30.3.08

alegoría policial

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SIN LUGAR PARA LOS DÉBILES

“Sin lugar para los débiles” es una película con todos los tics de los hermanos Coen: el sur estadounidense, los seres trágicamente estúpidos, la muerte como un voleo al azar, el paisaje austero, la mediocridad como medio de vida, la ironía como recurso descriptivo. Estos rasgos (una auténtica carta de ciudadanía del estilo Coen) en sus últimas obras corrieron el riesgo de caer en el pecado de saturación y repetición. “Sin lugar para los débiles” logró elevarse a través de una alegoría. El aparente policial que cuenta es una excusa para una moraleja metafísica. En la periferia, la premiada película de los Coen es un policial violento; en el centro, es una reflexión sobre el sinsentido de la vida.

Los seres de los Coen no son ni buenos ni malos, porque no existen esas categorías en el universo coeniano. Son sobrevivientes apenas, sin preocuparse mucho en la justicia de esa sobrevivencia. Caricaturas, sombras que deambulan bajo el sol, concientes de la inutilidad de cualquier esfuerzo. En un contexto árido, salvaje, tan seco y pastoso como el paisaje, saben íntimamente que toda heroicidad es fatua, que no hay posibilidad de dejar huella alguna en un universo plenamente indiferente.

Nótese las diferencias con el imaginario de Quentin Tarantino, cuyos personajes perciben cierto orden en el Universo, aunque ellos militen en el bando opuesto. En su despiadado accionar, los protagonistas logran, en alguna circunstancia, toparse con ese Orden Supremo. Y respetan ciertas reglas, tácita aceptación de la existencia de ese orden. Es Bruce Willis salvando al mafioso que lo buscaba para matarlo; es Samuel Jackson reconociendo a Dios en un tiroteo fallido; es Uma Thurman, una asesina que decide tener una vida burguesa, para darle a su hija un futuro distinto al suyo. Seres oscuros que, sin embargo, logran percibir la luz.

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En lo seres del Universo Coen no hay luz posible, ni siquiera bajo la catarata del desierto sureño. En el ordenamiento Coen no hay posibilidad de salvación, porque no hay nadie esperando; en el ordenamiento Tarantino, la salvación no está para los protagonistas, pero alguien espera del otro lado y, excepcionalmente, se les revela. Ambos trabajan con seres condenados: uno por la indiferencia cósmica; otro por ese Orden Superior. La diferencia es dramáticamente poética.

En la periferia, “Sin lugar para los débiles” parece la historia de un asesino a sueldo que viene a matar a un tipo que se quedó con una valija con dos millones de dólares del narcotráfico. Esa es la excusa argumental. Y si compramos esa historia, los protagonistas son el asesino (un monumental trabajo de Javier Bardem) y Llewelyn Moss (Josh Brolin).

Pero el verdadero protagonista es Ed Tom Bell, el comisario asustado que interpreta Tommy Lee Jones. El primer parlamento y el que cierra la película, amén de un diálogo con su padre, cerca del final (un sueño), son las claves del filme. De eso se está hablando: de alguien que ve venir la muerte y espera un significado. Pero ese significado no le será dado.

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“Tú no puedes parar lo que se viene. No es lo que esperan de ti. Eso es vanidad” le dice el padre al protagonista. Esta es la tesis del filme. Esperar la noche eterna, sin la soberbia de creer que esto tiene algún significado. No lo hay. Como no hay razones en el accionar de Antón Chigurh, el asesino que arrastra el tubo de oxígeno por las rutas soleadas, elevado, por esta línea interpretativa, en una metáfora de la muerte: demente, caprichoso, aleatorio, brutal, impiadoso. Durante el filme, todos tratan de negociar con Chigurh. Pero Chigurh es innegociable por naturaleza. Sólo cumple su juego, con las reglas que él mismo aporta. Reglas que considera de hierro, pero son arbitrarias, estúpidas, ilógicas, todos calificativos de la muerte misma.

Esas son las claves alrededor de un filme no tan fácil de seguir. Y, pese a cierto momentos muertos, esta riqueza conceptual eleva esta última película de los hermanos Coen a un gran nivel. Tras varias experiencias fallidas, han retornado al camino y vale reconocerlo. Sin perder su estilo (con sus pros y sus contras) pero agregándole una dimensión poética.

Del elenco brilla Javier Bardem (un actor en un plano superior), bien secundados por Tommy Lee Jones y Josh Brolin.

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Escenas destacadas: el diálogo final entre Chigurh y Carson Wells (Woody Harrelson); el choque final de Chigurh; el encuentro de Bell con su padre; el encuentro de Carla Moss con Chigurh; la escena de la moneda tirada al azar.

Frases:

Hay un chico al que enviaron a la silla eléctrica en Huntsville hace un tiempo. Fue mi arresto y mi testimonio. Él mató a una chica de 14 años de edad. Los periódicos dijeron que fue un crimen pasionañ. Pero él me dijo que no hubo nada pasional en ello. Me dijo que había estado planeando matar a alguien desde que podía recordarlo. Dijo que si lo soltaban, lo haría otra vez. Dijo que sabía que iría al infierno. Estaría allí en 15 minutos. No sé qué hacer con eso. Sin duda que no. El crimen que ven ahora, es incluso difícil de medirlo. No es que tenga miedo de ello. Siempre supe que tenías que estar dispuesto a morir para hacer este trabajo. Pero no quiero apostar todas mis fichas, salir y encontrarme algo
que no pueda entender. Un hombre debe poner su alma en juego. Sólo debe decir: "De acuerdo. Seré parte de este mundo".

Si te detienes y regresas, vas a dispararme en el estúpido trasero. Pero si te detienes, detente en la sombra.

-Si no regreso, dile a mamá que la amo.
-Tu madre está muerta, Llewelyn.
-Entonces, se lo diré yo mismo.

-¿Qué es lo máximo que ha perdido, alguna vez, echando una moneda a la suerte?
-¿Señor?
-Lo máximo que ha perdido echándolo a la suerte.
-No lo sé. No sabría decirle.
-Elija.
-¿Que elija?
-Sí.
-¿Para qué?
-Sólo elija.
-Necesitamos saber por qué estamos jugando.
-Necesita elegir. No puedo elegir por usted. No sería justo.
-No tengo nada para apostar.
-Sí tiene. Ha estado apostando su vida entera. Sólo que no lo sabía. ¿Sabe qué fecha tiene esta moneda?
-No.
-1958. Ha viajado 22 años para llegar aquí. Y ahora está aquí. Y es, o cara o cruz. Y tiene que decir. Elija.

¿Nena, en qué punto dejarías de buscar tus dos millones de dólares?

-Tengo un mal presentimiento, Llewelyn.
-Bien, yo tengo uno bueno. Así que estamos compensados.

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-No debería estar haciendo eso. Ni siquiera un joven como usted.
-¿Hacer qué?
-Viajar haciendo dedo. Es peligroso.

Supongo que éste no es el futuro que imaginaba para usted la primera vez que puso sus ojos en ese dinero. No se preocupe. No soy el hombre que está detrás de usted.

-¿Se suponía que este hombre era lo más duro que había?
-No. Pienso que no lo describiría así.
-¿Cómo lo describiría?
-Supongo que diría que no tiene sentido del humor.

No entiende. No puede hacer negocios con él. Aún si le devolviera el dinero, le mataría... Sólo por molestarlo. Es un hombre peculiar. Podría decirse que tiene principios. Principios que van más allá del dinero, las drogas o algo como eso.
No es como usted, ni siquiera como yo.

El punto es, aún en una pelea entre el hombre y el buey la cuestión no es segura.

-Deberías aceptar tu situación. Tiene más dignidad hacerlo.
-Vete al diablo.
-Está bien.
-Déjame preguntarte algo. Si la regla que seguiste te trajo a esto, ¿qué sentido tuvo esa regla?
-¿Tienes idea de lo loco que estás?
-¿Te refieres a esta conversación?
-Me refiero a ti.

Me traes el dinero y la dejo ir. Si no ella muere. Y tú también. Es la mejor oferta que puedas conseguir. No te prometo que te salvarás, porque no puedes.

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Aquí la semana pasada encontraron a una pareja, en California, le alquilaron la habitación a unos ancianos. Los mataron, los enterraron en el patio y cobraron sus cheques de pensiones. Fueron torturados primero. No sé por qué. A lo mejor su televisión estaba rota. Y esto siguió, y aquí cito: Los vecinos se asustaron cuando un hombre corrió solo con un collar de perro. Tú no puedes hacer una cosa así. Te desafío a que lo pruebes. Pero si eso pasas, te haces notar. Llamas la atención de alguien. Pero cavando tumbas en el patio trasero no lo hicieron.

Es todo por el maldito dinero, Ed Tom. El dinero y las drogas. Es el maldito dinero detrás de todo.

-El hombre que te disparó murió en prisión.
-En Angola, sí.
-¿Qué habrías hecho si lo dejaban en libertad?
-No lo sé. Nada.
-No veo sentido en eso. Me sorprende oírte decir eso.
-Bueno, todo el tiempo que gastas intentando recuperar lo que te quitaron, más se va por la puerta. Y después de un tiempo, sólo intentas ponerle un torniquete. Tu abuelo nunca me pidió apuntarme como ayudante. Loretta me contó que renunciabas. ¿Cómo se explica que hagas eso?
-No lo sé. Me siento sobrepasado. Siempre imaginé que cuando fuera viejo Dios podría, de alguna manera, ordenar ciertas cosas en mi vida. Él no lo hizo. No lo culpo. Si yo fuera él, tendría la misma opinión de mí.

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Lo que tienes no es nada nuevo. Este país es duro con la gente. Tú no puedes parar lo que se viene. No es lo que esperan de ti. Eso es vanidad.

Sabía que esto no había acabado.

-No tiene motivo para herirme.
-No. Pero di mi palabra.
-¿Dio su palabra?
-A tu marido.
-Eso no tiene sentido. ¿Le dio su palabra a mi marido para matarme?
-Tu marido tuvo la oportunidad de salvarte. En cambio, él te usó para salvarse así mismo.
-No es así. No es como usted dice. No tiene que hacer esto.
-Todos siempre dicen lo mismo.
-¿Qué dicen todos?
-Dicen que no tienes que hacer esto. No tiene por qué hacerlo. Esto es lo mejor que puedo hacer. Elija.
-Supe que estaba loco cuando lo vi sentado allí. Supe exactamente lo que me esperaba.
-Elija.
-No. No voy a jugar.
-Elija.
-La moneda no tiene nada que decir. Solo es usted.


Señor, hay un hueso saliendo de su brazo.

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-¿Cómo dormiste?
-No lo sé. Tuve unos sueños.
-Tienes tiempo para ellos ahora. ¿Algo interesante? Siempre son la parte importante. Ed Tom, seré correcta.
-Bueno dos de ellos. En ambos estaba mi padre. Es peculiar. Soy mayor ahora que él hace 20 años. Entonces, en un sentido él era el hombre joven. Como sea, el primero no lo recuerdo bien… en el pueblo y me daba algo de dinero. Pienso que lo perdí. El segundo, éramos nosotros en los viejos tiempos e íbamos sobre un caballo por las montañas, de noche, a través de esta senda en la montaña… Hacía frío y había nieve en el suelo. Cabalgó hasta pasarme y seguía, nunca dijo algo mientras seguía. Él sólo cabalgaba. Tenía su manta envuelta a su alrededor y su cabeza hacia abajo. Cuando me pasó vi que llevaba fuego en un cuerno en la forma en que se utilizaba y pude ver una luz dentro de él, como el color de la luna. Y en el sueño yo sabía que él estaba adelante y que se preparaba para hacer fuego en ese lugar frío y oscuro. Sabía que si yo llegaba allí, él estaría allí. Entonces, desperté.

CONSEJO: sólo para cinéfilos. El resto se va a dormir.

23.3.08

la visión no es neutral

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PUNTOS DE VISTA

Esta película es uno de los grandes misterios de la cartelera del 2008. ¿Por qué todos les dieron con un caño a este filme? A ver: no es una obra de arte, no revoluciona el género, no va a redefinir los cánones de la industria cinematográfica. Ok. Pero tan mal no está. Tiene una muy buena idea, buena acción, excelente elenco y nos mantiene entretenidos una hora y media. Le falta dimensión épica, es cierto, pero el guión tiene una premisa concreta que logra mantener la atención: contar una historia que varía según el punto de vista del personaje que la cuenta. Claro, usted me hablará de “Rashomon” y yo de “La piedra lunar”. No llega a esas cimas, está bien. Pero no tiene nada que la desmerezca. Es una película pochoclera pero que merece su lugar en nuestra agenda. Nada más y nada menos.

Todo pasa en el mediodía de Salamanca, en una hora y monedas, lo que lleva efectuar un acto con el Presidente de los Estados Unidos que será baleado a la vista de todos, seguido por una explosión que sugiere un atentado terrorista. Como es de esperar, nada es lo que parece en un principio. La historia se cuenta una y otra vez, a partir de un personaje distinto, aportando cada mirada una pista que faltaba en la explicación previa, logrando cerrar la comprensión del atentado en las escenas finales.

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El guión pasa por la mirada de la televisión, a través de una directora de cámaras, salta a un guardaespaldas, luego a un turista, luego a un policía español, luego a un participante del atentado, luego al presidente. Idas y vueltas para retroceder la acción, y volver a contar, pero de otra manera.

Para los que le busquen la quinta pata al gato, no tardarán en darse cuenta que rara vez el Presidente de los Estados Unidos va a una ratonera como la que plantea el guión. Bien lo saben los vecinos de Mar del Plata que vieron copada la ciudad cuando George W. nos visitó hace unos años. Si usted no puede suspender la incredulidad para aceptar esa licencia, no vea esta película. Para los que acepten que a veces hay que dejar la realidad de lado para divertirse un poco, entonces “Puntos de vista” no desentona.

Hay un admirable trabajo de edición, uno de los pilares de la historia. Nos gustó mucho el trabajo de Forest Whitaker como un turista accidental y el breve momento de William Hurt, el líder del Gran País del Norte. El español Eduardo Noriega protagoniza uno de los personajes que aporta su visión para contar la historia.

En suma: sin volverse loco, pero sin vomitar.

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Escenas destacadas: la explosión; el primer segmento visto desde el control de cámaras; la persecución de Whitaker tras el sospechoso; el choque en la autopista y el rescate de la niña.

CONSEJO: esperar al DVD.

22.3.08

el Maldonado

Resulta que Buenos Aires se asienta sobre una especie de Venecia subterránea. Bajo las calles, horadando la tierra blanda de nuestro subsuelo, reptan cursos de agua. Además del río Matanza, que en su parte final se llama Riachuelo, y lo hace a cielo abierto, por el suelo de Buenos Aires circulan arroyos entubados como el Maldonado, el Medrano, el White, el Ugarteche, el Cildáñez, el Vega. Antes de canalizarlos, la ciudad los había confinado en zanjones que casi siempre estaban secos pero que crecían con las lluvias.

El Maldonado era el principal. Su curso, de 21, 3 kilómetros, nace en San Justo y cruza la ciudad en dirección sudeste-noroeste. Cuando los porteños cruzaban el Maldonado por alguno de los puentes (los principales estaban en las calles Lope de Vega, Segurola, Warnes y en la avenida Santa Fe), se metían en el suburbio, casi en el campo. Hasta comienzos del siglo XX, los porteños llamaban a estos arroyos “terceros”. El “tercero Maldonado”, el “tercero Vega”, etcétera, por analogía con los “terceros”, los cobradores de impuestos (tenientes terceros): ellos también, como los arroyos, “se lo llevaban todo”.

Los arroyos siempre fueron una pesadilla para Buenos Aires. La ciudad estaba pendiente de las lluvias súbitas que multiplicaban el caudal de los inofensivos arroyuelos e inundaban la ciudad, por lo que se decidió entubarlos. La canalización subterránea del Maldonado, completada en 1932, es estudiada aun hoy como una de las grandes obras de la ingeniería argentina. Por encima del arroyo canalizado se trazó, en 1937, una avenida, bautizada con el nombre de Juan B. Justo. quizás para tender un manto de bondad sobre un curso de agua tan peligroso. Juan B. Justo, además de fundador del socialismo en este país, fue un médico muy querido por los porteños.

Por una cosa o por otra, el Maldonado está asociado a la tragedia. Su nombre proviene de una mujer, la Maldonado, de la que sólo se sabe –por el poema La Argentina, de Ruy Díaz de Guzmán– que integró la expedición de Pedro de Mendoza, la que en 1536 fundó por primera vez la ciudad.

¿Cuál fue la historia de la Maldonado? La falta de fuentes contribuyó a la leyenda. Parece ser que la Maldonado, acusada de algo que no sabemos pero que parecía horrible, fue expulsada del fuerte; vagó por el desierto, asistió al parto de una hembra de puma, luego los querandíes la atraparon y fue salvada in extremis por la fiera. Entonces, los españoles salieron del fuerte y se la llevaron. ¿Estaba ya muerta? ¿Fue ejecutada? Como es sabido, varios de aquellos fundadores fueron asesinados por los indios. No así Mendoza, que alcanzó a huir pero murió en alta mar, mientras volvía a España. En 1580, la ciudad fue refundada por Juan de Garay, a su vez muerto a garrotazos por la indiada. Lo cierto es que el arroyo a cuya orilla ocurrieron los hechos fue conocido desde entonces con el apellido de esa mujer, la Maldonado.

(…)

Porque el Maldonado ha inspirado varios tangos y considerable literatura, además de obras históricas como la erudita y amena Historia y leyenda del Maldonado, de Diego del Pino. Roberto Arlt, en un aguafuerte aparecido en la revista Don Goyo, dice con humor que “el Maldonado es un arroyo que no es arroyo ni es nada y sólo sirve de pretexto a los poetas arrabaleros para rimarlo con «acabado»”. Y el autor de Los siete locos propone convertirlo en pista de ómnibus acuático para resolver “el grave problema del tránsito”.

El Maldonado fascinó, casi obsesionó, a Jorge Luis Borges, quizás porque, en los primeros años del siglo XX, su familia habitaba cerca, en la calle Serrano. Borges fue de aquellos porteños –aun viven algunos, aunque ya muy mayores– que vieron el Maldonado antes de que lo entubaran. Lo nombró “amarillo zanjón, estirándose sin destino desde la Chacarita”. Destacaba Borges el carácter fronterizo del Maldonado, más allá del cual se extendían las afueras, un Buenos Aires casi rural: “callejones de polvo, huecos de pitas o una brisa casi confidencial que inauguraba malamente la pampa”.

Y de pronto, llovía. Sigamos leyendo a Borges: “El Maldonado (...) por un milagro espantoso, pasaba de la muerte de sed a las disparatadas extensiones de agua violenta que arreaban con el rancherío moribundo de las orillas”. El lector sabrá hacer las actualizaciones necesarias en tal página, escrita en 1930. La idea central tiene vigencia: un hilito de agua que se transforma en tumultuoso y asesino caudal. El arroyo aparece una y otra vez en la obra borgiana. A veces lo hace con tonos de nostalgia:

“Tango de aquel Maldonado,
con menos agua que barro.
Tango silbado al pasar,
desde el pescante del carro.”

Y a veces como escenario sombrío, como en el quizás más célebre de sus cuentos, Hombre de la esquina rosada: “...se empinó de golpe hacia atrás y voló el cuchillo derecho y fue a perderse ajuera, en el Maldonado...”

“El Maldonado al diván”
ALVARO ABÓS
(la nación, 21.03.08)

15.3.08

frases de "Lejos de ella"

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-Me preguntó: ¿Crees que sería divertido casarnos?
-¿Y qué le contestó?
-Acepté. Nunca quise estar lejos de ella. Tenía la chispa de la vida.

Creo que estoy perdiendo la razón.

Cuando no lo veo, olvido lo que significa “amarillo". Pero puedo mirar otra vez.

No sé si lo que siento es el calor o mi imaginación.

La cosa es que la mitad del tiempo ando buscando algo que sé que es muy pertinente, pero no recuerdo qué es. Cuando se me va la idea, se me va todo.
Me la paso dando vueltas, preguntándome qué era tan importante. Creo que podría estar empezando a desaparecer.

-Y si hubiera un incendio en un cine y usted fuera la primera en darse cuenta. ¿Qué haría?
-Ya casi no vamos al cine.

-Los pacientes se mudan aquí cuando progresa su enfermedad.
-Qué interesante elección de palabras.

Treinta días no es mucho tiempo después de 44 años.

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-No me gusta ese lugar.
-No creo que debamos buscar algo que nos guste, Grant. No creo que lo encontremos.

¿Cómo no ibas a ser parte de la época que viviste? Tantas chicas bonitas. Ninguna quería que la excluyeras. No estuviste tan mal, comparado con algunos de tus colegas.

Creo que la gente es demasiado exigente. Quieren estar enamorados todos los días.

“Vete ahora. Te amo. Vete ahora. Fiona”.

-¿Quién es Aubrey?
-Es él, Aubrey.

Eres muy persistente, ¿verdad?

Sería lindo ser de un país joven.

-¿Qué haces con Aubrey?
-El no me confunde.

-Es mala suerte.
-Es...la vida. No se le puede ganar a la vida.

Los enamorados no pueden decidir si deben irse o quedarse.

-La mantuvieron como estaba.
-¿Quiénes?
-La gente que vive aquí. Pero todo... Todo me lo recuerda.

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-Supongo que nuestras vidas deben parecerle fáciles. Pasamos por la vida sin que demasiadas cosas salieran mal. Supongo que lo que sufrimos ahora, de viejos, realmente no cuenta. Eso debe pensar.
-¿Cómo sabría usted lo que pienso? La verdad es que prefiero ser la que se quedó que el que se fue. Apuesto a que no siempre fue un buen esposo. ¿Es verdad?
Dijo que se preguntaba si ella lo estaba castigando por algo. Tenía algo específico en mente, ¿verdad? ¿Sabe? Una ve muchas cosas en este trabajo. Una ve el fin de las cosas todo el día. Y casi siempre son los hombres quienes piensan que no mucho salió mal. Me pregunto si su esposa piensa eso.
-Yo también me lo pregunto.

Que a veces uno tiene que tomar la decisión de ser feliz. Decidirlo. Las cosas nunca son como uno esperaba. Nunca lo son, para nadie. Lo único que separa a un tipo de persona del otro es que algunos permanecen enojados y otros aceptan lo que les sucede. ¿Qué clase de persona eres tú?

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Sería más fácil para mí si fingieras un poco. ¿Crees poder hacerlo?

-Pensé en usted el otro día. ¿Ya ve que en el cartel frente a la iglesia en Bradford ponen cosas de tipo bíblico? El otro día decía: "No es demasiado tarde para convertirte en lo que pudiste haber sido".
-No suena muy bíblico.
-Tal vez se estén volviendo creativos.

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Pudiste haberte ido, pudiste haberte ido, sin importarte nada, abandonásteme. Me abandonáste. Abandonándome.

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14.3.08

cuentas pendientes

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LEJOS DE ELLA

“Lejos de ella” no es una película de enfermedad. Como en “Iris”, la protagonista declina por el Alzheimer. Pero el tema de la película no es la evolución de una enfermedad. Si en “Iris” el tema era la naturaleza del amor que perduraba cuando todo la estantería racional se viene abajo, en “Lejos de ella”, en cambio, el tema es la resolución de una cuenta pendiente. Con mucha sutileza y sin golpes bajos, el guión de la directora Sarah Polley (¿se acuerdan de la actriz de “La vida secreta de las palabras” y “La vida sin mí”?) adaptando el cuento de Alice Munro, sugiere el tema, sin alertarnos demasiado. Sólo al final, con la última escena, y reuniendo algunos fragmentos dispersos, comprendemos que lo que menos le interesa a la directora-guionista es contar la decrepitud de una persona por una enfermedad neurodegenerativa, sino el intento de un personaje, cerca del final de su vida, de ser perdonado por aquel que más ama.

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Grant y Fiona son un matrimonio maduro que afronta una crisis final. Fiona está mostrando los primeros síntomas del Alhzeimer. Aún se mantiene conciente. Pero hay señales de que la enfermedad avanza (una sartén guardada en la heladera, un extravío). Grant se encuentra ante la decisión que no hubiera querido tomar nunca: está ante la etapa de la internación de su amada. Finalmente, de común acuerdo, aceptan hacerlo. Pero la internación tiene una condición: por un mes, Fiona no podrá verlo, política interna de la clínica, para facilitar la adaptación de paciente.

Con el corazón partido, Grant espera el mes y asiste, a primera hora, a verla. Pero comprueba, con mucho dolor, que Fiona lo ha olvidado y, no sólo eso, tomó como novio, a un interno del lugar, posiblemente un amigo de su juventud.

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Ese es el conflicto de la película: el esfuerzo de Grant para que Fiona vuelva a amarlo. Y esa es la clave de la trama. Grant sospecha que Fiona le está pasando, de alguna manera no consciente, una factura. Intuye que no todo es producto de la enfermedad y que ella lo hace pagar viejos pecados.

Para plantear este interrogante del personaje, el guión de Sarah Polley recurre a insinuaciones, a diálogos entrecortados, a flashback o a olvidos que estratégicamente revelan algún dato. No en vano, Fiona le recuerda a Grant, camino a la clínica, un desliz de juventud de su marido. Y la charla de la enfermera con Grant, revela esa dirección del guión: lo que un hombre ha olvidado, repercute aún en el alma de una mujer que ha simulado olvidar pero sin perdonar. Esa sutileza del guión hace auténticamente notable a esta muy buena película.

“Lejos de ella” gira alrededor de las figuras femeninas. Principalmente en Julie Christie, de la cual uno sólo puede decir: “¡Qué bella mujer! ¡Qué gran actriz!”. Christie nos regala una interpretación muy medida, en el tono justo para captar la emoción, la desorientación de un personaje que ve perderse sus referencias espacio-temporales, pero que muestra, aún en la noche, signos de su distinción.

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Una nota balística: Christie ha llegado a alcanzar esa etapa de belleza que sólo logran pocas mujeres en su madurez. Es cierta fosforescencia que ilumina el rostro, un aliento vital indestructible al paso del tiempo. Cada arruga, cada marca, cada surco se transforma, en ese estado, en otro rasgo de belleza. No es nada más ni nada menos que un alma brillando en su plenitud. Cuando tengamos que poner como ejemplo a toda una dama, no duden en poner de ejemplo a Julie Christie.

La otra gran actuación femenina es la de la Kristen Thomson, la enferma Kristy, un personaje fundamental para revelar las acciones de Grant. Otra actuación sin desbordes y fundamental para un historia que se sostiene en sus personajes.

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Lo de Gordon Pinsent como Grant, sin ser malo, está un escalón por detrás, con menos variantes que lo que muestra su coprotagonista. Una mención aparte para Olimpia Dukakis en un personaje que contrabalancea con la pareja central. El personaje de Marian representa aquello que pudo ser Fiona, la mujer que se esconde en su resentimiento, en su frustración y que siente (no sin razón) que su marido se ha escudado en una enfermedad mental para abandonarla. Con ser pequeño, este rol agrega un elemento a la trama principal. Fiona pudo ser esa mujer; puede serlo todavía, si no encuentra (en los laberintos de su enfermedad), el camino para perdonar. También Grant pudo ser como el marido de Marion: pero apostó, pese a todo, a no dejarla, a esperarla, a compensar una infidelidad que quedó en el pasado, pero duele aún ahora.

Los que disfruten de rastrear estos síntomas en la trama, valoraran mucho esta película. Para otros podrá ser una película depresiva o la historia de una enfermedad. Pero no se trata de eso y, en ningún momento, se plantea ninguna escena para provocar el llanto del espectador.

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Hay un acertada dirección de fotografía de Luc Montpellier, componiendo interiores cálidos que contrastan con exteriores nevados. El clima actúa como subrayado de las sensaciones de desamparo que enfrentan los personajes.

Escenas destacadas: la internación de Fiona; el reencuentro de Grant con Fiona, un mes después; el diálogo final entre Fiona y Grant; la charla entre Fiona y Kristy, fuera de la clínica; el diálogo de Grant con la joven que viene de visita y lo confunde con un interno.

Las mejores frases, mañana.

CONSEJO: se puede esperar al DVD, pero es una muy buena opción en cine.

13.3.08

chau guinzburg!

Adiós Jorge Guinzburg

12.3.08

el monstruo interior

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PROMESAS DEL ESTE

Es inevitable comparar a “Promesas del este” con el anterior filme de David Cronenberg, “Una historia violenta” porque se encuentran varias coincidencias temáticas. En primer lugar, el actor es el mismo, Viggo Mortensen, en ambos casos desarrollando un personaje muy violento que elabora su agresividad internamente, tras una aparente máscara de inexpresividad. Otra coincidencia es que la película presenta unas cuantas escenas de violencia, casi documentales, no coreográficas, con una altísima dosis de agresión. Nótese que el cine anestesió la percepción de la violencia del espectador. Pero Cronenberg logra conmovernos porque intercala esas escenas crudas, en medio de una trama “civilizada”, entremezcladas en la rutina diaria de los personajes. Una tercera coincidencia es que Cronenberg describe monstruos, monstruos psicológicos, monstruos que están presos dentro de la piel de uno mismo. Y esos monstruos son conscientes de su nivel de monstruosidad. Esa es la dimensión más perversa del protagonista.

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Si hasta allí están las coincidencias, “Promesas del este” difiere en la actitud del personaje. En “Una historia violenta”, el protagonista elegía quedarse del lado de la luz, pese a que el pasado venía a buscarlo. Si lo asiste su lado oscuro, es para atar los cabos sueltos del pasado y resolver su vida antes de regresar a su familia. En “Promesas…” el personaje elige quedarse en la noche. Sabe que no hay retorno para él, que es una utopía soñar con una vida normal. Anna es tan deseada como inalcanzable. Su pertenencia a la noche es tan definitiva como la tinta de los tatuajes del personaje.

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Los malos de “Promesas del este” son villanos demodé, monstruos de cliché, malvados que nadie teme. Son estereotipos, violentos y asesinos, pero dentro de su ghetto. Por eso gente como Anna puede señalarlos en la calle y molestarlos. Esos mafiosos son caricaturas de un villano. Los símbolos (los tatuajes, los trajes, la existencia de un código) son anacronismos de una época pasada. Es como el “Ochichornia” cantado en el centenario de la viejita rusa. Antiguallas de un tiempo pasado. Ese cliché en desuso vuelve más patética y dramática la decisión de Kirill, la de elegir el lado de la sombra, más por descarte y carencias propias que por conveniencia.

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“Promesas del este” se sostiene en otra muy buena actuación de Viggo Mortensen y el correcto acompañamiento del resto del elenco (¡qué bien que llena los jeans Naomi Watts!). Hay aciertos de la dirección de arte, vestuario y escenografía, para dar el tono lóbrego y decadente de los ambientes de la mafia rusa.

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En suma, un filme que debe ser como una variación del tema del monstruo interior que Cronenberg empezara a describir en “Una historia violenta” y llega al borde de la caricatura en “Promesas del este”. Para no dejar pasar.

Escenas destacadas: el primer encuentro entre Kirill y Anna, cuando ella estaciona la moto en la puerta del restaurante; la lucha a muerte en el baño turco; el diálogo en la cocina entre Kirill y Semyon; la escena en la casa de citas con la prostituta de ojos tristes.

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Frases:

¡Toma la maldita daga y termina con este ruso!

-Lo encontré en la cartera de la chica que murió en mi sala.
-¿Siempre le robas a los cadáveres?
-En realidad, sí. Todos lo hacemos. Es una de las ventajas de trabajar en el hospital.

Yo soy chofer. Voy a la izquierda, a la derecha, sigo adelante. Eso es todo.

En las prisiones rusas, la historia de tu vida se escribe en el cuerpo, con tatuajes. Si no tienes tatuajes, no existes.

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Juegas con el príncipe, pero haces negocios con el rey.

-Nunca nieva aquí. Nunca hace calor. Londres es ciudad de rameras y maricas. Creo que se debe culpar a Londres por lo que él es.
-¿Por qué no vuelve a casa?
-El frío me cala los huesos. Y la KGB me está esperando.
-FSB. Ahora le dicen FSB.
-Como sea que los llamen, son peores que la KGB.

¿De quién es la fiesta? ¿Del ángel de la muerte?

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Ve a la bodega, Kirill. Y hazlo con calma.

Sólo existe un código, el código de “Vory v Zakone”... Por eso hay un lugar vacío sobre tu corazón...

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Ahora eres el jefe. Eres el jefe. Somos socios.

¿Cómo puedo ser rey, si el rey sigue en su sitio?

CONSEJO: ir a verla. Se puede esperar al DVD.

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11.3.08

grageas

Varias cosas pendientes que ameritan un post resumen. Del especial del Trinche Carlovich descubrimos un weblog futbolero que recomendamos especialmente: “Los cuentos de la pelota”

http://loscuentosdelapelota.blogspot.com

un weblog de fútbol con mucha anécdotas, frases, reportajes. Un sitio indispensable para los futboleros, para aquellos que sentimos el fútbol como una de las formas de ser argentino.

Como muestra, algunos textos que tomamos “prestados” de este weblog, para que se tienten y lo visiten seguido:
Los italianos tienen una virtud muy grande para desviar la realidad. Un partido de mierda lo titulan así: "Triunfó el fútbol táctico". No se sabe lo que es, pero salen a defenderlo.

(CÉSAR LUIS MENOTTI, técnico argentino)

Una sola vez fui bueno y perdí. Fue en el último clásico contra Boca que jugué con la camiseta de River. Llegó el Chino Benítez a la puerta del área con la pelota y todavía no me explico por qué no lo reventé. Tal vez porque era el Chino, que lo conocía de Racing cuando él era un pibe. No sé. Lo cierto es que fui sólo a la pelota, en vez de ir a las dos cosas: a la pelota y al hombre. Y eso que conocía la ortodoxia a la perfección. En situaciones como esa hay que trabar la pelota y a la vez chocarlo con el cuerpo. Esa vez me equivoqué: el Chino pasó y fue gol. Nunca me perdoné esa boludez.

(extraído del libro “Jugar al fútbol” de Roberto Perfumo, ex jugador de fútbol y psicólogo social, Libros Perfil S.A., 1997)

Si yo quisiera ser un individualista, hubiera escogido el tenis.

(RUUD GULLIT, ex jugador holandés, técnico de fútbol en la actualidad)

Saludos a mi señora que está embarazada de mí.

(FRANCISCO "Murci" ROJAS, jugador chileno, y una frase para enmarcar)


En otro orden de cosas, emotiva tira de Liniers en “La Nación” del domingo: ¡nació Matilda!

¡Nació Matilda!

Se pueden dejar comentarios de salutación en el weblog del flamante y baboso padre: http://macanudoliniers.blogspot.com

Y por último, una anécdota urbana que sirve como ejemplo-símbolo del estado en el que nos encontramos como sociedad. Lugar: subte, línea B, Corrientes, cerca de la estación Abasto. El tipo que maneja el sistema de comunicación del convoy, se la había pasado, no menos de dos estaciones, retando a un ñato que se ponía en la puerta del vagón y no dejaba cerrar la puerta. Finalmente, el tipo anuncia por los parlantes: “Señores pasajeros, se le recuerda cuidar sus efectos personales. Repito, presten atención a sus efectos personales. Pungas operando en la formación”.

Sin comentarios.

Un saludo a todos los visitantes y seguimos en contacto.

10.3.08

frases de “Petróleo sangriento”

Señoras y señores, si les digo que soy un hombre del petróleo, estarán de acuerdo. Tienen una gran oportunidad aquí... pero tengan presente que pueden perderlo todo si no tienen cuidado.

-¿A qué iglesia pertenece?
-Yo... yo disfruto todas las fes, no pertenezco a una iglesia en particular. Me gustan todas, me gusta todo.

-¿De dónde eres?
-Eso sería decírselo. Eso es lo que quiero venderle.
-¿Qué haces en Signal Hill?
-Tenemos petróleo, y sale de la tierra... ¿Quiere pagarme para saber dónde está?

-Me gustaría ofrecerle 3.700 dólares por el rancho. Eso es, 3.700.
-No.
-El Señor envió este hombre aquí, Eli.
-Si, creo que él me envió. Mi oferta es de 3.700 dólares.
-¿Qué es lo que lo trajo hasta aquí, señor?
-El buen Señor me guió. Y de acuerdo con eso podemos establecer un contrato.
-¿Qué hay sobre nuestro petróleo?
-¿Qué pasa?
-Tenemos petróleo aquí. Eso vale algo.
-¿Tiene alguien que pueda extraerlo? ¿Cree que hay petróleo aquí?
-Sé que lo hay.
-Es muy caro perforar. Tratar de sacarlo de la tierra, ¿lo ha intentado antes?
-¿Cuánto cuesta?
-Muchísimo.
-Bueno, nuestro petróleo se sale por la tierra.
-Creo que eso es una filtración, no necesariamente significa que haya algo abajo.
-¿Qué nos daría por eso?
-No lo sé.
-¿Algo que no sabe?
-Así es. ¿Qué te gustaría, Eli?
-Diez mil dólares.
-¿Para qué?
-Para mi iglesia.
-Eso es bueno. Eso es algo bueno. Si decidimos perforar por petróleo... si el pozo empieza a producir... le daré a tu iglesia un cheque de cinco mil dólares.
-Diez mil.

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Construiremos una maravillosa escuela en Little Boston. Estos niños son el futuro por el cual luchamos. Entonces ellos deben tener las mejores cosas.

Necesitamos estos hombres bien descansados para traerlos a este pozo. No pueden conseguirlo si están aquí escuchando tu evangelio...

-¿Qué estás viendo tan miserable? Tenemos un inmenso océano de petróleo debajo de nuestros pies. Nadie lo puede sacar, excepto yo.
-¿Está bien H. W.?
-No.

No hiciste nada más que sentarte. Eres holgazán y estúpido. ¿Crees que Dios vendrá a salvarte por ser estúpido? Él no salva gente estúpida, Abel.

-Tengo una competencia conmigo mismo. No quiero que nadie más logre triunfar. Odio a casi todo el mundo.
-Esa parte de mí se ha ido. Trabajar sin éxito alguno… Todos los fracasos me han dejado simplemente sin preocupación.
-Bueno, si está en mí, está en ti... Hay veces en que miro a la gente y no veo nada que merezca la pena. Quiero ganar suficiente dinero y poder escapar de todos.

-¿Cómo está su hijo?
-Gracias por preguntar.
-¿Hay algo que podamos hacer?
-Gracias por preguntar, es suficiente.

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¿Qué es esto? ¿Por qué no me pertenece esto?

-Quiero que me digas algo.
-¿Qué?
-¿Cuál era el nombre de la granja junto a la casa de la colina? ¿Cuál era el nombre de la granja junto a la casa de la colina?
-No puedo recordarlo.
-¿Quién eres?
-Me fui, Daniel.
-¿Quién eres?
-Soy nadie. Sólo déjame levantarme e irme.

-Sea bautizado... Sea perdonado por ese pecado que ha cometido.
-¿A qué pecado... se refiere usted, señor Bandy? ¿Mi pecado de perforación?

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-Dilo ahora: "Soy un pecador".
-Soy un pecador.
-Dilo más fuerte: "Soy un pecador".
-¡Soy un pecador!
-Más fuerte, Daniel: ¡Soy un pecador!
-Soy un pecador.
-¡Lo siento Señor!
-¡Lo siento Señor!
-¡Quiero la sangre!
-¡Quiero la sangre!
-Has abandonado a tu hijo.
-He abandonado a mi hijo.
-Nunca más reincidiré.
-¡Nunca más reincidiré!
-Me había perdido pero me he encontrado.
-Me había perdido pero me he encontrado. He abandonado a mi hijo.
-Dilo, dilo...
-He abandonado a mi hijo.
-Dilo más fuerte. Dilo más fuerte.
-¡He abandonado a mi hijo! ¡He abandonado a mi hijo! ¡He abandonado a mi niño!
-Ruega por la sangre.
-Dame la sangre, Eli. Déjame salir de aquí. Dame la sangre, Señor. Y déjame salir de aquí.

-¿Aceptas a Jesucristo como tu salvador?
-Si, lo acepto. Ahí está la tubería.

-Eso te convierte en mi competidor.
-No, no es así.
-Es así, muchacho.

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Eres un bastardo de una cesta en el medio del desierto... y te acepté por la única razón que necesitaba: una linda cara para comprar tierras.

¡Bastardo de una cesta! ¡Eres el bastardo de una cesta!

-Pero hay una condición para este trabajo.
-De acuerdo.
Me gustaría que me dijeras que eres un falso profeta. Me gustaría que me dijeras que eres y has sido, un falso profeta. Y ese Dios es una superstición.
-Pero eso es una mentira. Es una mentira. No puedo decirlo. ¿Cuándo podemos empezar a perforar?

Hice lo que tu hermano no pudo. Te he quebrado y te he golpeado. Era Paul quien me dijo sobre ti. Él es el profeta. Él es el astuto. Él sabía que estaba ahí y me encontró para extraerlo de la tierra. ¿Sabes qué es lo más gracioso de esto? Escucha, escucha, escucha... Le pagué diez mil en efectivo. Así de fácil. Él tiene su propia empresa ahora. Un próspero pequeño negocio, tres pozos produciendo cinco mil dólares a la semana. Deja de llorar maldito pusilánime. ¡Detén tu tontería! Eres sólo un segundón, Eli. No. Una cosa que se deslizó de la inmundicia de tu madre. Ellos deberían ponerte en una jarra de cristal en una chimenea. ¿Dónde estabas mientras Paul chupaba la teta de su madre? ¿Dónde estabas? ¿Quién estaba cuidándote, pobre Eli?

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¡Dreeenaaajeee! ¡Dreeenaaajeee, Eli! Muchacho...

¡Soy la Tercera Revelación! ¡Soy quién el Señor ha elegido! Porque soy más inteligente que tú. Soy más viejo...

-¿Señor Daniel?
-He terminado.

9.3.08

el ciudadano Plainview

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PETRÓLEO SANGRIENTO

Se ha relacionado a “Petróleo sangriento” con el clásico de Orson Welles,“El ciudadano”, una descripción del hombre de negocios americano. Disentimos: Daniel Plainview es más un retrato individual que un arquetipo social. Es la descripción de un hombre y no de un modelo. La imagen con crueles matices de uno de los más perversos caracteres que nos haya dado el cine en los últimos tiempos, un tipo que acumuló tanta frustración, tanto odio, tanta bronca, que no sabe para dónde dispararla.

Plainview puede triunfar en sus negocios y establecer un imperio con su nombre. Pero no sabe qué hacer con su dinero. Su única meta, su única necesidad dramática, es que los demás no triunfen. Su satisfacción es la derrota de los otros.

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Extrayendo el hidrocarburo de las áridas tierras del oeste norteamericano, desgasta sus años en las arenas calientes, en los peligros de la perforación, en la viscosidad del petróleo que degrada lo que toca. Su vida se gasta en las luchas por el control de la tierra. Sólo perfora pozos, sólo extrae petróleo. Los demás condimentos de una vida, están ausentes en Daniel Plainview. Y su maldad, su egocéntrica maldad, logra contaminar el negro líquido y todo aquello que toque.

Plainview ha instaurado una lucha personal (la única, al fin y al cabo) con un pastor tan inmoral como él, un religioso que vende a Dios, como Plainview vende petróleo. Esa es la confrontación dramática que atraviesa las dos horas y cuarenta largas de película, la batalla subterránea que define la supervivencia de Plainview, definida en una feroz escena final.

“Petróleo sangriento” es una monumental película, tan dura y seca como el paisaje en que se enmarca la historia. No es un filme fácil, ni una trama que se digiera sin paciencia. Pero es concienzuda la descripción del perfil de una personalidad sociópata con fuertes contrastes.

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El guión de Paul Thomas Anderson (inspirándose en la novela de Upton Sinclair) es brillante. El que espere encontrar el diálogo fluido y atestado de palabras de “Boogie Nights” o “Magnolia” que busque otra película. No es que falten diálogos (Plainview se sostiene en su discurso). Pero las sutilezas de la trama se encuentran en otros detalles, en el paisaje, la interpretación o el tono de los parlamentos, para poner de ejemplos.

Desde ya, Daniel Plainview necesita de la excepcional actuación de Daniel Day-Lewis quien no tiene una escena que no sea grandiosa. Lo suyo es de un nivel superlativo, regalándonos otro personaje antológico como su anterior Bill, el Carnicero. Desde la mirada, el tono de sus palabras, la composición física, Lewis construye un personaje que nos causa escalofríos al verlo. Cuando escuchamos sus parlamentos, adivinamos el discurrir de sus pensamientos que operan detrás, el maquinar constante esperando asestar el golpe definitivo, acechando, siempre acechando. Su composición agota los adjetivos.

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Y frente a Daniel Day-Lewis hay otra actuación excepcional que, lejos de opacarse, se magnifica por su contraparte. Es la actuación de Paul Dano (“Pequeña Señorita Sunshine”) como el pastor Eli Sunday. Encarna otro personaje de un nivel de inmoralidad distinto al de Plainview, pero no menos nocivo.

Ambos personajes representan los rasgos característicos del votante promedio de Bush. Uno engaña con la superstición; el otro con la codicia. El fundamentalismo religioso y el capitalismo salvaje. La confrontación de principios de siglo XX, hoy reunida en una alianza nefasta para el mundo.

La fotografía de Robert Elswit es otro pilar fundamental, capaz de traducir la oscuridad de los personajes, en una mañana de sol sin nubes. La paleta de colores del filme nos transmite la textura áspera, los tonos pastosos y secos, la sensación de agobio, de sequía, del polvo terroso secando la garganta. Retorna, desde la pantalla, un aire de epopeya a la obsesión de Plainview.

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Escenas destacadas: la presentación del personaje de Plainview, con las complicaciones de su primera perforación; la muerte del hermano de Plainview; la charla final entre Plainview y su hijo; la última escena del filme, con el enfrentamiento de Plainview y el pastor; el bautismo de Plainview; la explosión del pozo.

Las mejores frases, mañana.

CONSEJO: ir a verla. Público pochoclero: siga de largo.

8.3.08

la historia del “trinche” carlovich (IV)

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La pregunta surge sola: ¿cómo un jugador de esa categoría no triunfó en el fútbol grande? ¿Cómo no llegó a jugar un Mundial o, aunque sea, en un equipo de la primera división profesional local? “No entiendo por qué” dice Poy. “Durante su carrera no encontró reservas físicas que sostuvieran todas las condiciones técnicas que tenía. Además, desafortunadamente, tampoco tuvo a nadie que lo acompañara y lo comprendiera” analiza Menotti.

Esa bohemia lírica atentó contra su proyección nacional. La leyenda (el Trinche lo niega) asegura que Menotti lo convocó a la preselección del Interior, que armó en la preparación para el Mundial 78. El Trinche se llegó a Buenos Aires pero se colgó pescando en la Costanera y nunca fue a entrenar. Fontanarrosa aseguraba que Ignomiriello tenía que ir a buscarlo a la casa para entrenar, porque el Trinche se pegaba un faltazo detrás del otro.

Tuvo ofertas del Cosmos de Pelé, del Milán y de Francia, pero no se concretaron. Posiblemente, el Trinche estaba condenado a ser una leyenda local, una de esas figuras que se agigantan con el paso de los años, cuando la memoria se transforma en épica. “Tal vez lo aburría el fútbol profesional. A él le gustaba divertirse y no se sentía a gusto con algunos compromisos" define, con extrema precisión, César Luis Menotti. Tal vez por eso, el Trinche no llegó a las cimas supremas de la gloria.

Tal vez.

O no.

"Llegar. ¿Qué es llegar?. La verdad es que yo no tuve otra ambición más que la de jugar a la pelota. Y, sobre todo, de no alejarme mucho de mi barrio, de la casa de mis viejos, de mis mejores amigos. Además, yo soy una persona solitaria. Cuando jugaba en Central Córdoba, si podía, prefería cambiarme solo, en la utilería en lugar del vestuario. Y no se trata de no tener buena voluntad o ser agrandado, solo me gusta estar tranquilo" confiesa el Trinche.

Retirado (“Tenía 39 años cuando largué pero me sentía bien. Creo que a la gente de Central Córdoba no le hacía mas falta y di un paso al costado”), vive con su esposa y sus dos hijos en el barrio 7 de septiembre de Rosario. Cobraba una pensión mínima de la municipalidad rosarina y trabajaba junto a su hermano, colocando pisos.

Hace unos años, un problema de osteoporosis lo obligó a someterse a una operación de cadera. En diciembre de 2005 se organizó un partido en su homenaje, para juntar los fondos para comprarle la prótesis. El Trinche no pudo jugar, afectado por la lesión, pero recibió el cariño de 4 mil hinchas que se seguían acordando de él y llevaban a sus hijos a la cancha, para que conocieran al mejor jugador del fútbol nacional.

Nada mejor para definirlo al Trinche Carlovich que su confesión a Olé, en vísperas de su operación: "Si me dieran 90 minutos en una cancha llena, juego y te juro que muero contento".

Gracias Fede!

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FUENTES:

“Cruel destino”, nota de Martín Sánchez para la revista “Viva”, febrero de 2008.

“Entre el mito y la fantasía”, nota en el diario Castellanos de Oscar A. Martínez:
http://www.castellanos.com.ar/nuevo/textos.php?id=37868

Hazañas futbolísticas: "El Trinche" un amante del fútbol. Una leyenda. , artículo de Pablo Iván:
http://www.canaltrans.com/deportes/futbol1/historias/037.html

Reportaje al “Trinche” en el semanario “Colón Doce”:
http://www.colonbuenosaires.com.ar/semanariocolondoce/cgi-bin/hoy/archivo/2006/00000754.html

Retrato del “Trinche” en la página del Club Central Córdoba:
http://www.clubacentralcordoba.com.ar/dpro.asp?id=2328

Dos notas en “Olé” en época de su partido homenaje:
http://old.ole.clarin.com/jsp/v4/pagina.jsp?pagId=1104577

http://old.ole.clarin.com/jsp/v4/pagina.jsp?pagId=1106701

“Tomás Felipe "El Trinche" Carlovich (Argentina, 1949)” artículo en el weblog “Los cuentos de la pelota”:
http://loscuentosdelapelota.blogspot.com/2007/10/todo-lo-que-poda-salir-mal-sali-mal.html

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7.3.08

la historia del “trinche” carlovich (III)

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“Descubrí a Carlovich en un amistoso de la Selección Argentina que se preparaba para el Mundial de Alemania -y que yo también integraba- contra un combinado rosarino. Ese día la descosió. Tenía un dominio de la pelota y un panorama increíbles. Fue el mejor cinco que vi en mi vida” recuerda el Pato Fillol sobre el día de gloria del Trinche.

El 17 de abril de 1974, la Selección Argentina dirigida por el Polaco Cap, que se estaba preparando para el Mundial de Alemania, llegó a la cancha de Newell’s a jugar un amistoso con un combinado de Rosario dirigido por Griguol. Zanabria, Kempes y Carlovich militaban en el combinado local; el Trinche era el único que no jugaba para los dos grandes rosarinos. Pero él fue la figura del partido. Los volvió loco a los del Seleccionado que contaba en sus filas a jugadores de la talla de Poy, Houseman, Brindisi o Potente. Ya, en los primeros 45 minutos, el seleccionado rosarino ganaba 3 a 0.

En un momento, el Trinche efectuó su jugada característica, el caño doble: "Tiré un caño y cuando el defensor se dio vuelta le tiré otro. Lo hacía seguido, aunque ese día la cancha se venía abajo. Fue la única vez en mi vida que vi abrazándose a los hinchas de Newell's y los de Central” .

El baile fue tal que, en el entretiempo, el técnico de la Selección Argentina se acercó al vestuario rosarino y le pidió que sacaran al Trinche. “Ganamos 3-1 y nos salieron todas. Algunos hasta nos pedían que paremos un poco. Pero de cien partidos de ésos, ganás uno. Por suerte lo jugué” recuerda con la modestia de un grande. “No lo podíamos parar, ni a él ni a sus compañeros. Nos ganaron 3 a 1 porque pararon la máquina y al Trinche lo sacaron a los 15 minutos del segundo tiempo, si no” recuerda Aldo Pedro Poy, un monumento del fútbol rosarino. La gente se empezó a ir de la cancha que quedó vacía. “La Tribuna” tituló al otro día: “Con Carlovich es un precio, sin Carlovich es otro”.

“A los rosarinos les gusta contar cuentos. Algún caño de ida y vuelta habré hecho, pero no es para tanto” miente descaradamente el Trinche.

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(continúa mañana)