13.2.13

la marcha de san lorenzo

clarín

Empezó siendo una marcha sólo musical, dedicada a Pablo Riccheri, entonces ministro de Guerra. Fue en 1901 y la creó un uruguayo, hijo de una esclava, que estaba radicado en el país y que amaba lo nuestro. Se llamaba Cayetano Alberto Silva. El autor le había puesto el nombre del militar, pero Riccheri sugirió que lo cambiara por “San Lorenzo”, pueblo donde él había nacido.

Así, con ese título, fue estrenada en público el 30 de octubre de 1902, cerca del famoso convento santafesino. Claro que, para entrar definitivamente en la historia argentina, le faltaba una parte: la letra. Y esa tarea la cumplió Carlos Javier Benielli, amigo y vecino de Silva en Venado Tuerto, donde vivían. Ocurrió en 1907 y desde entonces se la conoce como “La marcha de San Lorenzo”.

Hace dos semanas, cuando se cumplió el bicentenario de aquella batalla que fue bautismo de fuego para los Granaderos (el regimiento creado por José de San Martín en 1812), la familia de Benielli lo recordó con un acto en San Andrés, en el Gran Buenos Aires, donde el hombre murió en noviembre de 1934. Docente, escritor y poeta, Benielli dedicó toda su vida a la docencia. Tanta fue su tarea que hoy tres escuelas (una en Capital Federal y dos en la provincia de Santa Fe) llevan su nombre. Sus restos están enterrados en el cementerio de los franciscanos, en San Lorenzo, cerca de aquel lugar donde los rayos de Febo iluminaron el histórico convento. “La escribió cuando tenía 29 años”, recuerda Alba, la menor de sus cinco hijos, hoy con 86 cumplidos.

Junto con Silva, encargado de las músicas, también compuso otras dos marchas militares: “Tuyutí” y “Curupaytí”. Pero la de San Lorenzo siempre fue la que le otorgó el mayor reconocimiento ya que se sigue cantando en cada acto importante de punta a punta del país. Lo curioso es que al poco tiempo de su creación y apremiado por necesidades económicas, Cayetano Silva le vendió sus derechos de autor a un editor de Buenos Aires. La paga: apenas 50 pesos. Lo que aquel violinista y compositor nunca imaginó es que esa música iba a tener repercusión mundial. A punto tal que hoy sigue siendo ejecutada en los cambios de guardia en el Palacio de Buckingham y sus compases se escucharon en la ceremonia de coronación del rey George V (en 1911) y de la actual reina Elizabeth II, quien asumió en 1952, pero cuya coronación se hizo en 1953.

Y hay más: la marcha de San Lorenzo acompañó el desfile de los alemanes cuando hicieron su ingreso en París, durante la Segunda Guerra Mundial. Y también sus notas se escucharon, por pedido de Dwight Eisenhower, el día en que los aliados liberaron a aquella ciudad del yugo nazi. Además, en nuestro país, la famosa música tiene al menos tres versiones ligadas a los círculos tangueros: la grabaron la orquesta de Roberto Firpo (1927), la orquesta de Juan de Dios Filiberto (1935) y el conjunto Las Guitarras de Oro (1983).

(…)

“Una familia detrás de un autor”
EDUARDO PARISE
(clarín, 11.02.13)

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