrado que contemplaba largamente un árbol y un cuervo sobre el árbol, el brillo de la luz sobre una piedra— ese poeta que después de remendarse las ropas raídas leía a los clásicos chinos— ese silencioso que hablaba en los caminos son los labradores y las prostitutas, los monjes y los niños—, es algo más que una obra literaria: es una invitación a vivir de veras la vida y la poesía. Dos realidades inseparables y que, no obstante, jamás se funden enteramente: el grito del pájaro y la luz del relámpago.

”Tres momentos de la literatura japonesa"
OCTAVIO PAZ

16.8.06

duff beer

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Un día, hace tres años, en México, Rodrigo Contreras Díaz estaba mirando Los Simpsons y tuvo una gran idea: empezar a fabricar en el mundo real la Duff Beer, cerveza de etiqueta blanca y roja, objeto de deseo permanente de Homero Simpson, y la culpable de su barriga.

"Con la mente trabajando en función de la mercadotecnia, uno se da cuenta de que lo más caro de cualquier marca es que todas las personas la conozcan. Me di cuenta de que la serie tiene más de 15 años al aire y se transmite en todo el mundo. Haciendo este pequeño análisis nació la idea de registrar la marca", explica el empresario, de 28 años.

Así, la Duff Beer traspasó la frontera de lo imaginario, y se hizo tan real que es capaz de tomarse. Contreras Díaz se adelantó a los creadores de la serie y patentó -primero en su país, mientras espera la aprobación del mismo trámite en Estados Unidos- la marca y la imagen de la Duff Beer.

(...)

Por ahora, la Duff real sólo se presenta en el tipo original. Y a pesar del argumento de la serie televisiva, la nueva cerveza es un éxito desde que corrió, veloz, por la Web. "Desde que se publicó en Internet, los pedidos han crecido sustancialmente. Hoy hay una producción vendida y pagada de 43.000 cajas de 24 botellas, y en los primeros seis meses se esperan ventas que rebasen las 200.000 cajas", detalla Díaz Contreras.

Por su parte, y ante el aluvión de pedidos, el sitio que la comercializa, www.digitalbox.com.mx, indica que la venta mínima es de cinco cajas. El precio: 12 botellas por 199 pesos mexicanos, es decir, unos 56 pesos argentinos.

(...)

En los años 90, dos australianos tuvieron la iniciativa de crear y comercializar la cerveza Duff. Lion Nathan, fabricante de bebidas, no tuvo mayores problemas. Pero Tara Edith Woodford, residente del estado de Queensland, fue llevada a los tribunales luego de que la compañía cinematográfica Twentieth Century Fox Film Corp. y los creadores de Los Simpsons la denunciaran por "deshonestidad en la obtención de dinero y falsas promesas comerciales", y la obligaran a retirar el producto del mercado. La mujer habría vendido las preciadas botellitas a través del sitio de remates eBay sin tener registrado el producto. Algo increíble de la historia es que, a pesar de esos antecedentes, la Duff Beer aún no estaba registrada.

VANINA BERGHELLA
"Una vuelta para todos"

(la nación, 07.08.06)

15.8.06

jueves, 12.08.1806 - la rendición

Bautista Raymond, un teniente de Mordeille, fue el primero en ver la bandera de parlamento, desde 25 de mayo, y el que le avisó a Liniers en su mando en La Merced. Rápidamente, Liniers envió a su ayudante Hilarión de la Quintana, para recibir la comunicación de Beresford. "Un ayudante de campo del comandante enemigo se me presentó" cita Beresford "Sin embargo, da la situación de las dos partes en lucha, era imposible impedir la continuación del fuego".

La situación se tornaba incontrolable en la plaza, porque las tropas y el pueblo enardecido, continuaba el fuego sobre los ingleses, pese a la bandera de parlamento. "Nunca olvidaré la escena cuando asistí al lanzamiento de la bandera de parlamento, y los vencedores avanzaron sobre nosotros, cerca de 4.000 pelagatos irrumpieron en la plaza, blandiendo cuchillos, intentando nuestra destrucción, los salvajes no respetaron nuestra bandera de parlamento, y disparaban de todas direcciones" recuerda el teniente Robert Fernyhough. "En el instante en que los portones fueron cerrados y el puente elevado, el enemigo abandonó sus escondites y sus soldados se apiñaron contra las paredes del Cabildo y la fortaleza, todos ellos de la peor calaña, que nunca había visto antes y espero no verlos nuca más" recordó el capitán Thomas Pococke.

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Quedaba en claro que Liniers no podía controlar a sus propias tropas y que, dada lo volátil de la situación, cualquier desborde podía terminar en un baño de sangre innecesario. "Habiendo visto entrar en el fuerte a don Hilarión de la Quintana con un tambor, se arrojaron sobre el rastrillo y orilla del foso, viéndome obligado con todos mis oficiales a usar de amenaza para contenerlos" recuerda Liniers en su informe a Godoy, el Príncipe de la Paz, español "y hacerles ver que aún no estaba rendido el fuerte, que la bandera blanca podría ser para pedir una suspensión de armas, etcétera. Verdaderamente, si el general inglés hubiera sido de mala fe, pudo haberla arriado, despachando al ayudante y hacernos un destrozo horroroso, bien que nunca suficiente para quitarnos la victoria, aunque mucho más ensangrentada; pero lejos de tomar tan desesperada determinación, se avino a izar la bandera española".

"Cuando llegué al Fuerte acompañado por un tambor de parlamento, un oficial inglés me presentó a su general" cuenta Hilarión de la Quintana "Le pregunté cuáles eran sus intenciones al solicitar el cese del fuego con una bandera de tregua, y agregué que mi general no aceptaría propuesta alguna que no fuera la entrega de las armas, al tiempo que garantizaba la vida y el respeto de las personas". (Lozzier Almazán aporta esta versión: "Habiendo llegado a la Fortaleza y entrado en ella con el tambor de parlamento, lo recibió un oficial inglés y lo condujo al lugar donde estaba el general Beresford" declara Hilarión de la Quintana, para comunicarle al general inglés "que tuviera entendido que su general no entraba por otro partido que el rendirse a discreción, con la calidad sólo de asegurarles las vidas y respetar sus personas; que el general inglés, sin manifestar repugnancia, se prestó llanamente a la propuesta y así, lo significó" ).

"Como sus soldados se mostraban temerosos de la vociferante turba que se acercaba al Fuerte, lo tranquilicé y nos encaminamos juntos al tope del muro que está encima de la entrada" cuenta de la Quintana "Desde allí solicité a los soldados y al gentío que se retiraran a la espera de la llegada de Liniers, ya que el enemigo se sometía". Beresford trepa a la muralla y se asomó para gritar "¡No mas fogo! ¡No mas fogo!" en portugués, mientras separaba a sus tropas de la muralla para que nadie se tentara a abrir fuego. "La curiosidad me indujo a mirar por encima del parapeto, y en el acto más de cincuenta mosquetes se descargaron sobre mi cabeza desde varios puntos de la plaza, lo que con toda certeza hubiera sido contestado con una pieza de veinticuatro, cargado de metralla, a no habérseme impedido perentoriamente" recuerda Gillespie. Es en este momento que Beresford intercambia algunas palabras con Mordeille que había llegado al foso del fuerte, preguntando si su vida corría peligro, a lo que el corsario francés respondió con que estaba a salvo si se rendía a discreción.

"Pero la multitud no se apaciguó y exigía la espada del general inglés. Éste desenvainó y me la ofreció dos veces. Me negué a aceptarla, diciéndole que debía entregársela al propio Liniers" dice de la Quintana "pero entretanto un oficial inglés que estaba a su lado la tomó y la arrojó hacia la multitud, con la intención, tal vez de calmarla". El oficial que cita de la Quintana es el capitán Robert William Patrick que arrojó la espada al foso. (Paul Groussac atribuye al hecho al propio Beresford, pero esa es una interpretación errónea). La espada fue recogida por Mordeille y devuelta a su poseedor, a pedido de Quintana quien desenrolló su faja, en cuya punta se ató la espada para ser retornada al inglés. "El capitán Hipólito Mordeille, que estaba al pie del muro, recogió la espada y se la devolvió al general Beresford," confirma de la Quintana "que insistió una vez más sin obtener mi aceptación" .

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Estos intentos no apaciguaron a la multitud. "El capitán Quintana, ayudante del general Liniers, observando esta violación flagrante del honor, y después de haberse presentando en el fuerte para negociar las condiciones de rendición con algunos oficiales franceses y españoles, animosamente subió a las murallas y, abriéndose el chaleco y extendiendo ambos brazos en toda su longitud, parecía ofrecerse como víctima al furor desenfrenado de la plebe, y con gestos expresivos censuró su indisciplina con resultado instantáneo" recuerda Gillespie "Si vive, ese joven será un honor para su rey y su patria".

"Pero la muchedumbre insistió en que debía izarse la bandera española en el Fuerte" cuenta de la Quintana "Traduje esa exigencia al general inglés, advirtiéndole que como la turba se mostraba indisciplinada, yo no podría controlarla". Quintana aseguró a Beresford que Liniers, como caballero, no tomaría ese gesto como una rendición. "El general aceptó" continúa Quintana “pero como no tenía la bandera a mano, el gentío descubrió una escondida por un marinero de la misma expedición, y el propio general Beresford dio la orden de que volvieran a izarla". Uno de los marineros del foso proporcionó la enseña española. La población de la plaza aplacó sus ánimos y se retiró, ocasión que fue aprovechada por Liniers para acercarse fuerte, con la intención de entrar a él. Pero Beresford manifestó su voluntad de salir a recibirlo.

“El coronel Córdoba y el capitán Gutiérrez de la Concha, que avanzaban con sus tropas, solicitaron al general inglés y a sus soldados que dejaran el Fuerte. Beresford preguntó: '¿Quién garantiza la vida de mis soldados?' 'Yo, con la mía' replicó Concha" declara de la Quintana.

Beresford salió acompañado por de la Quintana, Mordeille, Gutiérrez de la Concha y el teniente de navío José de Córdoba, escoltado por una compañía de línea que avanzó los cincuenta metros que lo separaban de Liniers. (Paul Groussac difiere y dice que ni de la Concha ni Quintana, formaban parte de ese grupo que cruzó el puente levadizo del Fuerte). Era tanto el esfuerzo de ese día, para Beresford, que según los testigos, el rojo uniforme del general, pese al intenso frío, parecía negro por la transpiración. Para contener los ánimos de la muchedumbre que se agolpaba sobre los ingleses, Guitiérrez de la Concha (Córdoba para Groussac) gritó: “¡Pena de la vida al que insulte a las tropas británicas!". “Los soldados pasaron entre las tropas españolas" cuenta de la Quintana “que tuvieron dificultades para contener a la multitud”.

Liniers esperaba debajo de uno de los arcos del Cabildo. Se adelantó y abrazó cordialmente a Beresford y lo felicitó por su resistencia. Beresford, en francés, le aclaró a Liniers porque había izado la bandera española, quejándose por la conducta de las fuerzas patriotas ante la bandera de parlamento. Liniers se excusó de la conducta de su gente, atribuyéndola a la falta de conocimiento de las leyes de la guerra y agradeció su disposición. Tras una breve charla, en la que acordaron la forma en que se entregaría el Fuerte. Las tropas inglesas marcharían en formación hacía el Cabildo, donde entregarían las armas y banderas, y serían considerados prisioneros de guerra, para ser canjeados, de inmediato, por los oficiales ingleses, prisioneros bajo palabra de honor en Buenos Aires. Posteriormente, los ingleses se embarcarían para Inglaterra, en cumplimiento de este acuerdo.

Beresford regresó al fuerte y preparó a sus tropas para la rendición. A las tres de la tarde del 12 de agosto de 1806, con sus banderas desplegadas, el ejército inglés salió del Fuerte para su rendición. Encabezaba la marcha el glorioso regimiento 71 de Highlanders, el que ostentaba en su bandera el lema: “Siempre vencedor, nunca vencido". El 26 de abril de 1808, el regimiento recibiría su nueva bandera, en reemplazo de la tomada por las fuerzas patriotas en Buenos Aires, en custodia en el Convento de Santo Domingo. “Bravo 71°, el mundo conoce bien vuestra valiente conducta en la captura de Buenos Aires. Es bien conocido que defendisteis vuestra conquista con el máximo coraje, buena conducta y disciplina hasta el último extremo. Vuestro honor, 71°, permanece intacto" arengó el General Flayd en la ceremonia de entrega del nuevo distintivo.

(Tras la Reconquista, unos versos populares, con el título de "Epitafio al Regimiento 71", se distribuyeron por el Buenos Aires reconquistado, con evidente intención de mortificar al enemigo vencido:

Aquí yace el famoso Regimiento
nombrado del inglés setenta y uno
jamás vencido por enemigo alguno
que en lides mil salió con lucimiento
.)

"Nuestro pequeño ejército, reducido ahora a menos de mil mosquetes, formado en distintos cuerpos, marchó hasta frente al Cabildo, en la plaza principal, por entre dos filas irregulares" recuerda Gillespie “reclamando los oficiales después de franquear el puente levadizo, cuando vieron a nuestros valientes subordinados moverse hacia aquella prisión, cada hombre poniendo en tierra sus armas y sufriendo un riguroso registro antes de entra en ella. Muchos de ellos, al obedecer tal indicación, atestiguaban fuertemente sus sentimientos de indignación estrellando sus armas contra el suelo. Parecía que Liniers hubiese elegido esta guardia de honor para la ocasión ente las heces de sus tropas con objeto de mortificarnos".

Liniers los esperaba en el Cabildo, para asistir a la entrega de las armas. Beresford le entregó su espada, pero Liniers, en gesto caballeroso, lo rechazó. Esa escena es la que está reflejada en la escena pintada por el francés Charles Fouqueray, tela del año 1909, de 3,50 m por 2,50 m, en el Museo Histórico Nacional. En ella se observa, además de Liniers y Beresford, a Pueyrredón, Quintana, Gutiérrez de la Concha (a la derecha de Beresford), Raymond y Córdoba. Detrás de Beresford, está Dennis Pack, con el uniforme del regimiento 71 desgarrado y ensangrentados vendajes.

"La palabra de aquella desdichada mujer desterrada por el delito de Juana Shore, que antes se ha mencionado, dio a conocer un arrebato de orgullo patriótico al contemplar la vista humillante: 'Miren, miren, mis valientes muchachos, a qué cuadrilla de cobardes andrajosos se han entregado'" recuerda Gillespie.

"Si su intención era defender el Fuerte, no había peleado bastante, en cambio si su intención era capitular había peleado demasiado" resumió la jornada Dennis Pack, en una carta desde Luján a un amigo, censurando la actitud de su comandante, el general Beresford, amigo íntimo y futuro cuñado.

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Entre los hechos de ese día, cabe recordar lo sucedido con el Justina, el barco que el día anterior Liniers había tocado, con su cañón desde el Retiro. Los pocos barcos pequeños que les quedaban a los ingleses, se aproximaron lo que pudieron hacia la playa, para disparar a las tropas patriotas. Uno de esos barcos fue el Justina. “El día de nuestra rendición peleó bien y con sus cañones impidió todos los movimientos de los españoles no solamente por la playa, sino en las diferentes calles que ocupaban, también expuestas a su fuego" recuerda Gillespie "Este barco ofrece un fenómeno en los acontecimientos militares, el de haber sido abordado y tomado por caballería al terminar el 12 de agosto, a causa de una bajante súbita del río". El Justina se había acercado demasiado a la orilla, lo suficiente para quedar casi en seco, en una de las bajantes extraordinarias del Plata. El hecho fue aprovechado por un piquete de la caballería de Pueyrredón, entre los que estaba el futuro general Martín de Güemes, que abordaron y tomaron el buque, en lucha cuerpo a cuerpo.

Desde el río, Home Popham había asistido impotente a la reconquista. Trató de disimular el tenor de la victoria, en su parte al Secretario del Almirantazgo: “Espero que Sus Señorías me permitirán observar que, a pesar del chasco que nos hemos dado en la presente expedición, la conquista de Buenos Aires fue ejecutada de un modo altamente honorable a los talentos y carácter militar del general Beresford, y que la bien merecida fama de su ejército ha sido realzada con su conducta gallarda en la defensa de la plaza; mientras que el pérfido español hallará, por poco que piense, que su victoria ha sido adquirida con mengua de su honor".

Un mes después, en su edición del 11 de septiembre de 1806, The Times diría: “El ataque sobre Buenos Aires ha fracasado y hace ya tiempo que no queda un solo soldado británico en la parte española de Sudamérica. Este desastre es quizás el más grande que ha sufrido este país desde el comienzo de la guerra revolucionaria".

“A partir de la era del 12 de agosto de 1806, contemos su origen y carácter militar; desde ese día empezaron a conocer su propia importancia y su poder como pueblo, y aunque tengan poco motivo para regocijarse pro el triunfo sobre nada más que un regimiento efectivo, no obstante, el resultado les infundió una confianza general en sí mismos, un nuevo espíritu caballeresco entre todos y una conciencia de que eran no solamente iguales en valentía, sino superior en número a esas legiones más regulares con que habían cooperado y por la cuales hasta aquí habían sido mantenidos en sujeción tan largo tiempo" resumió con maestría el capitán Alexander Gillespie.

(Éste y otros posts sobre las invasiones inglesas se pueden consultar en: http://invasionesinglesas.blogspot.com)

14.8.06

nosotros teníamos caras

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A propósito de la visión actual de aquellas sombras que debían gesticular tanto para suplir la carencia de voz, recordé la conmovedora secuencia de "El ocaso de una vida" ("Sunset Boulevard"), el film de Billy Wilder de 1950, cuando Norma Desmond - o sea, Gloria Swanson-, diva del mudo, reunida con sus viejos colegas de entonces, hace proyectar en su salón fragmentos de películas de la época y al verlas exclama: "¡Nosotros teníamos caras!". Pensé entonces: "¿Qué valor tiene la cara en un actor de teatro?". No es lo mismo que en el cine, con sus primeros planos que magnifican un rostro hasta dimensiones colosales (siempre me ha asombrado la facilidad con que el público acepta esa convención, en tanto suele rechazar a la ópera por no encontrarla "natural").

Rostros de poderosa atracción visual en la pantalla -esa misteriosa alquimia de la piel y la luz, llamada fotogenia-, a menudo la pierden por completo en el escenario. La admirable estructura ósea de la cara de Katharine Hepburn se imponía en ambos medios con la misma fuerza, y lo mismo cabe decir de Dolores del Río; Alec Guinness resultaba tan convincente en el cine como en el teatro porque nunca tuvo una cara propia, sino que la modificaba según el personaje. A cara limpia, era el hombre más anónimo y vulgar del mundo.

ERNESTO SCHOO
“Máscaras y rostros”
(la nación, 12.08.06)

13.8.06

jueves, 12.08.1806 - la Reconquista

Santiago de Liniers había establecido el plan de ataque para el 12 de agosto de 1806, a las 12 del mediodía, para darle tiempo a Juan Martín de Pueyrredón a su reunión con Guillermo White. Si de esa reunión no salía nada vital para los planes de la Reconquista, el ejército marcharía en tres columna: la primera, la de Liniers, por la calle de la Merced (Reconquista); la segunda, al mando del capitán Gutiérrez de la Concha por Santísimia Trinidad (San Martín), ambas columnas atacando directamente la plaza. La tercera, al mando del coronel de dragones Agustín Pinedo, marcharía por la calle del Correo (Florida), envolviendo la plaza por las actuales calles Rivadavia, Yrigoyen, Bolívar y Defensa. Todas las columnas serían acompañadas por la artillería del Retiro y se dejaban libres las entradas por 25 de Mayo y Balcarce, dominadas por la artillería del Fuerte.

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"El alba del 12 nos mostró las iglesias y las casas llenas de gente, que solamente esperaba la aproximación de Liniers para cooperar en el alzamiento general" señala Alexander Gillespie "Las más de las primeras y todas las últimas dominaban nuestros bastiones del fuerte, y además dirigían los movimientos en las calles de las columnas que tenían debajo".

A primera hora de la mañana, los Miñones y los marineros de Mordeille habían aprovechado la neblina matutina y se habían acercado a metros de la plaza, acantonados en algunos edificios, desde donde empezaron el ataque, sin esperar la orden de Liniers. Eran las 9 de la mañana, cuando se lanzaron a atacar a las columnas inglesas.

"Eran más o menos las nueve y media cuando el enemigo mostró todas sus fuerzas, avanzando grupos considerables sobre nuestro flanco derecho, pasando otros por nuestro frente para ir hacia la izquierda, al mismo tiempo que atacaban de frente" señala Beresford.

"La batalla hacía estragos en todas las avenidas inmediatas al fuerte, pero siempre que un enemigo o boca de fuego se atrevían a combatir abiertamente con nosotros, eran felizmente batidos o tomados" dice Gillespie "tales glorias, sin embargo, se pagaron muy caras, porque finalmente no sirvieron de nada".

Las milicias avanzadas no querían abandonar las posiciones ganadas y demandaban municiones y refuerzos. Liniers tuvo que adelantar el avance y modificó el plan de ataque, lanzando la caballería de milicias de la Colonia y los dragones de Buenos Aires con la artillería, por la calle de Santo Cristo (25 de Mayo) y él mismo tomaba por la Merced (Reconquista) ubicándose en la plazoleta de la iglesia.

"En el transcurso de estos ataques el enemigo dirigió un fuego violento de fusil desde los techos de las iglesias y conventos que a pequeña distancia dominaban el Fuerte y la Plaza" describe Beresford "y a medida que era rechazado en las calles, intensificaba el fuego desde aquellos y desde las casas, que no sólo era más destructor para nosotros, sino de escaso riesgo para ellos".

"Teníamos orden de respetar los santuarios" dice Gillespie "pero se hicieron tan molestos por su fuego de cañoncitos y mosquetería, que no podíamos contenernos de retribuirles con iguales favores, lo que siempre producía una pausa momentánea. Con mi anteojo podía percibir el clero inferior particularmente activo en manejas sus armas y dirigir las tropas que tenían abajo".

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Mordeille y Pueyrredón acudieron a la cita en las Catalinas (aún hoy en pie, en la esquina de Viamonte y San Martín), pero White no se presentó. El ataque se había adelantado por su cuenta y los ingleses se encontraban sitiados por las milicias urbanas. Liniers y Pueyrredón le escribieron a White, informándole que acudieron a la cita en vano y proponían otro encuentro, tan pronto como fuera posible, en la casa de Capdevilla, a la orilla de al ciudad, a la hora que fijara White. Nunca se supo si recibió la carta. Y el propósito de esa entrevista quedó como uno de los grandes misterios de la historia nacional. Para algunos, lo más probable es que fuera la propuesta de un acuerdo de rendición de Beresford, lo suficientemente digno para ambas partes, evitando el derramamiento de sangre de ese día. Para otros historiadores, había una propuesta de Beresford de apoyo a la independencia, buscando dividir al grupo criollo del español, con o sin ayuda de Liniers, por eso la carta había sido dirigida a Pueyrredón.

Liniers estableció su estado mayor (Marcos y Antonio Balcarce, Quintana y Viamonte) en los atrios de la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced, aunque previamente se arrodilló frente al altar del santuario. Anteriormente, Liniers marchó por Reconquista, pasando por la casa de su amante Ana Perichón, entre Sarmiento y Corrientes, quien salió a saludarlo al balcón, arrojándole una flor que el militar recogió con su espada, entre las miradas socarronas de los vecinos.

Avanzado el ataque sobre el fuerte, con la ayuda del pueblo, se emplazó un cañón de 18 libras y un obús en Rivadavia y Perú y dos cañones de 4 libras en Yrigoyen y Perú; del otro flanco, un cañón de 18 libras y un obús en Reconquista y Perón (en la Merced) y un cañón de 4 libras en San Martín y Mitre. Desde esos puntos disparaban a las fuerzas inglesas en la plaza. Desde las torres de San Francisco y San Ignacio, las fuerzas de Liniers tiraban sobre el Fuerte.

Los ingleses resistían desde los altos del Cabildo, la azotea de la Recova y el frente de la Catedral, enfrentando el ataque combinado de seis columnas patriotas. La presión los hizo ir replegándose hacia el fuerte. Los primeros en retroceder fue el punto de la Catedral, ante la presión de la reserva del capitán Gutiérrez de la Concha y los voluntarios de González Vallejos. Les siguieron los hombres del Cabildo, por el ataque combinado, al sur de los blandengues y al norte de la reserva de Gutiérrez de la Concha.

"Nuestra última resistencia se hizo a las once, en la plaza del Mercado, donde el valiente regimiento 71 se formó con cañones en cada flanco y uno en el centro" anota Alexander Gillespie. La plaza del Mercado era la Recova, desde donde dirigía la defensa Beresford, impasible, con la espada debajo del brazo.
Ante el retroceso inglés, avanzan las fuerzas patriotas por el norte y el oeste, asistidos por los granaderos de Chopitea por San Francisco (Moreno) y los marineros del corsario Mordeille por el Hueco de las Ánimas (donde hoy está el Banco Nación).

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Al ver el retroceso del 71, camino a la Recova, Pueyrredón carga al frente de sus húsares, en una acción cruenta con bajas de ambos lados. El 71 no pudo resistir la carga y debió retrocederse. Pueyrredón arrebató la banderola del regimiento 71 de Highlanders al gaitero. Esa acción significó una afrenta personal para Dennis Pack, pues ese gaitero estaba a sus órdenes. La bandera del otro gaitero quedó en manos del mayor chileno Santiago Fernández de Lorca, de paso por Buenos Aires, que la devolvió años después al comandante en jefe del ejército británico, el duque de Cambridge. La bandera que arrebató Pueyrredón está en el Museo Histórico Nacional y una réplica de ella, está en el Museo Pueyrredón en San Isidro.

"Como finta para atraer al enemigo, tan inmensamente superior, el 71 retrocedió, pero sin su deseada consecuencia. Nada podía decidirlo a la lucha abierta con todo su número" describe Gillespie "Cada minuto disminuía el nuestro, y la humanidad exigía que hombres tan valientes no se expusieran como blanco a la puntería de una multitud sanguinaria aunque cobarde".

El edecán de Beresford, su amigo George William Kennet, cae herido mortalmente, al lado del general inglés. Casi al mismo tiempo, Liniers ve caer al suyo, el alférez de navío Fantín que perdería una pierna y moriría de tétanos días después. Conmocionado, pero sin perder su frialdad, Beresford ordena el repliegue hacia el Fuerte. "Varios oficiales habían caído, algunos estaban heridos y el puente levadizo estaba lleno con los que eran llevados en hombros de sus compañeros al fuerte. Una retirada inmediata dentro del fuerte se hizo pronto, después se cerró el portón y se emplazaron dos cañones adentro para defenderlo" cita Gillespie. Beresford es el último en cruzar el puente levadizo.

Algunos hechos heroicos se destacaron en el ataque desordenado de la multitud. Uno fue el de Manuela Pedraza, "la Tucumanesa", esposa de un cabo que entró a la plaza junto a su esposo y mató con sus propias manos al primer inglés que se le cruzó en el camino, siguiendo la lucha con los tiradores. Liniers la nombraría alférez, entregándole el fusil del inglés muerto y la recomendaría con el rey Carlos IV quien la nombró subteniente de infantería con uso de uniforme y goce de sueldo. Otro caso fue el de don Simón, enlazador de los mataderos, quien enlazó a dos soldados ingleses. Al quedar imposibilitado en la batalla, el gobierno le dio permiso para mendigar, convirtiéndose en uno de los mendigos más populares de Buenos Aires.

El pueblo se abalanzó sobre la plaza, empujando los murallones, con los marineros de Mordeille a la vanguardia, trayendo escalas para abordar los muros. "Así rodeados nuestros hombres, iban cayendo muy rápidamente, y no sólo sin poder lanzarse contra el enemigo, sino hasta sin verlo, y como a esta altura de los acontecimientos una prolongación de la resistencia únicamente podía servir para aumentar el número de nuestros muertos y heridos, y como, en el caso de haber sido posible una retirada, yo no podía pensar en dejar que fuesen ultimados los numerosos heridos que yo tenía, resolví izar la bandera de parlamento, que lo fue en el Fuerte" confiesa Beresford. "... izamos bandera de parlamento, que fue admitido por el enemigo en el intervalo, siempre consagrado a la paz, su ejército se precipitó como torrente a la gran plaza, que teníamos por delante, prorrumpiendo en el alarido más horrendo y arrastrando muchos cañones que emplazaron a cincuenta pasos del portón" certifica Gillespie.

Eran las 12 del mediodía del 12 de agosto de 1806. La bandera de la "Union Yack" habían ondeado por última vez en Buenos Aires.

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9.8.06

domingo, 01.08.1806 - Perdriel

Alrededor de las dos de la mañana, algunos porteños pudieron espiar, por los postigos entreabiertos, el paso de los cañones ingleses saliendo de la ciudad. Iban guiados por el traidor Francisco González que extravió dos veces el rumbo hacia Perdriel, por lo "no puede llegar al enemigo antes de las ocho" como escribiera Beresford. "Aunque mis hombres no habían hecho un solo alto desde que salieron de la ciudad, estaban tan ansiosos de atacar al enemigo, que inmediatamente tomé mis disposiciones para el ataque" señala Beresford.

Enfrente, los 800 paisanos de Antonio Olavarría y Juan Martín de Pueyrredón, mal armados y peor disciplinados. "El enemigo daba frecuente vítores a medida que nos aproximábamos" escribe Beresford "y abrió fuego de cañón, pero su resistencia no estaba en relación con el aspecto que presentaba: su línea frontal se deshizo en muy poco tiempo, y en menos de veinte minutos pudimos ver su dispersa caballería revolotear a nuestro alrededor fuera de la distancia de tiro. La falta de caballería me impidió obtener una ventaja completa de nuestro éxito".

"Esa escaramuza no fue notable sino por el atrevido ataque de dos hombres de las filas enemigas, mientras los nuestros avanzaban, contra la persona de aquel jefe (Beresford)" señala por su parte Alexander Gillespie. "Estando bien montados, ganaron desapercibidos la retaguardia del flanco derecho del regimiento 71, y luego dieron una carga furiosa en línea recta hacia el general, cuyos asistentes ocurría se hallaban entonces algo distantes; pero el capitán Arburthnot que estaba cerca contuvo a uno de ellos. El otro, sin embargo, persistió todavía, y hubiera asestado el golpe fatal si el coronel Pack, con su calma habitual, no le hubiese prevenido hasta que el teniente Mitchell ordenó a unas pocas hileras de sus granaderos romper el fuego, que echó por tierra a aquel atrevido aventurero con su caballo".

Ese "atrevido aventurero", no era otro que Pueyrredón que arremetió contra los ingleses con valor y hubiera acabado con Beresford si Mitchell no hubiera matado a su caballo. Cercado por los ingleses, parecía el fin de Pueyrredón, pero Beresford no pudo desenvainar su espada ("por la herrumbre, no salía de su vaina" anota Gillespie). Un audaz jinete embistió a los ingleses y rescató a Pueyrredón, alzándolo sobre la grupa de su montado, acción que llenó de admiración a los británicos por la eximia pericia del jinete. El héroe de la jornada fue don Lorenzo López, alcalde de los pagos de Pilar.

Los criollos se dispersaron y los ingleses volvieron a la ciudad. Cargaron con 22 bajas en la escaramuza que no representó gran cosa en términos militares.

Al atardecer, Beresford regresó con sus hombres a la ciudad, felicitado por los simpatizantes de la ocupación británica.

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8.8.06

el ave roc

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El roc es una magnificación del águila o del buitre, y hay quien ha pensado que un cóndor, extraviado en los mares de la China o del Indostán, lo sugirió a los árabes. Lane rechaza esta conjetura y considera que se trata, más bien, de una especie fabulosa de un género fabuloso, o de un sinónimo árabe del simurg. El roc debe su fama occidental a las Mil y Una Noches. Nuestros lectores recordarán que Simbad, abandonado por sus compañeros en una isla, divisó a lo lejos una enorme cúpula blanca y que al día siguiente una vasta nube le ocultó el sol. La cúpula era un huevo de roc y la nube era el ave madre. Simbad, con el turbante, se ata a la enorme pata del roc; éste alza el vuelo y lo deja en la cumbre de una montaña sin haberlo sentido. El narrador agrega que el roc alimenta a sus crías con elefantes.

En el capítulo 36 de los Viajes de Marco Polo se lee:

Los habitantes de la isla de Madagascar refieren que en determinada estación del año llega de las regiones australes una especie extraordinaria de pájaro, que llaman roc. Su forma es parecida a la del águila, pero es incomparablemente mayor. El roc es tan fuerte que puede levantar en sus garras a un elefante, volar con él por los aires y dejarlo caer desde lo alto para devorarlo después. Quienes han visto el roc aseguran que las alas miden dieciséis pasos de punta a punta y que las plumas tienen ocho pasos de longitud.


Marco Polo agrega que unos enviados del Gran Khan llevaron una pluma de roc a la China.

JORGE LUIS BORGES - MARGARITA GUERRERO
"El libro de los seres imaginarios"

7.8.06

sacate el antifaz

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MI VERANO DE AMOR

En algún momento de la función del miércoles a la tarde en el Atlas Santa Fe, a pocos minutos de terminar la proyección de “Mi verano de amor”, se escuchó la voz (clara y potente) de una de esas señoras que suelen ir en patota al cine, después de tomar el té con sus amigas: “¡Qué película rara, ésta! ¿no?”. Más que película rara, señora, ¡qué película snob! habría que decir. “Mi verano de amor” tiene una interesante idea, desarrollada en forma débil, con diálogos bastante artificiales y cierta morosidad propia del autotitulado “cine arte”.

Para algún apurado, “Mi verano de amor” es la historia de amor de dos jovencitas adolescentes, Mona y Tamsin, separadas por sus antecedentes familiares y socioeconómicos. Las diferencias de clase y entorno familiar, atrayendo a los opuestos. Bueno, eso no es “Mi verano de amor”, sino la historia de un fraude, fraude de aquellos que no se animan a sostener lo que son y se esconden, sea en el papel de nenas de mamá, sea en el papel de conversos religiosos fanatizados. Mona, la protagonista central de esta historia, elegirá su destino en el final de la película, simbólicamente representado en un sendero por el que se sale del valle.

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El problema de “Mi verano de amor” es que el guión del director Pawel Pawlikowksi (con colaboración de Michael Wynne, adaptando libremente la novela de Helen Cross) utiliza un rosario de obviedades y de pomposos parlamentos para llegar a la moraleja final. Los trucos de fotografía, cámara inquieta y alguna audacia sexual, no logra levantar el tono monocorde del relato.

Para destacar el dueto protagónico femenino Nathalie Press (una mezcla de Franka Potente y Samantha Morton) y Emily Blunt (linda toma, de pie, desnuda al contraluz de una ventana). Añadan los pocos momentos de Paddy Considine.

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Escenas: la escena final, la pelea entre Mona y Tamsin, en el arroyo; la escena entre Tamsin y Phil, cuando aquella intenta seducirlo; la secuencia de la erección de la cruz en la colina; la revelación de Mona, al final del filme.

Frases: “Aparentemente, soy una mala influencia para la gente”; “¿Qué va a ser de tu vida?”, “Voy a ser abogada… (PAUSA) Voy a trabajar en un matadero, trabajar duro, tener un novio que será… un bastardo y me llenará de hijos, que seguramente tendrán problemas mentales. Y me sentaré a esperar la menopausia… o un cáncer”; “¿Qué estás haciendo?”, “Una cruz. La pondré en la cima de la colina, para limpiar del mal al valle”; “Es Edith Piaf. La adoro. Era una maravillosa parisina que tuvo una vida trágica. Se casó tres veces y cada marido murió en circunstancias extrañas. El último fue un campeón mundial de boxeo y ella lo asesinó con un tenedor. No fue a prisión, porque en Francia los crímenes pasionales son perdonados”.

CONSEJO: dejar pasar.

6.8.06

cuando el idioma universal se pierde en la traducción

Macanudo por Liniers, 27.07.06

Aunque los títulos originales parecían una combinación sin sentido de palabras inglesas, varias generaciones de aficionados al jazz bailable identificaron sin dificultad "Muskrat Ramble", "The Darktown Strutters Ball" y "Struttin with Some Barbecue" gracias a sus disparatadas denominaciones locales: "Rata paseandera", "El baile de los negritos" y "Bailando en una fiesta negra", porque la manía de rebautizar que hace un par de semanas señaló Fernando López respecto de las películas también se manifestó en las canciones populares.

(…)

Así "Makin Whoopee" se volvió "Tirando manteca al techo", "The Flat Foot Floogie" fue transformado en "El chiflado de los pies planos", "Zip-a dee-doo-dah" pasó a significar "Siembra dulzuras" y la exhortación "Jazz Me Blues" quedó en la confesión de que "El jazz me entristece".

(…)

Para que una canción perdiera su título no era imprescindible que estuviera escrita en inglés. En el primer long play nacional de Joao Gilberto, "... luxo só" - algo así como "Es puro lujo"- pasó a significar "Soy lusitano", una desnaturalización similar a la de "Poupée de cire, puoupée de son", de Serge Gainsbourg, resumida a "Muñeca de cera" cuando la grabó Juan Ramón.

El rock and roll debutó en 1955 mal traducido: la idea de "Rock Around the Clock" era bailarlo durante todo el día, no "Rock alrededor del reloj", como se leía en la etiqueta del Decca de Bill Haley, y la decisión de bautizar "Gastate el sueldo en rock" algo llamado "Rip It Up" resultó tan demencial como Little Richard, su intérprete.

Así continuó a lo largo de las décadas: "Rainy Day Women # 12 & 35", de Bob Dylan acabó como "Una mujer en la lluvia" y el grupo Jefferson Airplane llegó como "Los aviadores de Jefferson", pero no fue el colmo de la barbaridad, que pareció alcanzarse con el crucial álbum de Genesis "Selling England by the Pound", traducido "Vendiendo Inglaterra por una libra", cuando el propósito era sugerir la venta del imperio al peso, según lo que marcara la balanza. Igual, terminó superado por "Hermanos abrazados", denominación nacional de "Brothers in Arms", de Dire Straits, que en realidad significa hermanos de armas o compañeros de causa.

(…)

En Brasil, "El pañuelito" se llamó "Lencinho querido" y "Por la vuelta", "Historia de amor", lo mismo que en Francia durante la guerra, cuando ocupadores y ocupados bailaban "Douce Georgette" y "Agatha rhythm" como si no supieran que se estaban divirtiendo con fox-trots del enemigo llamados "Sweet Georgia Brown" y "I Got Rhythm".

Aquí hubo alguien que publicó el álbum de Bill Evans "Montreux II" como "Montreal II", seguro de que así se denominaba la ciudad suiza en español, pero quien mejor representó a esa especie extinguida de ignorantes magníficos que disfrazaba músicas con títulos equivocados fue el encargado de adaptar "La goualante du pauvre Jean" ("La canción del pobre Juan"), el suceso de Edith Piaf que, por la casualidad de que Jean suena parecido a "gens" (gente), se desvirtuó en "The Poor People of Paris" -"La gente pobre de París"- para el mundo de habla inglesa.


JORGE H. ANDRÉS
(la nación, 31.07.06)

4.8.06

miércoles, 21.07.1806 - el túnel

Entre los tantos planes conspirativos urbanos, la mayoría desechados por impracticables, hubo uno que empezó a ponerse en marcha: volar el cuartel de la Ranchería, donde estaba establecido el Regimiento 71. La idea era excavar un túnel, desde el Colegio San Carlos, hasta llegar bajo el cuartel. Una vez allí, se minaría el lugar y al explotar el reducto inglés, se combinaría el atentado con el ataque de unos 500 hombres que Pueyrredón estaba reuniendo en la quinta de Perdriel. El propio Sentenach, disfrazado, entró al cuartel de la Ranchería, para reconocer la disposición de los dormitorios y estimar las medidas que debían utilizar los excavadores. Desde los altos del café de Pedro José Marcó, enfrente de la Ranchería, vigilaban los movimientos de los ingleses.

El túnel comenzó a excavarse, pero el plan no se llevó a cabo. Liniers logró disuadir a los conjurados urbanos de posponer sus planes, por el temor de que una acción fuera de tiempo provocará una represalia sangrienta contra los habitantes de la ciudad. En su lugar, pidió reunir hombres, al tiempo que él mismo pediría el apoyo de Montevideo.

No obstante, los restos del túnel, a medio excavar, pueden verse hoy en día en el trayecto de túneles subterráneos de la Manzana de las Luces, descubierto en 1917 por el arquitecto Héctor Greslebin, quien investigó los túneles de esa manzana histórica de la ciudad, cuando aún era un estudiante de la Facultad de Arquitectura, al asistir al derrumbe de una de las salas en la que se estaba construyendo un nuevo salón de estudios.

No obstante la precaución con que fueron llevadas las obras de excavación del túnel, los ingleses ya estaban al tanto del hecho, como lo prueba las anotaciones del capitán Alexander Gilespie: "Frente al cuartel del régimiento 71 había un seminario perteneciente a la orden de San Francisco, que con todas las casas contiguas, gradualmente se abandonaron por los estudiantes e inquilinos. Una calle angosta mediaba entre ambos y se cavó una mina desde el colegio hasta el ángulo suroeste de las cuadras de los soldados. Un muchacho tambor en una de ellas dio cuenta a su sargento de haber sido repetidamente molestado por un ruido durante la noche, como si procediese de trabajadores subterráneos. Se acudió a un expediente, poniendo varios mosquetes, cañones para arriba, suavemente asegurados en el suelo, sobre los que se colocaron algunos alfileres, de modo que se desarreglaran a la menor concusión. Una mañana se hallaron en el suelo, mas, aunque se ordenó una investigación, nada se descubrió, porque la boca de la mina no pudo retrasarse; pero el hecho se descubrió después: se trataba de un infernal complot para hacer volar nuestros hombres mediante treinta y seis cuñetes de pólvora" .

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http://libretachatarra.blogspot.com)

2.8.06

las pruebas

Cuentan: un rabí de nombre Isaq ibn'Ezra, en un rapto de soberbia o de locura, desafió a Dios a que probase que su poder se mantenía ileso y no había ido consumiéndose en el tiempo. Dios le mandó decir que aceptaba el desafío.

El rabí esperó catástrofes, zarzas ardientes, ángeles con espadas flamígeras, carros de fuego, truenos, relámpagos, un nuevo Diluvio. Nada de esto sucedió.

Pero al rabí comenzaron a acontecerle pequeños contratiempos. En la sinagoga equivocaba las palabras, decía herem en lugar de besimán tob, y a cada rato se le caían de la mano los rollos de la Ley. Si se disponía a escribir, el tintero se volcaba y la tinta se derramaba. Cuando salía a la calle, la luz del sol, rompiéndose en algún objeto metálico, le hería los ojos. Le bastaba subir a la tebá para experimentar la necesidad de evacuar el vientre. Si buscaba la Biblia hallaba el Talmud, si buscaba el Talmud encontraba la Biblia. El gato se le murió. Sus gallinas cantaron como gallos. En la mesa, el cuchillo aparecía puesto al revés. El párpado izquierdo del rabí empezó a temblar; la oreja izquierda, a picar. Durante un día tuvo hipo. Al cortarse las uñas, siempre algún trocito caía sobre el piso. Cada vez que se ponía a leer el Zohar se le nublaba la vista y no podía seguir leyendo. Durante el día del Kippur lo asaltaron vehementes crisis de hilaridad y en la fiesta de Sukkot lloró sin ningún motivo. Cuando se acostaba a dormir, la almohada estaba dura como una piedra. Y cuando se sentaba en algún escabel se rompía y él rodaba por el suelo en medio de las risas (o, si esto sucedía en el templo, de la reprobación) de los presentes.

Hasta que lsaq ibn'Ezra se prosternó sobre su rostro y le dijo a Dios que se daba por satisfecho. Dios le mandó contestar que, por lo contrario, con mucho gusto seguiría presentándole pruebas.

MARCO DENEVI
"Falsificaciones"

1.8.06

lunes, 12.07.1806 - las andanzas de Sobremonte

Tras su huida del campo de batalla, llegó a Córdoba el marqués de Sobremonte, donde se ordenó un Te Deum en agradecimiento por el feliz arribo a la ciudad mediterránea. De inmediato, se puso a reclutar gente para reconquistar la ciudad que (él todavía no sabía) había perdido definitivamente. Lejos estaba de sospechar que sus días como virrey estaban por llegar a su fin y que Liniers le arrebataría la gloria.

Durante su estada en Córdoba, Sobremonte tuvo la mala idea de interceptar la correspondencia privada que iba de Buenos Aires a Perú para conocer la opinión que el pueblo porteño tenía de su persona. No encontró una sola carta en que no se lo tildara de traidor, cobarde e ignorante en las artes de la guerra. Encolerizado amenazó a los vecinos de Buenos Aires con la horca y la guillotina, cuando reasumiera el poder, discursos que llegaron a la ciudad y dispuso a los porteños a no esperar su expedición "salvadora" para reconquistar por sí mismo la ciudad.

"Desde que se supo en Buenos Aires que venía Sobremonte no cesaron los porteños de tomarles el pelo a los cordobeses" escribe el historiador Carlos Roberts. La imagen de Sobremonte (el "virrey Tras del Monte" desde su huída) era de mofa y burla. Las coplas populares circularon por la ciudad tras la toma inglesa, que mostraban la gracia y la improvisación criolla que hicieron decir a Alexander Gillespie "como en todos los países lindantes con un estado natural, la poesía parece el genio conductor de las clases inferiores en esta parte de América del Sur, pues al pedírsele a cualquiera que tome la guitarra, siempre la adaptará a estrofas improvisadas y convenientes, con gran facilidad" .

Una de ellas:

Un hombre, el más falsario,
que debe a Buenos Aires cuanto tiene,
es un marqués precario
y un monte que va y viene,
y sobre monte ruina nos previene
.

Otra:

Del uno al otro horizonte
no creo que el mundo vea
un collón que mayor sea
que el marqués de Sobremonte.
Se elevó cual faltonte,
cuál Ícaro remontó;
pero al instante cayó,
¿y qué le sucederá?
Degradado morirá,
como a Torres sucedió.


Otra más:

"Al primer cañonazo de los valientes, disparó Sobremonte con sus parientes".

Otra más aún:

Un quintal de hipocresía,
veintidós de fanfarrón
y cincuenta de ladrón
con quince de fantasía;
dos mil de collonería,
mezcladas bien, y después,
en un gran caldero inglés
con gallinas y capones,
extractarán los blasones
del más indigno marqués.


Desde el lado inglés, la opinión sobre Sobremonte no distaba de la de los porteños. Gillespie acierta en un breve párrafo: "El marqués de Sobremonte, virrey de la provincia, había sido de los primeros en abandonar el campo, y fue también el primero en dejar el asiento de su dignidad y gobierno. Todas las lenguas hablaban libremente de su conducta, y no dudo de que su fuga precipitada dio un golpe serio y duradero a la autoridad y al honor de la Corona, en la estimación popular" .

Pero, la más clara de las opiniones de Sobremonte, provienen del propio Beresford, cuando juzga, con acertada previsión, la amenaza de reconquista del virrey: "Si un jefe activo y emprendedor viniera mandándolas, sin duda podríamos hallarnos en una situación desagradable. El virrey, sin embargo, no es de manera laguna de tal carácter y siendo impopular frustrará, espero, en gran parte, las disposiciones de cualquier suyo de energía y habilidad. Fue con estas esperanzas que no hice ninguna tentativa para apoderarme de S.E., lo que podría haber hecho, pues viaja con toda su familia en coches, sobre caminos casi intransitables por las lluvias, y yo había juntado 400 caballos para montar ese número de infantes, para con dos piezas, perseguirlo; pero las consideraciones mencionadas me indujeron a desistir" .

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