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21.5.17

matias behety (III)



Martín Iraola fundó en 1871, en lo que se conocía como las Lomas de Ensenada, la ciudad de Tolosa. El nombre fue un homenaje al pueblo de su padre Gerónimo. El año no es casual: es el de la epidemia de fiebre amarilla en Buenos Aires. Y su nacimiento supone el éxodo de los habitantes porteños a otros sitios, alejados de la enfermedad. La industria frigorífica de Buenos Aires se traslada a Berisso, donde hay que recibir a la masa de obreros que se asentaron en la zona. Un año después, llega el ferrocarril y con él crece la ciudad. La estrella de Tolosa dura una década, hasta la fundación de La Plata. La nueva capital de la provincia opaca el esplendor de Tolosa.

El cementerio de Tolosa estuvo ubicado en lo que hoy es un barrio de La Plata, entre las calles 522, 526, 120 y 118 (esta última conocida como la Calle de la Amargura porque ahí estaba la puerta de ingreso al camposanto). Fue fundado en 1874; doce años después cerró sus puertas: la inauguración del nuevo cementerio en La Plata (diseñado por Pedro Benoit), de mayor capacidad, justificó su cierre definitivo.

Lentamente, se produjo el traslado de los cuerpos del cementerio de Tolosa a La Plata. Aquellos difuntos que contaban con familiares fueron los primeros en ser trasladados, por la gestión activa de sus deudos. Pero hubo una cantidad importante de muertos que no fueron reclamados y quedaron en el viejo cementerio que estaba clausurado. Así empezó la leyenda de los vecinos de Tolosa que decían ver luces durante la noche, en el cementerio abandonado.

Para principios del siglo XX, la Municipalidad platense dispuso trasladar los cuerpos de Tolosa que habían quedado sin reclamar, a un osario común en la nueva necrópolis. Fue un día de marzo de 1908 cuando, José Peralta, administrador del cementerio, descubrió que el ataúd de uno de los muertos de Tolosa permanecía intacto. Intrigado, mandó abrir la caja.

“Contenía una momia de un cuerpo entero y mascara intactas, de ojos semicerrados, con su dentadura superior al descubierto en una mueca risueña; atada con cabeza con un pañuelo cuyas puntas fingianle la mariposa de una corbata de moño, la cabellera larga y descolorida, las ropas interiores y exteriores en perfecto estado” describió Peralta.

El cuerpo parecía ser de una persona joven, de baja estatura, inhumado un par de décadas antes de su descubrimiento. “Las condiciones en que se halla son tan raras como curiosas. Observándole bien, es exactamente idéntico a un Cristo con sus carnes disecadas y totalmente entero” comentó Peralta y eso bastó para que el rumor del descubrimiento se dispersara por la ciudad.

En procesión, los platenses desfilaron por el nuevo cementerio, para ver al cuerpo momificado que rápidamente ganó el mote de “La Momia del Cementerio de Tolosa” o el más íntimo de “El Muerto Popular”. Un empleado del cementerio no tuvo mejor idea que poner el cuerpo en el altar de una capilla y eso motivó que los visitantes le fueran a pedir milagros y a rezarle. Más aún: surgió la leyenda que de las manos del difunto surgía una luminiscencia, que el vulgo tildó de milagrosa.

El macabro espectáculo duró 20 días, hasta que las autoridades del cementerio trasladaron el cuerpo a un nicho.

Años después, en 1923, el diario “La Razón” contó la historia de la momia de Tolosa, en su suplemento dominical. Un ejemplar del diario llegó a manos de Antonio Lamberti. Y la descripción del muerto le trajo recuerdos de épocas que creía cerradas.



Lamberti se acercó al cementerio de La Plata y pidió ver el cuerpo. Reconoció en el cadáver momificado, los rasgos de su amigo Matías Behety, el hombre que pudo ser su cuñado.



Alejandro, el tío de Matías Behety le erige, en 1924, el mausoleo de mármol y granito que existe, hasta hoy día, en el cementerio de La Plata, incluyendo su busto esculpido. “Monumento erigido a la memoria del Dr. Matías Behety por la familia Menéndez Behety. 1925” dice una sencilla placa de bronce. Otra se ha agregado hace relativamente pocos años: “Sociedad Argentina de Escritores. Sede Filial La Plata. Al poeta Matías Behety. 1885, 24 de agosto, 1975”.

Artículos, conferencias, una biografía (la de Telmo Manacorda) recuerdan al trágico poeta. Aunque nacido en Uruguay, Matías Behety será considerado el primer poeta de La Plata y quedará unido eternamente (como no lo sospechó en vida) a la historia de la ciudad.


FUENTES:

https://www.facebook.com/flaviomrodriguez/posts/10213193407612934

http://lospoetasnovanalcielo.blogspot.com/2012/06/matias-behety.html

http://www.euskonews.com/0568zbk/kosmo56801es.html

http://historiasdetolosa.blogspot.com.ar/2015/05/matias-behety.html

http://historiasdetolosa.blogspot.com.ar/2015/05/la-momia-del-poeta.html

http://historiasdetolosa.blogspot.com.ar/2015/05/mas-datos-sobre-behety.html

https://books.google.com.ar/books?id=VeneBgAAQBAJ&pg=PT20&lpg=PT20&dq=matias+behety+telmo+manacorda&source=bl&ots=Y1Qu9Jk5kk&sig=_-ZTxKPXRZjaJh0LCBzvcoDH7ZI&hl=es-419&sa=X&ved=0ahUKEwj7wLfQxejTAhWFFpAKHUwWBTMQ6AEIZDAO#v=onepage&q=matias%20behety%20telmo%20manacorda&f=false

https://poetassigloveintiuno.blogspot.com.ar/2014/02/matias-behety-10999.html

https://books.google.com.ar/books?id=CJpNAAAAYAAJ&pg=PT459&lpg=PT459&dq=matias+behety&source=bl&ots=WnQpavpFCK&sig=cw7Vc0Jbg3GmKlng_DcWrmyQcnw&hl=es-419&sa=X&sqi=2&ved=0ahUKEwiSkeOZxOjTAhVKOZAKHaGxDwsQ6AEIVTAM#v=onepage&q=matias%20behety&f=false




http://tolosavive.com.ar/servicios-en-tolosa-2/535-historias-de-tolosa-xiii-el-poeta-matias-behety-la-momia

http://www.eldia.com/nota/2014-4-19-secretos-del-cementerio-la-primera-momia-platense

https://www.panoramio.com/photo/38532214

http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/art_revistas/pr.4195/pr.4195.pdf

http://www.laplatamagica.com.ar/web/?q=node/92

http://misteriosdelaplata.blogspot.com.ar/2010/06/la-momia-de-tolosa.html

http://eltriste.blogspot.com/

http://sedici.unlp.edu.ar/bitstream/handle/10915/14007/Documento_completo.pdf?sequence=1

http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/juvenilia-y-otras-paginas-argentinas--0/html/ff024e2c-82b1-11df-acc7-002185ce6064_2.htm

http://loscaballerosdelanoche1881.blogspot.com.ar/2015/03/comision-popular-de-socorro-de-la.html

http://www.laplatamagica.com.ar/web/?q=node/87

https://www.geni.com/people/Matias-Behety-Chapital/6000000000280687366

20.5.17

matias behety (II)



Tras la muerte de su amada María, la caída de Matías Behety se aceleró. Se entregó al ajenjo y su salud se vio rápidamente resquebrajada.

“De tiempo en tiempo hacía un esfuerzo para ingresar de nuevo en la vida normal y unirse a nuestra marcha ascendente, desenvolverse a nuestro lado. ¡Con qué júbilo lo recibíamos! Era el hijo pródigo cuyo regreso ponía en conmoción todo el hogar” continúa Cané “Aquel cráneo debía tener resortes de acero, porque su inteligencia, en sus rápidas reapariciones después de largos meses de atrofia, resplandecía con igual brillo. ¿De atrofia he dicho? No, y ésa fue su pérdida”.

Uno de esos intentos, se da en 1884, cuando su amigo Francisco Uzal lo lleva a la recién fundada La Plata para que ejerza el periodismo en “La Plata”, el diario de su propiedad. Matías Behety se instala en el hotel 19 de Noviembre en la diagonal 80, entre 4 y 5, cerca de la sede del periódico.

Su intento fue efímero. Como lo describe Cané: “La bohemia le absorbió, le hizo suyo, le penetró hasta el corazón. Pasaba sus noches, como el hijo del siglo, entre la densa atmósfera de una taberna, buscando la alegría que las fuentes puras le habían negado, en la excitación ficticia del vino, rodeado de un grupo simpático, ante el que abría su alma, derramaba los tesoros de su espíritu y se embriagaba en sueños artísticos, en la paradoja colosal, la teoría demoledora, el aliento revolucionario, que es la válvula intelectual de todos los que han perdido el paso en las sendas normales de la tierra. El bohemio de Murger, con más delicadeza, con más altura moral. El pelo largo y descuidado, el traje raído, mal calzado, la cara fatigada por el perpetuo insomnio, los ojos con una desesperación infinita en el fondo de la pupila; tal le vi por última vez y tal quedó grabado en mi memoria”.

Rafael Barreda describe un panorama similar: “En el último período de su vida, se alejó de sus amigos que estaban en auge y sólo se lo encontraba en los fondines, tabernas o bodegones... Allí se hallaba en su centro, a sus anchas, como él decía, usando de su lenguaje persuasivo, salpicado de figuras bellísimas, compartiendo con los pobres lo pobre de su bolsa. Y, cosa rara, los que escuchaban sus frases, siempre originales –aquella gente ruda e ignorante–, sentían por él el mayor respeto. Al pasar una noche por un almacén oí su voz en la trastienda y entré: allí me lo hallé con hombres de baja estofa que lo escuchaban admirados. Me miró y al reconocerme, me dijo, con aquella gravedad propia de su carácter:-¡Aquí me tienes ilustrando a las masas!”

Pocos meses después de establecerse en La Plata, Matías Behety es internado en el Hospital de Melchor Romero: ingresa como el paciente número 553. Pese a que no se había graduado, lo inscriben como abogado. Dos semanas después, el 29 de agosto de 1885, Matías Behety fallece a los 36 años de edad. La causa de la muerte es tuberculosis pero podemos intuir que, tal vez, se esconda en ese rótulo los estragos que realizó el alcohol.

“¿Vive aún?” se preguntó Miguel Cané poco antes “¿Caerán estas líneas bajo su mirada? No lo sé; en todo caso, la entidad moral pasó, si la forma persiste. ¡Nunca se impone a mi espíritu con más violencia el problema de la vida que cuando pienso en ese hombre!”.

Sus amigos (ilustres ciudadanos de esos tiempos de la República), lo despidieron en el viejo cementerio de Tolosa, donde fue enterrado. Su acta de defunción escribe mal su apellido (Beheti) y añade el término “gratis” para describir su estado de indigencia.

Tal vez, como lo escribió en un poema, se haya cumplido el deseo de su encuentro con la amada María:
Del triste cementerio en la capilla
En su blanco ataúd tendida estaba,
En cruz las manos, y la casta frente
zDe rosas coronada.
La incierta luz de amarillento cirio
Su pálido cadáver alumbraba;
Era joven y hermosa; y muerto había
De un hombre por la infamia.
Del triste cementerio tras el muro
Sobre la fría tierra muerto estaba;
Las negras sombras de la oscura noche
Su cadáver velaban.
Era joven y hermoso; y muerto había
En desafío del que fueron causa
El vicio, el desenfreno y el desorden
De una vida agitada.
Allá del infinito en el espacio
Cruzáronse dos almas:
Era la una cual la noche negra
Y era la otra cual el día, blanca.
Se miraron, y alzóse de una de ellas
Compasiva plegaria.
Después bajó la negra, hondo, muy hondo,
Y la blanca subió, alta, muy alta!
Ése sería el fin de una promesa, un alma joven que perdió el camino y se truncó antes de florecer. Como tantos otros, lo esperaba las brumas del tiempo y la noche eterna. Una nota al margen en un algún libro viejo y el olvido, el olvido que siempre se impone sobre el resto.

La metáfora la expresa su amigo Antonino Lamberti, el hermano de María, que al llevarle flores comprueba que el viento ha derribado la cruz de la sepultura de Matías Behety y ha desaparecido. “Hasta las cruces que levanta el pobre son las primeras que derriba el viento” expresa Lamberti amargamente por la burla postrera del Universo.

Pero (¿quién podría suponer?), no era ésta la última vez que íbamos a escuchar hablar de Matías Behety, el Verlaine rioplatense.

(Continúa mañana)

19.5.17

matias behety (I)



Hace unos cuantos años (más de los que uno quisiera reconocer), pude conocer la historia de los Menéndez Behety, una saga de pioneros de la Patagonia, a partir de los recuerdos familiares de una descendiente de José Menéndez y María Behety. La historia de la fortuna familiar se originó en un almacén en Punta Arenas comprado al Comandante Luis Piedrabuena y la expansión del ganado ovino como la industria pilar para fundar un imperio comercial en el Sur de América, de un lado y el otro de los Andes. La historia tenía el recuerdo especial de un motín en la cárcel de Punta Arenas y los días de espanto que vivió la ciudad, al quedar a merced de los fugados que atemorizaron a la población. Historias que merecen contarse y contabilizamos en el debe para contarlas en otro post. Fue en ese tiempo que conocí la historia de Matías Behety el Edgard Allan Poe rioplatense, un poeta maldito que cedió a la depresión y al alcohol.

La historia quedó ahí, boyando en los recovecos de mi memoria, hasta que un posteo en la página de Flavio Rodríguez en Facebook (altamente recomendada) recuperó el recuerdo del poeta y otros datos que desconocía:

https://www.facebook.com/flaviomrodriguez/posts/10213193407612934

A partir de ese posteo y de otras fuentes que encontramos en Internet, vamos a glosar la historia del poeta Matías Behety.

Aunque Matías Behety nació, exactamente, hace 168 años, un 19 de mayo de 1849, en Montevideo, desde muy pequeño vivió en Argentina. Concepción del Uruguay en Entre Ríos, Buenos Aires y la ciudad de La Plata son los puntos de su derrotero. Behety era hijo de Félix Behety y María Chapital, dos vascos franceses venidos de Aloze-Ziboze-Onizegaine, un pueblo del País Vasco francés, en la región de Aquitania. Como tantos inmigrantes, probaron suerte del otro lado del mar, primero en Uruguay y luego pasaron a la otra orilla.

Los que lo conocieron en su juventud, en el Colegio de Concepción del Uruguay lo definen como el mejor alumno de esa camada, en un establecimiento que contaba con nombres como Julio Argentino Roca, Victorino de la Plaza, Eduardo Wilde, Martín Coronado, Julio Fonrouge. En esos claustros del rectorado del Dr. Alberto Larroque, Matías Behety quedó prendado de la poesía.

Cuando Larroque deja el Colegio, recomienda a los padres de Matías Behety que lo lleven a Buenos Aires, para seguir sus estudios. Le hacen caso y se mudan a Buenos Aires, donde Matías se hará conocido en otro célebre establecimiento: el Colegio Nacional. Pronto, Behety es uno de los alumnos preferidos del mítico Amadeo Jacques.

Behety comienza los estudios de Derecho (que no termina) y se hace conocido en las principales redacciones porteñas. El Nacional, La Tribuna, El Fénix, El Gráfico y La Prensa lo tienen como colaborador y sus artículos tienen consideración de gente como José Manuel Estrada Estrada o Pedro Goyena. Incluso, el Presidente Domingo Faustino Sarmiento percibe la grandeza potencial del joven periodista y se presenta en la redación de El Tribuno para conocerlo y no duda en calificarlo como el más brillante de su generación.

En esos años, conoce a otro joven que da sus primeros pasos en la política: Leandro N. Alem. Otros nombres que frecuenta: Carlos Guido y Spano, Lucio V. Mansilla. Todas figuras de la Argentina de esos años.

Rafael Barreda en la mítica “Caras y Caretas” lo define con estas palabras “Matías era pobre y vivió pobre, casi en la miseria, frecuentando diariamente la redacción de casi todos los diarios, en los que ayudaba al condimento de los editoriales, a zurcir sueltos, á improvisar folletines ó versos, - que para él era todo lo mismo”.

Adscribía al romanticismo y su modelo en las letras era Edgar Allan Poe.

En 1871, la fiebre amarilla asoló a Buenos Aires. Gran parte de la población escapó del sur de la ciudad azotada por la epidemia, entre ellos, el Presidente Sarmiento junto a otras autoridades nacionales. Entre los valientes que se quedaron, se destacó la Comisión Popular de Socorro con Roque Pérez como Presidente. Uno de los secretarios fue nuestro protagonista: Matías Behety. En la formación de la Comisión se leen los nombres de Argerich, Guido Spano, Muñiz, Cantilo, Wilde, Rawson, apellidos que quedarán en la historia. La participación de Behety no fue marginal: fue el voluntario que más guardias de servicio prestó durante la epidemia. Y, aunque en forma leve, contrajo la enfermedad de la que pudo recuperarse gracias al cuidado del Dr. Argerich.



Es más: algunos señalan que Matías Behety aparece junto a Roque Pérez y Argerich en el célebre cuadro de Juan Manuel Blanes, “Un episodio de fiebre amarilla”. Ante este comentario, nuestro amigo Flavio Rodríguez confiesa sus dudas porque el personaje en cuestión es un joven que va descalzo. No parece ser el look para alguien como Behety. Aunque mirando con detalle el cuadro, detrás de Pérez y Argerich, fuera de la habitación, puede verse a un hombre sentado con bigotes y cabello enrulado. ¿Será ése nuestro protagonista?

1873 es un año especial para Matías Behety porque su editorial llamando a la solidaridad latinoamericana a Cuba, publicado en El Nacional, tiene amplia repercusión. Junto a varios amigos, funda la Asociación Independencia de Cuba, encabezando mitines por la causa caribeña.

Su brillantez queda clara en una anécdota de Barreda. Como pasante en el estudio de Manuel Quintana (“amigo y maestro”), cuenta que un día llegó con un expediente de un caso que había que presentar en los tribunales, sobre la hora de presentación. No había tiempo suficiente para que Quintana se pusiera al tanto de los antecedentes, así que Behety toma el guante y presenta él mismo el caso. Que un idóneo presentara un caso, provocó un revuelo en el mundillo jurídico y pronto la sala se llenó de curiosos que querían ver cómo salía la apuesta. Behety demostró tal elocuencia y erudición en la presentación del caso que los asistentes y hasta los mismos jueces lo aplaudieron efusivamente, rompiendo todos los códigos de etiqueta del fuero judicial.

Sin nombrarlo (por pudor y compasión), Miguel Cané le dedicó un párrafo en Juvenilia: “¿Recordaré a ese hombre, que sólo encontró flores en los primeros pasos de su vida, que marchaba en el sueño estrellado del poeta, al amparo de una reputación indestructible ya? Era bueno y era leal, amaba la armonía en todo y la mujer pura le atraía como un ideal; pero la delicadeza de su alma exquisita se irritaba hasta la blasfemia, porque la naturaleza le había negado la forma, el cuerpo, el vaso cincelado que debió contener el precioso licor que chispeaba en sus venas”.

Todo pronóstico era venturoso para Matías Behety en esos años. Pero su melancolía, sus excesos de juventud, su tendencia al alcoholismo, prefigurarían la tragedia de su vida. Como lo describe, Cané: “De ahí las primeras amarguras, la melancolía precursora del escepticismo. Sin ambiciones violentas que hubieran sepultado en el fondo de su ser los instintos artísticos, refugiado en ellos sin reserva, pronto cayó en el abandono más absoluto”.



Behety tambaleaba y tal vez hubiera tenido una tabla de salvación en el amor que sintió por María Lamberti, hermana de su amigo Antonino. Pero el destino suele ser cruel con sus mejores hijos: María moriría a la edad de 23 años, el 11 de septiembre de 1880. Y esa muerte es el empellón final que desbarrancó a Behety. Como escribiría desgarradoramente:
Hacia tu hogar encaminé mi paso
Y me detuve trémulo en su puerta!
El sol se sepultaba en el ocaso,
Y al abrazarme me dijiste: ¡muerta!

La sombra me inundó. El alma entera
En un sollozo se agotó doliente,
Al mirar esa hermosa primavera
Desmayada en el rayo de su oriente.

¡Muerta!, exclamé, y respondiste: ¡muerta!
Delante de su ataúd caí postrado…
Cerré los ojos y la vi despierta,
Su angelical semblante iluminado!

Me hablaba, y sonriendo enternecida,
Envuelta en nubes de flotantes velos,
¡Ah! no lloréis, me dijo, mi partida:
Yo era la desposada de los cielos!
(Continúa mañana)