23.5.16

resfrío (I)

En una mesa de libros usados de una librería de Avenida de Mayo, pude hacerme de una edición de 1955 de un ensayo sobre vampirismo y hechicería. El libro lucía ajado y con anotaciones en los márgenes de las páginas amarillentas. El tratado había sido editado en Barcelona y tenía como autor a un tal Profesor Romualdo Chávez del que no pude encontrar datos en Internet. El libro es una yuxtaposición de historias sobre hechizos, dispuestos sin ningún orden ni espíritu crítico, presumiblemente una (mala) traducción de una versión europea que el autor aducía como propia para darse créditos de erudición que no le pertenecían.

El ejemplar tenía su interés más por motivos de la rareza de la edición que por el valor intrínseco de lo escrito. Y para mí, tal interés se incrementó cuando descubrí, detrás de la cubierta con solapa que servía de protección al tomo, tres páginas de papel común escritas en letra menuda, prolija aunque temblorosa. En ellas podía leerse el relato, presuntamente autobiográfico, de un tal Barrientos que asegura haberlo vivido en su juventud. El escrito carece de los trucos propios de la literatura y parece, efectivamente, un relato meramente descriptivo más que una ficción literaria.

Esas características me motivaron a tratar de descubrir al autor de esas páginas.

Inicié la pesquisa desde la librería donde compré el libro, cuyos dueños me indicaron que el ejemplar vino dentro de un lote con otros libros comprados en una librería de usados de la calle Córdoba. Me puse en contacto con ellos quienes a su vez lo habían comprado de otro librero al por mayor quién (éste sí) me dijo que pertenecía a la biblioteca personal de cierta persona que había fallecido, legando sus libros a sus hijos que lo pusieron rápidamente en remate. El hombre efectivamente se apellidaba Barrientos y había estado internado sus últimos años en un geriátrico, donde falleció por motivos naturales. No había manera de contactar a los hijos: ellos residían en el exterior y habían venido a la ciudad a despedir los restos de su padre y a liquidar sus bienes.

Lamentablemente, el apellido es lo suficientemente común para que sea dificultoso contactar a los herederos de Andrés Barrientos a través de las redes. Por lo que hasta ahí llegó mi investigación sobre el autor.

Lo único que me quedaba por hacer era publicar la historia que encontré escondida detrás de la cubierta del libro, con la esperanza que su difusión permitiera dar con los familiares de su autor y comprobar cuál es el grado de veracidad de la historia contenida en el relato.

Eso es, precisamente, lo que haré a continuación, transcribiendo la historia firmada por Andrés Barrientos.
(Continúa mañana)

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