Prometimos, en el post de ayer, develar un "misterio": no sólo iban hombres en la expedición británica hacia Buenos Aires. Como era permitido en el ejército británico, las esposas de los soldados podían acompañar a sus maridos en la batalla. En la flota con proa a Buenos Aires, iban 60 mujeres y 40 niños.
Tenían un privilegio a bordo: no tenían que levantarse con el toque de diana. Eso sí, para asegurar a los guardias que revisaban las camas, que ningún marinero remolón se quedara durmiendo más allá del llamado, las mujeres debían mostrar sus piernas ("show the legs"). Desde entonces, en la Marina británica, perdura ese nombre para el toque de diana.
Éste y los otros posts publicados pueden consultarse en el sitio de Invasiones Inglesas:
http://invasionesinglesas.blogspot.com
30.4.06
26.4.06
que nos tengan miedo

V DE VENGANZA
"Ahora estamos en 1988. Margaret Thatcher comienza su tercer mandato y lidera sólidamente un Partido Conservador hacia el próximo siglo. Mi hija tiene 7 años y en la prensa circula la idea de campos de concentración para los enfermos del SIDA. La nueva policía antidisturbios lleva visores negros, como sus caballos, y sus furgonetas transportan videocámaras giratorias en su techo... El gobierno ha expresado su deseo de erradicar la homosexualidad, incluso como concepto abstracto. Y uno se pregunta qué nueva minoría será atacada legalmente después. Pienso en llevarme a mi familia fuera de este país muy pronto, en los próximos años. Es frío, miserable y corto de miras. Y no quiero estar aquí en el futuro.
Buenas noches, Inglaterra. Buenas noches, Servicios Sociales y la V de la Victoria.
Hola a la Voz del Destino y a V de Vendetta".
ALAN MOORE
Éste es una parte de la introducción que Alan Moore escribió para la edición de su historieta, "V de Vendetta", el cómic con dibujos de David Lloyd, llevado al cine por los hermanos Wachowski. A poco de más de cumplir dos décadas de su creación, la descripción del régimen fascista que impera en una Londres post invierno nuclear, se vuelve aterradoramente fiel. Cóctel de "1984", "Un mundo feliz", "El conde de Montecristo" y "El fantasma de la Ópera", "V de Vendetta" es una declaración de principios anarquista. ¿Y si el gobierno pasara a tenernos el mismo miedo que nosotros le tememos? ¿Y si hubiera alguien que meciera la cuna, sólo un poco, lo suficiente para que estalle en el suelo el bebé cretino que contiene?
El torrente de ideas que bulle de la historia de "V de Vendetta" se contrapone a la pobreza visual con que fue llevada a la pantalla por James McTeigue, socio de los hermanos Wachowski en "Matrix". Sólo por dar un ejemplo, el más reciente, vale compararla a "Sin City", para darse cuenta la pobreza con que fue llevada a la pantalla. Tal vez, exceso de respeto al cómic, o búsqueda de un estilo austero, para no ahogar a la historia. Pero deja mucho que desear en el campo de diseño de arte.

"V de Venganza" es la historia en una cercana Inglaterra del futuro, manejada por el gobierno fascista del canciller Adam Sutler. Una sociedad sumisa que ha cedido voluntariamente su libertad, domesticada por el lavado de cerebro mediático de la cadena oficial, "La Voz del Destino". País militarizado, fanatismo religioso y miedo incrustado bajo la piel de cada ciudadano. En ese contexto, se levanta un hombre, un desconocido tras la máscara y patea el tablero. El hombre: V. V de Vendetta y Victoria. El tipo que hace volar la estatua del Palacio de Justicia y promete, en un año, el próximo 5 de noviembre, volar el Parlamento británico, como lo intentara, fallidamente, Guy Fawkes en igual fecha de 1605. Ese acto provoca el derrumbe. Tiembla la sólida estructura totalitaria. Alguien se ha levantado para acusar al gobierno. Alguien provoca a la masa adormecida. Detrás de cada bomba, de cada acto violento, se cae un pedazo de la dictadura.
El discurso subversivo de "V de Venganza" no puede diluirse, pese a algunas volteretas del guión, alguna duda retórica expresada por los protagonistas. La tesis sigue siendo clara: es válido valerse del terror para acabar con la pesadilla.
Los paralelos con el actual estado de cosas mundial (el cinismo e inmoralidad de los gobernantes no es sólo propiedad argentina) no se disimulan. Manipulación de medios, amenazas creadas desde el mismo Estado para atemorizar a la sociedad, fanatismo religioso, discriminación de las minorías, resignación social.
En la escalada de violencia de V, hay algo que no ha previsto: Evey. La chica bonita. El amor. Las variables que altera toda especulación política. También, la nueva generación y la comprensión que cuando caiga el mundo corrompido, no sólo se llevará a los dictadores que lo manipularon en las alturas, sino a sus rivales.

"V de Venganza" no disimula la estructura del cómic que le da origen. Aún así, logra su objetivo. Uno lamenta que esta historia no haya caído en manos de un maestro, porque daba para hacer un clásico. Pero, pese a la medianía artística de sus traductores a la pantalla grande, la historia es tan fuerte, tan provocativa, tan incómoda para nuestra ética democrática, que funciona. "V de venganza" merece ser vista y analizada, aún en esos postulados que puedan molestarnos. Ese es el mérito principal de la obra.
Detrás de la máscara de V, está Hugo Weaving, el hombre de traje negro que perseguía a Keanu Reeves en la trilogía de "Matrix"; Natalie Portman, la otra coprotagonista, bordea la sobreactuación (como viene haciendo en sus últimos trabajos), pero no termina de caer en ella. El resto del elenco apoya con eficacia y soltura. Una mención aparte para John Hurt, en el papel del dictador Adam Sutler, y de Stephen Fry, como el policía honesto.

Escenas a destacar: la escena entre V y la doctora genocida; la secuencia de la prisión de Eve, con la historia de la prisionera homosexual escrita en un rollo de papel higiénico; la voladura del Parlamento británico (una de las grandes imágenes del año); el discurso de V en la cadena televisiva; el discurso inicial de V, repleto de "V" cortas iniciales.
Frases: "¿Te estás vengando de ellos por lo que hicieron?", "Lo que hicieron fue monstruoso", "Y ellos crearon un monstruo"; "Recuerda, recuerda, el 5 de noviembre. El complot y la traición de la pólvora. Sé que no hay ninguna razón para que la traición de la pólvora debiera ser olvidada"; "Yo, como Dios, no juego con los dados ni creo en las coincidencias"; "¡Fuerza por medio de la Unidad! ¡Unidad a través de la Fe!"; "Detrás de esta máscara hay más que carne. Hay ideas, Mr. Creey. Y las ideas son a prueba de balas"; "Usted no le teme a morir. Se parece a mí", "La única cosa que tenemos en común, Mr. Creedy, es que ambos moriremos"; "Los únicos registros confiables en cualquier gobierno, son los archivos de impuestos"; "¡Oh, Dios! Eres tú...", "El fantasma de las Navidades pasadas..."; "Mi padre me dijo una vez que los artistas usan mentiras para decir la verdad, mientras los políticos lo hacen para ocultarla"; "Quítate la máscara", "No"; "Una revolución sin baile... no tiene ningún valor"; "Dios está en la lluvia"; "¿Quién era él?", "Él era Edmundo Dantes. Fue mi padre y mi madre. Mi hermano, mi amigo. Fue usted... fui yo. Fue todos nosotros"

"Vas a asesinarme", "Te he matado hace diez minutos. Cuando dormías", "¿Será doloroso?", "No", "Gracias. ¿Es absurdo disculparse?", "Nunca", "Lo siento tanto"; "¡Inglaterra Prevalece!"; "No existe la coincidencia, sólo la ilusión de la coincidencia"; "¡Por favor! ¡Piedad!", "Oh, no está noche Obispo, no está noche"; "El único veredicto es la venganza, una vendetta, sostenida como un regalo que no sea en vano"; "No quiero que mueras", "Es lo más bello que alguien pudo decirme"; "A Madame Justicia le dedico este concierto"; "El pueblo no debería temerle a su gobierno. Él debería temerle a su pueblo"; "El miedo se convierte en el último instrumento de este gobierno"; "Quisiera no sentir miedo todo el tiempo. Pero lo tengo"; "Necesitamos ser claros en nuestro mensaje a la población de este país. Este mensaje debe ser leído en cada diario, oído en cada radio, visto en cada televisión... Yo quiero que cada uno recuerde porque nos necesita"; "Algunos son más responsables que otros... pero si quieren ver a los auténticos culpables... busquen un espejo y mírense en él".
CONSEJO: Ir a verla.
25.4.06
domingo, 25.04.1806 – las tropas a bordo
La flota que marcha hacia Buenos Aires (incluyendo al Ocean, “oficialmente” desaparecido) estaba compuesta por poco más de mil hombres (1040 anota Carlos Roberts). En Ciudad del Cabo, el general Baird había puesto a disposición de Popham, al Primer Batallón del Regimiento 71 (Highlanders Light Infantry, o Cazadores Escoceses) al mando de Dennis Pack (que se habían lucido en la toma de la colonia holandesa), el Regimiento 20 de Dragones Ligeros, al mando del Capitán Robert Arbuthnot y un destacamento de la Real Artillería, al mando del capitán James Frederick Ogilvie. El comando estaba integrado por Beresford, el mayor de brigada Deane, el cuartelmaestre capitán Patrick, el edecán alférez Gordon, el cirujano Forbes, el intendente Hill y el capitán de ingenieros Kennet.
No todos eran británicos. Siguiendo la costumbre de esos tiempos, tras la rendición de la colonia holandesa de Ciudad del Cabo, mucho de los hombres del ejército holandés se engancharon en el ejército británico. Por eso, entre las tropas que iban a Buenos Aires, se contaban alemanes, boers y hasta artilleros chinos.
Para mañana dejaremos otra revelación: no todos los integrantes de la flota eran hombres.
(Este y otros post, pueden consultarse en:
http://invasionesinglesas.blogspot.com)
No todos eran británicos. Siguiendo la costumbre de esos tiempos, tras la rendición de la colonia holandesa de Ciudad del Cabo, mucho de los hombres del ejército holandés se engancharon en el ejército británico. Por eso, entre las tropas que iban a Buenos Aires, se contaban alemanes, boers y hasta artilleros chinos.
Para mañana dejaremos otra revelación: no todos los integrantes de la flota eran hombres.
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24.4.06
el final del camino
FLORES ROTAS
"Este camino lleva al cementerio" dice un personaje, al protagonista de "Flores rotas", casi al final del filme. Es algo más que una línea tirada al azar. Es la clave para entender la película. Estamos viendo los últimos días de un Don Juan, el examen de un seductor que ha visto como su vida se le escurrió entre sus manos. Patéticamente, corre tras la ficción de un hijo, en la calle desierta de una ciudad demasiado grande y demasiado sola en su multitud. Antes ha visto, como testigo de primera mano, los daños colaterales de su existencia: las mujeres que han quedado en el camino, heridas, sobrevivientes traumadas de su amor al paso. La visión no puede ser peor.
"Flores rotas" tiene todos los tics del cine de Jim Jarmusch, su guionista y director. Esos tiempos muertos como baches en la trama, esos planos detalles incomprensibles, ese humor absurdo, esa lentitud para resolver cada escena, diálogos a mitad de camino, escenas incompletas, finales abiertos y la sensación de que se bordea lo supremo, pero nunca se cae en sus brazos. Por momentos, el filme se vuele insoportable; en otros, se logra la magia para que los personajes trasciendan con su drama.
Don Johnston (con "t") emprende la ruta, para ver a cuatro ex amantes, con el propósito de encontrar a esa novia anónima que le mandó una carta revelándole que tiene un hijo de 20 años. Eso es "Flores rotas". Una road-movie emocional hacia el pasado del protagonista.

Si la primera parte del filme se hace lenta y avanza a los tropezones, la historia cobra vuelo poético cuando aparecen los personajes femeninos, las heridas sentimentales del protagonista. Allí, frente a ellas, con dos décadas en el medio, Don comprende que esas mujeres lo siguen amando, que siguen sufriendo por su amor, aunque él apenas las recuerde.
La película se sostiene por las actuaciones de las mujeres: Sharon Stone, Jessica Lange, Julie Delpy, Tilda Swanton, Frances Conroy. (La baba emérita del día de la fecha, para el desnudo de la Lolita, Alexis Dziena.) Enfrente, Bill Murray con el muñeco de "Los Ángeles de Charlie" y de "Perdidos en Tokio" que, a esta altura, ya satura. Alguna vez tiene que agregarle otras cosas a su rol de depresivo con cara de culo perpetúa porque dejó de tener sorpresas.
Escenas: la despedida de Laura (Sharon Stone) y su hija Lolita, saludándolo desamparadas desde el porche; la cena con Dora y su marido; el encuentro con Carmen (Jessica Lange); la charla con el “hijo”, sándwich de por medio.
Frases: "Lindo vestido el que no usabas esta tarde"; "¿Quieres una copa?", "No bebo", "¿Ir a comer?", "No... como"; "¡Papá! ¡Se supone que no tienes que fumar!", "¡Oh, no! Es sólo un poco de hierba", "Déjame ver", "Sí... es sólo cannabis sativa"; "¿Yo te di ese collar de perlas?", "No", "Debería haberlo hecho"; "El pasado se ha ido. Lo sé. El futuro no está aquí, aún, cualquiera sea. Así que todo lo que hay es esto. El presente. Es todo"; "¿Cuál es su nombre?", "Don Johnston", "¿En verdad? '¿Don Johnson?'", "Johnston. Con 't'".
CONSEJO: esperar al video.
22.4.06
jueves, 22.04.1806 - el Ocean desaparece
“..el 22 el Ocean, que tenía a bordo al mayor Tolley con 200 hombres, desapareció durante una noche de fuerte borrasca” escribe el capitán Alexander Gillespie “Éste era un accidente serio, cuando reflexionábamos sobre nuestro número disminuido y la magnitud de la empresa que teníamos por delante”.
De la misma opinión parecía ser Beresford cuando informa a Baird “…lo que constituye una reducción tan considerable de nuestra pequeña fuerza, que juzgué oportuno hacer presente a Sir Home Popham que con el resto sería imprudente, aún después de nuestra llegada a destino, emprender operaciones contra Montevideo y Buenos Aires, y que entonces se presentaría la cuestión de saber si nuestras fuerzas serían inferiores a las dos plazas, si tuviéramos que atacar a ambas”.
Parece que la expedición fracasa antes de empezarla siquiera. “Exactamente de la misma opinión fue Sir Home Popham” atestigua Beresford. Por lo que no deciden alterar el rumbo y seguir hasta la isla de Santa de Elena, “donde tenemos alguna esperanza de que el gobernador nos dará algún refuerzo”.
“El infortunio nos indujo a modificar la ruta para Santa Elena, donde únicamente podía repararse” coincide Gillespie.
Pero antes de que echen de menos la suerte del Ocean y de sus doscientos hombres, hay que advertirles que éste es otro juego de manos del astuto Popham, en connivencia con Beresford. Buscando refuerzos a los mil hombres que habían zarpado de Ciudad del Cabo, arreglaron que el Ocean se separara de la expedición, para incentivar al gobernador de la isla de Santa Elena a darles algunos hombres de más. El teniente Samuel Walters (quien servía en el Raisonable) descubrió la estratagema en sus Memorias: “era cosa planeada que el Ocean se separaría de la flota para ser empleado como argumento”.
Así que no echen de menos al navío perdido ni a sus doscientos hombres, porque volveremos a encontrarlo, dentro de unas semanas, frente al Río de la Plata.
(Este post y los publicados en el weblog “Invasiones Inglesas”, pueden consultarse en:
http://invasionesinglesas.blogspot.com)
De la misma opinión parecía ser Beresford cuando informa a Baird “…lo que constituye una reducción tan considerable de nuestra pequeña fuerza, que juzgué oportuno hacer presente a Sir Home Popham que con el resto sería imprudente, aún después de nuestra llegada a destino, emprender operaciones contra Montevideo y Buenos Aires, y que entonces se presentaría la cuestión de saber si nuestras fuerzas serían inferiores a las dos plazas, si tuviéramos que atacar a ambas”.
Parece que la expedición fracasa antes de empezarla siquiera. “Exactamente de la misma opinión fue Sir Home Popham” atestigua Beresford. Por lo que no deciden alterar el rumbo y seguir hasta la isla de Santa de Elena, “donde tenemos alguna esperanza de que el gobernador nos dará algún refuerzo”.
“El infortunio nos indujo a modificar la ruta para Santa Elena, donde únicamente podía repararse” coincide Gillespie.
Pero antes de que echen de menos la suerte del Ocean y de sus doscientos hombres, hay que advertirles que éste es otro juego de manos del astuto Popham, en connivencia con Beresford. Buscando refuerzos a los mil hombres que habían zarpado de Ciudad del Cabo, arreglaron que el Ocean se separara de la expedición, para incentivar al gobernador de la isla de Santa Elena a darles algunos hombres de más. El teniente Samuel Walters (quien servía en el Raisonable) descubrió la estratagema en sus Memorias: “era cosa planeada que el Ocean se separaría de la flota para ser empleado como argumento”.
Así que no echen de menos al navío perdido ni a sus doscientos hombres, porque volveremos a encontrarlo, dentro de unas semanas, frente al Río de la Plata.
(Este post y los publicados en el weblog “Invasiones Inglesas”, pueden consultarse en:
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21.4.06
CASANOVA
Ya sé, ya sé. Usted, como yo, habrá leído las críticas demoledoras a "Casanova". Está bien, no crea que es una gran película, no vaya a buscar hondas reflexiones filosóficas ni rigurosidad histórica. Es muy pero muy light. Se lo acepto. Pero, a veces, con ese tono de comedia ligera (pero muy ligera) funciona. Agréguele las grandes vistas de Venecia, la fotografía de Oliver Stapleton y algunas actuaciones deliciosas (como la de Oliver Platt o Jeremy Irons) y hasta soy capaz de decirle que es buena y que puede ser vista como un programa light pero ameno. Si va con ese espíritu de fiesta, puede ser que hasta que le guste, mire.
"Casanova" es una recreación libre de la vida del célebre seductor Giacomo Casanova, imaginando su última aventura en Venecia, donde descubrirá a su verdadero amor, la escritora Francesca Bruni. En el medio, deberá sortear los ataques de la Inquisición que lo busca para aplicarle un castigo ejemplar, a él, símbolo de la corrupción y depravación.
La historia contada en el filme de Lasse Hallström tiene ese tono de comedia de equívocos que por momentos le sienta muy bien a la trama. Carece de toda segunda intención, adolece de relieve psicológico y dramático. Pero, justamente, esa vocación de divertimento sin mayores pretensiones, la vuelve sincera y amable.
Lo notable es que la historia mejora, notablemente, con la aparición de dos personajes secundarios: el redondo señor Paprizzio y el pérfido obispo Pucci. Y lo que es una historia de amor, pasa a un segundo plano. Sienna Miller se queda al costado de la trama, más sola que cuando la dejó Jude Law, y, de verdad, no se la extraña. Una mención aparte para Lena Olin, con un papel que remonta mucho (pero mucho) al final.

Escenas a destacar: el duelo entre Casanova y Francesca; el tratamiento a Paprizzio; el encuentro entre Paprizzio y Andrea, la mama de Francesca; el gag del chanchito; las panorámicas de Venecia, en la noche del carnaval.
Frases: “Está acusado de herejía. A saber: fornicar con una novicia”, “Bueno… no tan novicia”; “Eterna condena por una noche con Casanova”, “Me parece justo”; “¿Casanova, el filósofo, que dedica su vida a la perfección de la experiencia?”, “No. Casanova, el libertino, que dedica su vida a seducir mujeres”, “Bien, obviamente estamos hablando de la misma persona”

“La herejía es lo que yo digo”; “He perdido mi honra y mi virginidad, por ese tal Casanova”, “Si usted declara en su contra, todo le será restituido”, “¿Es posible?”, “Sí. Todo es posible para la Iglesia Católica”; “Tengo miedo que me vea…?”, “¿Redondo?”; “¿Quién es el del retrato?”.
CONSEJO: esas vistas de Venecia, son para pantalla grande. El resto, esperar al video.
20.4.06
las razones de Judas
-Sólo pude ver a Caifás y a alguno de los saduceos, escribas y fariseos, sentados en sus bancas de madera. Cuando el Iscariote avanzó hasta las gradas, los jueces enmudecieron En sus rostros habla sorpresa. Por lo visto no esperaban al traidor. Y Judas, jadeando y en un tono que casi me dio lástima, les dijo:
»-He pecado en el sentido de haber traicionado una sangre inocente... Me ofrecisteis dinero por este servicio -el precio de un esclavo- y, con ello, me habéis insultado...
»Los sanedritas, atónitos, parecían no dar crédito a lo que estaban viendo. Y Judas concluyó así:
»-... Me arrepiento de mi acto. He aquí vuestro dinero.
»Entonces sacó una bolsa de su faja y la mostró al Consejo. Por último, exclamó con voz imperiosa:
»-¡Quiero liberarme de esta culpa!
»Las carcajadas no tardaron en llenar la gran sala. Aquellos hipócritas, dando fuertes palmadas sobre los asientos, se mofaron y le ridiculizaron cruelmente. Uno de los que ocupaba un puesto cercano a Judas se levantó y acercándose a él le invitó con la mano a que se retirara.
Pero antes manifestó en alta voz:
»-TU Maestro ha sido condenado por los romanos. En cuanto a tu culpabilidad, ¿en qué nos concierne? ¡Ocúpate tú de ello y vete!
»El Iscariote dio media vuelta y con la cabeza baja se alejó del Tribunal, mientras las risotadas e insultos arreciaban de nuevo.
(…)
Estimo que esta aparentemente insólita acción de Judas Iscariote, desembarazándose de las 30 monedas de plata, merece un comentario. Las palabras del traidor ante el Tribunal -«he aquí vuestro dinero» y «quiero liberarme de esta culpa»- no fueron una simple y humana reacción de arrepentimiento. Judas sabía, como todos los judíos, que la Ley protegía a los «vendedores» de algo o de alguien. La Misná, en su Orden Quinto: «Votos de Evaluación» (arajin), establece en un total de nueve capítulos las disposiciones en torno a los llamados votos de evaluación; es decir, aquellos por los que una persona se compromete a entregar al Templo el valor de una determinada persona, tal y como viene determinado en el Levítico (27, 1-8) en relación con la edad y sexo. Además abarca una minuciosa normativa sobre la compra y dedicación de tierras heredadas y de casas como, asimismo, sobre su rescate y los votos de «exterminio». Pues bien, en vista de la actuación del Iscariote, entiendo que éste consideró -o trató de considerar ante los sanedritas- que la entrega de su Maestro encajaba de lleno en lo que podríamos denominar una «venta» o «transacción comercio» por la que, incluso, había percibido una compensación económica. En este sentido, al menos en lo que concierne a bienes puramente materiales casas, campos, etc.-, si el vendedor, una vez efectuada la operación, no la consideraba justa o, sencillamente, decidía echarse atrás, podía recurrir dentro de un plazo de 12 meses, a contar a partir del día de la venta. La mencionada Misná, en el capítulo IX (4) del citado apartado sobre «Votos de Evaluación» reza textualmente en este sentido:
«Si llegó el último día de los doce meses y no ha sido redimida (la casa, por ejemplo), se hace definitivamente suya (es decir, del comprador), indiferentemente que la hubiera comprado o que la hubiera recibido en regalo, puesto que está escrito en el Levítico (25,30): "a perpetuidad". Antiguamente (el comprador) se escondía cuando llegaba el último día de los doce meses a fin de que se hiciera definitivamente suya (la casa). Pero Hilel, «el viejo», dispuso que (el vendedor) pudiera echar el dinero en la cámara del Templo, pudiera romper la puerta y entrar (en la casa) y que el otro pudiera venir cuando quisiera y recoger su dinero. »
Judas, en consecuencia, había obrado de acuerdo con la Ley. No estaba conforme con la «venta» de Jesús de Nazaret e hizo uso de su derecho, en el mismo día del pago de dicha «transacción». Y aunque el Iscariote debía saber también que en el capítulo primero (apartado 3) del referido asunto de los Votos se aclara que «el moribundo y el que es conducido a la muerte (por veredicto de un tribunal judío que no admite gracia) no pueden ser objeto de voto ni pueden ser evaluados», forzó sus derechos al máximo, creyendo ingenuamente que aquel gesto anularía dicha «venta». Hay que reconocer, en descargo de la culpabilidad del Iscariote, que, por lo menos, apuró todas las posibilidades jurídicas, en beneficio del Maestro. De poco sirvió, por supuesto, pero creo que es de justicia esclarecer este hecho, tan parcamente contado por el escritor sagrado. Muchas personas podrán preguntarse -yo también lo hice- por qué Judas accedió a esta «venta», si sabía que su traición desembocaría en el ajusticiamiento del Nazareno. Personalmente, a la vista del mencionado comportamiento del Iscariote en la sala del Sanedrín y, posteriormente, en la del tesoro, creo que Judas jamás llegó a pensar que su Maestro sería condenado a muerte. Él lo había entregado a los dignatarios de las castas sacerdotales, convencido de que éstos se limitarían a «custodiarle» e interrogarle y, a lo sumo, encarcelarle o desterrarle. No trato de hacer una defensa extrema del traidor, pero su fría venganza contra el Galileo y su movimiento se hubiera visto sobradamente colmada con la vergonzosa captura y el posible desmembramiento de los discípulos. Pero los acontecimientos, como sabemos, tomaron otros derroteros.
(…)
Es curioso pero, si Jesús no hubiera sido condenado a muerte, quizá Judas hubiera tenido éxito en su intento de anulación de la «venta». La Ley, al menos, preveía un plazo de un año para que el «comprador» -en este caso los sanedritas- se retractaran y devolvieran la mercancía».
JUAN JOSÉ BENÍTEZ
“Caballo de Troya”
»-He pecado en el sentido de haber traicionado una sangre inocente... Me ofrecisteis dinero por este servicio -el precio de un esclavo- y, con ello, me habéis insultado...
»Los sanedritas, atónitos, parecían no dar crédito a lo que estaban viendo. Y Judas concluyó así:
»-... Me arrepiento de mi acto. He aquí vuestro dinero.
»Entonces sacó una bolsa de su faja y la mostró al Consejo. Por último, exclamó con voz imperiosa:
»-¡Quiero liberarme de esta culpa!
»Las carcajadas no tardaron en llenar la gran sala. Aquellos hipócritas, dando fuertes palmadas sobre los asientos, se mofaron y le ridiculizaron cruelmente. Uno de los que ocupaba un puesto cercano a Judas se levantó y acercándose a él le invitó con la mano a que se retirara.
Pero antes manifestó en alta voz:
»-TU Maestro ha sido condenado por los romanos. En cuanto a tu culpabilidad, ¿en qué nos concierne? ¡Ocúpate tú de ello y vete!
»El Iscariote dio media vuelta y con la cabeza baja se alejó del Tribunal, mientras las risotadas e insultos arreciaban de nuevo.
(…)
Estimo que esta aparentemente insólita acción de Judas Iscariote, desembarazándose de las 30 monedas de plata, merece un comentario. Las palabras del traidor ante el Tribunal -«he aquí vuestro dinero» y «quiero liberarme de esta culpa»- no fueron una simple y humana reacción de arrepentimiento. Judas sabía, como todos los judíos, que la Ley protegía a los «vendedores» de algo o de alguien. La Misná, en su Orden Quinto: «Votos de Evaluación» (arajin), establece en un total de nueve capítulos las disposiciones en torno a los llamados votos de evaluación; es decir, aquellos por los que una persona se compromete a entregar al Templo el valor de una determinada persona, tal y como viene determinado en el Levítico (27, 1-8) en relación con la edad y sexo. Además abarca una minuciosa normativa sobre la compra y dedicación de tierras heredadas y de casas como, asimismo, sobre su rescate y los votos de «exterminio». Pues bien, en vista de la actuación del Iscariote, entiendo que éste consideró -o trató de considerar ante los sanedritas- que la entrega de su Maestro encajaba de lleno en lo que podríamos denominar una «venta» o «transacción comercio» por la que, incluso, había percibido una compensación económica. En este sentido, al menos en lo que concierne a bienes puramente materiales casas, campos, etc.-, si el vendedor, una vez efectuada la operación, no la consideraba justa o, sencillamente, decidía echarse atrás, podía recurrir dentro de un plazo de 12 meses, a contar a partir del día de la venta. La mencionada Misná, en el capítulo IX (4) del citado apartado sobre «Votos de Evaluación» reza textualmente en este sentido:
«Si llegó el último día de los doce meses y no ha sido redimida (la casa, por ejemplo), se hace definitivamente suya (es decir, del comprador), indiferentemente que la hubiera comprado o que la hubiera recibido en regalo, puesto que está escrito en el Levítico (25,30): "a perpetuidad". Antiguamente (el comprador) se escondía cuando llegaba el último día de los doce meses a fin de que se hiciera definitivamente suya (la casa). Pero Hilel, «el viejo», dispuso que (el vendedor) pudiera echar el dinero en la cámara del Templo, pudiera romper la puerta y entrar (en la casa) y que el otro pudiera venir cuando quisiera y recoger su dinero. »
Judas, en consecuencia, había obrado de acuerdo con la Ley. No estaba conforme con la «venta» de Jesús de Nazaret e hizo uso de su derecho, en el mismo día del pago de dicha «transacción». Y aunque el Iscariote debía saber también que en el capítulo primero (apartado 3) del referido asunto de los Votos se aclara que «el moribundo y el que es conducido a la muerte (por veredicto de un tribunal judío que no admite gracia) no pueden ser objeto de voto ni pueden ser evaluados», forzó sus derechos al máximo, creyendo ingenuamente que aquel gesto anularía dicha «venta». Hay que reconocer, en descargo de la culpabilidad del Iscariote, que, por lo menos, apuró todas las posibilidades jurídicas, en beneficio del Maestro. De poco sirvió, por supuesto, pero creo que es de justicia esclarecer este hecho, tan parcamente contado por el escritor sagrado. Muchas personas podrán preguntarse -yo también lo hice- por qué Judas accedió a esta «venta», si sabía que su traición desembocaría en el ajusticiamiento del Nazareno. Personalmente, a la vista del mencionado comportamiento del Iscariote en la sala del Sanedrín y, posteriormente, en la del tesoro, creo que Judas jamás llegó a pensar que su Maestro sería condenado a muerte. Él lo había entregado a los dignatarios de las castas sacerdotales, convencido de que éstos se limitarían a «custodiarle» e interrogarle y, a lo sumo, encarcelarle o desterrarle. No trato de hacer una defensa extrema del traidor, pero su fría venganza contra el Galileo y su movimiento se hubiera visto sobradamente colmada con la vergonzosa captura y el posible desmembramiento de los discípulos. Pero los acontecimientos, como sabemos, tomaron otros derroteros.
(…)
Es curioso pero, si Jesús no hubiera sido condenado a muerte, quizá Judas hubiera tenido éxito en su intento de anulación de la «venta». La Ley, al menos, preveía un plazo de un año para que el «comprador» -en este caso los sanedritas- se retractaran y devolvieran la mercancía».
JUAN JOSÉ BENÍTEZ
“Caballo de Troya”
19.4.06
mecanismo de relojería

EL PLAN PERFECTO
Un guión ajustadísimo, con una película como aquellas que contaban en los '70, una historia de buenos personajes, buenas actuaciones y mucho pero mucho ingenio. "El plan perfecto", el nuevo filme de Spike Lee, demuestra la capacidad y oficio de su director.
El detective Frazier se encuentra con su gran caso, el que lo puede rehabilitar de un cargo por fraude por el que está bajo la mira de Asuntos Internos: cuatro tipos se metieron en un banco y tienen a medio centenar de clientes y empleados como rehenes. Frazier sigue el manual de la negociación, pero a medida que pasan las horas, se da cuenta que el cerebro de la operación, en realidad, está jugando con la policía. Que el robo al banco y la bóveda llena de billetes es una pantalla, para otro juego, que todavía no puede entender. En el medio hay una caja de seguridad, un banquero que esconde un secreto y una abogada sin escrúpulos que negocia en forma independiente.

Lo que empieza como un flashback, con la declaración inicial del cerebro de la operación, se cuenta en forma lineal hasta que se intercalan los interrogatorios de los rehenes, una vez "resuelto" el robo. Esa estructura permite incrementar el suspenso porque adelanta algunas suposiciones sobre el verdadero plan detrás del robo, algunas pistas de lo que va a suceder, antes que suceda (y, pese a adelantar la información, no quita ni una pizca de suspenso, ¡ni permite conocer el final!).
Junto a esta trama policial, Spike Lee se permite mostrar el sustrato racial de la ciudad, el racismo en los diálogos entre los personajes, la misma xenofobia en el compartimiento policial. Condimentos para exceder el marco del guión como mecanismo de relojería.

Otros dos puntos fuertes: las actuaciones (Denzel Washington, Clive Owen, Jodie Foster y Christopher Plumier, nuestros preferidos) y la fotografía de Matthew Libatique.
Escenas: el encuentro entre Frazier y Dulton; la charla final entre Frazier y la abogada Madeline White, cuando interrumpe el almuerzo con el alcalde; la charla entre White y Case, en la peluquería.
Frases: “Mi nombre es Dalton Russell. Presten mucha atención a lo que diga, porque elijo mis palabras cuidadosamente y nunca las repito”; “Podría decirle que es un monstruo, pero ahora estoy ayudando a un sobrino de Bin Laden a alquilar un departamento”; “No tome esto personalmente, pero no crea que puede atemorizarme”, “No tome esto personalmente, pero váyase al diablo”; “Sólo estoy diciendo que el dinero no puede comprar amor”

“Es demasiado listo para ser policía”; “Ahora, señora, créame, y es el único momento en que se lo voy a decir: saquese las jodidas ropas”; “En los próximos días estaré chupando una piña colada en una bañera con seis chicas llamadas Amber y Tiffany”, “No, es más probable que estés en una ducha con Jamal y Jesús… ¿y sabes que estarás chupando? ¡No es una piña colada!”; “Muéstrame ese zapato”, “¿Por qué?”, “Es la patada más grande en el culo que he visto”; “Estoy preso, pero es muy diferente a ser un preso. Estar preso es una situación temporaria”.
CONSEJO: ir a verla.
18.4.06
cartas del mazo

Aportes y saludos a Libreta Chatarra. Jose Carlos nos ofrece estos recuerdos del Viejazo:
-Los chicles "Yum - Yum", envueltos en papel rosado, eran barritas de 3 cm De largo por 7 mm de ancho.
-Los chicles "Adams" 2 en 1, eran de 8 mm de espesor y 4 cm de largo; se podían dividir de forma longitudinal y estaban envueltos en papel rojo
Diego Mechanik nos saluda y nos deja algunos aportes a la Cadena:
-Chupetin "Topolín" (con sorpresa)
-Mielcitas.
-Chocolate "Jack"
-Helados "Laponia"
-Piedra libre para todos los compa............
-Pido gancho (Para detener las cosas cuando se complicaban o algo no nos parecía justo)
-Verdad consecuencia
-El juego de la botellita (Hacer girar una botella en una ronda de amigos y amigas y al que le apuntaba el pico, le tenias que dar un beso o una cachetada)
-El club del Clan
-Sábados de la bondad
Y un aviso para difundir que me llegó por correo electrónico y merece ser agendado. En el hospital neuropsiquiátrico José T. Borda, funciona un programa de pre-alta, donde algunos pacientes trabajan el tema de su externación.
Se hacen distintas actividades y una de ellas es la de los "Molineros del Borda". Aquí fabrican papel artesanal con el cual hacen tarjetas de casamiento, de cumpleaños, personales, diplomas y varias cosas más. Tienen muy buena calidad de papel y buenos precios.
Para los que quieran comprar algunos de los productos que se venden, pasamos la dirección de correo electrónico y el teléfono:
molinerosdelborda@yahoo.com.ar
o al 4304-5546.
Les agradecemos a todos la difusión de esta información.
Gracias a todos y nos vemos, antes del Mundial.
17.4.06
ghetto
-La noción de ghetto tiene actualmente muchas acepciones. ¿Podría definirla?
-El término surgió en 1516 en Venecia para designar el barrio judío de la ciudad (ubicado en el emplazamiento de una fundición abandonada, gietto). Se refiere por lo tanto a una zona geográfica en la que un grupo social estigmatizado se ve obligado a residir y a desarrollar allí una red de instituciones paralelas.
Reportaje a LOÏC WACQUANT de Cristina Sardoy
(“ñ”, 15.04.06)
-El término surgió en 1516 en Venecia para designar el barrio judío de la ciudad (ubicado en el emplazamiento de una fundición abandonada, gietto). Se refiere por lo tanto a una zona geográfica en la que un grupo social estigmatizado se ve obligado a residir y a desarrollar allí una red de instituciones paralelas.
Reportaje a LOÏC WACQUANT de Cristina Sardoy
(“ñ”, 15.04.06)
16.4.06
viernes, 16.04.1806 – la situación internacional
La expedición británica al Río de la Plata no se explica sino se tiene en cuenta el tablero internacional a comienzos de 1806. Es una jugada más en un complejo esquema de alianzas y enfrentamientos, entre las naciones europeas.

Inglaterra, cuna de la Revolución Industrial, se encontraba en una delicada situación en esos años. A la pérdida de las colonias norteamericanas, con la independencia de los Estados Unidos en 1776, se sucedió la Revolución Francesa y el posterior ascenso de Napoleón Bonaparte. Al hostil panorama externo, se sumaba un nuevo problema: el mercado interno inglés mostraba signos de saturación. Imperiosamente, Inglaterra necesitaba nuevos mercados, tanto para conseguir materias primas para su producción como donde colocar sus manufacturas.

Como estaban dadas las cosas, el enfrentamiento con Francia era inevitable. España se encontraba en la delicada posición de contentar, simultáneamente, a Napoleón y a Inglaterra, tratando de mantenerse al margen del conflicto. La declinante casa real española, con Carlos IV y su ministro Godoy (el “Príncipe de la Paz”) ofreció un trato a Napoleón: 6 millones de francos mensuales a cambio de la neutralidad española. Bonaparte aceptó el acuerdo pero Gran Bretaña, con una serie de ataques a barcos mercantes españoles, forzará a España a ponerse del lado de Napoleón.
Es en esta situación, en que los planes de agresión a las colonias españolas en América del Sur cobran visos de realidad y posibilitan la expedición que partió de Ciudad del Cabo.
(Este post puede consultarse en:
http://invasionesinglesas.blogspot.com)

Inglaterra, cuna de la Revolución Industrial, se encontraba en una delicada situación en esos años. A la pérdida de las colonias norteamericanas, con la independencia de los Estados Unidos en 1776, se sucedió la Revolución Francesa y el posterior ascenso de Napoleón Bonaparte. Al hostil panorama externo, se sumaba un nuevo problema: el mercado interno inglés mostraba signos de saturación. Imperiosamente, Inglaterra necesitaba nuevos mercados, tanto para conseguir materias primas para su producción como donde colocar sus manufacturas.

Como estaban dadas las cosas, el enfrentamiento con Francia era inevitable. España se encontraba en la delicada posición de contentar, simultáneamente, a Napoleón y a Inglaterra, tratando de mantenerse al margen del conflicto. La declinante casa real española, con Carlos IV y su ministro Godoy (el “Príncipe de la Paz”) ofreció un trato a Napoleón: 6 millones de francos mensuales a cambio de la neutralidad española. Bonaparte aceptó el acuerdo pero Gran Bretaña, con una serie de ataques a barcos mercantes españoles, forzará a España a ponerse del lado de Napoleón.
Es en esta situación, en que los planes de agresión a las colonias españolas en América del Sur cobran visos de realidad y posibilitan la expedición que partió de Ciudad del Cabo.
(Este post puede consultarse en:
http://invasionesinglesas.blogspot.com)
15.4.06
30 dineros
-Treinta monedas... -replicó el anciano con repugnancia.
-¿Denarios de plata? -presioné.
José, molesto por mi insistencia, aclaró:
-No, 30 «seqel».
(Esta moneda de plata, conocida popularmente como «siclo de Tiro», constituía, como ya dije, el dinero habitual en el pago de los tributos del Templo. Era, en definitiva, una pieza usada comúnmente por los sacerdotes en la mayor parte de sus transacciones comerciales. Su equivalencia, en aquella época, era de unos cuatro denarios de plata por «seqel». Una suma, por tanto, «moderada». Hay que tener en cuenta que, según el testimonio evangélico de Mateo (27,9), los sacerdotes compraron un campo con el dinero que había rechazado Judas. Hoy, esos 120 denarios de plata podrían equipararse a unos 200 dólares.) (1)
JUAN JOSÉ BENÍTEZ
“Caballo de Troya”
-¿Denarios de plata? -presioné.
José, molesto por mi insistencia, aclaró:
-No, 30 «seqel».
(Esta moneda de plata, conocida popularmente como «siclo de Tiro», constituía, como ya dije, el dinero habitual en el pago de los tributos del Templo. Era, en definitiva, una pieza usada comúnmente por los sacerdotes en la mayor parte de sus transacciones comerciales. Su equivalencia, en aquella época, era de unos cuatro denarios de plata por «seqel». Una suma, por tanto, «moderada». Hay que tener en cuenta que, según el testimonio evangélico de Mateo (27,9), los sacerdotes compraron un campo con el dinero que había rechazado Judas. Hoy, esos 120 denarios de plata podrían equipararse a unos 200 dólares.) (1)
(1) Doscientos dólares de 1973, claro.
JUAN JOSÉ BENÍTEZ
“Caballo de Troya”
14.4.06
invasiones inglesas
A los amigos de “Libreta Chatarra” participamos de un nuevo weblog que estamos desarrollando desde hoy, sobre las Invasiones Inglesas. La dirección de la nueva página es:
http://invasionesinglesas.blogspot.com
y les pedimos a todos los visitantes que difundan este nuevo weblog, entre amigos, parientes y conocidos. En “Libreta Chatarra” iremos publicando algunos de los posts más destacados para que vayan siguiendo la evolución de esta proeza de nuestra historia, en su bicentenario.
Hoy, a doscientos años de la partida de la flota británica para invadir Buenos Aires, publicamos el primer post que reproducimos a continuación.
miércoles, 14.04.1806 – la salida

Amanece en Bahía Table, Ciudad del Cabo, el miércoles 14 de abril de 1806. Desde enero, Ciudad del Cabo (doscientos años después, la capital legislativa de la República de Sudáfrica) estaba en manos británicas, arrebatada, en un audaz golpe de mano, a los holandeses. Desde ese punto zarpa una nueva expedición británica, una flota al mando del comodoro Sir Home Popham que tiene como objetivo, cruzar el Atlántico, y tomar Buenos Aires, la colonia española del Río de la Plata.
Cerca de mil hombres estaban embarcados, desde el día previo, en las naves Walker, Triton, Melanthon, Ocean y Wellington, a las órdenes de un prometedor militar que se había destacado en la toma de la colonia holandesa, el general William Carr Beresford. Escoltan a esos barcos, las naves Diadem (el buque insignia con 64 cañones), Diomede, Raisonable, la fragata Narcissus y el bergantín Encounter. Ya espera, del otro lado del Atlántico, explorando las costas del Plata, la fragata Leda.
No saben (no pueden saberlo) que están lanzando la primer ficha del dominó que, por esos caprichos del destino, terminará con dos históricas derrotas para el león británico y con la independencia de las colonias españolas en América del Sur.
Los pobladores de la ciudad plácidamente adormecida en la orilla del mundo, despertarían, una mañana, apuntados por los cañones de la misma potencia que en Europa luchaba, de igual a igual, ante los ejércitos de Napoleón Bonaparte.
Y, contra todo pronóstico, contra toda lógica, esos tranquilos habitantes le torcerían el brazo, no una, sino dos veces, al imperio inglés.
De esa epopeya de hace dos siglos, trata este weblog. De la crónica de las invasiones inglesas, día a día, como si estuviera ocurriendo hoy. De la trama de intereses, cálculos, audacias, grandes hazañas y míseras mezquindades. De los hombres, de un bando y otro, que se batieron con valor y honor, en el extremo sur del planeta. De la memoria y de los imponderables de la historia.
Para aquellos que nos sigan en este viaje virtual, una advertencia: no soy historiador, sólo un aficionado lector de los trabajos sobre esta época. El objetivo de este weblog es, sólo, el de conmemorar y difundir estos hechos. Para aquellos que quieran profundizar deberán consultar la profusa y variada bibliografía sobre el tema. En la columna de la derecha de esta página, encontrarán las que nos sirvieron de fuentes para este weblog, sin que pretenda tener carácter exhaustivo. Son tan sólo, puertas para otras fuentes sobre el tema. Con todo, recomendamos dos títulos, que fueron cruciales en nuestra investigación: “Las invasiones inglesas” de Carlos Roberts y “Beresford. Gobernador de Buenos Aires” de Bernardo Lozier Almazan. Son buenos senderos para empezar en esta historia.
Ahora, en este momento, las naves británicas navegan velas al viento, surcando el Atlántico, augurando la ciudad que los espera del otro lado.
Hagamos silencio. El primer acto de la historia, acaba de comenzar.
http://invasionesinglesas.blogspot.com
y les pedimos a todos los visitantes que difundan este nuevo weblog, entre amigos, parientes y conocidos. En “Libreta Chatarra” iremos publicando algunos de los posts más destacados para que vayan siguiendo la evolución de esta proeza de nuestra historia, en su bicentenario.
Hoy, a doscientos años de la partida de la flota británica para invadir Buenos Aires, publicamos el primer post que reproducimos a continuación.
miércoles, 14.04.1806 – la salida

Amanece en Bahía Table, Ciudad del Cabo, el miércoles 14 de abril de 1806. Desde enero, Ciudad del Cabo (doscientos años después, la capital legislativa de la República de Sudáfrica) estaba en manos británicas, arrebatada, en un audaz golpe de mano, a los holandeses. Desde ese punto zarpa una nueva expedición británica, una flota al mando del comodoro Sir Home Popham que tiene como objetivo, cruzar el Atlántico, y tomar Buenos Aires, la colonia española del Río de la Plata.
Cerca de mil hombres estaban embarcados, desde el día previo, en las naves Walker, Triton, Melanthon, Ocean y Wellington, a las órdenes de un prometedor militar que se había destacado en la toma de la colonia holandesa, el general William Carr Beresford. Escoltan a esos barcos, las naves Diadem (el buque insignia con 64 cañones), Diomede, Raisonable, la fragata Narcissus y el bergantín Encounter. Ya espera, del otro lado del Atlántico, explorando las costas del Plata, la fragata Leda.
No saben (no pueden saberlo) que están lanzando la primer ficha del dominó que, por esos caprichos del destino, terminará con dos históricas derrotas para el león británico y con la independencia de las colonias españolas en América del Sur.
Los pobladores de la ciudad plácidamente adormecida en la orilla del mundo, despertarían, una mañana, apuntados por los cañones de la misma potencia que en Europa luchaba, de igual a igual, ante los ejércitos de Napoleón Bonaparte.
Y, contra todo pronóstico, contra toda lógica, esos tranquilos habitantes le torcerían el brazo, no una, sino dos veces, al imperio inglés.
De esa epopeya de hace dos siglos, trata este weblog. De la crónica de las invasiones inglesas, día a día, como si estuviera ocurriendo hoy. De la trama de intereses, cálculos, audacias, grandes hazañas y míseras mezquindades. De los hombres, de un bando y otro, que se batieron con valor y honor, en el extremo sur del planeta. De la memoria y de los imponderables de la historia.
Para aquellos que nos sigan en este viaje virtual, una advertencia: no soy historiador, sólo un aficionado lector de los trabajos sobre esta época. El objetivo de este weblog es, sólo, el de conmemorar y difundir estos hechos. Para aquellos que quieran profundizar deberán consultar la profusa y variada bibliografía sobre el tema. En la columna de la derecha de esta página, encontrarán las que nos sirvieron de fuentes para este weblog, sin que pretenda tener carácter exhaustivo. Son tan sólo, puertas para otras fuentes sobre el tema. Con todo, recomendamos dos títulos, que fueron cruciales en nuestra investigación: “Las invasiones inglesas” de Carlos Roberts y “Beresford. Gobernador de Buenos Aires” de Bernardo Lozier Almazan. Son buenos senderos para empezar en esta historia.
Ahora, en este momento, las naves británicas navegan velas al viento, surcando el Atlántico, augurando la ciudad que los espera del otro lado.
Hagamos silencio. El primer acto de la historia, acaba de comenzar.
13.4.06
la falacia del futuro mejor
La gente grita que quiere crear un futuro mejor, pero eso no es verdad, el futuro es un vacío indiferente que no le interesa a nadie, mientras que el pasado está lleno de vida y su rostro nos excita, nos irrita, nos ofende y por eso queremos destruirlo o retocarlo. Los hombres quieres dueños del futuro sólo para poder cambiar el pasado.
MILAN KUNDERA
(“ñ”, 01.04.06)
12.4.06
caminando con la muerte al lado

LA ERA DE HIELO 2
Confieso que iba con muy bajas expectativas a ver “La era de hielo 2”, en parte por las tibias críticas y porque la primera parte no era una de las cimas de la animación. Y, debo confesar ahora, recibí una grata sorpresa. “La era del hielo 2” no sólo ha ganado respecto a su primer episodio, sino que ha sumado algunos notables apuntes psicológicos. Hasta la estructura tiene algunos hallazgos que merecen considerarse.
En primer lugar, llama la atención, en una película dirigida al público infantil, la presencia tangible de la muerte que hay en esta segunda parte. Los personajes caminan junto a la muerte, es un personaje más, tangible y real, en cada bache del camino.
No sólo hay depredadores que se comen a otros, sino hasta contamos con un musical protagonizados por buitres que especulan de que manera se van a comer a los personajes cuando los encuentren muertos al otro día. Convengamos que no es tan común para el género, por más de lo que haya evolucionado éste.

También, pese a esa convivencia con el fin, los protagonistas no son pesimistas. Están llenos de vida, como ese valle que se descongela y donde todo revive, pese a la proximidad de la catástrofe. Con sus miedos, sus decepciones, sus temores, la manada (la familia) encara la muerte y se permite reírse en su cara.
En esta parte, volvemos a compartir las aventuras de nuestros amigos, Diego (el tigre sable), Manny (el mamut) y Sid (el perezoso) huyendo de un valle que está a punto de inundarse fatalmente, por la ruptura de una barrera de hielo que se quiebra con el deshielo. En el viaje de salida, nuestros amigos afrontaran sus temores y realizarán sus deseos: Manny, encontrar a otros de su especie; Sid, ser respetado; Diego, superar su único temor: no sabe nadar. En el camino del héroe, cada uno encontrará lo que busca, aunque deba pasar una prueba trascendental para lograrlo.

La estructura del filme tiene su interés. La historia principal, la huida de nuestros amigos, está interrumpida por la lucha de la ardilla con la bellota (personaje célebre de esta historia). Las escenas de la ardilla segmentan la historia principal que se estructura en bloques aislados. Cada uno de estos bloques, plantea, desarrolla y finaliza, un tema. Opera como una sucesión de cortos, enlazado por otros cortos. Si bien hay una continuidad de la historia central, podrían verse por separado, como cortos independientes. Esta estructura (con reminiscencias de las ocho unidades inhundibles de Stanley Kubrick) es más que interesante para mantener la atención del espectador infantil. Posiblemente, también haya sido la causa para que se la señalara, en alguna crítica, como una carencia de guión. No es así. El filme tiene su estructura y no falla. Sólo que su formato está tabicado.
Desde la animación, vale prestarle atención a las texturas de los dibujos. El personaje destacado es Ellie, la mamut que se cree una zarigüeya. Una joyita, uno de los personajes del año. Escenas: el musical de los buitres; el encuentro de Sid con los perezosos adoradores del Dios del Fuego; todos los gags de la ardilla y la bellota; el gag del abuelo que no quiere irse de su casa y debe ser tironeado por sus nietos. (Una lástima que no haya copias subtituladas.)

Frases: “¿Realmente crees que es la chica para mí?”, “Seguro. Ella es toneladas de divertida. Tú no lo eres. Ella te completa”; “Diego, retrae las garras, por favor”; “Si tu especie está por sobrevivir, ¡no dejes de aplaudir!”; “¡Viviremos! (PAUSA) Moriremos…”; “Si alguien pregunta… eran como cincuenta… ¡Todas serpientes!”; “Padres: por favor, no dejen sus niños sin vigilancia. Todos los niños sin vigilancia serán comidos”.
CONSEJO: ir a verla, amantes de la animación.
11.4.06
vida borrador
El hombre nunca puede saber qué debe querer, porque vive sólo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores. No existe posibilidad alguna de comprobar cuál de las decisiones es la mejor, porque no existe comparación alguna. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. ¿Pero qué valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es ya la vida misma? Por eso la vida parece un boceto.
MILAN KUNDERA
(“ñ”, 01.04.06)
10.4.06
pasando del dobles al singles
HISTORIAS DE FAMILIA
“Historias de familia” (traducción pava para el original “El calamar y la ballena”, más aún conviviendo con un “Derecho de familia” en las pantalla nacional de estos días) es una típica película independiente norteamericana. Ni el gran peliculón, ni el bodriazo. Hay un gran trabajo actoral del cuarteto de protagonistas y una muy buena descripción de personajes (en gran medida autobiográfico para el guionista y director Noah Baumbach). Para aquellos que disfruten de percibir como las palabras no siempre dicen lo que quieren decir y cómo en los diálogos se puede hallar otras intenciones a las expresadas, “Historias de familia” es su película. Para el público que espere más fuerza dramática, probablemente les parecerá un filme menor.
En apariencia, “Historias de familia” es la historia de un divorcio, el de Bernard y Joan, matrimonio de literatos con dos hijos varones (Walt y Frank). Desde esa vereda, es un diario de viaje de cómo se resienten, tuercen, vibran, chocan y sobrevive, cada protagonista, a esas crisis trascendental.
Pero esa es sólo la superficie de la película. El filme trata, en realidad, de la evolución de un hijo para ver a su padre tal como es, de percibirlo sin idealizarlo, de observar al calamar luchando con la ballena (la última escena del filme) de frente, sin taparse los ojos, para ver lo que haya que ver, por más cruento que eso parezca.
Esa es la tesis del filme y todas las escenas se estructuran a partir de esa premisa. Es Walt reconociendo que Bernard, su padre, lo ha manipulado toda su vida, como es su costumbre, rindiéndole pleitesía a su egocentrismo exacerbado. Tanto Joan (su esposa) como Frank (el hijo menor), se han liberado de la carga de intelectual que se las sabe todas, que proyecta Bernard. Lo han visto tal como es, un tipo patético que va hacía su autodestrucción, despreciando lo que tiene en busca de una utópica “mejor posibilidad”. El único que no lo ha visto, hasta ahora, es Walt. Y Walt está en el momento en que tiene que decidir si sigue el paso de su padre (y se convertirá en un perdedor como él) o tomará sus propias decisiones, como lo hizo su madre y, a los tumbos, su hermano Frank.
Como pasa siempre, en esta clase de películas de gente que habla, es imprescindible contar con un muy buen elenco para que funcione. Éste es el caso, afortunadamente. A Jeff Daniels (barbado, lejos de su estampa rubio carilindo de “La rosa púrpura de El Cairo”) súmenle a Laura Linney (una de las debilidades de esta página), Jesse Eisenberg (el sobrino de “Cosa de hombres”) y Owen Kline. Hasta los secundarios como Halley Feiffer (Sophie, la novia de Walt) o William Baldwin (el profesor de tenis) rinden en sus pequeños parlamentos. Una baba emérita a Anna Paquin que parece encasillada en el papel de adolescente que se voltea maduros cuarentones que supo encarar en “La hora 25” de Spike Lee.
Escenas: el partido de tenis con el que abre la película; la discusión entre los cuatro protagonistas, previo al ataque cardíaco; la charla de los padres con la maestra de Frank; la escena en la que Bernard se entera de que su ex-esposa está saliendo con alguien.
Frases: “Joan, déjame preguntarte algo. Todo el trabajo que hice al final de nuestro matrimonio, hacer la comida, limpiar, ser más atento. ¿No hizo ninguna diferencia, no? Me estabas dejando, no importaba lo que hiciera…”, “Nunca cocinaste”, “Hice hamburguesas, la vez que tuviste neumonía”; “Sí… es verdaderamente kafkiano”, “Debido a que lo escribió Franz Kafka…”, “Correcto, eso quería decir, exactamente”; “Era como amigos… hacíamos cosas juntos… íbamos a ver las armaduras al Museo Metropolitano. Los horribles peces del Museo de Historia Natural. Siempre le tenía miedo a la lucha entre el calamar y la ballena. Sólo podía mirarlo tapándome los ojos”; “Suponemos que es posible que otro chico se estén masturbando y esparciendo su semen alrededor de la escuela, también… Es posible, pero algo… eh… improbable”, “Oh, pasa. Seguro más que lo que usted cree”, “Bernard, ¿alguna vez en tu vida hiciste algo así?”, “No voy a responder eso”.
CONSEJO: esperar al video.
9.4.06
cartas del mazo

Varios correos a la casilla chatarra. Agradecemos el saludo y comentario de Vale quien nos hizo llegar su agrado por las dos lágrimas del kitsch, la frase de Milan Kundera que publicamos el miércoles. Gracias Vale y seguí ahí, con nosotros.
Verónica Inés se confiesa nacida en el 69 y nos recuerda, para la Cadena Catártica del Viejazo del Último Milenio a “chocolatines Sheriff, los Angelitos Negros y su publicidad de ‘Chiva-Chiva’ ¡Ah! ¿y se acuerdan del dragoncito Chipy?”. No sólo nos acordamos del dragoncito Chipy sino también de la propaganda del Angelito Negro que, casi de bebé, me provocaba tal pánico que tenían que salir mis familiares a apagar la televisión (en blanco y negro, a válvulas, con sintonizador, of course) cada vez que pasaban la publicidad de dicha golosina. Gracias por el recuerdo (aterrador) Verónica Inés.
Y nos llega la gacetilla de nuestra colaboradora y amiga de la casa, la tanguera por excelencia Deborah Altieri que se ruega difundir a amigos y entenados:
Taller de Tango
A partir del sábado 22 de abril, todos los sábados de 19 a 20:30 horas,
Clases de tango con Deborah Altieri y Santiago Feldman.
ANIMATE, descubrí el placer de la libertad de bailar.
Es en Julián Alvarez 1556 (casi Av.Córdoba).
$35 pesos por mes.
Informes 4780-5943 o al 4962-7311
santiagodemian@yahoo.com.ar / deboaltieri@hotmail.com
A todos muchas gracias por estar del otro lado del ciberespacio porque, sin ustedes, ¿qué sería de nosotros? Más o menos el mismo fracaso de siempre, pero con menos público.
No se empachen con los huevitos de Pascua y vamos que seguimos.
8.4.06
con poca gracia
LA DESAPARICIÓN DE MADAME ROSE
Si a usted le gusta el humor francés (casi un oximorón), es posible que disfrute de “La desaparición de Madame-Rose”. Sino, siga de largo, porque esta película (basada en un obra de Agatha Christie) por momentos parece un policial, pero sólo por momentos. En realidad es una comedia ácida, con cierto toque zumbón de humor negro. Pero sin terminar de despegar en uno u otro sentido.
Los Beresford son un matrimonio maduro y atípico; Bélisaire es militar, hombre de inteligencia (militar, valga la paradoja); Prudence una colifa que descubre crímenes en cualquier acto cotidiano y, lo que es peor, casi siempre acierta. En esta ocasión, la muerte de una tía recluida en un geriátrico, da motivos a la pareja para empezar a sospechar que algo ilegal está ocurriendo en esos muros. Muerte por envenenamiento, ancianitos retirados del lugar por sus familiares y delirios que podrían no ser chocheras, sino testimonios de primera mano.
El inconveniente con “La desaparición…” es que parece una película de hace unos 30 años. La historia deriva de un lado al otro y los gags o réplicas ingeniosas no alcanzan a superar las debilidades del guión. El enigma, en realidad, no es el centro de la historia, por lo que todo se reduce a reírse de las locuras que realiza la protagonista, Prudence Beresford. Pero como tampoco es una comedia plena, la sensación final es que estamos en presencia de un “ni”, indeterminación casi siempre fatal en cine.
Igualmente, no es que estemos en presencia de un bodriazo provocadora del vómito. Da para verla en cable, sin apuro, y sonreírse con algunos de los buenos momentos. Pero no alcanza para conformar, está claro.
Escenas: la secuencia de la llegada de los nietos de los Beresford; la junta militar con máscaras antigás; la visita al geriátrico.
CONSEJO: esperar al video.
7.4.06
el Nacional
En 1904, uno de los patriarcas del teatro argentino, Jerónimo Podestá, adquirió unas caballerizas ubicadas en la calle Corrientes, a metros de lo que hoy es la avenida 9 de Julio. Le costó dos años transformar ese lugar en un teatro para 940 personas, al que llamó Nacional. Decía que no podría llamarse de otro modo, ya que su finalidad era brindar una sala en la que pudieran actuar compañías criollas con obras de autores nacionales.
Lo inauguró el 5 de abril de 1906, con un triple programa: un pericón nacional, la revista "Risas de careta", de Ricardo Levene, y un clásico del teatro argentino: "Locos de verano", de Gregorio de Laferrère. En los respectivos elencos, estaban Jerónimo, Arturo y José Podestá, Enrique Muiño, Elías Alippi, Francisco Ducasse y Guillermo Battaglia.
En este punto surge un nombre importantísimo para el teatro nacional: Pascual Carcavallo. Era secretario de los Podestá hasta que, en 1910, decidió comprarlo y se mantuvo al frente como director-empresario hasta 1933. Enseguida tuvo la iniciativa de transformar al Nacional en "catedral del género chico criollo". Fue un productor con un gran olfato comercial y respetuoso seguidor del gusto popular. A su vez, fue el responsable del acceso a la ansiada calle Corrientes de muchos autores, hasta entonces marginados. Su gran clásico: el concurso de obras nacionales. Al primero, de 1911, se presentaron 300 aspirantes. La ganadora fue "Los escrushantes", de Alberto Vacarezza. Pero sus mayores éxitos fueron los sainetes "Tu cuna fue un conventillo" y "El conventillo de la Paloma".
El Nacional se convertía en el teatro donde se desarrollaban célebres autores como Nemesio Trejo, Carlos María Pacheco y Florencio Sánchez, y hasta 1933 sólo se representarían allí piezas de autores nacionales. Allí se representaron "Así es la vida", "San Antonio de los Cobres", "Mateo", "Mustafá" y "El carro de la basura", entre otras.
En esa sala se estrenaron dos de las primeras comedias musicales tangueras: "La cumparsita" (1932) y "La muchachada del Centro" (1932). Luego, muchas otras, como "Mi bella dama", "El otro yo de Marcela", "Pippin", "Así como nos ven", "Chicago", "Yo quiero a mi mujer", "El diluvio que viene" y "A Chorus Line".
Pero a Carcavallo lo unía una gran amistad con el presidente Marcelo T. de Alvear y no deseaba ver a su amigo y a otros políticos conocidos caricaturizados en alguna revista de su sala. Así fue como se alejó del ambiente artístico sólo por un tiempo.
Entretanto, las dificultades económicas y la guadaña del remate judicial cayeron sobre los cimientos del Nacional. Pero el teatro quedó en manos del empresario Enrique Muscio, que contrató obras de muy diferente color durante una década. Durante muy poco tiempo, en 1936, los asesores culturales del entonces presidente militar Agustín P. Justo le sugirieron a Muscio que el nombre Nacional sólo correspondía a una sala controlada por el Estado, por lo que debió rebautizarlo National. Cosas de aquellas épocas, pero afortunadamente el absurdo duró muy poco y se lo llamó El Nacional.
En 1952, Muscio se unió a Carlos A. Petit y transformó a El Nacional en el segundo templo de la revista porteña. Por ese escenario pasaron figuras como Tita Merello, Libertad Lamarque, Gloria Guzmán, Azucena Maizani, Sofía Bozán, Tania, Nélida Lobato, Nélida Roca, Pepe Arias, Zulma Faiad, Tato Bores, Susana Brunetti, Adolfo Stray, Osvaldo Pacheco, Blanquita Amaro y Tito Lusiardo, entre muchos otros. Nélida Roca una vez confesó en un reportaje que "había que triunfar en El Nacional para poder decir que se había triunfado en la revista".
Alejandro Romay se hizo cargo del teatro en 1961, hasta que, en la mañana del 22 de julio de 1982, la sala ardió en llamas. Se representaba "Sexitante", una revista con Susana Giménez, que parodiaba al gobierno militar en un sketch. Algunos dijeron que la causa del siniestro fue un cortocircuito, pero otros aseguraron que fue un atentado.
Pero el amor de Romay por el teatro hizo que el 1° de marzo de 2000 reabriera sus puertas con una nueva versión de "Mi bella dama", instalando la tradición de poner en escena por lo menos una gran comedia musical por año. Le siguieron "Tanguera", "Fiebre de sábado por la noche", "Zorba", "Aplausos", "Nativo" y "El hombre de La Mancha".
PABLO GORLERO
“El Nacional se renueva al cumplir 100 años”
(la nación, 05.04.06)
6.4.06
mucho marketing
MRS. HENDERSON PRESENTA
En una línea: de tan calculada y tan taimadamente especuladora, “Mrs. Henderson presenta” apesta. En ningún momento el guión de Martin Sherman se preguntó cuál era la historia que estaba contando. ¿La historia de un amor platónico entre una viuda millonaria maleducada y un bohemio creativo orgulloso? ¿O acaso la historia de cómo se vencen a los pacatos con los que convivimos en cada época? ¿O, tal vez, la exaltación del cuerpo desnudo y el erotismo? Cualquiera de esas cosas pudo ser “Mrs. Henderson presenta”. Pero en su lugar, se prefirió acumular calculadas escenas para ganarse el fácil favor del público, envuelto en un exquisito ropaje visual (responsabilidad de la fotografía de Andrew Dunn y de la dirección de Stephen Frears), pero que no puede disimular las flaquezas de la trama.
Mrs. Henderson queda viuda y millonaria. Y, harta de la vida social de una viuda inglesa a fines de la década del 30, decide comprar un teatro, montar espectáculos durante el todo día y, como si fuera poco, incluir chicas desnudas en los cuadros musicales, todo un escándalo para la tradicional flema británica. Para esa tarea contará con Vivian Van Damm, un productor holandés con el que tendrá una instantánea relación amor – odio.

Ése es, en líneas generales, el planteo de “Mrs. Henderson presenta”, inspirados en “hechos reales”. El inconveniente se da cuando, a casi media hora del film, y con las chicas desnudas sobre el escenario, el guión cae de a ratos en el melodrama, en otros en el relato patriótico y en otros en la reconstrucción de época. Nos quedamos con ganas de ver más cruces entre Mrs. Henderson y Mr. Van Damm (más allá de los patéticos intentos de la señora por entrar disfrazada a su propio teatro, una decisión deplorable del guión).
Algunas cosas para rescatar del filme: algunas réplicas perversas de la protagonista, el duelo actoral entre Judi Dench y Bob Hoskins, los desnudos de Kelly Reilly, la inglesita de “Las muñecas rusas” y “Piso compartido” (¡qué personaje desaprovechado! ¡qué actriz desaprovechada!), algunos toques de comedia y la reconstrucción de Londres antes de la guerra.

Escenas: el encuentro inicial de los protagonistas; el Full Monty de los ensayos; el encuentro entre Mrs. Henderson y Lord Chamberlain.
Frases: “Estoy aburrida de ser viuda. Tengo que sonreír a todos. Nunca he sonreído antes. En la India, siempre había gente a la que despreciar”; “¡Necesitamos pezones británicos!”; “¿Y qué hay, discúlpeme, sobre el follaje…?”, “¿Follaje?”, “Ya sabe… debajo de…”; “¡Mr. Van Damm! Es judío después de todo”; “Cuando retiré sus cosas encontré una de esas fotos… ¿cómo la llaman ustedes? ‘Postales francesas’ Y entonces me di cuenta que, probablemente, había muerto sin haber tenido la ocasión de ver a una mujer desnuda”.
CONSEJO: esperar al video.
En una línea: de tan calculada y tan taimadamente especuladora, “Mrs. Henderson presenta” apesta. En ningún momento el guión de Martin Sherman se preguntó cuál era la historia que estaba contando. ¿La historia de un amor platónico entre una viuda millonaria maleducada y un bohemio creativo orgulloso? ¿O acaso la historia de cómo se vencen a los pacatos con los que convivimos en cada época? ¿O, tal vez, la exaltación del cuerpo desnudo y el erotismo? Cualquiera de esas cosas pudo ser “Mrs. Henderson presenta”. Pero en su lugar, se prefirió acumular calculadas escenas para ganarse el fácil favor del público, envuelto en un exquisito ropaje visual (responsabilidad de la fotografía de Andrew Dunn y de la dirección de Stephen Frears), pero que no puede disimular las flaquezas de la trama.
Mrs. Henderson queda viuda y millonaria. Y, harta de la vida social de una viuda inglesa a fines de la década del 30, decide comprar un teatro, montar espectáculos durante el todo día y, como si fuera poco, incluir chicas desnudas en los cuadros musicales, todo un escándalo para la tradicional flema británica. Para esa tarea contará con Vivian Van Damm, un productor holandés con el que tendrá una instantánea relación amor – odio.

Ése es, en líneas generales, el planteo de “Mrs. Henderson presenta”, inspirados en “hechos reales”. El inconveniente se da cuando, a casi media hora del film, y con las chicas desnudas sobre el escenario, el guión cae de a ratos en el melodrama, en otros en el relato patriótico y en otros en la reconstrucción de época. Nos quedamos con ganas de ver más cruces entre Mrs. Henderson y Mr. Van Damm (más allá de los patéticos intentos de la señora por entrar disfrazada a su propio teatro, una decisión deplorable del guión).
Algunas cosas para rescatar del filme: algunas réplicas perversas de la protagonista, el duelo actoral entre Judi Dench y Bob Hoskins, los desnudos de Kelly Reilly, la inglesita de “Las muñecas rusas” y “Piso compartido” (¡qué personaje desaprovechado! ¡qué actriz desaprovechada!), algunos toques de comedia y la reconstrucción de Londres antes de la guerra.

Escenas: el encuentro inicial de los protagonistas; el Full Monty de los ensayos; el encuentro entre Mrs. Henderson y Lord Chamberlain.
Frases: “Estoy aburrida de ser viuda. Tengo que sonreír a todos. Nunca he sonreído antes. En la India, siempre había gente a la que despreciar”; “¡Necesitamos pezones británicos!”; “¿Y qué hay, discúlpeme, sobre el follaje…?”, “¿Follaje?”, “Ya sabe… debajo de…”; “¡Mr. Van Damm! Es judío después de todo”; “Cuando retiré sus cosas encontré una de esas fotos… ¿cómo la llaman ustedes? ‘Postales francesas’ Y entonces me di cuenta que, probablemente, había muerto sin haber tenido la ocasión de ver a una mujer desnuda”.
CONSEJO: esperar al video.
5.4.06
las dos lágrimas del kitsch

El kitsch provoca dos lágrimas de emoción, una inmediatamente después de la otra. La primera lágrima dice: ¡Qué hermoso, los niños corren por el césped!
La segunda lágrima dice: ¡Qué hermoso es estar emocionado junto con toda la humanidad al ver a los niños corriendo por el césped!
Es la segunda lágrima la que convierte al kistch en kitsch.
MILAN KUNDERA
(“ñ”, 01.04.06)
4.4.06
DERECHO DE FAMILIA
-Hace casi diez años que vas a festivales europeos con tus películas. ¿Qué te parece que esperan de las pelis argentinas? ¿Cambió la expectativa en este tiempo?
DANIEL BURMAN: -Es contradictorio… El discurso es que ahora que ya pasó un poco la crisis, quieren ver otra cosa. Pero cuando ven otra cosa, no quieren ver otra cosa… No está muy claro. Quieren algo diferente, pero no tan diferente. “Meteme un aborigen, meteme algo para que me cierre…”. Todavía está bastante estigmatizado el cine latinoamericano. Es como que inconscientemente Europa necesita reafirmar lo que el economista inglés David Ricardo llamó la división internacional del trabajo: los suizos hacen relojes, nosotros mandamos carne… Cada uno hace lo que tiene que hacer, y nosotros hacemos películas de tipos que están mal. No podemos hacer películas de clase media aburrida con amantes, porque de eso se ocupan los franceses (risas). Lo tienen cubierto. Y los iraníes que hagan chicos corriendo un globo. Tratemos de mantener las cosas en su lugar…
(revista “haciendo cine”, marzo 2006)
Perelman (Ariel) es abogado. Perelman (Bernardo), también. Perelman (Ariel), tiene un hijo. Perelman (Bernardo), también. Perelman (Ariel), vive con el traje y la corbata puesto. Perelman (Bernardo), también. Y allí acaban las semejanzas, porque como bien lo dice Ariel “él se dedicó a la ley; yo a la justicia”. Y hay más: porque Perelman (Bernardo) es un tipo que le saca tema a cualquiera, sabe un poco de cualquier cosa, se conoce a medio Tribunales, no respeta una cola (léase hilera y/o fila) y es capaz de adoctrinar a un falso testigo en el bar de la esquina antes del juicio. Todo lo contrario al otro Perelman (Ariel), muy formal, rebuscado para expresar sus sentimientos, docente y defensor de pobres.
Son tipos tan distintos, Perelman (Ariel) y Perelman (Bernardo) que no parecen que el primero sea el hijo del segundo.
DANIEL BURMAN: ..., creo que los padres son un invento del siglo XX. Es un momento de una responsabilidad enorme. Y uno siente que ocurre en desventaja con las madres que parece que vienen con un manual. La paternidad es algo construido, ficticio, que genera una mayor creación. Ser madre es como filmar un documental y ser padre, filmar una ficción.
(“ñ”, 01.04. 06)
O eso se cree Perelman (Ariel). Porque para el espectador basta verlos patinando Tribunales con el mismo paso enérgico, bajar las escaleras con el mismo saltito o agarrar el pebete de jamón y queso de la misma forma, para reconocer la herencia genética de uno en el otro.
La mejor película de Daniel Burman, una gran película para reconciliarse con el cine argentino. “Derecho de familia” (anótenla para el Oscar y el Goya, aviso, y ya sé que recién estoy en abril) es la mejor película de Burman, la más redondita y emotiva, absolutamente deliciosa y humana.
Burman es, posiblemente, de los cineastas argentinos de esta generación, el mejor para detallar, con pequeños gestos, miradas y diálogos cotidianos, a sus personajes. En la mayor parte de sus películas, esa riqueza con las que elabora a sus personajes, a veces conspira con la estructura de la historia y el resultado parece quedar a mitad de camino. En “Derecho de familia”, sin embargo, logra algo cercano a la perfección. En ningún momento la historia se pierde y, lo que es mejor, tampoco se renuncia a ese estilo Burman.
DANIEL BURMAN: Después, con mucho tiempo y varias películas, creo que lo único que uno aprende es que es un boludo más entre miles que hacen películas; y que si le va muy bien, es un boludo más entre cientos. Pero que de todas maneras es un boludo más que hace películas. O sea que nadie está esperando tu plano maravilloso para respirar… Lamentablemente uno tarda tiempo en entender eso. Y que el cine es, de las actividades del universo, una muy innecesaria, y que dentro de esa banalidad uno es un tipo más… Cuando uno asume eso, creo que empieza a disfrutarlo como loco. Al menos ese fue mi caso. Si el cine llega a tener alguna importancia, es porque se la da el espectador; pero en sí no tiene ninguna.
(revista “haciendo cine”, marzo 2006)
En “Derecho de familia”, Daniel Burman logra un acierto artístico: que las pequeñas cosas cotidianas (una taza de té, un despacho oficial, el expediente sobre el mostrador, el tostado comido en el barcito ratón de la esquina) alcance una tristona pátina existencial. Esas cosas repetidas, esos lugares comunes de la visión, toman un tono distinto, una mirada de la última vez. Esos ladrillos de nuestra cotidianeidad que construyen un puente hacia el futuro, meros artificios de mago chambón, estrellita que brilla cada vez menos en la noche, tirando alguna chispita más, relumbrando tozuda, antes de desaparecer en la oscuridad.
Esta sobreacumulación de pequeños detalles es clave en esa última escena del acto escolar, la de la epifanía de Perelman (Ariel), porque comprendemos, junto al protagonista, que esos nimios rituales diarios adquieren un significado místico. Y que esas caminatas con papá por Tribunales, llevándole la valija, se revelan como un acto de amor que desconocíamos, hasta que nosotros mismos lo repetimos con nuestro hijo de la mano.
DANIEL BURMAN: Truffaut decía una frase que sintetiza exactamente la película: No debe de haber momento más importante en la vida de un hombre, que aquel día en que se da cuenta de que sus hijos son más importantes que sus padres. Y eso es genial. Te das cuenta de que una línea de fiebre de tu hijo te importa mucho más que lo que puedan decir tus padres de tu vida. Pero ese cambio es invisible y convertir esos momentos en algo transmisible para el espectador me parece algo muy rico, muy interesante.
(revista “haciendo cine”, marzo 2006)
Un apunte para el guionista novel: prestar atención al (ab)uso del relato off. En general, suele ser un síntoma de mal guión, de un error de escritor. No es éste el caso. Y es bueno tenerlo de ejemplo, porque indica que, en arte, las reglas absolutas están hechas para ser rotas… si es que funciona al hacerlo. En “Derecho de familia”, en ningún momento molesta el relato en off y hasta adquiere valor dramático, para un personaje que le cuesta verbalizar lo que piensa.
El elenco es parejo y bueno. Daniel Hendler, actor fetiche de Daniel Burman, es fundamental para este personaje. Otro halago para Arturo Goetz que encarna, brillantemente, a este abogado piola que se acuerda el nombre de todas las empleadas de Tribunales y las fechas de sus cumpleaños y de casamiento. Son las dos puntas de un elenco parejo y creíble, responsables, también, del clima que logra el filme.
Escenas: la última mirada de Perelman padre a su hijo, en la plaza; la escena final, del acto escolar; la presentación de personaje de Perelman (Bernardo); el diálogo entre el Perelman (Ariel) con su tío, en el baño; la secuencia de Perelman (Bernardo) escribiéndole la presentación judicial a su hijo, en una servilleta de papel.
Frases: “Porque el caracol es hermafrodita”, “¿Y el lechón?”, “No, doctor. El lechón es heterosexual”; “Así que, finalmente, Perelman tenía un misterio. Y se fue sin decirlo. O, a lo mejor, no. A lo mejor lo dijo, a su manera. Pero yo ya estaba muy grande para entenderlo”; “Decime, ¿tu viejo nunca te dijo si se mueve a Norita?”; “¿Por qué este afán participativo? Si yo pago es, justamente, para no participar”; “Mi familia viene de Polonia, los tuyos son gallegos. Somos la típica familia judeocristiana argentina. ¿En qué momento apareció un suizo, me querés decir?”
DANIEL BURMAN: En Europa no entienden que no es que uno quiera hacer cine de documental sino que, de verdad, de mis compañeros de banco uno era peruano, otro boliviano, otro judío. Es parte de la vida cotidiana en la Argentina. Yo estoy feliz de vivir en un país donde la tolerancia no es un tema, donde hay una comprensión del otro como alguien diferente.
(“ñ”, 01.04. 06)
“Perelman, quiere caca”, “¿Cómo caca? ¿Otra vez? Si ya fue esta mañana…”; “Y bueno… ¿qué apuro hay? Si todavía hay tiempo para parecerse… si quiere parecerse… en lo que quiera parecerse”.
DANIEL BURMAN: … y creo que ese es el discurso que hay que combatir, el discurso eurocentrista, que supone que nosotros vivimos en un país en crisis, y que acá todo gira en torno de la crisis. Y eso es mentira, porque hasta en las situaciones más críticas sigue existiendo la vida cotidiana; en cierta medida, en abstracción de esa situación crítica que los rodea. Y eso a los europeos les cuesta entenderlo: que incluso el tipo que se dedica a revolver la basura, en cierto momento llega a su casa y se pega un baño, y come lo que haya en la mesa, por poco que sea, y habla de otra cosa.
(revista “haciendo cine”, marzo 2006)
CONSEJO: ir a verla. Obligación de espectador argentino. No joda.
3.4.06
un elefante en el living
Creo, si mi memoria no me falla, que fue un jueves, a la vuelta del trabajo, cuando descubrí el elefante echado en el medio del living de mi casa.
Afortunadamente, la pobre bestia supo morirse en el centro de la sala, dejando un estrecho corredor entre su cuerpo y el aparador donde Cecilia guarda las copas.
-Tengo que ponerme a dieta -me dije mientras tiraba trabajosamente de mi pie derecho que se había trabado bajo la pata del elefante.
Cecilia, mi esposa, estaba en la cocina y aparentemente no me había escuchado llegar. No mostró sorpresa cuando la saludé con un beso:
- ¿Qué tal amor? ¿Alguna novedad? –le dije.
Mentiría si no dijera que pude notar cierto nerviosismo en su mirada, pero tampoco puedo asegurar, terminantemente, que algo la perturbaba.
- Nada -contestó poniendo su atención en la carne que cocinaba en una olla- Todo igual.
- Bien -asentí- Entonces me voy al living, a leer un poco el diario antes de comer...
- Mirá que la comida ya casi está lista… veinte minutos… no más
Asentí. El elefante no se había movido un centímetro de su posición. Esto me proporcionó la prueba concluyente de que estaba irremediablemente muerto. Me resigné a la situación y busqué el sillón donde, todas las tardes, me siento a leer el diario.
No lo encontré.
Ayudándome por la disposición de las paredes y la ubicación del marco de la ventana, supuse (con bastante exactitud) que se encontraba debajo del cuerpo del animal. (A decir verdad, hasta el día de hoy, sigo suponiendo que sigue allí; pero la suposición me parece bastante probable, aunque no pueda verlo).
Volví a la cocina y me traje una silla.
-¡Qué raro, vos, que no estás tu sillón! -me dijo Cecilia mientras se reclinaba contra el cuerpo del elefante para llevar unos vasos a la mesa del comedor.
- Últimamente no me resulta tan cómodo -mentí- Quedo demasiado erguido y al rato empieza a dolerme la espalda.
-No te viene mal cambiar -aseguró- Pasás mucho tiempo en ese sillón.
Cecilia recorrió otras cuatro veces más el corredor elefante-aparador, trayendo las cosas de la cocina. En la última ocasión derramó (por supuesto que involuntariamente y sin ninguna intención) la salsa de la fuente sobre el animal.
Desvié la mirada; pretendí estar concentrado en la pantalla del televisor (que se encontraba detrás del elefante), como si nada hubiera pasado. Rápidamente Cecilia limpió la mancha con un repasador y sirvió la comida como si nada hubiera pasado.
Esa noche nos fuimos a dormir temprano. La película que estaban dando en la televisión (un policial que transcurría en las calles de Nueva York) nos pareció un tanto aburrida, tal vez por la presencia del elefante delante de la pantalla que nos impidió seguirla con la debida atención. Recuerdo, eso sí, que le di un beso a Cecilia antes de darle la espalda en la cama para dormirme.
Esa noche fue relativamente tranquila, pude conciliar el sueño, sin grandes inconvenientes, entre otras cosas porque el elefante no había empezado a dar olor.
Eso comenzó al día siguiente.
La piel del animal se abrió en una grieta longitudinal, cediendo ante la presión de la carne corrupta. Un líquido amarillento manó del tajo y se derramó sobre la alfombra, marcando con una amplia aureola negruzca la trama del tejido. Poco tiempo después, los gusanos emergieron del interior del cuerpo del elefante. Reptaban en un movimiento coordinado, como si fueran una masa coherente de pensamiento y acción, moviéndose entre los pliegues verdosos irregulares.
El elefante se había expandido grotescamente, como esas estrellas que aumentan de volumen antes del colapso final. Esta postrera tendencia había obturado, parcialmente, el único camino hacia la puerta de calle. El pasillo que el elefante había dejado entre su cuerpo y el aparador era, a esta altura, sólo una presunción. Debíamos, tanto Cecilia como yo, atravesar el lugar apartando la masa viscosa, a fuerza de empujar con nuestros cuerpos.
Por mi parte, había tomado la costumbre de vestirme junto a la puerta de salida, para evitar que el traje se manchara. No está bien visto en mi oficio, debo admitir, llegar al trabajo con un medallón de gusanos colgando de la corbata.
En algún momento comenté, al pasar y despreocupadamente, que era más higiénico comer en la cocina. Acudí a un ficticio artículo, leído en una revista de divulgación científica, para apoyar mi observación. Cecilia aprobó la idea, afortunadamente. Creo que, de no haberlo sugerido oportunamente, hasta el día de hoy estaríamos comiendo a unos pocos pasos del animal putrefacto.
Con todo, la peor parte la tuvo que soportar Cecy (así llamo cariñosamente, y en la intimidad, a mi amada esposa), por ser de los dos, quien más tiempo tenía que permanecer en casa. Ella siempre fue obsesiva con la limpieza y el orden, y aunque nunca dijera una palabra, sé bien cuanto debía desagradarle la presencia del elefante en nuestro hogar. Particularmente la mancha negra bajo el animal, que había degradado, tal vez para siempre, la alfombra del comedor, alfombra que personalmente Cecy había tenido la virtud de elegir entre tantas otras.
No le temblaba el pulso en el momento de luchar contra las bandadas de moscas que amenazaban colarse en el interior de nuestro dormitorio. A eso se había acostumbrado y confiaba, con cierta tranquilidad, en poder superarlos a pesar del número. Pero en lo que sí veía flaquear su ánimo, aunque jamás me atreví a deslizar ningún comentario, era en sus incansables esfuerzos para mitigar (aunque sólo fuera en parte) el olor pestilente que despedía el cuerpo en descomposición.
Debo decir (no sin pena, dada la convicción impuesta por Cecilia en la tarea) que falló rotundamente. El hedor se había incrustado en cada rincón del dormitorio, del baño y aún, sospecho, debajo mismo de nuestras uñas. Temo que estas mismas palabras trasciendan el papel con ese dulzón aroma de la carroña.
Fue por esos días, si mi memoria no me traiciona, que golpeó a nuestra puerta el portero del edificio.
No puedo precisar el exacto modo en que fueron dichas sus palabras, pero el tono general de su petición era el de comunicar que se habían producido quejas entre los vecinos, por el creciente olor a podrido que empezaba a percibirse en el edificio. También que alguien (a quien, con cierta cobardía, protegió con el anonimato, negándose sistemáticamente a identificarlo) había denunciado, en la última reunión de consorcio, que nuestro departamento era el origen del presunto mal olor.
Protesté airadamente por tal ofensa. Agité un dedo iracundo delante de su cara, considerando un atropello tal injuria, lanzada despreocupadamente desde las sombras de la impunidad. Abrí la puerta de par en par e invité al portero a pasar a mi casa. Enojado, le pedí que verificara personalmente tal humillante denuncia.
Cecilia debe haber escuchado mis gritos, desde la cocina, pues rápidamente se asomó detrás del elefante, para ver que pasaba. El portero la saludó con una inclinación de su cabeza mientras daba dos pasos al interior de nuestro hogar. Miró a un lado y al otro del living y, plegando las aletas de su nariz, clavó su vista en el elefante. Sonrió nerviosamente y volvió a mirarme.
Se disculpó por la intromisión, pero me señaló que era su deber. Lo palmeé comprensivamente, mientras lo acompañaba al ascensor. Recuerdo que le dije que yo no sentía ningún olor a elefante muerto o algo así (esto último no estoy totalmente seguro de haberlo dicho) y que se sintiera libre de expresar, sin ningún tipo de prevención, si había sentido ése o algún otro olor al entrar a mi casa.
Lo negó enfáticamente, agitando con firmeza su cabeza. Pero me dijo que ya sabía como era el consorcio de jodedor y que estaban todo el día molestándolo por cualquier tontería. Volvió a disculparse una vez más antes de despedirse.
Esperé que el ascensor se detuviera en la planta baja, antes de regresar a mi hogar.
-¿Qué quería? -preguntó Cecilia aplastando, con el taco de su zapato, un manojo de gusanos que se habían prendido de la solapa de su blusa.
-El consorcio se quejó del olor y un vecino le dijo que era de aquí -señalé.
-¡La bruja del sexto B, seguro! -respondió antes de volver a la cocina.
Debo reconocer que el elefante no nos cambió mayormente nuestras vidas. Nos molesta, sí, el olor nauseabundo, aunque debo admitir que, lentamente, su persistencia empieza a aflojar. Y los gusanos y la mancha negra de la alfombra. Eso sí.
Pero el resto, no ha variado sustancialmente. Hemos cambiado algunas costumbres, admito, pero estas alteraciones no han afectado drásticamente nuestra existencia. Apenas extraño mi sillón, pero, debo apresurarme a señalar, que el gradual proceso de degradación del elefante ha permitido recuperar un cuarto, aproximadamente, de la pantalla del televisor.
Hay veces que, en mi cama, cuando no puedo dormir, estoy tentado de estirar mi mano hacia el lado de Cecilia y despertarla, para preguntarle, en voz baja, qué sabe del elefante. Pedirle que me cuente cómo llegó a nuestro living, cómo pudo pasar por la puerta o subir por las escaleras, ya que creo muy improbable que lo haya hecho por el ascensor.
Pero me muerdo los labios y callo a tiempo.
Alguna vez, también, miré los colmillos asomando de la podredumbre y pensé cuanto pueden valer. Me pregunto porque no los serrucho y los vendo. Pero entonces me imagino todas las preguntas que me haría (de encontrarlo) el supuesto comprador: ¿De dónde sacó esos colmillos? ¿Es suyo el animal? ¿Tiene algún tipo de permiso para tener un elefante en el living?
Y entonces pienso que es mejor callar y esperar.
Algún día los gusanos acabarán con su tarea y entonces, cuando pase el tiempo, sólo quedará de él, el polvo de sus huesos. Polvo. Nada más. Polvo que se podrá recoger con una pala o, tal vez mejor, remover con la ayuda del viento que entrará al abrir la ventana que, seguramente, aún permanece en la pared, oculta detrás del elefante.
Afortunadamente, la pobre bestia supo morirse en el centro de la sala, dejando un estrecho corredor entre su cuerpo y el aparador donde Cecilia guarda las copas.
-Tengo que ponerme a dieta -me dije mientras tiraba trabajosamente de mi pie derecho que se había trabado bajo la pata del elefante.
Cecilia, mi esposa, estaba en la cocina y aparentemente no me había escuchado llegar. No mostró sorpresa cuando la saludé con un beso:
- ¿Qué tal amor? ¿Alguna novedad? –le dije.
Mentiría si no dijera que pude notar cierto nerviosismo en su mirada, pero tampoco puedo asegurar, terminantemente, que algo la perturbaba.
- Nada -contestó poniendo su atención en la carne que cocinaba en una olla- Todo igual.
- Bien -asentí- Entonces me voy al living, a leer un poco el diario antes de comer...
- Mirá que la comida ya casi está lista… veinte minutos… no más
Asentí. El elefante no se había movido un centímetro de su posición. Esto me proporcionó la prueba concluyente de que estaba irremediablemente muerto. Me resigné a la situación y busqué el sillón donde, todas las tardes, me siento a leer el diario.
No lo encontré.
Ayudándome por la disposición de las paredes y la ubicación del marco de la ventana, supuse (con bastante exactitud) que se encontraba debajo del cuerpo del animal. (A decir verdad, hasta el día de hoy, sigo suponiendo que sigue allí; pero la suposición me parece bastante probable, aunque no pueda verlo).
Volví a la cocina y me traje una silla.
-¡Qué raro, vos, que no estás tu sillón! -me dijo Cecilia mientras se reclinaba contra el cuerpo del elefante para llevar unos vasos a la mesa del comedor.
- Últimamente no me resulta tan cómodo -mentí- Quedo demasiado erguido y al rato empieza a dolerme la espalda.
-No te viene mal cambiar -aseguró- Pasás mucho tiempo en ese sillón.
Cecilia recorrió otras cuatro veces más el corredor elefante-aparador, trayendo las cosas de la cocina. En la última ocasión derramó (por supuesto que involuntariamente y sin ninguna intención) la salsa de la fuente sobre el animal.
Desvié la mirada; pretendí estar concentrado en la pantalla del televisor (que se encontraba detrás del elefante), como si nada hubiera pasado. Rápidamente Cecilia limpió la mancha con un repasador y sirvió la comida como si nada hubiera pasado.
Esa noche nos fuimos a dormir temprano. La película que estaban dando en la televisión (un policial que transcurría en las calles de Nueva York) nos pareció un tanto aburrida, tal vez por la presencia del elefante delante de la pantalla que nos impidió seguirla con la debida atención. Recuerdo, eso sí, que le di un beso a Cecilia antes de darle la espalda en la cama para dormirme.
Esa noche fue relativamente tranquila, pude conciliar el sueño, sin grandes inconvenientes, entre otras cosas porque el elefante no había empezado a dar olor.
Eso comenzó al día siguiente.
La piel del animal se abrió en una grieta longitudinal, cediendo ante la presión de la carne corrupta. Un líquido amarillento manó del tajo y se derramó sobre la alfombra, marcando con una amplia aureola negruzca la trama del tejido. Poco tiempo después, los gusanos emergieron del interior del cuerpo del elefante. Reptaban en un movimiento coordinado, como si fueran una masa coherente de pensamiento y acción, moviéndose entre los pliegues verdosos irregulares.
El elefante se había expandido grotescamente, como esas estrellas que aumentan de volumen antes del colapso final. Esta postrera tendencia había obturado, parcialmente, el único camino hacia la puerta de calle. El pasillo que el elefante había dejado entre su cuerpo y el aparador era, a esta altura, sólo una presunción. Debíamos, tanto Cecilia como yo, atravesar el lugar apartando la masa viscosa, a fuerza de empujar con nuestros cuerpos.
Por mi parte, había tomado la costumbre de vestirme junto a la puerta de salida, para evitar que el traje se manchara. No está bien visto en mi oficio, debo admitir, llegar al trabajo con un medallón de gusanos colgando de la corbata.
En algún momento comenté, al pasar y despreocupadamente, que era más higiénico comer en la cocina. Acudí a un ficticio artículo, leído en una revista de divulgación científica, para apoyar mi observación. Cecilia aprobó la idea, afortunadamente. Creo que, de no haberlo sugerido oportunamente, hasta el día de hoy estaríamos comiendo a unos pocos pasos del animal putrefacto.
Con todo, la peor parte la tuvo que soportar Cecy (así llamo cariñosamente, y en la intimidad, a mi amada esposa), por ser de los dos, quien más tiempo tenía que permanecer en casa. Ella siempre fue obsesiva con la limpieza y el orden, y aunque nunca dijera una palabra, sé bien cuanto debía desagradarle la presencia del elefante en nuestro hogar. Particularmente la mancha negra bajo el animal, que había degradado, tal vez para siempre, la alfombra del comedor, alfombra que personalmente Cecy había tenido la virtud de elegir entre tantas otras.
No le temblaba el pulso en el momento de luchar contra las bandadas de moscas que amenazaban colarse en el interior de nuestro dormitorio. A eso se había acostumbrado y confiaba, con cierta tranquilidad, en poder superarlos a pesar del número. Pero en lo que sí veía flaquear su ánimo, aunque jamás me atreví a deslizar ningún comentario, era en sus incansables esfuerzos para mitigar (aunque sólo fuera en parte) el olor pestilente que despedía el cuerpo en descomposición.
Debo decir (no sin pena, dada la convicción impuesta por Cecilia en la tarea) que falló rotundamente. El hedor se había incrustado en cada rincón del dormitorio, del baño y aún, sospecho, debajo mismo de nuestras uñas. Temo que estas mismas palabras trasciendan el papel con ese dulzón aroma de la carroña.
Fue por esos días, si mi memoria no me traiciona, que golpeó a nuestra puerta el portero del edificio.
No puedo precisar el exacto modo en que fueron dichas sus palabras, pero el tono general de su petición era el de comunicar que se habían producido quejas entre los vecinos, por el creciente olor a podrido que empezaba a percibirse en el edificio. También que alguien (a quien, con cierta cobardía, protegió con el anonimato, negándose sistemáticamente a identificarlo) había denunciado, en la última reunión de consorcio, que nuestro departamento era el origen del presunto mal olor.
Protesté airadamente por tal ofensa. Agité un dedo iracundo delante de su cara, considerando un atropello tal injuria, lanzada despreocupadamente desde las sombras de la impunidad. Abrí la puerta de par en par e invité al portero a pasar a mi casa. Enojado, le pedí que verificara personalmente tal humillante denuncia.
Cecilia debe haber escuchado mis gritos, desde la cocina, pues rápidamente se asomó detrás del elefante, para ver que pasaba. El portero la saludó con una inclinación de su cabeza mientras daba dos pasos al interior de nuestro hogar. Miró a un lado y al otro del living y, plegando las aletas de su nariz, clavó su vista en el elefante. Sonrió nerviosamente y volvió a mirarme.
Se disculpó por la intromisión, pero me señaló que era su deber. Lo palmeé comprensivamente, mientras lo acompañaba al ascensor. Recuerdo que le dije que yo no sentía ningún olor a elefante muerto o algo así (esto último no estoy totalmente seguro de haberlo dicho) y que se sintiera libre de expresar, sin ningún tipo de prevención, si había sentido ése o algún otro olor al entrar a mi casa.
Lo negó enfáticamente, agitando con firmeza su cabeza. Pero me dijo que ya sabía como era el consorcio de jodedor y que estaban todo el día molestándolo por cualquier tontería. Volvió a disculparse una vez más antes de despedirse.
Esperé que el ascensor se detuviera en la planta baja, antes de regresar a mi hogar.
-¿Qué quería? -preguntó Cecilia aplastando, con el taco de su zapato, un manojo de gusanos que se habían prendido de la solapa de su blusa.
-El consorcio se quejó del olor y un vecino le dijo que era de aquí -señalé.
-¡La bruja del sexto B, seguro! -respondió antes de volver a la cocina.
Debo reconocer que el elefante no nos cambió mayormente nuestras vidas. Nos molesta, sí, el olor nauseabundo, aunque debo admitir que, lentamente, su persistencia empieza a aflojar. Y los gusanos y la mancha negra de la alfombra. Eso sí.
Pero el resto, no ha variado sustancialmente. Hemos cambiado algunas costumbres, admito, pero estas alteraciones no han afectado drásticamente nuestra existencia. Apenas extraño mi sillón, pero, debo apresurarme a señalar, que el gradual proceso de degradación del elefante ha permitido recuperar un cuarto, aproximadamente, de la pantalla del televisor.
Hay veces que, en mi cama, cuando no puedo dormir, estoy tentado de estirar mi mano hacia el lado de Cecilia y despertarla, para preguntarle, en voz baja, qué sabe del elefante. Pedirle que me cuente cómo llegó a nuestro living, cómo pudo pasar por la puerta o subir por las escaleras, ya que creo muy improbable que lo haya hecho por el ascensor.
Pero me muerdo los labios y callo a tiempo.
Alguna vez, también, miré los colmillos asomando de la podredumbre y pensé cuanto pueden valer. Me pregunto porque no los serrucho y los vendo. Pero entonces me imagino todas las preguntas que me haría (de encontrarlo) el supuesto comprador: ¿De dónde sacó esos colmillos? ¿Es suyo el animal? ¿Tiene algún tipo de permiso para tener un elefante en el living?
Y entonces pienso que es mejor callar y esperar.
Algún día los gusanos acabarán con su tarea y entonces, cuando pase el tiempo, sólo quedará de él, el polvo de sus huesos. Polvo. Nada más. Polvo que se podrá recoger con una pala o, tal vez mejor, remover con la ayuda del viento que entrará al abrir la ventana que, seguramente, aún permanece en la pared, oculta detrás del elefante.
2.4.06
hoyo en uno

HIERRO 3
¿Y si todo fuera una ilusión? ¿Si detrás del mundo real existiera la verdadera realidad, como reza la última frase de “Hierro 3”? ¿Qué cosa quedaría tras el artificio? Amor. Amor en luz. Plena luz. Y todo lo demás se esfuma.
Parábola con aire zen, “Hierro 3” es una película tan rara como poética, del coreano Ki-duk Kim, a quien conocimos con la soberbia “Primavera, verano, otoño, invierno… y otra vez primavera”. Notable filme, por su sintaxis, su sencillez, su capacidad para contar una historia casi sin diálogos y esa habilidad de hacernos compartir un nirvana cinematográfico. No es de consumo amplio. Pero si usted es de esos espectadores que le gusta que lo sorprendan en la pantalla, no deje pasar esta película.
“Hierro 3” es la historia de Tae-suk, un joven que deambula con su moto, colocando propagandas de negocios de comida, en los picaportes de las casas. Cuando llega la noche, vuelve sobre sus pasos y revisa que avisos no han sido tocados. Es el indicio de que la casa está vacía. Entonces, el chico entra a la casa y pasa la noche allí. Pero no lo confundan: no es un ladrón. Es más: arregla los artefactos descompuestos, lava la ropa sucia y riega las plantas. Lo único que se lleva es una foto de sí mismo, frente a un cuadro que le llame la atención.

Pero un día, una casa no está vacía. En ella está Sun-hwa, la mujer de un rico hombre de negocios, marido golpeador además. En un primer momento, el muchacho no la ve. Ella lo observa y lo sigue durante todo el día, hasta que se atreve a mostrarse. No tardará en acompañarlo en su silencioso raid por las casas vacías.
Metáfora del amor, “Hierro 3” (el palo que menos se usa en el golf) nos muestra que las casas sólo son casas cuando las ocupan las personas. Hasta entonces, sólo son paredes y techos. Departamentos estancos, laberintos que compartimentan la soledad y el vacío, cuando los protagonistas se encuentran, sólo entonces las casas empiezan a tener algún sentido.
El guión de “Hierro 3” es una road movie inmobiliaria. La flecha de tiempo coincide con la decadencia socioeconómica de cada uno de los hogares que visitan los protagonistas, como una metáfora de la decadencia física, del envejecimiento. Pero a mayor degradación física, mayor es el lazo que une a los protagonistas. Al final, no importa cuan separados estén en este plano físico: es en el otro plano, en el trascendente, donde serán inseparables. Este remate, en apariencia fantástico, es en realidad metafísico: hay un más allá donde los que se aman viven por siempre. Todos los obstáculos de este mundo son ilusorios. Al final, sólo queda el amor. (Swedenborg, visitante del cielo, supo atestiguar que los que se aman, después de muertos se convierten en uno, esto es, en un ángel).

Escenas a destacar: la secuencia de la prisión; el encuentro entre Tae-suk y Sun-hwa; la escena final; Sun-hwa ubicándose delante de donde va a tirar Tae-suk.
Frases: “Es extraño. Siento como si alguien estuviera aquí, desde anoche”; “Es difícil saber si el mundo en que vivimos es sueño o realidad”.
CONSEJO: ir a verla. Público pochoclo: abstenerse.
1.4.06
la historia de una foto

Si hay una foto que resume a Robert Capa, es la “Muerte de un miliciano”, la toma de un republicano, en el exacto instante en que cae muerto por una bala franquista, en la Guerra Civil Española.
En los años ’70, la veracidad de esta foto fue puesta en duda, en especial del lado franquista, que adujo que era una puesta en escena y que no se habían desarrollado combates en el Cerro Muriano (el lugar de la foto) ni registrado bajas, ni en uno, ni en otro bando.
El testimonio del periodista británico O’Dowd Gallagher, parecía dar crédito a esta versión, quien confesó que, en el supuesto momento de la toma de la foto, Capa y él compartían un cuarto de hotel en la frontera con Francia, muy lejos del frente de batalla.
Con posterioridad, se corroboró que el recuerdo de Gallagher era erróneo. Y hace unos años, se descubrió la identidad del hombre que cae muerto en la mítica foto de Robert Capa: Federico Borrell García, caído en la batalla por el Cerro Muriano, a 12 kilómetros al norte de Córdoba, el 5 de septiembre de 1936.
En 1995, Juan Carlos Algañaraz, corresponsal de Clarín, entrevistó al historiador y arqueólogo Mario Brontons Jordá, amigo de Borrell García, quien también fue herido en la batalla de ese día. Más aún: los republicanos formaron un batallón con el sobrenombre de Borrell García, Taino, en homenaje al soldado caído.
Tal vez, valga recordar el testimonio de la fotógrafa Rosa Revsyn, quien dijo que “Capa no inventó la Guerra Civil Española como tampoco la muerte de miles de milicianos. Esta imagen forma parte de un legado comunicativo porque nos muestra, junto a tantas otras, la heroica lucha de la resistencia contra el fascismo. Está en nosotros, según cómo pensemos, adjudicarle el valor correspondiente”.
FUENTES:
(“ñ”, 11.03.06)
http://www.pbs.org/wnet/americanmasters/database/capa_r.html
(las imágenes de este post pertenecen a Mágnum Photos y pueden consultarse en su sitio: http://www.magnumphotos.com)
yapa: Recomendamos leer el comentario de "El burlador" sobre la muestra de Robert Capa, en el post del 01/04/06.
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