Mostrando las entradas con la etiqueta libros. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta libros. Mostrar todas las entradas

15.5.15

cuando el cine francés habla

bafici

En el sitio del Bafici, están a disposición de los visitantes dos libros digitales muy interesantes. Uno es “El cine francés hablado” y reúne una serie de entrevistas realizada por la revista Sofilm a protagonistas de la industria cinematográfica francesa. Para tentarlos a bajarse el libro y leerlo, seleccionamos una serie de párrafos de la publicación que pueden descargarla en este link:

http://festivales.buenosaires.gob.ar/2015/bafici/es/publicaciones
wikipedia
“No hablábamos mucho de los personajes, o lo hacíamos de forma alusiva. Claude (Chabrol) sabía bromear. Digamos que compartíamos el humor. No teníamos necesidad de explicarnos. Aunque creo que, sobre todo, funcionaba porque no me veía de manera unívoca. Orbitaba alrededor de mí con su cámara. Las cosas siempre funcionan bien cuando te das cuenta de que estás frente a alguien que piensa: “Me gusta todo de esta actriz...”. Al cabo de dos películas con Claude, hacíamos lo que queríamos. Todo lo relacionado con el trabajo había desaparecido. Teníamos nuestro lenguaje común y era suficiente...”
ISABELLE HUPPERT

wikipedia
“Me gusta el cine inglés que habla del día a día, ese cine casi documental. Ropa limpia, negocios sucios, por ejemplo. Creo que los ingleses saben hacer eso, te lo crees. Incluso Billy Elliot o The Full Monty. Te lo crees, estás con los personajes. Crees que son pobres de verdad, que viven en ese barrio triste, que intentan ganarse la vida… En las películas de Loach no hay ninguna distancia, y eso concede humanidad. Con sus comedias sabes que te vas a reír, pero no está forzado… Los ingleses saben correr riesgos. Cuando hay una nueva tendencia musical, ves las pintas que llevan los tíos y te dan ganas de echarte a reír. Pero luego todo el planeta se pone a vestirse como ellos. Hoy, los más grandes artistas contemporáneos son ingleses: Damien Hirst, Anish Kapoor… Allí, hasta cuando te equivocas, la gente te dice “good try”. Lo has intentado, y ellos te dicen que siguas así hasta que te salga. Sin ninguna ironía. Me encanta Inglaterra”.
ERIC CANTONA

wikipedia
“Godard te devuelve a lo que debería ser el cine, a lo que era el cine al principio, incluso en las comedias de Lubitsch o Chaplin: reíamos con la tragedia del mundo. Hoy la única tragedia es la estupidez de la gente. Y uno no puede reírse de la estupidez porque, por lo general, la estupidez carece de humor. Ya no existe esa verdadera tragedia, aquella que permitió a Cukor hacer magníficas comedias, a Lubitsch hacer Ser o no ser o a Chaplin The Kid gracias a la miseria humana y la hambruna”.
GERAD DEPARDIEU

unifrance
“He visto películas endurecerse por completo por culpa del miedo. Porque los directores empezaron a hacer caso a los consejos de unos u otros. A fuerza de agradar a todo el mundo, terminas por no gustarte a ti mismo. A menudo, el resultado es una película perfectamente sólida, pero un aburrimiento de muerte. De hecho, creo que también hay un gran problema de tempo. Es difícil controlar el tiempo de gestación. Para un Fassbinder, el tiempo era muy corto; mientras que para Terrence Malick, es muy largo. Lo esencial es estar preparado para cuando la máquina arranque, ya que acelera de repente y se pone a mil a la hora. Por eso, si no estás bien armado, estás muerto”.
BERTRAND BONELLO

wikipedia
“A menudo los técnicos intentan desanimarme, me dicen que lo que intento no va a funcionar, y entonces tengo que taparme los oídos y tirar para delante. Uno es obviamente un poco un utopista, cuando se es director. Por lo demás creo que soy capaz de captar esa sensación que te dice que una escena funciona o no. Tengo un buen contacto con los actores, soy claro, sé lo que quiero y me gusta organizar un caos controlado para liberarlos. Estoy convencido de que la leonera de aparatos que rodean un plano permite a los actores ser más naturales que si estuvieran actuando delante de un fondo verde: están menos centrados en sí mismos, piensan menos en qué deberían hacer, y finalmente interpretan de manera más instintiva, un poco como niños”.
MICHEL GONDRY

wikipedia
“A lo largo de mi vida he mandado a la mierda a bastante gente que me decía que debía cortar escenas y, a menudo, yo tenía razón. Y sabía que tenía razón. Sé reconocer cuándo el único argumento de la gente para defender que hay quitar una escena es el miedo. Muchos inversores, muchos productores, tienen miedo. Y ninguna reacción basada en el miedo puede ser acertada. De todos modos, es complicado hacer películas. Ni siquiera sé por qué las hago… Siempre hay problemas. ¡Y siempre te toca tratar con locos!”
JULIE DELPY

wikipedia
“Hacia el final del rodaje (de “Los amantes del Pont-Neuf”) teníamos que rodar una escena en la piscina, yo llevaba 12 kilos atados a mi cuerpo. Cuando llegué al fondo de la piscina para la primera toma, ya no tenía aire. Sentí que no podía rodar la escena. Hice una señal para tener más aire, pero el aire no llegó. Tuve que subir con los 12 kilos, que con cinco metros de agua encima son muchos más. Llevaba peluca, abrigo, botas, medias, y todo ello cosido para que el jersey no se levantara y dejase ver los pesos... Finalmente, llegué a la superficie, pero tuve la sensación de estar entre la vida y la muerte. Recuerdo que el primer ayudante se acercó a mí y me dijo: “Venga ya, hagamos una segunda toma”. Le miré y pensé que estaba loco. No hice esa segunda toma. Antes de aquella escena, no era consciente de mis límites. Todo era posible. Para mí, aquello marcó un antes y un después, una decisión vital: me di cuenta de que la vida es más importante”.
JULIETTE BINOCHE

unifrance
“Más allá del sistema, la verdad es que los gustos del público han cambiado considerablemente. La cinefilia ya no es la misma. Ahora, también procede de las series de televisión, los videojuegos, los mangas. Resultado: si solo te concentras en la fórmula clásica del cine de autor francés, puedo asegurarte que no vas a llegar a las 350.000 entradas... Sin embargo, sigo convencido de que si tu propuesta es buena, el público te sigue. Mira por ejemplo a Abdellatif Kechiche. No cuando hizo La vida de Adèle, sino cuando dirigió La graine et le mulet. La historia no es gran cosa, solo la de un tipo que quiere abrir un restaurante de cuscús. Dura más de dos horas y media, todos los actores son desconocidos, se rodó de cualquier manera. Y aun así, la película hizo un millón de entradas y ganó cinco premios César. Para que veas que aún es posible. Kechiche me hace gracia cuando no para de decir: “¡El cine francés no me acepta!”. Se pone en el papel de víctima. Cinco César de media por peli, una Palma de Oro en Cannes, millones de entradas... Pero aparte de eso, no lo aceptan...”
BERTRAND BONELLO

unifrance
“El problema es cuando en una película notas que quieren hacerte reír. Si sólo sigue ese hilo, la cosa no funciona. Salvo si eres un genio cómico, como Jim Carrey en su mejor época. Pero, viendo su carrera con perspectiva, su mejor papel fue Man on the Moon, mejor que las películas en las que no dejaba de hacer muecas. Algo divertido se vuelve más divertido si logra incorporar su contrario. Las películas con gags cada 30 segundos me resultan insoportables. La solución de los americanos es todavía peor: incorporar emociones. Es decir, intentar que quieras a los personajes, para que luego vivas un momento triste por algo que les sucede. Es odioso, grosero. Yo decidí mezclar. Estoy sólo en mi quinta película, pero empiezo a entender cómo funciona. Sé que una de cada dos bromas se volverá incómoda. Porque no soy un genio del humor. Y lo que me interesa es que te des cuenta de que a veces hay gente que se parte de risa en un momento en el que normalmente la gente desea salirse de la sala. Con mis películas, la gente no siente siempre lo mismo, cada uno ve su propia película. Hay ideas que convergen, temas que tienen sentido, pero me da la sensación de que sólo nos podemos dar cuenta después del final. Si mis películas resisten al tiempo, tal vez la gente diga: “Este tío estaba obsesionado, ha intentado decirnos la misma cosa durante 10 películas”. Tal vez esté intentando decir algo y todavía no lo sé. Pero desde luego no voy buscando el sinsentido”.
QUENTIN DUPIEX

27.4.14

“fulbo de a dos” en la Feria del Libro

fulbo de a dos

Siguiendo el periplo de nuestro libro “Fulbo de a dos” de Marcelo De Biase y Pablo Guerrini, tenemos el gusto de invitarlos a las dos presentaciones que haremos en la Feria del Libro de Buenos Aires, en la Rural.

El primer día que podrán vernos será el próximo jueves 1° de mayo, a las 17 horas, en el Stand 823 de la Editorial Dunken en el Pabellón Verde. Ese día, Pablo y yo estaremos firmando ejemplares y esperando a nuestros lectores. Será un gusto poder charlar y comentar los cuentos futboleros que publicamos el año pasado.

Pero esto no se agota aquí. El sábado 10 de mayo a las 15.30 horas, en el Stand 3047 de UPCN en el Pabellón Ocre, haremos una presentación con la lectura de fragmentos de los cuentos, narrados por Néstor Scirocco y la presentación de Doby Dorfman.

De más está decir la emoción que tenemos, tanto Pablo como yo, en lo que va a ser nuestra primera Feria del Libro. Así que invitamos a todos los amigos y conocidos a compartir este momento con nosotros. Y aquellos que no conocemos y me han seguido por esta página, durante tantos años, será una buena ocasión para que se peguen una vuelta y charlen un rato.

Están invitados. No nos fallen. Nos vemos en la Feria.

15.6.13

presentación de “fulbo de a dos”


Los amigos parquenses de “La Voz de los Barrios” tuvieron la deferencia de estar presentes en la presentación de nuestro libro “Fulbo de a dos” de Marcelo De Biase y Pablo Guerrini realizado en los salones de la Editorial Dunken, el pasado martes 11 de junio.

Agradecemos mucho a Fernando Larocca e Isabelino Espinosa por ser testigos de este evento y de difundirlo en su programa.


Y agradecemos a quienes tuvimos el honor de hacernos la presentación del libro, a Néstor Scirocco, en una brillante lectura de fragmentos seleccionados del libro y a José Luis Dorfman en su profundo cierre de la presentación.

Un agradecimiento especial a Matías Belliard que sacó las fotos de la presentación y que pueden verse en este album en la página de “Fulbo de a dos”:

https://www.facebook.com/media/set/?set=a.620704461292716.1073741826.502396056456891&type=3

Y a todos los amigos y conocidos que se acercaron a la presentación, pese a la gripe, el tránsito y el partido de Argentina en Ecuador. Muchas gracias por el aguante y por haber estado ahí.

Para los que lo estuvieron, para los que quieren rememorar, para los que se lo perdieron, para todos, el audio de la presentación en el primer bloque de “La Voz de los Barrios”:

13.11.09

claude lévi-strauss

"En disciplinas como la nuestra, el saber científico avanza a paso inseguro, bajo el látigo de la contención y la duda. Basta que se le reconozca el modesto mérito de haber dejado un problema difícil en estado menos malo que como se lo encontró".
CLAUDE LÉVI-STRAUSS
Hace unos días, los diarios del mundo informaron la muerte del antropólogo francés Claude Lévi-Strauss, el padre del estructuralismo. Esta nota publicada en “Ñ” hace casi un año, resume sus principales contribuciones al pensamiento del siglo XX.
Suponiendo que Claude Lévi-Strauss no hubiese hecho otra cosa que escribir Tristes trópicos, su libro de 1955, su obra seguiría estando a mil años luz que la de cualquier otro antropólogo. Y Tristes trópicos ni siquiera es un libro de antropología en sentido estricto. En todo lo que ese libro exige, en todo lo que ese libro sabe que no obtendrá, se encuentra la espina que el estructuralismo –como método científico, corriente de pensamiento, como afirmación política y posibilidad estética– dejó clavada en el corazón del siglo XX: no la duda sobre si el saber occidental será capaz de responder las preguntas acerca de la naturaleza humana, sino la sospecha de que probablemente no valga la pena.

Tristes trópicos es el relato de un antropólogo que, a mediados de la década de 1930, deja su acomodada vida académica en Francia y llega a la selva amazónica en busca de su objeto de estudio soñado: "Una sociedad humana reducida a su expresión básica".

(…)

El antropólogo no se resigna. Penetra más y más en la selva. Quiere localizar, dice, esa sociedad que todavía no fue contaminada por la civilización europea. Por la mugre. Finalmente, cerca de la frontera con Bolivia, se topa con los tupi-kawahib: salvajes, impolutos, el sueño de Rousseau y de Durkheim. Sin embargo, por más que lo intenta, no consigue comunicarse con ellos. No se entienden. No hablan la misma lengua. "Estaban realmente dispuestos a enseñarme sus costumbres y creencias, pero yo nada sabía de su lengua. Estaban tan cerca de mí como una imagen vista en un espejo. Los podía tocar pero no podía entenderlos. Allí tuve mi recompensa y al mismo tiempo mi castigo, pues, ¿no consistía mi error, y el de mi profesión, en creer que los hombres no son siempre hombres? ¿En pensar que algunos merecen más nuestro interés y atención porque en sus maneras hay algo que nos asombra?".

(…)

El antropólogo no se resigna tampoco ahora. Hay otra opción. En lugar de merodear en tribus lejanas, de regodearse en su extrañeza, de lamentarse al ver en qué los hemos convertido, es posible construir un modelo teórico de sociedad que abarque a ésa y a todas las sociedades primitivas. El espíritu humano es el mismo en todos lados. Lo que prima es el intento de llevar orden al caos, de ordenar un universo desordenado. Hay un todo establecido, coherente. Un número limitado de estructuras que se repiten una y otra vez. Un sistema. Valiéndose de la matemática, la lingüística, la cibernética, las ciencias del signo, es posible reconstruir esas estructuras, bosquejar una suerte de tabla periódica con los elementos que conforman esas sociedades. Los mitos, las leyendas, los dialectos, los bailes, los tatuajes, son accidentes, contingencias. Lo que importa es la estructura, lo que subyace: el estudio del pensamiento humano a través de una ciencia formalista, taxonómica, universal, abstracta.

A mediados del siglo XX, con los hornos de Auschwitz todavía calientes y las luchas por la descolonización estallando alrededor del mundo, el estructuralismo se propuso la empresa más grandiosa jamás imaginada: comprender cómo funciona la mente humana. Y Lévi-Strauss hizo escuela.

(…)

Lévi-Strauss logró construir un modelo teórico, político, estético, que satisfacía su búsqueda personal: entender a los hombres sin conocerlos, conseguir una aproximación intelectual y mantener la distancia física. "Odio los viajes y a los exploradores", así empezaba Tristes trópicos. Bastó esa línea, y Lévi-Strauss ya estaba a mil años luz.

(…)

"Lo que consiguió cambiar la mentalidad de la época, como ninguno de esos elementos lo hubiera logrado antes, fue la sensación de que había aparecido un nuevo lenguaje en el que todo, desde la moda femenina, como en El sistema de la moda de Roland Barthes, hasta la neurología, como The quest for mind de Howard Gardner, podía discutirse y analizarse de una manera útil. Fue toda una serie de términos (signo, código, transformación, oposición, intercambio, comunicación, metáfora, metonimia, mito... estructura), tomados en préstamo y reelaborados tanto a partir del léxico de la ciencia como del arte, los que sirvieron para definir la empresa de Lévi-Strauss, más allá del limitado interés que muchos pudieran tener en el sistema de secciones australiano o la configuración de las aldeas bororo".

A mediados de siglo, el lenguaje, o el método, o las hipótesis, o el modelo, o lo que fuese que ese antropólogo francés estuviese diciendo en nombre del estructuralismo, se extendió hacia otras disciplinas. Pocos, muy pocos, se definieron como "estructuralistas", pero de pronto en lingüística, psiquiatría, historia, política, sociología, semiología, matemática, filosofía, literatura, biología, y más, el estructuralismo permitía decir cosas que hasta ese momento no habían sido dichas: permitía, parafraseando una definición ya clásica de Lévi-Strauss, generar buenas categorías para pensar.

(…)

El estructuralismo no nació con Lévi-Strauss. Su fundación, simbólica, se remonta a 1916, cuando se publicó la obra póstuma de Ferdinand de Saussure, el Curso de lingüística general. Pero en el trayecto que va desde el Curso de lingüística general hasta la edición de los cuatro tomos de las Mitológicas de Lévi-Strauss (entre 1964 y 1971), el estructuralismo pareció haber mutado como en esas películas de la RKO en las que una pequeña lagartija se metía donde no debía, recibía algún tipo de radiación y se convertía en un monstruo gigante y deforme que pisoteaba todo lo que encontraba a su paso. El estructuralismo, para entonces, era Godzilla.

(…)

La crítica de la superioridad racial debe combinarse con la crítica de la superioridad cultural. No hay una sola civilización, propone Lévi-Strauss; hay culturas, muchas, en plural. "Lévi-Strauss se apropia de la solemne ambición de los fundadores de la UNESCO –iluminar a la humanidad para conjurar los peligros de la regresión a la barbarie–, pero la dirige contra la filosofía a la que éstos rinden pleitesía", seguía Finkielkraut. "El objetivo sigue siendo el mismo: destruir el prejuicio, pero, para conseguirlo, ya no se trata de abrir a los demás a la razón, sino de abrirse uno mismo a la razón de los demás".

Se esparció como una mancha de brea. Imitando el ejemplo de la antropología estructuralista, las ciencias humanas comenzaron una cacería del etnocentrismo, una denuncia de todas las formas en que –en nombre de un humanismo universalista, vago, metafísico– Occidente hacía prevalecer su dominio pasado y presente. Los historiadores rompieron la línea del tiempo, trastocaron su continuidad; los sociólogos combinaron el marxismo con la etnología estructuralista: en todas las sociedades hay división de clases (decían con Marx), y en cada clase hay un universo simbólico distinto y equivalente (decían con Lévi-Strauss). Los lingüistas encontraron las mismas estructuras narrativas en las "grandes novelas" y en los "cuentos populares"; todas las teorías de la descolonización usaron el mismo sonsonete: ni las sociedades ni las personas crean de manera absoluta, sólo se limitan a elegir determinadas combinaciones; no hay dos culturas que sean iguales, pero todas parten de la misma actividad combinatoria y no pueden ser jerarquizadas.

La bola de nieve no se detuvo. Noam Chomsky, Roland Barthes, Jacques Derrida, Jacques Lacan, Umberto Eco, Jean Piaget, Thomas Kuhn, Michel Foucault, Louis Althusser o Julia Kristeva, por nombrar poco y atropellado, llevaron el estructuralismo a sus respectivas disciplinas.

(…)

No es que el estructuralismo, o Lévi-Strauss, hayan estado exentos de críticas. Al contrario. Muchos filósofos acusaron al estructuralismo de ser demasiado cientificista y muchos científicos lo acusaron de ser demasiado filosófico. Se dijo que Lévi-Strauss era un mago: que encontraba estructuras por todos lados, que las sacaba de su galera mágica junto con conejos y ramos de flores. Se le imputó plantear preguntas y no responderlas; mezclar azarosamente cualquier cosa que se le cruzara; no hacer suficiente trabajo de campo; hacer demasiado trabajo de campo; usar demasiada información; usar muy poca información; usar información desactualizada; ser demasiado positivista; ser demasiado poético; ignorar la historia; ignorar a los individuos; ser demasiado determinista; tomar un montón de temas complicados y volverlos imposibles. Las versiones más "duras" del estructuralismo se han vuelto obsoletas, o al menos no gozan del acuerdo que gozaron hasta fines de la década de 1960. Gran parte de sus hipótesis (o métodos, o discursos, o... lo que sea) fueron retomadas por las corrientes posestructuralistas, posmodernas, deconstructivistas, constructivistas, etc. Otras fueron descartadas, y muchas otras se volvieron parte de agendas políticas y sociales, parte del sentido común, de la embrutecida cotidianeidad de los hechos de todos los días.

(…)

Ese es el secreto que encierra Tristes trópicos: que el precio por conocer es la destrucción de aquello que busca conocerse. "Nunca más, en ninguna parte, volveré a sentirme en casa", se lee allí, sólo para pasar un par de páginas y encontrarse con una cita de Pascal: "Nada nos puede consolar, cuando lo pensamos detenidamente". En todo lo que ese libro exige y en lo que sabe que no obtendrá, se encuentra la espina que el estructuralismo dejó clavada en el corazón del siglo XX: "¿Para qué sirve actuar, si el pensamiento que guía la acción conduce al descubrimiento de la ausencia de sentido?". Es lo que Lévi-Strauss, hace setenta años, intuyó que no sería capaz de responder.

MARCELO PISARRO
“Qué queda del estructuralismo”
(“ñ”, 06/12/08)

11.6.07

amor loco

Es verdad: nosotros amamos la vida no porque estemos habituados a vivir, sino porque estamos habituados a amar.
Siempre hay algo de demencia en el amor. Pero siempre hay también algo de razón en la demencia.

FRIEDRICH NIETZSCHE
“Así habló Zaratustra”

4.6.07

del leer y el escribir

De todo lo escrito yo amo sólo aquello que alguien escribe con su sangre. Escribe tú con sangre: y te darás cuenta de que la sangre es espíritu. No es cosa fácil el comprender la sangre ajena: yo odio a los ociosos que leen.
Quien conoce al lector no hace ya nada por el lector. Un siglo de lectores todavía -y hasta el espíritu olerá mal.
El que a todo el mundo le sea lícito aprender a leer corrompe a la larga no sólo el escribir, sino también el pensar.
En otro tiempo el espíritu era Dios, luego se convirtió en hombre, y ahora se convierte incluso en plebe.
Quien escribe con sangre y en forma de sentencias, ése no quiere ser leído, sino aprendido de memoria.

FRIEDRICH NIETZSCHE
“Así habló Zaratustra”

30.5.07

cuarenta años de “cien años de soledad”

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarías con el dedo.
“GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ”
“Cien años de soledad”
Se sabe, aunque también pertenece a su universo mitológico, que para hacer el envío de la obra a Buenos Aires, el autor y su esposa tuvieron que contar las monedas, que de todos modos no alcanzaron. El envío costaba ochenta y dos pesos mexicanos y ellos no tenían más de cincuenta de modo que dividieron el manuscrito y enviaron los diez primeros capítulos. “Luego –narra Dasso Saldívar- se fueron a casa, agarraron las ‘tres últimas posiciones militares’: el secador de ella, el calentador de él y la batidora y se fueron al Monte de la Piedad y las empeñaron por unos cincuenta pesos (con los que hicieron el segundo envío). Cuando salieron de la vieja oficina de correos (…) Mercedes, que aún no había leída la novela, le dijo a su marido: ‘Oye, Gabo, ahora lo único que falta es que esta novela sea mala’”.
En agosto de 1967, Gabo y Mercedes asistieron, en Buenos Aires, al comienzo de la leyenda.
MARÍA LUJÁN PICABEA
“Una legendaria primera edición”
(“ñ”,19.05.07)

24.5.07

generación iPod

“La generación iPod era un juego de palabras formando un acrónimo para los calificativos en inglés que según dicho estudio mejor identifican a esta generación entre los 20 y los 30 años: inseguros, presionados, agobiados a impuestos y con muchas deudas -insecured, pressured, overtaxed, debt-ridden-“. La cita pertenece a un libro (La generación precaria, de María García Aller) publicado en España a fines del año pasado y que revisa las características de los jóvenes nacidos entre 1970 y 1985, criados en la cultura digital.

GUSTAVO ALVAREZ NUÑEZ
“Claroscuros de la galaxia iPod”
(“ñ”, 19.05.07)

19.4.07

la religión del amor

Enamorarse es crear una religión cuyo dios es falible. Que Dante profesó por Beatriz una adoración idolátrica es una verdad que no cabe contradecir; que ella se burló de él y otra lo desairó son hechos que registra la Vita nuova.

(…)

Infinitamente existió Beatriz para Dante. Dante, muy poco, tal vez nada, para Beatriz; todos nosotros propendemos por piedad, por veneración, a olvidar esa lastimosa discordia inolvidable para Dante. Leo y releo los azares de su ilusorio encuentro y pienso en dos amantes que el Alighieri soñó en el huracán del segundo círculo y que son emblemas oscuros, aunque él no lo entendiera o no lo quisiera, de esa dicha que no logró. Pienso en Francesca y en Paolo, unidos para siempre en su Infierno (Questi, che mai da me non fia diviso…) Con espantoso amor, con ansiedad, con admiración, con envidia, habrá forjado Dante este verso.

JORGE LUIS BORGES
“Nueve ensayos dantescos”

2.4.07

sobre el golem

Se supone que si un rabino aprende o llega a descubrir el secreto nombre de Dios y lo pronuncia sobre una figura humana hecha de arcilla, ésta se anima y se llama golem. En una de las versiones de la leyenda, se inscribe en la frente del golem la palabra EMET, que significa verdad. El golem crece. Hay un momento en que es tan alto que su dueño no puede alcanzarlo. Le pide que le ate los zapatos. El golem se inclina y el rabino sopla y logra borrarle el aleph o primera letra de EMET. Queda MET, muerte. El golem se transforma en polvo.

En otra leyenda un rabino o unos rabinos, unos magos, crean un golem y se lo mandan a otro maestro, que es capaz de hacerlos pero que está más allá de esas vanidades. El rabino le habla y el golem no le contesta porque le están negadas las facultades de hablar y concebir. El rabino sentencia: “Eres un artificio de los magos; vuelve a tu polvo.” El golem cae deshecho.

Por último, otra leyenda narrada por Scholem. Muchos discípulos (un solo hombre no puede estudiar y comprender el Libro de la Creación) logran crear un golem. Nace con un puñal en las manos y les pide a sus creadores que lo maten “porque si yo vivo puedo ser adorado como un ídolo”. Para Israel, como para el protestantismo, la idolatría es uno de los máximos pecados. Matan al golem.

JORGE LUIS BORGES
“La cábala” (“Siete noches”,1980)

29.3.07

construyendo a Dios

Hay un argumento, muy elegante pero muy falso, de Leibniz, para defender la existencia del mal. Imaginemos dos bibliotecas. La primera está hecha de mil ejemplares de la Eneida, que se supone un libro perfecto y que acaso lo es. La otra contiene mil libros de valor heterogéneo y uno de ellos es la Eneida. ¿Cuál de los dos es superior? Evidentemente, la segunda. Leibniz llega a la conclusión de que el mal es necesario para la variedad del mundo.

(…)

Llegaríamos así a Bernard Shaw, quien dijo God is in the making, “Dios está haciéndose”, Dios es algo que no pertenece al pasado, que quizá no pertenezca al presente: es la Eternidad. Dios es algo que puede ser futuro: si nosotros somos magnánimos, incluso si somos inteligentes, si somos lúcidos, estaremos ayudando a construir a Dios.

(…)

En cada uno de nosotros hay una partícula de divinidad. Este mundo, evidentemente, no puede ser la obra de un Dios todopoderoso y justo, pero depende de nosotros.

JORGE LUIS BORGES
“La cábala” (“Siete noches”,1980)

23.3.07

budismo borgeano

Las otras religiones exigen mucho de nuestra credibilidad. Si somos cristianos, debemos creer que una de las tres personas de la Divinidad condescendió a ser hombre y fue crucificado en Judea. Si somos musulmanes tenemos que creer que no hay otro dios que Dios y que Muhammad es su apóstol. Podemos ser buenos budistas y negar que el Buddha existió. O, mejor dicho, podemos pensar, debemos pensar que no es importante nuestra creencia en lo histórico: lo importante es creer en la Doctrina.

(…)

El budismo cree que el ascetismo puede convenir, pero después de haber probado la vida. No se cree que nadie deba empezar negándose nada. Hay que apurar la vida hasta las heces y luego desengañarse de ella; pero no sin conocimiento de ella.

(…)

Yo tengo para mí que si hay dos budismos que se parecen, que son casi idénticos, son el que predicó el Buddha y lo que se enseña ahora en la China y el Japón, el budismo zen. Los demás son incrustaciones mitológicas, fábulas. Algunas de esas fábulas son interesantes. Se sabe que el Buddha podía ejercer milagros, pero al igual que Jesucristo, le desagradaban los milagros, le desagradaba ejercerlos. Le parecía una ostentación vulgar.

(…)

Entre los hechos del Buddha hay uno iluminativo: la parábola de la flecha. Un hombre ha sido herido en batalla y no quiere que le saquen la flecha. Antes quiere saber el nombre del arquero, a qué casta pertenecía, el material de la flecha, en qué lugar estaba el arquero, qué longitud tiene la flecha. Mientras están discutiendo esas cuestiones, muere. “En cambio –dice el Buddha-, yo enseño a arrancar la flecha”. ¿Qué es la flecha? Es el universo. La flecha es la idea del yo, de todo lo que llevamos clavado.

(…)

Ahora llegamos a lo difícil. A lo que nuestras mentes occidentales tienden a rechazar. La transmigración, que para nosotros es un concepto ante todo poético. Lo que transmigra no es el alma, porque el budismo niega la existencia del alma, sino el karma, que es una suerte de organismo mental, que transmigra infinitas veces. En el Occidente esa idea está vinculada a varios pensadores, sobre todo a Pitágoras. Pitágoras reconoció el escudo con el que se había batido en la guerra de Troya, cuando él tenía otro nombre.

(…)

La gente acepta el dolor. Gandhi se opone a la fundación de hospitales diciendo que los hospitales y las obras de beneficencia simplemente atrasan el pago de una deuda, que no hay que ayudar a los demás: si los demás sufren deben sufrir puesto que es una culpa que tienen que pagar y si yo los ayudo estoy demorando que paguen esa deuda.

El karma es una ley cruel, pero tiene una curiosa consecuencia matemática: si mi vida actual está determinada por mi vida anterior, esa vida anterior estuvo determinada por otra; y ésa, por otra, y así sin fin. ES decir: la letra z estuvo determinada por la y, la y por la x, la x por la v, la v por la u, salvo que ese alfabeto tiene fin pero no tiene principio. Los budistas y los hindúes, en general, creen que en un infinito actual: creen que para llegar a este momento ha pasado ya un tiempo infinito, y al decir infinito no quiero decir indefinido, innumerable, quiero decir estrictamente infinito.

De los seis destinos que están permitidos a los hombres (alguien puede ser un demonio, puede ser una planta, puede ser un animal), el más difícil es el de ser hombre, y debemos aprovecharlo para salvarnos.

(…)

¿Qué significa llegar al nirvana? Simplemente, que nuestros actos ya no arrojan sombras. Mientras estamos en este mundo estamos sujetos al karma. Cada uno de nuestros actos entreteje esa estructura mental que se llama karma. Cuando hemos llegado al nirvana nuestros actos ya no proyectan sombras, estamos libres. San Agustín dijo que cuando estamos salvados no tenemos por qué pensar en el mal o en el bien. Seguiremos obrando el bien, sin pensar en ello.

JORGE LUIS BORGES
“El budismo” (“Siete noches”,1980)

5.3.07

mentiras y falsificaciones

Photobucket - Video and Image Hosting

Hace pocos meses volvió a editarse en DVD una poco difundida película que Orson Welles realizó en 1973, F for Fake ("F de falso"), mutilada para su exhibición comercial por distribuidores iraníes y difundida en la Argentina con otro título, Verdades y mentiras. Como todas las obras de Welles, tampoco en ésta hay afanes pedagógicos o morales, sino el implacable reflejo de una época de confusión, como era la de hace tres décadas y como es la de ahora.

(…)

…Welles explica, con su maravillosa voz de sótano, que la mentira es la finalidad de todo arte, mientras que la falsificación es sólo un medio para obtener ganancias, lo que es una cita del ensayo de Oscar Wilde La decadencia de la mentira .

Los embaucadores famosos abundan en los reinos del arte, donde han multiplicado los claroscuros de Rembrandt, los cuellos de cisne de Modigliani y los escritos póstumos del marqués de Sade. Hay ciudades y enciclopedias falsas pero verosímiles, como lo saben los lectores de Marco Polo, de Calvino y de Borges; hay santos falsos como los que imaginaba Gonzalo de Berceo a comienzos del siglo XIII cuando deseaba desviar a los peregrinos hacia su convento de San Millán y retener sus limosnas; hay fotografías de monstruos que no existen, como las que reproduce un libro magistral llamado Freaks , de Leslie Fiedler, en el que se ve un niño hindú de cuyas espaldas brota otro niño parásito, y un hombre con cuatro pies elegantemente calzados.

(…)

Hasta el lenguaje tiene sus víctimas, y ciertas frases siguen identificándose con personajes que jamás las pronunciaron. Una de las más célebres es el "Elemental, mi querido Watson", de Sherlock Holmes, que no aparece en ninguna de las cuatro novelas y 57 narraciones breves escritas por su creador, Arthur Conan Doyle. La improvisó el actor sudafricano Basil Rathbone, mientras filmaba El sabueso de los Baskerville, en 1939, y desde entonces sigue adherida a Holmes con más énfasis que su pipa y su violín. Ni pertenece a Voltaire la famosa sentencia "No estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero voy a defender con mi propia vida su derecho a decirlo". Esa frase fue incluida por primera vez en un libro de Evelyn Hall titulado Los amigos de Voltaire (1906) y, a pesar de su falsedad comprobada, se la reproduce con la firma del filósofo francés en los más serios manifiestos y proclamas sobre la libertad de pensamiento.

El purgatorio de las obras (y de las vidas) imaginarias es casi tan populoso como el de las verdaderas. El cine ha difundido más de una vez la historia de la falsaria Anna Andersson, quien murió hace tres décadas tratando de convencer al mundo de que era Anastasia, una de las hijas del zar Nicolás II. La credulidad de la gente y las ambigüedades de la historia le permitieron sostener esa mentira hasta el fin, y vivir de ella con cierta holgura.

La enumeración de mistificaciones puede resultar interminable. Algunas son tan llamativas que merecen lugar aparte. Entre las más sonoras está la del holandés Hans van Meegeren, quien estudió con tanto celo y talento las técnicas de Jan Vermeer -figura mayor de la pintura flamenca del siglo XVII- como para inventar, entre 1936 y 1942, siete obras maestras desconocidas, que los expertos atribuyeron a una etapa temprana de Vermeer. Una de ellas, Cristo en Emaús , unía con destreza algunas jarras de vino, cabezas, manos y platos de sus obras juveniles y las ordenaba de manera tan nueva que media Europa quedó sin aliento ante el hallazgo. Nadie pudo descubrir que Van Meegeren era un falsario. Irónicamente, tuvo que hacerlo él mismo. Al terminar la Segunda Guerra, la policía holandesa lo arrestó por vender al enemigo obras que pertenecían al patrimonio nacional y lo amenazó con la cárcel perpetua. Van Meegeren eligió entonces denunciarse como falsificador, delito menos ofensivo que el de colaboracionista. Para demostrar que no mentía, pintó un último Vermeer en su celda: el mejor de todos y el único que fue destruido.

Menos patética es la historia del francés Vrain-Denis Lucas, quien se hizo rico vendiendo una colección de veintisiete autógrafos de Colón, Carlos V, Dante, Carlomagno y Julio César, todos falsos, por supuesto. Tres de las joyas de aquel conjunto bastaron para asegurar la inmortalidad a Vrain Lucas, no en los anales de los coleccionistas sino en los osados dominios de la falsedad, donde todo es posible: una carta de Sócrates a sus discípulos antes de beber la cicuta; un relato de Lázaro sobre los prodigios del paraíso, después de ser resucitado; una confesión arrepentida de María Magdalena a la comunidad de Jerusalén. La Enciclopedia Británica supone que este último texto fue el que delató a Vrain Lucas porque el falsario, ya cebado, lo escribió en francés.

(…)

Desde el principio de los tiempos, el hombre inventa fábulas para que otros las vivan y las sufran, así como la vida inventa realidades que con frecuencia terminan convirtiéndose en fábulas.

TOMÁS ELOY MARTÍNEZ
“Verdades y mentiras”
(la nación, 03.03.07)

17.2.07

amoníaco

Photobucket - Video and Image Hosting

Remontémonos de nuevo a los antiguos egipcios. El dios patrón de la ciudad egipcia de Tebas, en el Alto Nilo, se llamaba Amón. Cuando Tebas se impuso sobre las demás ciudades egipcias, durante las dinastías XVIII y XIX, la época de mayor poderío militar egipcio, Amón, como es natural, se impuso sobre el resto de los dioses egipcios. Amón exigió la construcción de un gran número de templos, entre ellos uno situado en un oasis del desierto norteafricano, bastante al oeste del centro principal de la cultura egipcia. Este dios era conocido por los griegos y más tarde por los romanos, que lo llamaban Ammon.

Todas las zonas desérticas tienen el problema de la obtención de combustibles. Uno de los combustibles que se utilizan en el norte de África es el estiércol de camello. El hollín producido por el estiércol de camello quemado, que dejó rastros en los muros y el techo del templo, contenía cristales blancos parecidos a la sal, que los romanos llamaron «sal amónica», es decir, «la sal de Ammon». (La expresión «sal amónica» se sigue utilizando en la jerga de los farmacéuticos, pero los químicos de hoy en día llaman a esta sustancia «cloruro amónico».)

En 1774 el químico inglés Joseph Priestley descubrió que al calentar la sal amónica se desprendía un gas de olor penetrante, y en 1782 el químico sueco Torbern Olof Bergmann propuso llamar «amoníaco» a este vapor. Tres años más tarde, un químico francés, Claude Louis Berthollet, determinó la estructura de la molécula de amoníaco.

Está formada por un átomo de nitrógeno al que están unidos tres átomos de hidrógeno, así que su fórmula es NH3.

“Usted también puede hablar gaélico”
“El secreto del universo”
ISAAC ASIMOV

15.2.07

alcohol

Ya se sabe cómo son las mujeres (tres hurras): durante muchos siglos se han pintado las pestañas, los párpados superiores y los ángulos de los ojos con la intención de que dichos ojos parezcan grandes, oscuros, misteriosos y seductores. En la antigüedad se servían de un pigmento oscuro (a menudo un compuesto de antimonio) que se molía hasta conseguir un fino polvo. Tenía que ser un polvo muy fino, por supuesto, porque una sombra de ojos grumosa tendría un aspecto espantoso.

Los árabes, con admirable sencillez, llamaban a este cosmético «el polvo finamente dividido». Pero, una vez más, lo hacían en árabe, con lo que el nombre resultante era al-kuhl; la «h» se pronuncia de una manera un tanto gutural que soy incapaz de reproducir, y «al» significa «el» en árabe.

Los árabes fueron los grandes alquimistas de la Alta Edad Media, y cuando los europeos empezaron a dedicarse a la alquimia en la Baja Edad Media, adoptaron muchos términos árabes. Los árabes habían empezado a utilizar la denominación al-kuhl para cualquier polvo finamente dividido, sin relación con sus funciones cosméticas, y los europeos les imitaron. Pero pronunciaban y escribían la palabra de maneras muy diversas, hasta degenerar en la forma «alcohol».

Se da la circunstancia de que los alquimistas siempre se sintieron incómodos con los gases o vapores. No sabían qué hacer con ellos. Tenían la vaga impresión de que los vapores no eran materiales en el mismo sentido que los sólidos o los líquidos, y por tanto los llamaban «espíritus».

Les impresionaban de manera especial las sustancias que desprendían espíritus incluso a temperaturas normales (y no sólo al calentarlas), y de todas ellas, la más importante en la época medieval era el vino, así que los alquimistas hablaban de «los espíritus del vino» para referirse a los componentes volátiles de éste (y nosotros llamamos a veces a las bebidas alcohólicas «espiritosas»).

Photobucket - Video and Image Hosting

Ahora bien, cuando un líquido se evapora, parece pulverizarse hasta desvanecerse, así que los espíritus también fueron llamados «alcohol», y los alquimistas hablaban del «alcohol del vino». Y ya en el siglo XVII la, palabra «alcohol» se utilizaba únicamente para referirse a los vapores emitidos por el vino.

A principios del siglo XIX se definió la estructura molecular de estos vapores. Se descubrió que estas moléculas estaban formadas por dos átomos de carbono y uno de oxígeno alineados. Al primer átomo de carbono iban unidos tres átomos de hidrógeno, al segundo dos átomos de hidrógeno y el átomo de oxigeno, y al átomo de oxigeno un átomo de hidrógeno. Por consiguiente, su fórmula puede representarse como CH3CH2OH.

El grupo hidrógeno-oxigeno (-OH) se conoce de manera abreviada como «grupo oxhidrilo». Los químicos empezaron a descubrir un gran número de compuestos en los que existe un grupo oxhidrilo unido a un átomo de carbono, como ocurre en el alcohol del vino. Todos estos compuestos acabaron por ser conocidos por el nombre genérico de «alcoholes», y a cada uno se le dio un nombre determinado.

Por ejemplo, el alcohol del vino tiene un grupo de dos átomos de carbono al que están unidos un total de cinco átomos de hidrógeno. Se encontró esta misma combinación en un compuesto aislado en 1540. Este compuesto se evapora con mayor facilidad todavía que el alcohol, y el liquido desaparece con tanta rapidez que da la impresión de estar terriblemente impaciente por elevarse hacia su hogar en los cielos. Aristóteles había llamado a la materia que compone los cielos «éter», así que en 1730 esta sustancia que se evaporaba tan fácilmente fue bautizada con el nombre de spiritus aethereus, en castellano «espíritu etéreo», que acabó por acortarse a «éter».

El grupo de dos carbonos y cinco hidrógenos del éter (hay dos grupos así en cada molécula) fue llamado «grupo etílico», naturalmente, y como este grupo está presente en el alcohol del vino, éste dio en llamarse «alcohol etílico» alrededor de 1850.

Entonces sucedió que los químicos consideraron suficiente añadir al nombre de un compuesto el sufijo -ol para indicar que se trataba de un alcohol, con un grupo oxhidrilo.

“Usted también puede hablar gaélico”
“El secreto del universo”
ISAAC ASIMOV

11.2.07

benceno

Photobucket - Video and Image Hosting

Comenzaremos por un árbol del sureste asiático, que crece principalmente en Sumatra y en Java. Este árbol rezuma una resina marrón rojiza que al quemarse produce un agradable aroma. En la época medieval los comerciantes árabes habían explorado el océano Índico y los países costeros, trayendo consigo esta resina, que llamaban «incienso javanés». Por supuesto, le llamaban eso en árabe, así que su nombre era luban javi.

Para los europeos que adquirían esta esencia a los comerciantes árabes, su nombre no era más que un conjunto de silabas sin sentido. La primera sílaba, lu, podría ser un artículo definido (lo es «el» en italiano; le y la son «el» y «la» en francés, y así sucesivamente). Por tanto, los comerciantes europeos llamaban a esta sustancia «el banjavi» o simplemente «banjavi».

Esto tampoco tenía sentido, y sufrió una serie de transformaciones: desde «benjamín», por ejemplo (ya que ésta al menos era una palabra conocida), hasta «benjoin», y, por último, hacia 1650, se llamó «benzoin». En inglés esta resina se llama ahora gum benzoin (goma benjuí).

Alrededor de 1608, se consiguió aislar una sustancia ácida a partir de esta resina, que acabó por conocerse por el nombre de «ácido benzoico». Más adelante, en 1834, un químico alemán llamado Eilhart Mitscherlich transformó el ácido benzoico (que contiene dos átomos de oxigeno en su molécula) en un compuesto sin ningún átomo de oxigeno, formado sólo por átomos de carbono e hidrógeno. A este nuevo compuesto le llamó «benzina»; la primera silaba hace alusión a su origen.

Otro químico alemán, Justus Liebig, no estaba conforme con el sufijo -ina, que afirmaba que se utilizaba solamente para compuestos que contienen átomos de nitrógeno, cosa que no ocurría en el caso de la benzina de Mitscherlich. Liebig tenía razón en este punto. Pero propuso el sufijo -oí, que es «óleo» en alemán, porque este compuesto se mezclaba mejor con las grasas que con el agua. Sin embargo, éste no es mejor que -ina, ya que, como explicaré dentro de un instante, el sufijo -ol es utilizado por los químicos para otros fines. Pero este nombre se popularizó en Alemania, donde el compuesto sigue siendo conocido como «benzol».

En 1845, otro químico alemán más (ya les dije que la química orgánica fue monopolio de los alemanes durante el siglo XIX), August W. von Hofmann, propuso el nombre «benceno», que es el que se utiliza correctamente en casi todo el mundo, incluidos los Estados Unidos. He dicho correctamente porque la terminación -eno se suele utilizar para designar muchas moléculas compuestas únicamente por átomos de hidrógeno y carbono (hidrocarburos), y, por tanto, la terminación y el nombre resultan adecuados.

“Usted también puede hablar gaélico”
“El secreto del universo”
ISAAC ASIMOV

6.2.07

monsieur Le Blanc (parte IV)

Photobucket - Video and Image Hosting

Sin mentor, la confianza de la francesa comenzó a menguar y en el plazo de un año abandonó las matemáticas puras. No continuó su aportación a demostrar el último teorema de Fermat, pero se embarcó en una emocionante carrera como física, una disciplina en la que de nuevo volvería a destacar por el simple hecho de oponerse a los prejuicios establecidos. Su contribución más importante a la materia fue Memoria sobre las vibraciones de las láminas elásticas, un texto de gran brillantez que sentaba los cimientos de la teoría moderna de la elasticidad. Como resultado de esta investigación y de su labor en el último teorema de Fermat recibió una medalla del Instituto de Francia y se convirtió en la primera mujer que, sin ser esposa de alguno de sus miembros, asistió a las conferencias de la Academia de las Ciencias. Hacia el final de su vida restableció su relación con Carl Gauss, y éste convenció a la Universidad de Gotinga para que otorgara a Germain un título honorífico. Por desgracia, Sophie Germain falleció de cáncer de mama antes de que la universidad pudiera concederle el honor.

Mirándolo bien, era con toda probabilidad la intelectual femenina más profunda que Francia jamás haya engendrado. Y ahora, por extraño que pueda parecer, cuando el funcionario cumplimentó el certificado de defunción de esta eminente socia y colaboradora de los miembros más ilustres de la Academia Francesa de las Ciencias, aquél la definió como una rentière–annuitant (una simple mujer sin oficio) y no como una mathématicienne. Pero la cosa no acaba ahí. Cuando se erigió la torre Eiffel, en la que los ingenieros se vieron obligados a poner una atención especial en la elasticidad de los materiales utilizados, en esta grandiosa estructura se inscribieron los nombres de setenta y dos sabios. Pero nadie encontrará entre ellos el nombre de esta hija de la sabiduría cuyas investigaciones contribuyeron en tan gran medida al establecimiento de la teoría de la elasticidad de los metales: Sophie Germain.

SINGH SIMON
“El enigma de Fermat”

5.2.07

monsieur Le Blanc (parte III)

Photobucket - Video and Image Hosting

La contribución de Germain se habría atribuido por siempre al misterioso monsieur Le Blanc de no haber sido por Napoleón. En 1806, Napoleón se encontraba invadiendo Prusia y el ejército francés estaba tomando una tras otra las ciudades alemanas. Ante el temor de que el destino que sobrevino a Arquímedes pudiera arrebatar también la vida de Gauss, su otro gran héroe, Germain envió un mensaje al general Joseph–Marie Pernety, amigo suyo que estaba al mando de las fuerzas avanzadas, y le rogó que garantizara la seguridad de Gauss. El general presto un cuidado especial al matemático alemán y le comunicó que debía su vida a mademoiselle Germain. Gauss quedó agradecido, pero sorprendido a la vez de que nunca hubiera oído hablar de Sophie Germain.

El juego había concluido. En su próxima carta a Gauss, Germain reveló a regañadientes su identidad real. Lejos de enfadarse por el engaño, Gauss le respondió complacido: “Cómo describirle mi sorpresa y estupor al comprobar que monsieur Le Blanc, mi estimado correspondiente, se metamorfoseaba en este distinguido personaje que sirve de tan brillante ejemplo a lo que yo mismo encontraría difícil de creer. El gusto por las ciencias abstractas en general, y sobre todo por los misterios de los números, es tremendamente inusual, lo cual no me sorprende porque los seductores encantos de esta sublime ciencia se manifiestan tan sólo a aquellos que poseen el valor para ahondarla en profundidad. Sin embargo, cuando una persona, según nuestras costumbres y prejuicios, se ve obligada a tropezar con muchísimas más dificultades que un hombre, por pertenecer al sexo contrario, a la hora de familiarizarse con estos estudios espinosos y, a pesar de todo, consigue vencer los obstáculos y penetrar hasta sus rincones más oscuros, entonces esa mujer goza sin duda del ánimo más noble, de todo un talento extraordinario y de un genio superior. En efecto, nada me demostraría de un modo tan lisonjero y tan poco equívoco que los atractivos de esta ciencia que ha enriquecido mi vida con tantas alegrías no son una quimera, igual que no lo es la predilección con la que usted la ha honrado”.

La correspondencia que Sophie Germain mantuvo con Carl Gauss inspiró gran parte de su producción, pero en 1808 la relación de ambos terminó con brusquedad. Gauss había sido elegido como profesor de Astronomía en la Universidad de Gotinga, por lo que su interés por la teoría de números evolucionó hacia unas matemáticas más aplicadas, y no se molestó más en responder a las cartas de Germain.

SINGH SIMON
“El enigma de Fermat”

4.2.07

monsieur Le Blanc (parte II)

Photobucket - Video and Image Hosting

Entonces, en 1794, la École Polytechnique abrió sus puertas en París. Se fundó como academia de excelencia para formar a matemáticos y científicos nacionales. Este habría sido un lugar ideal para que Germain desarrollara sus habilidades matemáticas si no fuera porque se trataba de una institución limitada tan sólo a los hombres. Su reserva natural la previno de enfrentarse a la junta directiva de la academia, así que, en lugar de eso, recurrió a estudiar en secreto asumiendo la identidad de un antiguo alumno de la academia, monsieur Antoine–August Le Blanc. La secretaría de la academia ignoraba que el verdadero monsieur Le Blanc había abandonado París y continuó enviándole apuntes y problemas.

Germain se las ingenió para obtener todo lo que iba destinado a Le Blanc y cada semana proponía respuestas a los problemas usando su nuevo seudónimo. Todo iba tal como había planeado, hasta que un par de meses más tarde el encargado del curso, Joseph–Louis Lagrange, no pudo ignorar por más tiempo la brillantez de las respuestas de monsieur Le Blanc. Las soluciones de monsieur Le Blanc no sólo eran de un ingenio maravilloso sino que además evidenciaban una notoria transformación en un estudiante que otrora había destacado por su pésima destreza matemática. Lagrange, que era uno de los matemáticos más distinguidos del siglo XIX, solicitó un encuentro con el renovado estudiante y Germain
se vio obligada a revelar su auténtica identidad. Lagrange se quedó atónito y encantado al conocer a la joven y se convirtió en su mentor y amigo. Sophie tuvo al fin un profesor que la colmó y con el que pudo dar rienda suelta a sus capacidades y ambiciones.

Germain progresaba en secreto y pasó de resolver problemas como deberes del curso a estudiar áreas inexploradas de las matemáticas. Se interesó muy en especial por la teoría de números e inevitablemente llegó a oír hablar del último teorema de Fermat. Trabajó en este problema durante muchos años y alcanzó una fase en la que creyó haber logrado un avance importante. Sintió la necesidad de discutir sus ideas con otros colegas teóricos de números y decidió dirigirse directamente a la cima y consultar al mejor del mundo, el matemático alemán Carl Friedrich Gauss.

(…)

La labor de Germain sobre el último teorema de Fermat constituyó su mayor aportación a las matemáticas, pero al principio nadie creyó en su descubrimiento. Germain tenía veintitantos años cuando escribió a Gauss y, aunque se había hecho con una reputación en París, temió que el gran matemático no la tomara en serio por ser mujer. Para preservar su identidad, Germain recurrió de nuevo al seudónimo y firmó las cartas con el nombre de monsieur Le Blanc.

Su temor y respeto hacia Gauss queda patente en una de las misivas que le dirigió: “Por desgracia, la profundidad de mi intelecto no se corresponde con la voracidad de mi apetito, y me parece ciertamente una osadía importunar a un hombre de genio cuando yo no merezco su atención más que por la admiración que le profeso y que sin duda comparto con todos sus lectores.” Gauss, ignorante de la verdadera identidad del remitente, intentó que Germain se sintiera cómoda y respondió: “Estoy encantado de que la aritmética haya encontrado en usted a un amigo tan capaz.”

SINGH SIMON
“El enigma de Fermat”

3.2.07

monsieur Le Blanc (parte I)

Photobucket - Video and Image Hosting

Sophie Germain nació el 1 de abril de 1776 y era hija de un comerciante, Ambroise–François Germain. Fuera del trabajo, su vida estuvo dominada por el trastorno de la Revolución francesa. El mismo año en que descubrió su pasión por los números se produjo el asalto a la Bastilla y su estudio del cálculo se oscureció con la época del Terror. Si bien su padre era un próspero negociante, la familia de Sophie no pertenecía a la aristocracia.

A las señoras del grupo social de Germain no se las animaba especialmente a estudiar matemáticas, pero sí las instaban a tener suficientes conocimientos sobre la materia como para ser capaces de discutir sobre cualquier tema que pudiera surgir durante una conversación de sociedad. Con este fin se escribieron una serie de libros de texto que ayudaran a las mujeres a enfrentarse a los últimos avances matemáticos y científicos. Francesco Algarotti fue el autor de Newtonismo para las damas. Como Algarotti creía que las mujeres sólo estaban interesadas en amoríos, intentó explicar los descubrimientos de Newton a través del diálogo de flirteo entre una marquesa y su interlocutor. Así, éste perfila la ley del cuadrado inverso de la atracción gravitacional, tras lo cual la marquesa da su propia interpretación de esta ley física fundamental: “No puedo menos que pensar... que esta proporción en los cuadrados de las distancias espaciales... se aprecia incluso en el amor. De este modo, después de ocho días de ausencia, el amor se vuelve sesenta y cuatro veces menor de lo que fue el primer día.”

(…)

Se puso de inmediato a aprender por sí misma las bases de la teoría de números y del cálculo y muy pronto comenzó a quedarse hasta altas horas de la noche estudiando las obras de Euler y de Newton. Este repentino interés por una disciplina tan poco femenina preocupó a sus padres. Un amigo de la familia, el conde Guglielmo Libri–Carrucci dalla Sommaja, cuenta cómo el padre de Sophie le requisó las velas y vestidos y eliminó la calefacción para disuadirla del estudio. Unos pocos años más tarde, en Bretaña, el padre de la joven matemática Mary Somerville también le confiscó las velas mientras afirmaba: “Tenemos que acabar con esto o llegará el día en que veamos a Mary con camisa de fuerza.”

En el caso de Germain, ésta respondió manteniendo un escondite secreto de velas y envolviéndose en ropas de cama. Libri–Carrucci dice que las noches de invierno eran tan frías que la tinta se congelaba en el tintero, pero Sophie continuó a pesar de todo. Algunos la describieron como reservada y difícil, pero era asimismo muy resuelta y a la larga sus padres cedieron y dieron su bendición a Sophie. Germain nunca se casó y a lo largo de su tarea profesional el padre costeó sus investigaciones. Durante muchos años siguió estudiando en solitario porque no había matemáticos en la familia que pudieran exponerle las ideas más recientes y sus instructores se negaban a tomarla en serio.

SINGH SIMON